martes, 26 de abril de 2016

LA JUSTICIA, EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA. MONS. JORGE LUIS LONA OBISPO EMÉRITO DE SAN LUIS


orden de los caballeros de
su santidad el papa
"san ignacio de loyola"

(CHRISTIFIDELIS LAICI,58)


Bandera de la Hispanidad en las Américas,
adoptada como símbolo de las Américas
por la séptima conferencia internacional
Americana de Montevideo
el 13 de diciembre de 1933.


Lunes 11 de abril de 2016

A mis hermanos en el Episcopado
11 de abril de 2016
111º Asamblea Plenaria
La justicia , en el Año de la Misericordia.

1- Antecedentes: (Años 2013  y 2014) .

En la Asamblea Plenaria 105, primera del año 2013, tuve ocasión de difundir diez documentos referentes a la década del 70, respondiendo a una propuesta de la Asamblea anterior: “no eludir la responsabilidad de avanzar en el conocimiento de esa verdad dolorosa y comprometedora para todos”.

Así pude incluir las casi olvidadas páginas del “0sservatore Romano”, en que la imagen del Papa Pablo VI junto al Cardenal Primatesta testimoniaba la importancia de la Carta Pastoral Colectiva  de la CEA (05/07/77), que publicada allí daba difusión internacional a lo que fue en ese momento la más importante denuncia de la trágica dimensión de los excesos -inadmisibles e ilegales- del accionar represivo oficial.

Al mismo tiempo, como fruto de mi actividad pastoral en el penal de Mendoza con los procesados  en relación con delitos cometidos durante dicha represión, pude manifestar que en mi opinión “eran tratados desde una perspectiva y procedimientos mucho más vinculados con la venganza que con la justicia”. Agregaba testimonios al respecto.

A través de la Nunciatura Apostólica hice llegar al Papa Francisco toda esa información, y antes de un mes recibí su alentadora respuesta. Me animaba a continuar mi “delicado y valioso apostolado”, y me aseguraba que la Santa Sede “no dejará de poner todo de su parte para que sean tutelados los derechos procesales y la dignidad humana de los procesados”.

En la siguiente Asamblea Plenaria 106 di a conocer esta respuesta, y presenté nuevos elementos probatorios de la clara negación de justicia que sufrían los presos en cuestión. Informado nuevamente al respecto el Papa Francisco, la respuesta que  el 29/11/13 me hizo llegar renovaba los mismos conceptos de la anterior, agregando  “la tutela de cuanto concierne a sus familiares”.

En la Asamblea Plenaria 107, primera de 2014, también comuniqué la nueva respuesta, y pude transmitir un mensaje y un ejemplo alentador, sobre los conflictos aparentemente insolubles. El mensaje era del Papa Francisco, en los puntos 228 a 230 de la Exhortación “Evangelii Gaudium”.

Al comienzo del punto 228, el Papa indicaba : “De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, que sólo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad más profunda . Por eso, hace falta postular un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto.” Y el ejemplo estaba dado por dos “grandes personas”, el presidente sudafricano Nelson Mandela y el arzobispo anglicano Desmond Tutu. Un gran testimonio publicado en esos días, demostraba como la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación había podido unir esos dos bienes, para lograr el milagro de  una Sudáfrica “mirando al futuro”. Y de nuestra patria, concluía el autor: “una  Argentina encadenada al pasa do. . . lo que es terrible para los jóvenes. Aquí los jóvenes están hundidos y aprisionados en el pasado.” (“La Nación”, 23/03/14)

2-  Pasado y Presente: (Año 2015 y año 2016) .

Por desgracia para la Argentina, a partir del año 2003 el poder político dominante había aplicado de manera cada vez más extrema un principio opuesto al de Francisco.   Maximizar el poder a través dela construcción de la enemistad social. Practicar  e inculcar la  superioridad del conflicto, por encima de la  unidad.

La aparente realización total de este proyecto de poder, tuvo una consecuencia paradójica.  De manera imprevisible, quienes detentaban  ese poder anhelado y gozado, por voluntad del pueblo lo perdieron a fines de 2015 .

