domingo, 24 de junio de 2018

MACRÓN, MACRÓN, COMME TU ES GRAND!


Editorial
Jueves, 21 De Junio Del 2018

(¡Macron, Macron, que grande sos!)
Más allá de la imagen que uno tenga (o que no tenga) del presidente de la República Francesa, la reciente noticia no hace sino provocar unas irresistibles ganas de aplaudirlo. En verdad tiene reacciones inesperadas en un político. Hace poco dictó una resolución por la cual los alumnos no podrán utilizar sus teléfonos móviles dentro de los establecimientos educativos, cosa que hizo erizar a más de uno y generó polémicas a favor y en contra, en una disputa de derechos y deberes. Pero, aunque para muchos fuera una cuestión menor, consultado dijo que era algo que había prometido en su campaña electoral y lo estaba cumpliendo.
Ahora la historia, sencilla, doméstica casi, pero de esas que dejan huella en la gente, cuenta que Emmanuel Macron, el presidente de Francia,  sermoneó a un joven estudiante. Resulta que durante un acto conmemorativo, mientras el presidente pasaba junto al vallado que lo separaba de la gente este alumno le dijo «¿Qué pasa, Manu?» así como si en lugar del presidente de la República Francesa fuera su compañero de banco, un par capaz de rapear o sentarse a su lado en el suelo sucio de cualquier parte. Emanuel Macron podría haberse hecho el estúpido como si no lo hubiera escuchado, pero giró a su derecha y lo encaró: «A mí me llamas señor presidente o señor», le espetó ofendido al gandul y continuó. «Estás en una ceremonia oficial, así que te comportas como debe ser. Puedes hacer el imbécil pero hoy hay que cantar la Marsellesa y el Canto de los Partisanos. Me llamas señor Presidente de la República o señor, ¿vale?», el joven, colorado como tomate, respondió abatido: «Sí, señor presidente». Pero el presidente parecía haber calentado la máquina y siguió. «Muy bien. Y haces las cosas en orden. El día que quieras hacer la revolución, aprende primero a tener un diploma y a alimentarte por ti mismo, ¿de acuerdo? Entonces ya podrías ir a dar lecciones a los demás», le dio una palmada en el brazo y siguió.

El objetivo, ni de Macron ni de nadie, no es ensañarse con alguien en plena «edad del pavo», atrás de ese adolescente que comete un acto estúpido e irrespetuoso, hay toda una sociedad que ignora o pretende ignorar las reglas de respeto.

Le escuela, origen de todo, ha olvidado roles que le competen y el hecho de que un alumno respete a los demás y exija respeto a sí mismo, hace tiempo que ha comenzado a ser una antigualla que muchos docentes consideran parte del pasado. También de ellos es parte de la culpa.

Esto sucede tanto en Francia como en otros países y mucho más profundamente en el nuestro. La mal entendida igualdad trata de ser aplicada a todos los casos, aún a aquellos en que la igualdad no es tal. La igualdad es un principio que sólo puede darse inter pares. Suponer un plano de igualdad entre profesor y alumno es sólo ficción, si así fuera no habría nada que el primero pueda enseñar al segundo ni éste aprender. Un alumno que no respeta a su profesor niega la posibilidad de educarse, lo máximo que podrá alcanzar es alguna instrucción, educación, jamás. Así como un alumno y un profesor no son iguales, tampoco lo es un ciudadano común con quien preside su país.

Si una persona no respeta las autoridades, no por quiénes sean sino por el hecho de haber sido investidos como tales por el Estado, no es más que un saboteador.

Cuando un presidente o alguien electo o designado para ejercer un cargo, marca su espacio y exige el trato que merece, no sólo está haciendo valer un derecho sino que está dando una lección cívica. Deberíamos aprenderlo.