sábado, 28 de noviembre de 2015

SIN DEFENSA, NO SOMOS NADA

Miguel Ángel Sarni[1] - 29/09/2015

Hasta que la realidad indique lo contrario (y no lo hace), no hay país sin estado y no hay estado sin FFAA. El gran experimento argentino post-Malvinas, dejar a sus FFAA sin el “hardware” de armamentos y el “software” de recursos humanos para construirlos o usarlos, no debe ni puede seguir más. Imposible otro papelón porque un juez comercial en Nueva York y otro en Ghana nos expropien un barco de guerra en un puerto africano, como una decisión sub-nacional. Los estados nación del mundo no deben siquiera poder imaginarse la posibilidad de hacernos algo así. Pero si dejamos que nuestros propios barcos de la Flota de Mar naufraguen en puerto por falta de mantenimiento, estamos dando pie a destratos futuros de pesadilla.

Ese futuro supone pérdidas graves más de soberanía que de territorios, es decir sin que el país deba aceptar protectorados “soft” y que le indiquen, sin siquiera levantar la voz, qué hacer con su territorio, sus recursos, su población y sus finanzas. Y deba obedecer.

Basta leer las noticias. Este es el siglo de las mayores migraciones de la historia humana, ya sea por guerras, por catástrofes climáticas o incluso por la presión demográfica expulsiva de economías que, como las del Sureste asiático, necesitan exportar inmensos excedentes poblacionales, centenares de millones de humanos que excedieron la “capacidad de porte” de sus ecosistemas y economías nativas. Los estados fracasados de África y Medio Oriente derraman refugiados sobre una Europa aterrorizada, y el super-estado chino, para salir de su laberinto demográfico, dentro de poco estará exportando infraestructura costosa a África y Sudamérica, pero con financiación y trabajadores incluidos. Serán “ofertas paquete”.

Si queremos la continuidad de la Argentina como estado nación; solo tenemos que hacer como la generación del 80. Ante un desafío conceptualmente similar, cuando había poca gente criolla y la Pampa Húmeda tenía más población extranjera que nativa, “argentinizó” a enorme velocidad a los hijos de inmigrantes mediante una escuela pública de altísima calidad. Pero al tiempo que hacía esto, la Argentina se dotaba en Europa de la última tecnología en armas livianas y artillería, así como de una envidiable Flota de Mar y otra Fluvial. Sarmiento, que veía más allá de la tiza y el borrador, en 1872 había fundado además la Escuela Naval Militar para construir una Armada de cuño profundamente tecnológico. El mensaje fue un clásico de la Roma Republicana: “Si vis pacem, para bellum” (si quieres la paz, prepárate para la guerra). El mundo escuchó: cada tanto nos invadían, y no lo hicieron más.

¿Qué mensaje estamos dando ahora?

La educación pública de calidad, incluida la posterior repotenciación académica que fue la Reforma Universitaria de 1918, logró algunos milagros argentinos entonces únicos en la región. Fueron la creación de la Fábrica de Aviones de Córdoba en 1927, la de Fabricaciones Militares en 1941, y la de Astilleros Río Santiago en 1953. Estos hitos, obra de presidentes tan disímiles como Alvear, Castillo y Perón, abrió la puerta de un camino de autosuficiencia en diseño y construcción de armamento que llegó a ser de excelencia. Lo único que se le puede reprochar a ese sistema es el no haberse unificado en proyectos transversales entre armas, y tratado de llegar a una calidad y escala que nos volviera exportadores o socios con desarrollos propios, como hoy lo son Brasil en aviación o Israel en naves no pilotadas. Hoy, una política de Defensa debe coordinarse e imbricarse con el sistema científico tecnológico nacional, que innegablemente está en avance.

Con las FFAA actuales, en estado sub-operacional por armamento y capacitación, estamos en peligro no inmediato, pero sí a mediano plazo. El que no lo quiera ver, está ciego.

El corolario del mensaje es que todo esto es solucionable. La actualización de la legislación vigente permitirá definir los escenarios futuros, elaborar un diseño estratégico de las FFAA y debatir un presupuesto militar para alcanzar un determinado fin. Se podrán establecer los requisitos de formación y perfeccionamiento que deben ser adoptados a fin de posibilitar una apropiada educación. La educación militar y la civil deben confluir. Necesitamos que la recientemente creada Universidad de la Defensa desarrolle un Estatuto y un Proyecto institucional que permita gestionar y administrar una universidad despolitizada y desideologizada, sin burocracia, con vocación de transparencia y de calidad en las carreras universitarias para formar profesionales para las Fuerzas Armadas y la Defensa, incrementando en nuestros oficiales y suboficiales, su perfil científico, técnico, de gestión y en idiomas. Porque hoy estos son saberes de combate tan legítimos como el uso de armas.

En los 90 los MD iniciaron este cambio educativo con la creación de los Institutos Universitarios de cada una de las Fuerzas, en los marcos de las leyes 23554/1988 de Defensa Nacional, 24848/1998 de reestructuración de las FFAA y 24521/1995 de educación superior, con éxito. Luego este nuevo rumbo se frenó.

La inversión que necesitamos en “cerebros y fierros” debe mantenerse al menos una generación para dar resultados en el plano de Defensa Nacional. Este y no otro deben y pueden ser el principio del rearme de la Argentina, el regreso de la República como dueña indiscutida de su propia casa, y vecina o socia interesante.

No aspiramos a volver a ser un país políticamente militarista. Solo queremos regresar, con pleno acuerdo civil, al status de “demasiado caros de invadir, de agredir o simplemente patotear”. Lo fuimos durante la mayor parte del siglo XX. Desgraciadamente, ya no lo somos.

FUENTE:  http://www.lanueva.com/opinion/833222/sin-defensa--no-somos-nada.html


[1] General de División (R). Ingeniero Militar. Escribió Educar para este Siglo.