miércoles, 29 de julio de 2015

RENÉ FAVALORO, LA EMINENCIA QUE NO SOPORTÓ A LOS ARGENTINOS


El sábado 29 de Julio del año 2000, el Dr. René Gerónimo Favaloro, se descargaba un disparo directo al órgano que mejor conocía: el Corazón. Una Eminencia Médica Argentina, reconocida a nivel mundial por sus valerosos aportes a la medicina de cirugía, entre ellos el desarrollo del puente bypass o cirugía de revascularización miocárdica. Hasta el último de sus días, se definió a sí mismo, como un “simple médicorural”. Murió asesinado por la pútrida sociedad argentina.

Estudió en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata e hizo las prácticas en el Hospital Policlínico, donde sufrió algún primer choque con el sistema donde pereció. En 1949, ya recibido, quedó vacante un puesto de Médico Auxiliar y se incorporó interinamente; tiempo después le ofrecieron la titularidad. Los papeles para el trámite, le pedían una firma admitiendo que aceptaba la doctrina del gobierno de turno; quizás fue la primera vez, de tantas después, en que su formación humana y principios morales mostraron ser más fuertes que la conveniencia particular del momento.

En 1950 se fue a Jacinto Aráuz, localidad rural de La Pampa a cubrir por algunos meses, que fueron 12 años, a un médico. Allí dio apoyo a toda la comunidad, junto a su hermano Juan José que llegó tiempo después. Establecieron un centro asistencial con el que lograron grandes beneficios para los pobladores.

Interesado en los avances cardiovasculares y la cirugía torácica, luego de evaluar posibilidades, en los 60 viajó a la Cleveland Clinic, de Ohio en Estados Unidos. Quería una especialización para, a su vuelta, dar una mejor atención y servicio a los pacientes rurales y sin medios. La intensa investigación y estudios dieron como resultado al bypass, que le dio reconocimiento y prestigio a nivel internacional. Decía que su contribución no era personal sino el resultado de un equipo de trabajo que tenía como primer objetivo el bienestar del paciente.

En su última carta de despedida expresó: “mi regreso a la Argentina […] se debió a mi eterno compromiso con mi patria”. Volvió a Argentina en 1971 para “levantar un Departamento de Cirugía Torácica y Cardiovascular en Buenos Aires”. Quería en su país un centro similar a la Cleveland Clinic, e inauguró en 1975 la Fundación Favaloro.

En el año 2000 la Fundación se encontraba en una profunda crisis económica, problema que, sumado a la presión crónica por vivir respetando sus principios éticos y morales, ocasionó la tragedia. Dejó varias cartas de despedida, entre ellas, algunas dirigidas al entonces Presidente de la Nación, Fernando de la Rúa; al director del Diario la Nación; a sus allegados…de ellas salen frases como: “Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio.”; “nuestra Fundación está al borde de la quiebra (...). Tenemos emergencias ineludibles que deben solucionarse en los próximos días”; “hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían”; “…conseguir una donación urgente, creo que es el camino más corto. Perdoname por el pedido. Te escribo desde la desesperación. Nunca en mi vida estuve tan deprimido”; “Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: “a mí no me ha derrotado nadie”. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla”; “debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza)”; “Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos”; “La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar”; “No es para que te asustes, pero todo está consumado, y siento que estoy solo en esta sociedad, realmente, de mierda.”

Sería muy fácil, muy cómodo y pueril, excusarnos con no haber tenido relación directa o no haber tenido posibilidad de ayudar en aquel momento a la Fundación Favaloro, y pensarnos fuera y libre de semejante tragedia. Tal vez hoy, otra persona está siendo inmolada por el mismo sistema, y no lo sabremos hasta que deje sus cartas y salga en los diarios. El grado de aceptación, omisión y parsimonia con que la sociedad hoy consiente a la corrupción, la transforma en cómplice, partícipe y responsable.

Porque le pago la coima al inspector estatal, y no cumplo con lo que exigen las normas…

Porque le pago el soborno al agente de tránsito, que me pide la documentación reglamentaria que no tengo…

Porque voto al amigo, así me aseguro las licitaciones estatales…

Porque voto al familiar, así me acomoda en algún puesto…

Porque trucho un certificado médico, así lo pongo como excusa…

Porque en mi carrera política me conviene apoyar a tal dirigente, y lo hago, por más que el señor no pueda justificar el patrimonio…

Porque prefiero no delatar la irregularidad, así en la próxima me devuelven el favor…

Porque si me quedo callado, me pasan un porcentaje…

Porque critico al político que roba, y yo lo voto las próximas elecciones…

Porque, yo auditor, no cumplo la función para la cual estoy, y sigo el juego como viene…

Porque a mí, fiscal, no “me interesan” los negociados del gobierno…

Porque, yo papá, me río junto y felicito a mi hijo que se coló a una fiesta…

Porque, yo mamá, sonrío cuando mi hijo me cuenta se copió en un examen…

Porque festejo y brindo con mi amigo, que hizo alguna de las cosas que están en la lista…

Porque todos esos son tan solo algunos de los tantos motivos que hacen que el que cumple con lo que hay que cumplir, se sienta “solo en esta sociedad, realmente, de mierda”. La hipocresía, negligencia, deshonestidad y desinterés con que hoy se mueve el ciudadano común, son los mismos que hace 15 años asesinaron al Doctor René Gerónimo Favaloro. Esta sociedad tal cual la vivimos, no es ni fue digna de tamaña persona.

