sábado, 26 de noviembre de 2016

NO HAY JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS DE LOS TERRORISTAS

PRESENTACIÓN. Los autores Martínez y De Beitia y las víctimas
Ibarzábal, Paz y Picón expusieron en el auditorio. la gaceta / foto de inés quinteros orio

"Mi alma está mutilada. No se olviden de nosotros. Somos víctimas del terrorismo en un Gobierno democrático (por el de María Estela Martínez de Perón)”. Eugenia Paz instó así a los tucumanos a “tener memoria”. Relató por primera vez en público el asesinato de su padre y el calvario de su familia. El reconocido ingeniero tucumano José María Paz, entonces presidente de la Compañía Azucarera Concepción, fue asesinado por Montoneros en 1974 en un intento de secuestro. La trágica historia es una de las 10 incluidas en el libro “El otro demonio. Las víctimas olvidadas de la guerrilla en los 70”, que fue presentado en la provincia y que incluye hechos registrados antes y durante el “Operativo Independencia”.


El acto se realizó la noche del miércoles en uno de los salones del Hotel Carlos V, que estuvo colmado. Además de Paz, contaron sus vivencias Silvia Ibarzábal (hija del coronel José Ibarzábal, asesinado por el ERP en Buenos Aires en 1974) y María Cristina Picón de Viola (viuda del capitán Humberto Viola, acribillado junto a su hija María Cristina, de tres años, por el ERP también en 1974).

Convocatoria


La periodista Luz García Hamilton estuvo a cargo de dar la bienvenida y de presentar a los autores de la obra, los periodistas Agustín De Beitia y Jorge Martínez. Afirmó que el objetivo final del encuentro era aportar para “tratar de lograr una pacificación del país desde la verdad” y agradeció al Centro de Estudios Históricos de Salta por la convocatoria. Martínez explicó que la intención del libro fue contar las historias y vidas de las “familias que fueron golpeadas por las agrupaciones armadas de izquierda y cómo se transformó la vida familiar”, consignó. De Beitia afirmó que el disparador fue, hace 10 años, el 30° aniversario del Golpe. “El recuerdo había sido omnipresente, pero unidireccional. Presentaban al Golpe como una cosa sin nada que lo hubiese precedido. Había una parte de la verdad que se estaba ocultando. Hablar de estos temas resulta curioso, ingrato o novedoso para los jóvenes que, por la persistencia de un sólo relato, no han escuchado hablar de estas víctimas”, consignó.


Ibarzábal lamentó que “al escondernos no hacen más que revictimizarnos”. “Ningún organismo de derechos humanos se nos acercó, no nos contuvo nadie. No somos víctimas que corremos detrás de indemnizaciones. Lo que buscamos es algo más caro: que nuestros parientes ocupen el lugar en la historia que les corresponde”, opinó. Recordó que su padre estaba en cuartel de Azul cuando fue atacado por el ERP el 19 de enero de 1974. Su familia vivía frente a la unidad. “Recuerdo de esa noche los primeros disparos. Bajar las persianas, apagar las luces y tirarnos al piso”, describió. Tras recordar a los militares y sus familiares que murieron, dio detalles de lo sucedido con su padre. “Con su secuestro no sólo se lo llevaron a él. Se llevaron nuestra niñez, nuestra adolescencia y nuestra juventud (tiene dos hermanos). Estuvo 10 meses secuestrado. Lo asesinaron de tres disparos estando amordazado en un armario metálico, con 35 kilos menos”, precisó.

“En los 70 nuestro país sufrió un conflicto armado muy severo al que no resulta excesivo calificar de guerra civil intermitente, tal como lo hizo la conducción de Montoneros en un documento de autocrítica en 1989. La lucha fraticida costó la vida de miles de argentinos que fueron selectivamente olvidados. Resulta irritante que ante el cúmulo de evidencias del accionar terrorista, la dirigencia política no admita la participación del ERP, Montoneros, FAP y otros”, rechazó.

“Murió por sus valores”

Paz, por su parte, consideró que se intentó “cambiar la historia de los sangrientos 70”, sobre todo, los sucesivos gobiernos. “Con su siembra de violencia y espanto (los grupos armados) dejaron a su paso destrucción y muerte, heridas que no cierran ante el atronador silencio de la Justicia. No hay Justicia para las víctimas de organizaciones terroristas. Gran parte de la sociedad calla. La reivindicación del terrorismo como idealismo no se puede tener sin que se pague un precio nefasto”, lamentó.


Destacó “la integridad moral, la pasión por el bien común y la capacidad de trabajo” que tenía su papá. Destacó la visión que proyectó en esos años, al tener como norte la responsabilidad social empresaria. “Tenía 45 años cuando lo asesinaron por ser una persona de bien. Murió por ese valor que tenía de no huir ante las amenazas y por la responsabilidad frente a sus obreros, clientes y familias que se nutrían de la actividad del ingenio. Los autores del sanguinario hecho son conocidos y la sociedad espera la sanción penal. Montoneros dijo que lo mataron por oligarca ¡Cuánto odio!”, aseguró. Advirtió que a su padre lo “traicionó” una prima. “La montonera Albertina Paz estuvo en una de las causas como víctima. También su esposo, el jefe de la columna norte de Montoneros, Fernando Saavedra. Como muchos otros, cobraron jugosas indemnizaciones que pagamos todos. Qué paradoja pagar a los asesinos de nuestros familiares”, repudió. Subrayó que el operativo que terminó con su padre herido gravemente (murió días después) fue cuando él salía del aeropuerto. Estaba solo y desarmado. “Lo mataron cuando intentó huir”, rechazó. Explicó que, ante amenazas, el había consignado que no pagaría un rescate para no retroalimentar el accionar de los grupos armados.

A la Haya

“Yo no he muerto, pero una parte de mi sí: mi hija. Se murió mi marido y quedé viuda, pero ¿cómo se llama quedar sin un hijo? La asesinaron sin piedad. Sobreviví por mis hijas, yo estaba embarazada (una de las niñas quedó herida en el ataque ). Pude darles una vida de niñas felices”, sostuvo Picón a este diario. “No existimos para ningún gobierno. Estoy con un juicio porque sólo quiero que sean declarados de lesa humanidad. Esto lo presentaremos en el Tribunal de la Haya. Nuestros tiempos no son los de la Justicia. Seguiremos luchando ahora apoyando a los familiares de presos políticos”, afirmó.


“Humberto repetía que no tenga miedo, ‘con la familia no se meten’. Mentiría si digo que tuve una premonición. Nada”, dijo. Recordó que el hecho se produjo el 1 de diciembre de 1974, en la puerta de la casa de sus suegros donde almorzarían. “No llegué a abrir el portón para guardar el auto y escucho un sonido ensordecedor. Había muchos. Disparaban y yo gritaba. Cristina murió en el auto. Humberto murió como padre, salió corriendo (hacia donde huía el grupo armado). Lo matan de dos disparos en la cabeza”, relató. Afirmó que tuvo poco tiempo para hacer el duelo por la salud de su hija Fernanda. “Uno de los asesinos está en Operativo Independencia como querellante, se llama Fermín Núñez ¿Y nosotros qué? ¿Nuestros muertos no existen?", concluyó.



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.