sábado, 18 de junio de 2016

PRISIONEROS ILUSTRES VERSUS PRISIONEROS MAL LLAMADOS DE LESA


El día 2 de mayo próximo pasado estando a 48 horas de lograr ser trasladado a mi hogar por la  prisión domiciliaria que se me había concedido 11 días antes,  en la página pusimos un escrito que en uno de sus párrafos decía: “Ayer, con uno de los prisioneros que se movilizan en silla de ruedas, nos anotamos para salir al patio de la planta baja de estas instalaciones a las 16:00 horas y de esta manera, poder oxigenarnos. Como ya lo expresé, en este lugar, por falta de ventilación en los espacios comunes nos movemos en un aire viciado y luz artificial. Cuando las 4 horas de la tarde se aproximaban nos avisaron que la salida se postergaba ya que tenían prioridad los ilustres Jorge Chueco y Adrián Conci. El primero, abogado de Lázaro Baez. Conci, organizador de fiestas electrónicas que dejaron un costo de cinco jóvenes sin vida.

Nosotros pudimos acceder al patio a las 17:30 horas. Nos acompañaba la enfermera de turno, de nombre Patricia, quién propulsaba la silla de ruedas del otro prisionero”.

EL OTRO

Ese otro prisionero era  LUIS ABELARDO PATTI, de 64 años de edad,  ex miembro de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, muy conocido entre otras cosas por haber sido Intendente ampliamente reelegido por más del 75 % de los votos en ESCOBAR,  y también por su gestión como interventor del MERCADO CENTRAL DE BUENOS AIRES. Posteriormente, fue elegido Diputado en el año 2005, lo cual tuvo un desenlace poco ortodoxo.   En 1986 yo era Jefe de la Brigada de Investigaciones Tigre,  que cubría un área que iba de San Fernando  a Zárate, y  PATTI en Seguridad (Comisaría), se desempeñaba en la localidad de Escobar, jurisdicción que el mantenía con muy baja o nula incidencia delictiva.

Luis Abelardo Patti, en una imagen de 2013. En silla de ruedas y con cuello ortopédico. Fue durante vídeo conferencia, en el hall del Hospital de baja complejidad del Servicio Penitenciario Federal de Ezeiza, donde sigue detenido.

EL PATIO

Mas delante en el escrito, quedó registrado: “Este patio, aparte de no tener ningún elemento donde reposar por un instante, tiene sectores orinados, mucha basura y restos de comida. Pretendí no ver. Me dediqué a seguir a Patricia y luego de treinta días de encierro, caminé los veinte minutos concedidos, en este lugar tan feo. De cualquier forma, me concentré en observar el cielo, a respirar profundamente y a continuar con mi caminata. Pese a todo, me fortalecí para lo que vendrá”.


LO QUE NO DIJE

Me faltó decir que las altas paredes de este lugar, son de un triste color gris. Que por el horario tardío de salida,  la sombra cubría todo el lugar y hacia frio. También que PATTI  había tenido intención de que el sol diera sobre las zonas del torso afectadas por la sarna -que se había contagiado días antes-. Él y la enfermera Patricia quedaron quietos en un rincón, esperando que yo terminara de caminar mirando el cielo. Pero no solo caminé, en algún momento me detuve  algunos minutos a una distancia de 25 metros de ellos y los observé. Eran, una enfermera joven y voluntariosa y un hombre mayor, avejentado e impedido conversando, en un escenario indigno y desagradable. Recordarlo  como era PATTI 30 años atrás y  el verlo postrado en una silla de ruedas, con un cuello ortopédico y sus miembros inferiores sin masa muscular debido a sus limitaciones, me hundió en la desesperanza.  Me pregunté y lo hago aún hoy: cómo es posible que estando en el mal estado físico que está, continúe a través de tantos años alojado en una prisión, en un área de máxima seguridad?  Luego se me entrecruzó el sentimiento de que “nunca hay que golpear al caído”,  con la presencia de “los dos prisioneros ilustres” y tantos otros como ellos, o  la existencia de esta “justicia” que subsiste gracias la actuación o no actuación de los políticos, y mi pregunta deja de tener sentido alguno.

“En tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo”.
William S. Maugham


Claudio Kussman
Mayo 29, 2016
PrisioneroEnArgentina.com