lunes, 6 de junio de 2016

LA PARADOJA DE LA PREVENCIÓN

Por Juan Carlos Neves

Hace  unos años tuve la oportunidad de dialogar largamente con un prestigioso general europeo que, ya retirado, asesoraba a su gobierno en temas de defensa. Una de las anécdotas más interesantes que me relató fue la ocasión en que se dirigió a una de las máximas autoridades políticas de su país para alertarlo acerca de la amenaza que significaba una inevitable guerra en los Balcanes y las medidas de prevención que recomendaba para evitarla.

Guerra en los Balcanes

Lamentablemente - me dijo-  su consejo no fue atendido y nada se hizo hasta que efectivamente se desencadenó la guerra que requirió la intervención de su país  y que generó miles de víctimas y enormes daños materiales.

Políticamente incorrecto, el general no se privó de enrostrar al jefe político el hecho de que por no adoptar sus propuestas para prevenir el conflicto se habían producido finalmente muchas más bajas y sufrido mayores costos. La respuesta que recibió fue que a nadie le daban una medalla ni le atribuían un mérito por prevenir  una crisis sino por solucionarla. Si hubiera movido fuerzas y medios antes de la guerra –dijo el político- hubiéramos tenido menos bajas y menos costos pero no hubiera tenido forma de justificarlo porque el conflicto nunca se hubiera desencadenado.

Cuando la guerra estalló, la opinión pública aceptó y justificó las consecuencias. Es más, alabaron mi decisión y firmeza para terminar con el conflicto.

Con el tiempo aprendí que esta anécdota real no constituyó una circunstancia aislada sino una paradoja que se repite con notable frecuencia. La cuestión es que, si actúas eficazmente para prevenir una catástrofe o una crisis y la evitas, raramente podrás demostrar fehacientemente que sin tu accionar la catástrofe o la crisis se hubiera producido. Sucede tanto si te gastas el presupuesto de salud en prevenir epidemias como si no dejas salir a tu hija de noche por los riesgos percibidos. Siempre habrá quien te enrostre que gastaste o prohibiste sin razón. Que no hubo epidemias o que a tu hija nunca le pasó nada. El problema es que, si para evitar estas críticas dejas que el hecho perjudicial suceda, quizás después sea tarde o irreversible para evitar sus consecuencias.


Los altos mandos militares que tomaron el gobierno en el 76, apreciaban que si dejaban seguir creciendo a la guerrilla esta podría tomar el poder como en Cuba. Actuaron antes, pero ahora la sociedad descree que ese riesgo fuera real. Se dio la paradoja de la prevención. Evitaron una situación crítica y al hacerlo, hoy no pueden demostrar que tal situación se hubiera producido.


El presidente Menem pudo haber flexibilizado la convertibilidad, pero no lo hizo. Luego tampoco lo hizo su sucesor, De la Rua, pero a éste el problema le estalló en las manos y provocó la caída de su gobierno. Cuando le tocó el turno al presidente Duhalde, encontró una sociedad ya resignada a pagar los costos del desastre. El dilema es prevenir la catástrofe, cuya ocurrencia después no se podrá demostrar, o esperar a que estalle y luego actuar con consenso, pero con el riesgo de que la situación sea irreversible.


Esta cuestión está en el núcleo de la política actual del gobierno de Cambiemos. Macri asumió con la convicción de que si no tomaba medidas drásticas y urgentes, una insoportable crisis económica se precipitaría sobre el país. Con esa certeza aumentó servicios y transportes, dejó flotar el dólar y generó un ajuste de proporciones. Ahora la oposición, particularmente la que encarna el “kirchnerismo rabioso”, juega con la acusación de que no había crisis en puerta y que las medidas adoptadas por el gobierno responden a una concepción propia de un capitalismo deshumanizado que vino a romper un panorama económico idílico. Estamos convencidos de que esto es una falsedad grosera y más de la mitad de los argentinos acompañan esta convicción y ha aceptado el remedio amargo con resignación. Pero no se puede ignorar la forma en que este discurso perverso cala en las capas más vulnerables y menos educadas de la sociedad que no parece dispuesta a una larga postergación de sus necesidades inmediatas.


Como muestra de este pensamiento les comento que la Agrupación Oesterheld invita a una cena el 6 de junio en el Hotel “recuperado” Bauen, en que los invitados estelares son Amado Boudou y el cantautor Ignacio Copani. Del primero destaca que es atacado porque rescató 74.000 millones de los que se habían apoderado “legalmente” los bancos para ponerlos a disposición del pueblo y del segundo publica estos “versos”: “Quiero volver a estar mal, /quiero volver al relato /quiero mirar un canal /que me pueda informar /al menos un rato. /Quiero ese mundo irreal /de pensadores y artistas /y no esta felicidad /de matones, mediocres, burros y fascistas.” Finalmente, cierra la convocatoria “En plena Tercera Resistencia” con una cita de John William Cooke “Con la resistencia no alcanza, sin contraataque no hay victoria”.

