viernes, 9 de diciembre de 2016

A LOS PRESOS POLÍTICOS DE SAN JUAN

Como informáramos anteriormente el próximo 19 de diciembre en la ciudad de San Juan se dará inicio a un nuevo juicio de los mal llamados de “lesa humanidad”.


Como todos sabemos es una nueva parodia judicial, revestida de formas para parecer que se imparte justicia, en lugar de la injusticia con la que se lleva adelante la venganza del terrorismo vencido por las armas.

En esta larga lucha mediática y en un nuevo campo de batalla en los tribunales, los Soldados de la Patria… aquellos que impidieron que el terrorismo se alzara con el poder, son martirizados en sus cuerpos y almas. Se ha pretendido enlodar su honor, se los ha escarniado públicamente… en aras ¿de qué?

No existe una explicación lógica y jurídica. Y menos una razón de estado… sencillamente el terrorismo está usando a la justicia para vengarse de su derrota militar. En los ’70 se libró una importante guerra civil limitada en la Argentina, las Fuerzas Armadas y las de Seguridad, acompañadas por otros organismos del estado obtuvieron una victoria militar que hoy nos permite vivir en libertad y no sujetos a los mandatos de una dictadura marxista.


Podemos afirmar sin vacilar que en los tribunales se están juzgando a hombres que nos dieron esa libertad. El relato oficialista desde el 2003 en adelante pretendió cambiar la historia… no lo conseguirá, la mentira puede torcer la memoria, pero nunca podrá con el veredicto de la historia.

Allí donde todo es obscuridad, escarnio, ofensa, discordia, error, dudas, desesperación, etc. Es cuando deseamos hacer llegar a todos los Presos Políticos en Argentina –en especial a los de San Juan– la oración franciscana por la paz:

ORACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS


Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.

Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna.

Amén.

Esta oración es una obra de paz y justicia.
 
Sinceramente,

Centro de Estudios Salta
La Verdad os Hará Libres