martes, 18 de agosto de 2015

EL RELATO HISTÓRICO ARGENTINO


Sr. Director

Diariamente me pregunto de qué estamos hechos los argentinos, ya que hemos perdido nuestra capacidad de asombro o reacción ante las permanentes acciones delictivas que se demuestran cometidos por personajes sin que la (in) Justicia reaccione o al menos, tome la más mínima actitud de cumplir con sus obligaciones.

La denuncia que el Sr. Jorge Lanata hizo por televisión sobre las acciones ilícitas del Jefe de Gabinete Nacional, ni siquiera ha merecido el inicio de una investigación que cualquier fiscal debería adoptar de inmediato. Ni que hablar de los casos del Vicepresidente, la Sra. Bonafini, el Ministro Jaime, Schocklender, etc.

La noche del martes por el canal Encuentro, me interesé en un documental que no puedo precisar más detalles por tomarlo empezado. Me intrigó el tema de referencia, titulado “La masacre de Catamarca”, cuyo relato rememoraba un episodio del año 1974 en Catamarca en el cual dos integrantes “sobrevivientes” del histórico Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y participantes de la Compañía Ramón Rosa Giménez; que operaba en el monte tucumano, relataban muy sueltos de cualquier resquemor, los detalles con que participaron de una acción Guerrillera – terrorista con que asolaron nuestra patria en esa década, con participantes de países que los instruyeron y equiparon como Cuba, Rusia y China; quienes pretendieron tomar el país a sangre y fuego.

Su relato e intenciones pretendían tomar el Regimiento 17 del Ejército Argentino en la ciudad de Catamarca, en plena vigencia de un gobierno democrático (1974). Explicaba detalladamente los preparativos que en el interior de un micro, se vestían con uniformes de su organización para iniciar el ataque armado, con soldados cómplices en el interior del cuartel que favorecerían la sorpresa y aseguraban la concreción de la operación militar a ejecutar (sic).

La fortuita llegada al lugar de un patrullero policial genero un enfrentamiento, no deseado, que perjudicó el plan y fracasó su esperado éxito. De inmediato “abrimos fuego sobre el vehículo y ellos nos tiraron con ametralladoras, matando a un compañero!”. Lo que no dijeron, fue que cuando tiraron primero contra el patrullero, mataron al policía que descendió, sin darle posibilidad de defensa (acribillado) y obviamente quedó clara la molestia “represora” de ¡responder al ataque!.

El resto del relato, no merece comentario. Todo fue una alevosía de todos los declarantes, sin pruebas de lo denunciado. Hasta la participación de un ex soldado que burdamente pretendía conmover con una “objeción de conciencia”, luego de 30 años que nunca abrió la boca. Relatando una “masacre” que nunca pudo definir exactamente, detallando indefinidamente una “aparente intención de rendición”, “visto desde un plano inferior del terreno”,  cuando es sabido que en terreno en monte-montañoso la observación se logra  de arriba hacia abajo y no al revés.

El programa ha sido lisa y llanamente un  ejemplo evidente de “APOLOGIA DEL DELITO” y un nuevo caso de: a “declaración de parte, relevo de prueba”.  Silencio. Hoy hay 3 militares sentenciados a cadena perpetua de un hecho nunca demostrado. Mientras los responsables de haber pergeñado e intentado al acción violenta, relatan su osadía sin razón en absoluta libertad y como héroes. Lamentable.

El título grandilocuente de “Masacre de Catamarca”, se amparaba en la cantidad de guerrilleros (“chicos”, según el relato malicioso) muertos que intentaron atacar una Unidad del Ejército Argentino, vaya a saber con qué intención, en tiempo de gobierno democrático.
El haberse impedido la operación en forma fortuita, no permitió que el objetivo se cumpliera. Me pregunto: si hubieran atacado;  cual hubiera sido el resultado ese día?. No se hubiera producido un resultado similar al ataque que al año siguiente se efectuó contra el Regimiento 29 de Monte, en donde fueron fusilados 10 soldados conscriptos que dormían, 1 oficial y 1 suboficial?. Ese caso no se lo considera “masacre”?. Saldremos algún día de una historia sesgada y mentirosa?

Enrique A. Treglia