viernes, 3 de junio de 2016

MISERICORDIA SESGADA


Leí con atención el reciente artículo del padre Guillermo Marcó. Tuve el privilegio de colaborar un tiempo con él en la labor de prensa del Arzobispado de Buenos Aires y allí alternar con el arzobispo. Conocí entonces a un hombre sabio, enigmático, de pocas palabras, preocupado por la política de Néstor Kirchner, que a su entender "promovía la división social" y nos podría llevar hasta a un "enfrentamiento sangriento". El tiempo pasó y aquel padre Jorge, ya devenido en Papa, me mostró una faceta que hasta hoy día me tiene desconcertado: si en Buenos Aires nos manifestaba su preocupación mayor por ancianos, niños y gente privada de su libertad, en Roma parecería que ha decidido darle la espalda a un aspecto de aquella preocupación. Integro la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, ONG que se ocupa de asistir legal, moral y espiritualmente a militares y civiles presos por haber tenido alguna función en la época de la guerra sucia de los 70 (en su mayor parte detenidos sin condena o con sentencias aberrantes, ya que el delito que ahora se les enrostra es "tenía que saber", pues no existen más los partícipes directos, aquellos que fueron juzgados durante el gobierno de Alfonsín y que hoy en su gran mayoría han fallecido). Ya envié cuatro cartas al padre Bergoglio -que sospecho nunca leyó-. La última invocando el Año de la Misericordia y pidiéndole haga llegar a estos ancianos presos, y muriendo por las condiciones en las que los jueces federales obligan a mantenerlos (muchas veces rechazando el pedido de mayor atención invocado por los médicos penitenciarios, que procuran en vano cumplir con sus hipocráticos deberes) una palabra de aliento, una carta o un Rosario - como el que le envió a Milagro Sala- . Nada de ello ha sucedido. Sólo a pedido de nuestra asociación accedió a recibir a sus dirigentes en audiencia en el "corralito de los miércoles", donde los "atendió" por un minuto y medio (por la tarde recibió en Santa Marta a una dirigente K). Ahora invoca, por medio de las enigmáticas cartas enviadas a amigos (artificio político que usa para que su descargo ante los ataques mediáticos que recibe sea luego difundido) su obligación como Padre de la Iglesia, de recibir o atender, especialmente en este Año de la Misericordia, a quien se lo pida, así lo haya denostado en el pasado. Disiento parcialmente con Marcó: para este Papa, por lo menos en el país que lo vio nacer, la misericordia es tan sesgada o parcial como los derechos humanos K y aplicada para los que, en sus intrusiones en la política local, considera son los únicos dignos de ella, como Hebe de Bonafini. Para los demás, el silencio o el "ninguneo". Los más de 360 ancianos muertos en prisión y sus deudos, a los que ignora sistemáticamente, aún esperan su mirada o atención benévola. Creo que esperan en vano?

Edgardo Frola
DNI 04.403.415