viernes, 4 de diciembre de 2015

ENTRE LA ENFERMEDAD Y LA PERVERSIÓN

Diario Castellanos - EDITORIAL

Cristina Fernández nunca pensó que la salida del poder, dejar el cargo de Presidente, las prebendas y los privilegios, fuera una situación que le provocase tan profunda desazón, que la hiciese sentir tan frustrada ante su vocación de permanencia. Su reacción más dispar, pero a la vez más acorde a su sentir, fue el más primitivo amago de venganza.


En su necedad no puede darse cuenta que ni aquellos que la ensalzan y celebran sus tropelías finales también se están vengando de ella, de su mal trato, de su violencia serial.

Se puede elegir entre la luz y la oscuridad, ella prefirió volver a sus orígenes. La venganza no es un camino que lleve a la alegría aunque algunos confundan la carcajada que produce el odio con el júbilo que enaltece el espíritu.

Cristina Fernández ve frustrado su sueño de reina populista y necesita culpables de quien vengarse. No le alcanza con Macri de quien no creyó que llegaría, ni con Scioli que no fue lo suficiente fuerte como para superar las trapacerías que ella misma le puso en el camino. Tampoco eran suficientes los que votaron al primero, entonces sumó los que votaron al segundo. La venganza de la Presidente es contra los argentinos.

Quizá en su delirio piense que no nos la merecemos y que todos debemos pagar por ello. El fallo de la Corte Suprema que ordenó restituir dinero de la ANSeS a tres provincias le vino como anillo al dedo, y su decreto presidencial extendió a todos los distritos el fallo del máximo tribunal, que solo se aplicaba a Santa Fe, San Luis y Córdoba. La venganza: desfinanciar la seguridad social del gobierno entrante.

Así el 15% de la coparticipación a las provincias, dinero que hasta el fin de semana era destinado a la ANSeS, pondrá en peligro el pago a los pasivos. El Gobierno nacional perderá $ 100.000 millones por mes con ese 15 % que no va a tener y pareciera que el flujo no va a alcanzar para cumplir con la responsabilidad del pago de las jubilaciones.

¿Puede alguien entender cómo quien se ha dicho protectora de los humildes no dude en ponerlos en riesgo con tal de llevar a cabo esta vendetta miserable? Esa es Cristina.

En cierto modo la actitud es consecuente con su accionar en los últimos doce años. Hitos como los de los chicos Qom, llevados a la caquexia final por un estado más cercano a la asociación ilícita que a un gobierno democrático, fueron mostrando la existencia de una larga lista de víctimas. No son suficientes, parece querer más.

Poco importa si entregará el bastón de mando o lo enviará por correo, si los serviles de La Cámpora –de quienes también se está vengando– harán lío junto a facinerosos como D’Elía; si Bonafini seguirá llamando a la resistencia o Carlotto sacará un nuevo nieto de su galera. La realidad nos muestra que una persona que no sabemos si es más enferma que perversa o viceversa, esté vengándose del país que dice querer.

Si al odio le sumamos la soledad, no hay un futuro promisorio. Ese es el mañana de Cristina Fernández. Su compañía serán los fantasmas de aquellos que quedaron en el camino, los que no pudieron subsistir, los asesinados, los limados por la droga.

Cuando los aplaudidores dejan de aplaudir, cuando los aduladores se callan, cuando los lameculos comienzan a hacer gárgaras esperando un nuevo trabajo, todo se complica porque quien sembró cizaña, cosecha cizaña.

Jorge Milia
Director