Pero desde mucho antes, aquel poder del odio había logrado conformar una justicia federal penal sistemáticamente negadora de justicia para “los procesados por las vicisitudes políticas de la década de los setenta”, como se los  calificó en  las respuestas papales. Señalaremos algunos aspectos de esa  negación de justicia:
- Son más de trecientos cincuenta los muertos en la cárcel pasados los setenta años, como únicos penados en el país a quienes se les niega el derecho a la prisión domiciliaria.

- De un modo igualmente arbitrario, se prolonga su prisión preventiva mucho más allá de los tres años que permite la ley.

- Se los trata con reiterada violación del Código Procesal Penal.

- Se les aplica el concepto de “delito de lesa humanidad” sin tener en cuenta la normativa de vigencia mundial al respecto.

- Se avalan y  apoyan  -durante los juicios-  testimonios escandalosamente falsos.

A través de abogados defensores cuya integridad me consta, puedo mencionar dos casos arquetípicos. Un oficial retirado de la Fuerza Aérea de heroico desempeño en las Malvinas. Recibió prisión perpetua sobre la base de un solo testimonio falso, desmentido por tal cúmulo de pruebas que la parte querellante dejó de serlo por considerarlo inocente. Un oficial principal retirado de la Policía de Mendoza. Condenado sin pruebas ni testigos a cinco años de cárcel, de los cuales lleva cumplidos tres. Sin justificación alguna se le revocó la prisión domiciliaria que le había sido concedida por su avanzada edad y por graves dolencias. Hablé con él en la cárcel hace un mes. Con 79 años, casi moribundo.

No se trata de hacer borrón y cuenta nueva , y menos aún de impunidad . Sólo JUSTICIA.

Desde hace más de tres años, cada mes, celebro la Penitencia y la Eucaristía en la cárcel de Mendoza. Y para que eso sea posible, he perseverado en reiterarles el cumplimiento del Padre Nuestro: “así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Perdonar rechazando la mentira homicida del demonio: “el rencor a los que te ofenden, es tu dignidad”. NO. Es el veneno para las ratas que te mata por dentro, y la peste contagiosa que te haría imperdonable cualquier diferendo con tus compañeros encarcelados.

Perdonar es seguir perdonando, porque la tentación inevitablemente vuelve a la memoria.

Perdonar con la súplica perfecta de un Ave María. Pedírselo a Cristo por su Madre Santísima. que Él ama como  la criatura elegida, y  la madre en que fue engendrado por el Espíritu Santo. Por nosotros pecadores, los que me ofenden, y yo ofendido. Se puede perdonar así, rechazando la tentación del odio, si se reza palabra por palabra, y perseverantemente. Si la tentación vuelve a los diez minutos, se puede volver a rezarlo.

Hay una terrible alternativa , en que la mentira del diablo sale vencedora . Se proclama como un lema triunfante: “¡Ni olvido ni perdón!”. Es decir, rencor hasta la muerte. En la hora de la muerte, la misericordia de Dios llama a todo corazón humano con amor infinito, pero no le quita la libertad con que nos creó personas. Y si la misericordia es rechazada, se habrá elegido el rencor eterno.

Volvamos a la propuesta papal “La unidad prevalece sobre el conflicto”, incluida en el Cap. Cuarto de la Evangelii Gaudium. Bajo ese título, los puntos 226 y 227, previos a los ya mencionados, nos orientan sobre el camino a seguir. El conflicto debe ser asumido, pero “sin quedar atrapados en él”. Perderíamos “el sentido de la unidad profunda de la realidad”. Tampoco es aceptable hacer “como si nada pasara, y lavarse las manos para continuar con la propia vida”. Pero hay “una tercera alternativa, la más adecuada: aceptar sufrir el conflicto para resolverlo, transformándolo en el eslabón de un nuevo proceso”.

¿Qué puede hacer hoy nuestra Iglesia para promover ese eslabón que una la auténtica justicia con la misericordia?  En la Argentina hay juristas cuyo renombre académico va unido a una conducta intachable y un juicio ecuánime. Su intervención sería iluminadora, y es posible lograrla .

Mons. Jorge Luis Lona
Obispo emérito de San Luis