martes, 13 de septiembre de 2016

INCOMPETENCIA Y CORRUPCIÓN EN EL CASO DEL IRÍZAR

Nueve años no alcanzaron para terminar de reparar el rompehielos y, en ese lapso, las campañas antárticas cobijaron negociados que investiga la Justicia


En abril de 2007, el rompehielos Irízar sufrió un incendio que lo alejó del servicio debido a las importantes reparaciones que debían efectuársele. Lo extraño del caso es que ya han transcurrido casi nueve años y medio y esas reparaciones en el astillero Tandanor no llegan nunca a su término.


Además, si se suma su costo hasta el presente, de 147 millones de dólares, al alquiler por 137 millones de la misma moneda de los buques ruso y holandés que lo reemplazaron en las campañas de abastecimiento de nuestras bases antárticas, se llega a la cifra de 284 millones de dólares que, como informó LA NACION, supera el costo de un nuevo rompehielos, valuado en 250 millones de esa moneda. Hay que agregar los 20 millones de pesos que demandará el dragado para que el Irízar pueda abandonar Tandanor.


¿Cómo pudo llegarse a este costosísimo disparate? ¿Se trató de mera incapacidad de las autoridades del Ministerio de Defensa del anterior gobierno, o el abultado gasto a cargo de las arcas estatales escondía el cobro de coimas? ¿Se alquilaba a un costo altísimo -y tal vez con pagos y cobros ilegales- la logística para mantener nuestras bases? ¿Cuál ha sido la genuina política antártica en los últimos años?

Con el nuevo arrendamiento de una nave para la próxima campaña antártica, los costos totales habrán ascendido a 301 millones de dólares. Mientras tanto, aún resta realizar el 10 por ciento de los arreglos del buque, que incluyen 60 nuevos camarotes y 40 laboratorios.

Arturo Puricelli

Las incomprensibles demoras para la finalización de las tareas no pasaron inadvertidas. Desde 2011, esta columna editorial se ha ocupado del tema, y en 2014, el entonces diputado radical Julio Martínez, hoy ministro de Defensa, presentó un pedido de informes al Poder Ejecutivo. Ese año planteamos en esta columna que la excesiva tardanza era motivo de preocupación, porque los fondos empleados en el alquiler de buques "podrían haber dado origen a posibles negociados durante la gestión de Arturo Puricelli al frente de Defensa".

En aquel entonces, hubo denuncias por la presunta manipulación de la licitación para contratar al buque holandés Timca.

El tiempo siguió su curso y los costos continuaron escalando. Hoy, el ministro Martínez explica que un rompehielos usado, similar al Irízar, puede comprarse por sólo 19 millones de dólares. Sudáfrica encargó la construcción de uno a un astillero finlandés, que ya está por botarlo.

Ante la contundencia de las cifras, vuelve el planteo de fondo: las reparaciones que nunca terminaban, ¿no habrán sido un pretexto para contratar los buques ruso y holandés y cobrar comisiones o coimas?

Por el contrario, pensar que el dislate obedeció simplemente a la inoperancia sería abusar de la credulidad. Abona las sospechas el hecho de que, como publicó LA NACION, se habrían registrado sobreprecios en la compra de provisiones para las bases durante la última campaña antártica del orden de los 84 millones de pesos. Agustín Rossi era el ministro de Defensa -hoy es diputado del Parlasur-, y los sobreprecios que se habrían pagado para el aprovisionamiento variaron entre 174 y 241 por ciento, según el tipo de víveres.


Ayer se conoció que, por esos hechos, el fiscal federal Ramiro González imputó a Rossi y a un ex presidente de la Corporación Mercado Central.


Hace dos años, pedíamos en esta columna racionalidad y la mayor de las transparencias. Se lo pedíamos a un gobierno que se caracterizó por convertir todo cuanto pudo en un negocio personal de sus funcionarios. Los resultados están a la vista. Corresponde a las nuevas autoridades otorgarle la mayor de las claridades a este tema y enmarcarlo en una genuina política antártica que vea y proyecte mucho más allá del legítimo y necesario apoyo logístico a nuestras bases.



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.