Cito este ejemplo pues la invitación me llega a la casilla de correo, obviamente sin haberla pedido, y nos permite ilustrar cómo piensa  y actúa parte de ese 49 por ciento que  no votó a Cambiemos y que  no comparte la necesidad de encarar el plan de austeridad y sacrificio que la Argentina necesita para evitar la caída al vacío.


La realidad es que el “kirchnerismo” no dejó una herencia, sino un tumor maligno de odio, corrupción e incompetencia que es necesario extirpar para poder curar el tejido de la república.

El presidente y su equipo son conscientes de esta oposición agresiva y de la forma en que trabaja en vastos sectores de la población que sufre necesidades reales. El oficialismo avanza y retrocede. Duda. Arma su propio relato justificando un blanqueo con el pago de la deuda a los jubilados. Oscila entre la dureza y el populismo. Se equivocan con frecuencia y, aun así, se muestran enormemente superiores a sus antecesores del Frente para la Victoria porque aquellos eran los peores. El temor que en buena parte de la sociedad despierta la posibilidad de un regreso de la señora Cristina Fernández y su corte, le brinda al gobierno actual un amplio margen de fidelidad y tolerancia. Pero debe comenzar a acertar pronto, porque cada semana y cada mes que pasa comienza a ser visto más responsable y menos víctima de la situación. El peor escenario sería sufrir el dolor de las medidas de prevención y que igual se produjera la crisis, porque las medidas fueron malas o incompletas. Gobernar no es fácil pero quien lo hace en una democracia, es porque antes ha convencido a la sociedad de que sabe lo que hay que hacer y dispone de las mejores respuestas. Ahora hay que probarlo. 

Más allá de lo económico, que se ha situado en el centro de la agenda, surgen otros temas que requieren seria atención. La credibilidad de las denuncias del gobierno acerca de la situación recibida, exige que la justicia las convalide con investigaciones, juicios eficaces, condenas bien fundadas y confiscación de los bienes mal habidos cuando se trata de casos de corrupción. Claramente el tema no se resuelve con que caigan los empresarios cómplices. Son los funcionarios, empezando por la que fuera todopoderosa figura presidencial, los que tienen que rendir cuentas a la sociedad a través de la justicia. Es cierto que el gobierno debe dejar que los jueces actúen libremente, pero sería lamentable que la sociedad intuyera que desde el actual poder se trata de proteger a figuras del anterior, aduciendo razones de gobernabilidad o cualquier otro temor. Los argentinos debemos enfrentar nuestro destino y sus consecuencias y no hay posibilidad de avanzar hacia un futuro promisorio sin cerrar el capítulo de la corrupción y el asalto al Estado, con castigos justos y ejemplificadores.

También esperamos, en nombre del sector de la sociedad cuyas inquietudes representamos, que el gobierno comience a revisar los miles de millones de pesos (cifra nada exagerada) que el “kirchnerismo” dilapidó “indemnizando” a miles de familiares de terroristas pertenecientes a bandas subversivas (en muchos casos asesinados por sus propios compañeros), a exiliados y a organizaciones que se dedican a promocionar y defender las acciones violentas ejecutadas contra el Estado nacional. Que se ocupe de una vez por todas de atender las demandas de las víctimas ignoradas de aquellos terroristas. Que se atiendan con urgencia las violaciones a los derechos humanos de los detenidos acusados por delitos de lesa humanidad en cuyo juzgamiento y detención no se atiende a los Códigos de Procedimiento y a las leyes vigentes y que cesen los nuevos y aberrantes juicios que, como en el caso de Tucumán, se sustancian contra militares que actuaron durante un gobierno constitucional y en su defensa, con el agravante de tener como querellante a la actual Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.


Largo y espinoso es el camino que deben recorrer quienes hoy nos gobiernan. A pesar de todos los inconvenientes, confiamos en que día a día aprendan, mejoren y atiendan las voces de quienes queremos que tengan éxito, porque apostamos a que a todos nos vaya mejor.  Mientras tanto, seguiremos apoyando lo bueno y criticando los errores recordando que el tiempo apremia, sobre todo para los que están injustamente presos y para los que se ven agobiados por las necesidades básicas insatisfechas y el flagelo de la inseguridad.