viernes, 4 de septiembre de 2015

EL ABRAZO DEMOCRÁTICO DE BALBÍN Y PERÓN

Por Iván Petrella

El próximo miércoles, 9 de septiembre, se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Ricardo Balbín. Más allá de su extensa trayectoria política y de su destacada labor tanto en la Unión Cívica Radical como en la escena nacional argentina, una de las cosas que más se recuerdan de este célebre dirigente es el abrazo con Juan Domingo Perón. Ese abrazo se vuelve importantísimo en la Argentina de hoy.


En el lejano 1972, el abrazo significaba diálogo y paz, todo un símbolo de fin de época en el contexto nacional. Significaba que dos políticos que se habían tratado por muchos años como enemigos irreconciliables se reconocían como adversarios democráticos. Significaba un esfuerzo de los dos máximos referentes de la política partidaria nacional por dejar atrás múltiples enfrentamientos en los que el principal perjudicado fue el país.

Con la destitución de Yrigoyen, en 1930, se había iniciado un inagotable ciclo de golpes de Estado. Durante ese ciclo, la democracia fue una constante promesa incumplida, siempre amenazada desde fronteras autoritarias. En ese abrazo, como símbolo, se asomó la democracia real: la política intentaba no regirse más por la lógica de amigos y enemigos, que es, en verdad, la lógica de la guerra y de lo que no es política ni democracia.


Hoy podemos aprender mucho de ese abrazo. Hace tiempo, el partido gobernante decidió empezar a hablar de política en términos de "nosotros" contra "ellos", marcando una peligrosa antinomia entre quienes supuestamente trabajan por el bien del país y quienes en teoría buscan perjudicar al país. Ya pasaron años de esta retórica en la que el que no coincide con la postura oficial es un enemigo interno, algo que el contexto electoral actual no hizo más que agravar. Es paradójico, pero en el mismo país en el que Balbín y Perón se abrazaron hoy parece imposible que Cristina Fernández de Kirchner pudiera, después de todo lo dicho, abrazar a un Mauricio Macri presidente. Parece material de ciencia ficción y es un enorme retroceso para nuestra cultura democrática.

En este sentido, entender que la democracia es solamente ir y votar cada dos o cuatro años es pensar nuestro sistema de gobierno de manera muy superficial. La democracia es también una manera de vivir, una manera de entender y de actuar en la esfera pública en libertad e igualdad entre la diversidad. Para que esa democracia funcione, no se puede considerar al rival político como un enemigo, se tiene que respetar la visión distinta, y discutir y disentir en un marco de razonabilidad política.

Pocas cosas serán más necesarias en los próximos cuatro años que el diálogo entre los referentes políticos que hayan ganado una elección circunstancial y los que la perdieron. También dentro de un Congreso que a pesar de estar dividido deberá generar políticas públicas consensuadas, y entre ciudadanos, ellos, siempre, la columna vertebral de la democracia. Recuperar el diálogo para superar divisiones y antinomias y poder avanzar en conjunto es fundamental.

Por todo esto, más allá de las muchas cuestiones puntuales y urgentes que tienen que cambiar en la Argentina, el gran desafío de los años por venir es profundizar la democracia. Es lograr tener una cotidianidad política en la que las diferencias no se quieran eliminar, sino que aprendan a convivir. No hay mejor manera de pedirlo que recordando a Ricardo Balbín y aquel famoso abrazo democrático.

Director académico de la Fundación Pensar



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.