jueves, 9 de junio de 2016

A MÍ NO ME LA VAN A CONTAR


Por María Fernanda Viola

Respuesta a las organizaciones y políticos que se oponen al monumento de la reconciliación, propuesto por el Concejal de Tucumán Ricardo Bussi.

Corría el domingo 1 de diciembre de 1974, mi familia y yo (que por entonces tenía 5 años) salíamos de casa rumbo a lo de mis abuelos paternos, para almorzar juntos. Al llegar a destino, terroristas del ERP nos estaban esperando en tres vehículos de apoyo y abrieron fuego salvajemente. Mi padre, el Capitán Humberto Viola murió a los pocos segundos. Mi hermanita María cristina, de 3 años, fue bestialmente fue asesinada. Yo con heridas de bala, caí empapada en sangre. Sólo salió ilesa íntegramente mi madre, Maby Picón, la cual además estaba embarazada de cinco meses.

Cuando nos llevan al hospital de niños mi madre le mueve el pelo a mi hermana y le habían sacado la mitad de la cara. Yo estuve en coma 4 durante un mes: una bala del ERP me pegó en la cabeza del lado derecho. Me dejó con una discapacidad visual del 80%, las esquirlas dieron en el nervio óptico, tengo nueve operaciones hechas en la cabeza: me faltan dos huesos (el occipital y el parietal).

A pesar del drama que he transitado, ni yo ni lo que quedó de mi familia sentimos odio.

Somos conscientes de que la revancha permanente y una memoria sesgada o vengativa no nos conduce a ningún lado. Jamás vino el Estado para auxiliarme. Nunca los que agitan la bandera de los DDHH se me acercaron para ver si necesitaba algo. Yo como tantas víctimas del terrorismo subversivo hemos sido desaparecidos de la historia.