martes, 25 de agosto de 2015

LA IZQUIERDA DE GUATEMALA


Entrevista a Oscar Platero

Militar, analista internacional, escritor guatemalteco y  Vicepresidente de la Fundación contra el Terrorismo. Autor de La farsa del Genocidio en Guatemala y Las batallas por Guatemala, la más importante historia de la guerrilla y el accionar del terrorismo en su país.

La izquierda de Guatemala ha tratado de manipular a las protestas ciudadanas en función de sus intereses políticos


Por Ricardo Angoso
rangoso@iniciativaradical.org
@ricardoangoso

Ricardo Angoso: ¿Qué está pasando en Guatemala, qué momento político vive el país?

Oscar Platero: Hay un momento, digamos, de crisis que afecta tanto a la estabilidad política como social. Luego tengo que destacar que hay una notable movilización ciudadana. Inicialmente este movimiento de protesta ciudadana fue algo amorfo, espontáneo y sin un carácter organizado, pero que contó con una gran participación de todos los sectores sociales y políticos del país. Sin embargo, nosotros observamos que en un momento dado los integrantes de las organizaciones de izquierda, marxistas y socialistas, sectores que anteriormente estuvieron ligados a la insurgencia en Guatemala, a la Unión Revolucionaria Nacional de Guatemala (URNG), han intentado tomar el liderazgo de ese gran movimiento, aprovechando la falta de dirección para asumir la conducción del mismo. Estos sectores de la izquierda, que histórica y tradicionalmente han fracasado en nuestro país, han visto en este movimiento ciudadano una gran oportunidad para tener una mayor visibilidad y protagonismo. Aprovechan este movimiento y coyuntura para tratar de desestabilizar el país. Han convocado unos paros y unas marchas con la pretensión de paralizar la nación, atentando contra la seguridad y estabilidad de la mayoría del pueblo guatemalteco.

R.A.: ¿Cómo está la cuestión militar en Guatemala, hay militares detenidos o procesados?


O.P.: El caso del General Efraín Ríos Montt se ha convertido en un caso emblemático para la izquierda guatemalteca y me atrevería a decir que internacional, pues hemos detectado la intromisión perversa e incluso abusiva de algunas organizaciones y gobiernos foráneos. Se trata de una estrategia de la izquierda europea y norteamericana, en coordinación con organizaciones norteamericanas, quienes se han coligado hasta con el Embajador de los Estados Unidos en Guatemala, para tratar de cualquier modo que el General Ríos Montt sea juzgado y condenado, incluso vulnerando nuestro ordenamiento jurídico.

Se trata de pasar por alto nuestra soberanía y dignidad como guatemaltecos, al hacer señalamientos con una intencionalidad muy clara, tratando de que los tres poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial) sean orientados hacia sus objetivos e intereses políticos. Es una lucha contra nuestra autonomía que tiene un carácter continental, pero que en el caso de Guatemala, dada la cercanía con México y nuestra situación geoestratégica, juega un papel muy importante. Se inició una lucha contra la corrupción, que todos en el país apoyamos, pero que después fue manipulada por sectores internos y externos para intervenir en los asuntos soberanos de Guatemala.

R.A.: ¿Cómo está afectando la crisis continental, e incluso global diría, a Guatemala?

O.P.: Prácticamente Guatemala está en la misma situación que el continente. La macroeconomía del país se ha mantenido estable hasta ahora durante muchos años, pero sucesivos gobiernos han abusado tanto de la deuda externa como interna y se han emitido bonos del Tesoro en una forma que está poniendo en  un entorno muy difícil, en el corto plazo, a la economía guatemalteca. Entre la corrupción y la baja recaudación fiscal nuestra economía podría atravesar un momento muy adverso. Se ha desestimulado que los contribuyentes cumplan con sus obligaciones fiscales y el Estado guatemalteco comienza a notar estos efectos. Hay una desconfianza por parte de los contribuyentes hacia el Estado y las instituciones, quizá debido a esa alta corrupción a la que me refería antes. Resumiendo, creo que tenemos el peligro de entrar en una recesión como la que sufren muchos de nuestros vecinos y, desde luego, no es una buena noticia para el país.

R.A.: ¿Está presente, como ocurre en México, el narcotráfico en la vida de Guatemala?

