sábado, 1 de octubre de 2016

PAZ EN COLOMBIA

Más incertidumbres que certezas

Una vez que parece que las dos partes implicadas en el conflicto colombiano han escenificado lo que parece el final del mismo tras más de medio siglo de guerra y el comienzo de una nueva era basada en una paz duradera, hay dudas razonables acerca del desenlace. Tanto el gobierno colombiano, que preside el camaleónico Juan Manuel Santos, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), alzadas en armas desde el año 1964, parece que esta vez van en serio y que hay voluntad para llegar a un punto y final a esta larga sangría que ha provocado ocho millones de víctimas, de las cuales seis millones son desplazados, y que la violencia sea un recuerdo del pasado en este país. Aun así, sobre la mesa hay más incertidumbres que certezas.

FIRMAR EL ACUERDO DEFINITIVO


La reciente rubrica de La Habana, tras años de negociaciones entre las partes, no es definitiva y el acuerdo final que ponga fin a la violencia en Colombia se firmará en territorio nacional. Para ello, obviamente, tendrán que levantarse las órdenes de búsqueda y captura a los máximos cabecillas de las FARC -ahora negociadores en Cuba- y la sociedad colombiana tendrá que aceptar que muchos de los crímenes perpetrados  quedarán impunes.

¿Aceptarán los colombianos esta paz de Santos a cambio de cerrar los ojos y tolerar una cierta impunidad? ¿Será ese el precio a pagar por la paz?

CONCENTRACIÓN DE LAS FARC EN VARIAS ZONAS

En total, según ha transcendido a algunos medios   bien informados -El Espectador, por ejemplo-, los guerrilleros de las FARC tendrán que agruparse en 23 zonas del país denominadas de “concentración”. Los antiguos  guerrilleros, ahora ya aceptados como actores del proceso político, se incorporarán sin armas y de civil a dichas áreas. ¿Se respetará la vida de los antiguos guerrilleros por parte de algunos grupos contrarios al proceso de paz? ¿Pasarán los antiguos terroristas, hasta hace unos días matando, secuestrando y extorsionado,  a la vida civil sin ocasionar más daños al país?

TRANSFORMAR ACUERDOS EN LEYES

Este aspecto es fundamental para las FARC,  ya que dotaría al nuevo Estado colombiano de una parte ideológica más cercana a sus intereses, mientras que el gobierno lo asume como una parte táctica. Sin embargo, para un país que es una democracia de opereta y donde los derechos fundamentales no fueron respetados nunca, ¿qué valor pueden tener estas palabras? Además, hacer concesiones a las FARC, ante el escepticismo de la sociedad y la mala imagen del proceso de paz, sería un precio demasiado alto a pagar y es más que seguro que se generarían controversias no exentas, seguramente, de violencia.

Pero, ¿cómo explicarían las FARC a la sociedad colombiana más de medio siglo de violencia sin apenas arrancar concesiones políticas a sus adversarios? Sería una renuncia histórica, en términos políticos, que las FARC abandonasen las armas sin haber conseguido ninguno de sus objetivos.

NARCOTRÁFICO

“Las FARC se consolidan como el primer cartel del narcotráfico del país”, aseguraba el diario El Espectador hace apenas un año. Las cosas no han cambiado al día de hoy y la ligazón entre el narcotráfico y la guerrilla más antigua de América es un hecho. Se calcula que el 60% del tráfico de drogas de Colombia hacia el exterior está controlado por las FARC y en los últimos años se ha detectado un aumento del número de hectáreas cultivadas de coca, habiendo llegado ya a las 160.000 en el 2015.

Numerosos cabecillas de las FARC están implicados en el negocio y no lo abandonarán fácilmente. ¿Cómo abordará este asunto el Estado colombiano, cómo se recuperarán los miles de millones de dólares depositados en el exterior por las FARC procedentes de este ilícito negocio?

