martes, 1 de diciembre de 2015

FRANCIA ATACA AL ISIS, PERO VENDE ARMAS A SUS MENTORES

UNA ACTUACIÓN DIGNA DEL MEJOR TEATRO FRANCÉS

Por Robert Fisk[1].

Los que realmente preocupa a Francia son sus propios y lucrativos acuerdos de venta de armas con Arabia Saudita, donde Hollande aún tiene esperanzas, algo lastimeras, de suplantar a Estados Unidos y al Reino Unido como un proveedor de armas del máximo nivel. Tal vez crea que está “en guerra con Isis”, pero los mentores espirituales del así llamado califato permanecerán intactos.

El país que le prestó su credo sunita wahabita a los asesinos del Isis en París no dará la más mínima importancia al hecho de que François Hollande sople y resople sobre la guerra. Arabia Saudita ya ha escuchado todo esto antes, todo lo del Nuevo Orden Mundial desde 1991, cuando George Bush padre soñaba con una expresión sub hitleriana de Medio Oriente en la que podría existir un oasis de paz, un lugar sin armas, y la riqueza que de ellas proviene, en que las espadas se convirtieran en arados o al menos en buques petroleros más grandes y oleoductos más largos.

Los sauditas están demasiado ocupados haciendo volar en pedazos a Yemen, en su enloquecida guerra contra los hutíes chiítas, como para preocuparse de los locos sunitas wahabitas del Isis.

Su enemigo sigue siendo el nuevo mejor amigo de EEUU, el Irán chiíta, y están tan empecinados como siempre en destronar al presidente alawita chiíta de Siria, aún cuando el Isis esté en la primera fila de los enemigos de Bashar al Assad.

Arabia Saudita también sabe que la política exterior francesa ha favorecido el comercio tan fervientemente como alguna vez se opuso a un acuerdo nuclear con Irán, y miles de millones de dólares en armamento estadunidense seguirán fluyendo hacia el reino, a pesar de los nexos del Saudi Kingdom con el culto que destruyó 129 vidas en París.

Si alguien cree que Barack Obama va a disciplinar a la democracia teocrática de los árabes sauditas, debería echar un vistazo a la propuesta de vender armas estadunidenses por valor de mil 29 millones de dólares al rey Salman, de 79 años de edad, para darse cuenta de que a Washington no le interesa controlar la ferocidad del reino saudí.

Riad ha dejado de bombardear al Isis en gran medida (¡sorpresa, sorpresa!), pero necesita armas desesperadamente después de quemar todos sus arsenales atacando a los yemeníes, hundidos en la pobreza. El contrato de venta de armas a Arabia Saudita ya fue aprobado por el Departamento de Estado estadunidense e incluye municiones de ataque directo fabricadas por la compañía Boeing y bombas guiadas por láser tipo Paveway, construidas por la firma Raytheon.

Los hutíes, huelga decir, aún controlan la mayor parte de Yemen, incluida la capital, Saná, pese a que es pura mitología de Riad la supuesta asistencia militar que el grupo yemenita recibió de Irán.

Grupos de defensa de los derechos humanos han acusado durante mucho tiempo a los sauditas de lanzar ataques aéreos y de asesinar indiscriminadamente a civiles. Según cifras de las  Naciones Unidas, estas muertes ascienden a 2.355. Cada una de estas vidas es tan preciosa como las 129 a las que se puso fin el pasado viernes en París.

Los estadunidenses y franceses presumiblemente querrían que los sauditas mataran a 2.355 miembros del Isis, pero esto no sucederá. El Congreso estadunidense ya autorizó a Obama a vender otros 600 misiles antiaéreos Patriot PAC-3, lo que aporta 5 mil 400 millones de libras esterlinas a los bolsillos de Lockheed, a pesar de que los hutíes no tienen un solo avión.

Supuestamente estos misiles están destinados a proteger a los sauditas de un ataque aéreo iraní, que nadie en toda la región del Golfo cree que tendrá lugar.

En cuanto a las nuevas leyes de emergencia de Francia, ninguna de éstas afectará a los sauditas ni a ninguna otra nación árabe. En Medio Oriente, donde los dictadores locales, reyes y emires –casi en su totalidad “aliados de Occidente”– regularmente espían a sus ciudadanos, intervienen sus teléfonos y torturan a sus pueblos, a nadie le importa si las nuevas leyes de Hollande restringen la egalité o la liberté de los franceses.

Para los sauditas, la batalla familiar entre el príncipe heredero, el ministro del Interior Mohammed bin Nayef, y el ministro de Defensa, Mohammed bin Salman bin Saud, de 30 años de edad y siguiente en la línea de sucesión, quien ha encabezado el bombardeo saudita a Yemen, es mucho más interesante que el futuro del EI.

Y algo que interesa mucho más a Francia son sus propios y lucrativos acuerdos de venta de armas con Arabia Saudita, donde Hollande aún tiene esperanzas, algo lastimeras, cabe agregar, de suplantar a EEUU y al Reino Unido como un proveedor de armas del máximo nivel. Tal vez crea que está “en guerra con Isis”, pero los mentores espirituales del así llamado califato permanecerán intactos.

Robert Fisk

FUENTE: La Jornada de México, © The Independent., Traducción: Gabriela Fonseca

[1] Robert Fisk (Maidstone, Inglaterra, 1946) es un periodista y escritor inglés, corresponsal en Oriente Medio para el periódico británico The Independent y columnista del periódico Público en España y La Jornada en México. Está casado con la periodista estadounidense Lara Marlowe. Vive en Beirut, Líbano, donde reside desde hace más de 25 años. Premiado varias veces sobre el Oriente Medio. Es uno de los muy escasos reporteros occidentales que habla fluentemente el árabe.