jueves, 25 de febrero de 2016

SIN PENAS NI OLVIDO

Domingo, 21 de febrero de 2016
       
Hace exactamente 40 años, el 20 de febrero de 1976, la cúpula de la CGT se reunía con la presidente María Estela Martínez de Perón, para pedirle la renuncia del flamante Ministro de Economía Emilio Mondelli, que proponía un duro ajuste fiscal para frenar la inflación del 200 % anual. Entonces como ahora, no había soluciones mágicas para curar el despilfarro y Mondelli consciente del déficit de caja le había pedido al FMI 300 millones de dólares.


Ese día un grupo armado asesinaba a la nuera del ex presidente Lanusse y moría en las calles de Mar del Plata el coronel Rafael Reyes en el marco de la guerra contra la subversión iniciado por el peronismo de izquierda, que el león herbívoro echó de la Plaza de Mayo con su último rugido.

Victorio Calabró, Gobernador de la provincia de Buenos Aires y enemigo acérrimo del sindicalista Lorenzo Miguel, afirmaba que el gobierno de María Estela (Isabelita era su nom de guerre, no por haberse batido en batallas épicas, sino por haberse exhibido en cabarets de mala muerte) tenía los días contados y no podía durar más allá de fin de mes… se equivocaban, duró exactamente hasta el 24 de marzo de 1976. El 24 de marzo ha sido consagrado como el “Día de la Memoria”, pero para que la memoria sea válida hay que recordar todo. La memoria parcial no es memoria, solo es un panfleto.


El Capitán Ingeniero Don Álvaro Alsogaray afirmó que esta era la crisis más importante del siglo XX (el Capitán, no había previsto la hiperinflación del ’89 ni la crisis del 2001, para él solo había que pasar el invierno; después pasaron los otoños, las primaveras y las devaluaciones de verano) pero que era saludable dejar a que los políticos resolviesen el problema sin intervención militar -como era el uso y costumbre en el país desde la década del ’30, donde el Ejército se entrometió en todos los asuntos, a falta de mejor cosa para distraerse-.


El país se diluía en una caos institucional, ante la incapacidad de Isabelita, la inercia de Luder, la presión de gran parte del peronismo, que esperaba los salvasen del papelón final generado por el mismísimo General convencido, cómo lo había declarado públicamente, que Isabelita era su mejor discípula, una especie de Pigmalión en alpargatas, vuelta a la vida con algunos pases mágicos del mayordomo/ministro/consejero y hombre de confianza José López Rega, alias “Daniel” (su nombre esotérico), llamado “Lopecito” por el General y conocido como “el Brujo” por la oposición. Muchos nombres para tan poca cosa.

Hace cuarenta años zozobraba el gobierno de Isabelita hundida por su propia gente, que se había involucrado en una feroz batalla entre el peronismo de izquierda y el de derecha, contagiado por el sindicalismo de los entonces no tan “gordos”, pero que solo se miran el ombligo persiguiendo el espejismo del distribucionismo a costa de destruir una economía competitiva y la cultura del esfuerzo y la responsabilidad.

Con tal de ganar una elección los peronistas incrementaron el gasto público a niveles insostenibles cada vez que pudieron (en la década del ’50, en los ’70, en los ’90 y por último en la “década ganada”) y para disfrazar este gasto feroz recurrieron a la inflación y en este caso en particular, a la destrucción de los sistemas de control del Estado y la mentira épica a la que dieron en llamar “relato”.

Hace 70 años era Evita la encargada de generar un distribucionismo personalizado, el uso de los recursos del Estado para entregar de mano propia la pelota número 5, la bici, el ajuar… Y así comprar el voto de los humildes.

Hace 40 años era otra mujer del General, Isabelita, atosigada por un puesto al que no podría haber accedido si no fuera por la irresponsable miopía del león herbívoro, la que distribuyó con tanto caos y descontrol que nadie se percató de lo que entregaba.


Ahora asistimos a la fiesta final de un distribucionismo suicida que solo ha sabido ahondar nuestros vicios culturales.

Para bancar la fiesta del despilfarro hemos recurrido al endeudamiento externo, al vaciamiento de las empresas estatales (la deuda total en la década ganada excede los 250.000 millones de dólares), y al impuesto inflacionario que solo genera más pobres – signo palmario de su fracaso.

¿Cómo podemos salir de este círculo vicioso? No queda otra que endeudarse a tasas menores al 15 % que nos cobraba Chávez (¿Se acuerdan?) lograr inversiones (en un país que no honra sus deudas), generar trabajo (en un país que ha destruido la cultura del trabaja) y reestructurar el despilfarro paulatinamente para absorber el costo social sin que estalle el gremialismo sectario, reclamando una porción de una torta que ya no existe. ¿Qué la inflación de enero fue de 3,6 %? Seguro, ¿con qué se creen que se pagaron los aguinaldos si las arcas estaban vacías? El kirchnerismo todos los días le echaba la culpa al “neoliberalismo” de los ’90, por los males del país 20 años más tarde. Obviamente la culpa de la inflación ¿de quién es? Y lo seguirá siendo por largo tiempo.

Este gobierno tuvo solo 40 días hábiles, ¿por qué no se dejan de romper los coquitos? Macri no es ni Fumanchú ni el mago Fa Fa.


Primero no querían políticas de shock y ahora, ¿el gradualismo los pone nerviosos?

Si el pecado solo fuese el distribucionismo, uno podría considerarlo un error conceptual, un discutible procedimiento económico, pero esta gente destruyó todo el sistema de control para robar a mansalva, como cuatreros. No son ideólogos, son chorros y habrá que castigarlos sin pena y ni olvido, porque después estos nunca se acuerdan de Isabelita ni de López Rega, y siempre habrá un distraído que ensalce a Héctor Cámpora y quien regale un rosario para que rece un ladrón.

Omar López Mato [1]
Médico y escritor





NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.




[1] Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio.