lunes, 12 de diciembre de 2016

LA ESPERANZA EN CRISIS


Cuando un dirigente va ocupando cargos de mayor responsabilidad y complejidad durante su carrera puede darse el caso de que al alcanzar determinado nivel comience a fallar porque ha llegado al límite de su competencia. Entonces se hace evidente que su capacidad y sus talentos eran apropiados para cumplir las exigencias requeridas por el cargo anterior, pero no más allá. Eso sucede porque los ascensos se otorgan por los méritos demostrados en la función anterior y no por haber evaluado si el dirigente contaba con las capacidades necesarias para ser competente en el escalón siguiente.

Esto puede suceder en una empresa, en la cual resulta que un eficiente gerente de sucursal fracasa al ser promovido a gerente general por su inhabilidad para diseñar políticas globales de largo plazo. Puede suceder en las FFAA cuando un brillante táctico asciende a General y falla al tener que pensar en términos estratégicos. Y, por supuesto, puede suceder entre los dirigentes políticos que han sido excelentes administradores en municipios, en provincias o en ciudades autónomas y que muestran sus límites cuando tienen que asumir responsabilidades a nivel nacional pues carecen de preparación como estadistas y estrategas, y de cualidades para liderar y motivar a un conglomerado diverso de individuos con intereses contrapuestos  con el objetivo de  conducirlos hacia un proyecto y un destino común.

Al cabo de un año de gestión del presidente Mauricio Macri, con resultados inciertos y dispares, este planteo viene a cuento al momento de evaluarlo. Fue  un excelente presidente del Club de fútbol Boca Juniors y un eficiente Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires pero ahora enfrenta el desafío de ser presidente de la nación. Cuando inició su mandato en diciembre del 2015 lo hizo concitando las esperanzas no solo de terminar con un régimen de 12 años de oprobio, corrupción y autoritarismo, sino de iniciar una transformación que nos llevara a un futuro mejor y superador de fracasos y antinomias. Su desempeño ha sido un compendio de buenas intenciones, aciertos puntuales y errores técnicos y conceptuales, que dejan abierta una duda que solo el protagonista podrá resolver con sus acciones futuras.

Analicemos los temas determinantes. Desde la asunción presidencial se percibió la voluntad de trabajar con consenso y transparentar las acciones de gobierno. No es un tema menor haber recuperado la credibilidad de las estadísticas oficiales y haber desactivado los mayores obstáculos que dejó el gobierno de Cristina Fernández en el área económica. Son de mención obligada la liberación del cepo, la salida del default y la desactivación de la trampa de la venta de dólar futuro que aún es motivo de objeciones judiciales para los que montaron esa felonía. También es de aplaudir la salida del anacrónico bloque bolivariano y el intento de lograr una mejor  y más fluida integración con el mundo.

Entre los errores técnicos más notables se pueden citar el burdo intento de nombrar dos jueces de la Corte en comisión por decreto y el aumento desorbitado de las tarifas de gas saltando la obligación legal de realizar audiencias. Esto le marcó al gobierno los límites del voluntarismo. Sin dudas, el error más notable fue la innecesaria e imprudente apuesta efectuada al  intervenir en la elección presidencial de  una potencia (EUA) eligiendo y haciendo pública la preferencia por una candidata que, para peor, terminó siendo derrotada. Actitudes propias de una diplomacia amateur.

Sin embargo, las cuestiones que han puesto en crisis la esperanza ciudadana se centran en ciertos errores conceptuales de gran valor simbólico. El día que el gobierno se resignó a no aplicar su protocolo anti piquetes no solo perdió la calle sino la confianza ciudadana en que la nueva administración estaba dispuesta a asegurar el orden y la libertad en el espacio público. Ya no se trata simplemente de la incapacidad para brindar seguridad ante el imperio criminal en las calles. Ahora también se manifiesta la imposibilidad de asegurar hasta la libre circulación, por falta de firmeza y temor a tener que enfrentar las responsabilidades que emergen del uso racional de la fuerza que debe ser monopolio del estado de derecho.

Si esto sorprende y entristece, la actitud de ceder a la extorsión de los grupos piqueteros organizados y entregarles millonarias sumas para sus “obras sociales”, en un presupuesto deficitario, causó consternación y quitó fuerza a cualquier argumento en defensa del ahorro público. Aquí no solo se percibió temor por parte del gobierno sino también especulación electoral, burda e inocultable.

El acuerdo con el Reino Unido que involucra la explotación del petróleo y las comunicaciones con las Islas Malvinas sin incluir la soberanía entre los temas a tratar fue un cachetazo a los sectores celosos de la soberanía. Aunque en Argentina no hay un gran partido nacionalista esos sectores distan de ser minoritarios, ya que la cuestión soberana está entre los postulados básicos del justicialismo y de grandes grupos independientes y vinculados a las FFAA. Bastó ver la reacción de la ciudadanía cuando pudo ver desfilar a los combatientes de Malvinas y el desconcierto que ello causó a los pseudo estrategas gubernamentales que parecen no comprender qué significan y qué peso tienen los sentimientos patrióticos de los argentinos.

Otra cuestión muy decepcionante fue comprobar que el nuevo gobierno no estaba dispuesto a modificar la línea de explotación del tema de DDHH adoptada por el gobierno “kirchnerista” para perseguir a los militares que combatieron a la guerrilla setentista y mantener la impunidad de los guerrilleros y el pago injusto de indemnizaciones millonarias. El candidato Maurico Macri había expresado en privado que conocía estos temas y en público habló de terminar con el “curro de los derechos humanos”. El presidente Mauricio Macri no abordó estas cuestiones   y tanto su Ministro de Justicia como su Secretario de DDHH, so pretexto de proteger al presidente, no solo se desentienden de las violaciones a los DDHH de los detenidos provenientes de las FFAA, Policiales y de Seguridad, sino que se constituyen en querellantes, demostrando su falta de imparcialidad. Nada ha cambiado de fondo en estos temas y los muertos en prisión se suman en forma alarmante.

La repetición de las prácticas clientelares, el mantenimiento de las viejas consignas que hablan de “no criminalizar la protesta social” cuando lo que se ven son encapuchados con palos y pasamontañas que llegan en caravanas de ómnibus pagados, el desinterés por los temas soberanos que hacen a nuestro futuro, la falta de valor para dar al tema de los DDHH su verdadera dimensión y ocuparse también de los crímenes de los guerrilleros y sus víctimas nunca atendidas, son síntomas de que las cuestiones de fondo no cambian. Entonces nos preguntamos lícitamente ¿Qué es Cambiemos? ¿Una fuerza renovadora que llegó para salvar a la Argentina decadente que dejaron los Kirchner o apenas  una prolija administración que trata de mantenerse a cualquier costo repitiendo errores y desviaciones que hemos visto tantas veces?

Dicen las encuestas que la mitad de los argentinos aún tiene esperanzas de cambio. La otra mitad ya las perdió. La esperanza está en crisis y para superarla se necesita más, mucho más que una mejora en el consumo o una modesta baja en la inflación. Lo que se necesita es percibir que se produce un verdadero cambio cultural  y estructural, en las actitudes, en la responsabilidad de los funcionarios, en la aplicación de políticas de desarrollo y en la expresión de un proyecto que entusiasme. Nadie da la vida por unos puntos del PBI. La entrega y el encolumnamiento requieren de una visión que emocione, que despierte las fibras patrióticas dormidas y que nos haga sentir que  un verdadero cambio es posible.

El gobierno aún tiene un tiempo pero debe pensar en el país antes que en las próximas elecciones. El futuro está en sus manos y el tiempo nos dirá si acompañaremos una simple transición o un verdadero proyecto de país.

Juan Carlos Neves
@NevesJuanCarlos
Primer Secretario General
Nueva Unión Ciudadana

Argentina

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