O.P.: Así es. Lamentablemente nuestra cercanía con los carteles mexicanos trajo el trasiego de la droga por nuestro territorio hacia los Estados Unidos. Muchos carteles mexicanos han sustituido a los carteles colombianos en este tráfico hacia nuestros vecinos del Norte. Este proceso se aceleró mucho durante el periodo presidencial del presidente Alvaro Uribe, que tuvo notables éxitos en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, como todo el mundo sabe. Guatemala, por su posición geoestratégica, juega un papel crucial para el reabastecimiento de las naves que vuelan hacia los Estados Unidos y también hacia México. Entonces, ese papel que tenemos por nuestra geografía hizo que crecieran en nuestro país pequeños carteles que se denominan baby carteles en la jerga guatemalteca. Y han sido desarticuladas algunas de sus cabezas y después extraditadas hacia los Estados Unidos, pero, sin embargo, esa no es la solución, ya que estas estructuras se recomponen inmediatamente y siguen actuando en esta actividad ilícita.

R.A.: ¿Usted cree que las Fuerzas Armadas de Guatemala tras firmar los Acuerdos de Paz de 1996 ocuparon el espacio clave que deberían tener en la sociedad?

O.P.: No, definitivamente no. Hubo un plan, una estrategia para debilitar al ejército guatemalteco. Recordemos que la de Guatemala fue, junto con el caso colombiano que todavía dura, una larga guerra (1960-1996) que luchamos solos, casi sin el apoyo de nadie, y en donde logramos derrotar y vencer al enemigo terrorista en el campo militar. Sin embargo, la estrategia política del postconflicto ha repercutido en el descabezamiento de las principales figuras emblemáticas del ejército, entre las que se encontraban aquellas que tuvieron notable éxito en el campo de batalla en contra de las organizaciones terroristas. Lógicamente, como consecuencia de este proceso, se produjo un debilitamiento de la estructura militar y se crearon unos vacíos de poder en determinadas áreas geográficas que fueron ocupadas por estructuras del crimen organizado.

R.A.: ¿Qué consejos les daría a los colombianos que ahora pasan por un proceso de paz parecido al que vivieron ustedes?

O.P.: Yo creo que aquí debemos analizar dos situaciones. Primero creo que el mando político de este proceso, que dirige el presidente de la República, debe ser muy cauto y mesurado, en cuanto a los privilegios y concesiones que se le hagan a estos terroristas, que es lo que realmente son. Además, lo que han hecho las FARC antes de iniciar el diálogo ha sido fortalecerse y llevar a cabo acciones definitivas contra unidades militares. Se han llevado a cabo acciones terroristas muy contundentes que, en mi opinión, no han creado el marco idóneo para dialogar con las FARC. En segundo lugar, creo que los mandos militares colombianos deben de tener un rol más importante en este proceso y representar los intereses de la institución que ha vencido a los terroristas. Solamente así se logrará una paz que todos los colombianos ansían y anhelan, como los guatemaltecos también lo querían en su momento. Pero esa paz no debe ser una claudicación, ni una rendición del Estado ante unas fuerzas terroristas que no muestran una gran voluntad pacificadora.

R.A.: ¿Cree que el proceso de paz en Colombia se está llevando de una forma limpia y justa?

O.P.: La intervención de algunos actores externos creo que tiene una influencia nociva para el proceso, pues se trata de agentes foráneos claramente en la órbita de las FARC. Se está induciendo un proceso que trata de emboscar y derrotar al ejército colombiano, dejarlo fuera de juego en este proceso. Es inconcebible que el Foro de Sao Paulo, a través de Cuba y Venezuela, esté asistiendo a las FARC en este camino. Luego negociar en la boca del lobo de todos estos movimientos, me refiero a Cuba, tampoco me parece lo más sensato, ya que está en juego el futuro del país y, en definitiva, de las Fuerzas Armadas de Colombia.

R.A.: ¿No cree, no obstante, que hay dos tendencias en la izquierda continental? ¿Se observa este fenómeno también en Guatemala?

O.P.: Hay una ofensiva en todo el continente contra las Fuerzas Armadas, eso está claro sea el carácter de cada una de estas izquierdas. Por ejemplo, en Argentina hay más de un millar de procesados, pero en otras partes, como Perú, Uruguay, Chile y la misma Guatemala, hay también militares detenidos y perseguidos, como si tratara de una franquicia continental por parte de la izquierda para perseguir políticamente a aquellos que les derrotaron en el campo de batalla y acabaron con la amenaza terrorista en el continente. En definitiva, nos encontramos con una guerra cuarta generación.