Año electoral el que transitamos, las provincias ya han votado y estamos de cabeza a las elecciones nacionales donde las tendencias ya están dadas. Muchos hablan del cambio, de “un cambio”. El cambio no va a empezar ni el 10 de diciembre, cualquiera sea el que asuma y tampoco el 1 de enero por ser año nuevo. Si queremos un cambio, lo gestemos a largo plazo. Dada la crisis social que nuestra conducta ha generado, nuestro deber cívico está incompleto si nos ocupamos únicamente de votar. Debemos cumplir con más de lo que nos toca, de  manera honesta y correcta. Reconozcamos las falencias, nos comprometamos consigo mismo cada uno de los argentinos, para ser Argentinos y proyectar y construir día a día, el futuro de la Nación que tenemos a cargo.  

David San Román (n)
Para Centro de Estudios Salta
29 de Julio de 2015

Carta al Presidente de la Nación, Fernando de la Rúa

Estimado Fernando:

"Te escribo estas líneas porque nuestra Fundación está al borde de la quiebra (...). Tenemos emergencias ineludibles que deben solucionarse en los próximos días. Necesitamos alrededor de seis millones de pesos.

No tengo conexiones con el empresariado argentino. (...) a veces choco con algunos 'peces gordos' como Amalita o Goyo Perez Companc. Por eso, uno de los pedidos que te hice en nuestra última charla era que utilizaras tu influencia para conseguir la ayuda que tanto necesitamos.

En fin, te ruego que influyas para conseguir una donación urgente, creo que es el camino más corto. Perdoname por el pedido. Te escribo desde la desesperación. Nunca en mi vida estuve tan deprimido. Con el afecto de siempre, René Favaloro".

*Despues de siete años, De la Rúa acepta que no leyó la carta a tiempo, pero rechaza las imputaciones sobre falta de apoyo oficial: "De ningún modo hubo abandono a Favaloro. Al contrario, estábamos encima. Teníamos una relación de mucho afecto y amistad. Fue mi asesor en la Nación y en la Ciudad".

A sus allegados

“Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil, pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de mano. Sólo espero que no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad. Estoy tranquilo.

Alguna vez en un acto académico en Estados Unidos se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo que es cierto. Espero que me recuerden así. A mi familia, en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco. Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo. Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.

Un abrazo a todos”. René Favaloro

Al Director del Diario La Nación

“Estoy pasando uno de los momentos más difíciles de mi vida. La Fundación tiene graves problemas económico-financieros. Se nos adeuda 18 millones de dólares y se hace cada vez más difícil sostener nuestro trabajo diario, que como siempre se brinda a toda la comunidad sin distinción de ninguna naturaleza, con tecnología de avanzada y personal altamente calificado. Le envío una nota que destaca algunos hechos recientes; vea cómo se me trata en el mundo, en contraste con lo que sucede en mi país. Me refiero a aquellos vinculados al quehacer médico. La mayoría de las veces un empleado de muy baja categoría de una obra social –gubernamental o no- o de PAMI ni contesta mis llamados. En este último tiempo me he transformado en un mendigo. Mi tarea es llamar, llamar y golpear puertas para recaudar algún dinero que nos permita seguir con nuestra tarea. Sólo quiero decir que el final se acerca de a poco. No es para que te asustes, pero todo está consumado, y siento que estoy solo en esta sociedad, realmente, de mierda”.
René Gerónimo Favaloro - 29 de Julio de 2000

La última carta

“Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles.

Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.

La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada). Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente.

Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía. A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo.

Este era nuestro único contacto.

A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular. Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado.

La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.

¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.

Lo mismo ocurre con el Pami. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país. Valga un solo ejemplo: el Pami tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).

Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.

El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno. Los mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana, sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.

Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De dónde proviene este infundio? Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. “Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?” “Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe”. El cirujano “de real valor” además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios! Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las “indicaciones” de su cardiólogo. “¿Doctor, usted sigue operando?” y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre.

Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional.

Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna “lecture” de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el “sistema” y el dinero es lo que más les interesa.

La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter echo, camara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos.

No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle “la operación económica” y entregará el sobre correspondiente!

La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir “no hay camas disponibles”.

Nuestro juramento médico lo impide.

Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.

En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.

Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando.

Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta.

¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?

Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.

La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic, le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español! Sin duda la lucha ha sido muy desigual.

El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.

Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al “sistema”.

Sí al retorno, sí al ana-ana.

“Pondremos gente a organizar todo”. Hay “especialistas” que saben cómo hacerlo. “Debés dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabés nada, que no estás enterado”. “Debés comprenderlo si querés salvar a la Fundación”

¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!

En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer. Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: “a mí no me ha derrotado nadie”. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo.

“¡La leyenda, la leyenda!”

Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga.

Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz. Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.

No puedo cambiar.

No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.

No se hable de debilidad o valentía

El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad. Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.

En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.

En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.

A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco. Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.

Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles. Un abrazo a todos, René Favaloro”.

Julio 29-2000 –14,30 horas. Firmado Rene Favaloro

FUENTES:

Centro de Estudios en

Historia, Política y Derechos Humanos de Salta




Salta - República Argentina