sábado, 27 de agosto de 2016

CORONEL LARRABURE


Mientras la sociedad discute vanamente sobre los números de la muerte, la grandeza de un solo hombre se levanta en el horizonte de una república que vacila acerca de su propia existencia. Por sobre la tiranía de las cifras con las que se ha conseguido disciplinar la palabra, la libertad suprema de un prisionero al que no ha logrado doblegar el odio llena el aire con el himno nacional cada mañana. Él lo entona desde un pozo que no ha podido contenerlo y que en cambio aprisiona a sus captores en el desconcierto de su propia pequeñez. Lo mismo que en un cuento de Chesterton, su canto desde la estrecha celda sin ventanas infunde pavor a sus verdugos, quienes desean que aquel hombre jamás hubiera existido. Su unicidad en el valor es un desafío pacífico a todos los temores presentes y futuros del pueblo de su patria. Su perdón a los enemigos debería bastar para colmar de vergüenza a los promotores profesionales de la discordia. Por eso lo ocultan. No lo quisieran ni muerto ni vivo; simplemente, inexistente. En el olvido de aquella terrible tortura esconden el sufrimiento de más de mil víctimas inocentes. Es necesario que sólo el resentimiento sea ensalzado en el altar de los sacrificios. El razonamiento ya se ha opacado con la dialéctica de crímenes peores y mejores y de cantidades dogmáticas cuya mera negación se convierta en anatema. Sólo queda el honor, ese sentimiento antiguo que nunca ha podido ser atado a las estadísticas. ¿Cómo pretendían arrancarle la fórmula de la traición a un hombre que amaba tanto? Sólo basta uno. No hacen falta miles ni decenas de miles. ¡Mírenlo! No tengan miedo.

Coronel Argentino del Valle Larrabure: sobre el ejemplo de su alma libre y creyente se reconstruirá la nación.

Carlos Manfroni
DNI 10.900.280