RATIFICACIÓN POPULAR

El presidente Santos ha dicho siempre y lo ha repetido en todas las instancias nacionales e internacionales, incluso hasta las Naciones Unidas, que los acuerdos rubricados con las FARC serán refrendados por el pueblo colombiano en una consulta popular. El reto tiene sus riesgos, toda vez que la oposición política, pero especialmente el expresidente Álvaro Uribe que lidera al Centro Democrático, ya ha dicho que dará la batalla contra esta “paz” firmada por Santos, que según  él legitima la impunidad y la venta del país al terrorismo.


Pero también podría ocurrir que los colombianos  den la espalda a los acuerdos tras demasiados años de negociaciones. Podrían llegar a votar en contra de los  acuerdos, simplemente, o convertir a la abstención en un voto masivo de protesta contra la forma en que se ha conducido tan largo y barroco proceso.

REINSERCIÓN DE ANTIGUOS TERRORISTAS

Según las fuentes, las FARC tienen entre 8.000 y 10.000 alzados en armas al día hoy y repartidos en varios frentes a lo largo y ancho de este país agreste, montañoso, extenso y selvático. Garantizar que dejen las armas, se integren en la vida civil y política y abandonen toda actividad delictiva, tras años en la selva y un camino hacia la reintegración social realmente difícil, parecen unos objetivos, al día de hoy, imposibles de lograr. ¿Cómo conseguir que un antiguo guerrillero que hasta hace unos días volaba puentes o colocaba minas se integre en la sociedad colombiana? ¿Qué recursos se destinarán y de dónde procederán para pagar a los miles de guerrilleros que (seguramente) dejen de matar y retornen a la vida civil?

DEJACIÓN DE LAS ARMAS DEFINITIVA POR LAS
FARC


Este es uno de los aspectos más controvertidos y  complejos del proceso de paz, que no en vano se ha dejado para el final por las dificultades que entraña. Ese punto, de cumplirse, tal como está estipulado, sería el desarme de la guerrilla –u organización terrorista para el Departamento de Estado norteamericano y la Unión Europea– y el final de la utilización de la violencia como forma de hacer política, dando un paso hacia adelante histórico y poniendo fin a la pesadilla. Pero hay muchas dudas.
¿Entregarán todas las armas las FARC? ¿Harán         dejación de las armas todos los frentes de esta organización que ahora están fuera de control de la cúpula y actúan de una forma más o menos autónoma en varias zonas ignotas de Colombia? ¿Cómo controlar ese proceso si las FARC es una organización irregular sin apenas un listado de sus armas y pertrechos militares?

PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LA GUERRILLA

Ya se ha dicho durante el proceso que las FARC se acabarán convirtiendo en un partido político y su máximo líder en las negociaciones, ‘Timochenko’, así lo anunció en La Habana de una forma clara: “Claro que las FARC haremos política, si esa es nuestra razón de ser, pero por medios legales y pacíficos, con los mismos derechos y garantías de los demás partidos”. Sin embargo, el gobierno colombiano todavía no ha definido, al menos públicamente, cómo se formalizará esa participación de las FARC en las instituciones y si, finalmente, se les adjudicará un cupo a los guerrilleros en el poder legislativo y en la administración local.


Este asunto, por cierto muy impopular en determinados sectores colombianos, es crucial para el éxito de la paz de Santos, pues es evidente que las FARC dejarán las armas a cambio de que el Estado ceda en algunas de sus demandas. ¿Serán capaces las FARC de participar en el juego político como un partido en igualdad de condiciones que el resto de las formaciones colombianas?

¿Cómo se podrá realizar esa reinserción política sin apoyo social y sin haberse concretado todavía los términos de la misma?

Balance desolador del conflicto. Tras más de cincuenta años de guerra entre la organización comunista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Estado colombiano, que destinó ingentes recursos para derrotarla y no pudo, hay millones de víctimas que todavía padecen el conflicto y otros casi cuatrocientos mil colombianos  que no han vivido para contarlo. Algunos desaparecidos sin ni siquiera una tumba que los recuerde. Hay también entre seis y siete millones de desplazados –casi el 16% de población del país–, más de 3.000 desaparecidos que seguramente no aparecerán nunca y varios centenares de secuestrados en manos de las FARC de los nunca más se supo y nadie da fe de que puedan estar con vida.

@ricardoangoso