domingo, 25 de noviembre de 2018

LA VIOLENCIA DE LOS AÑOS 70, UNA DISCUSIÓN IRRESUELTA


La excelente nota del Prof. Romero nos marca un importante problema, el que debe ser solucionado por la política… la justicia ya demostró que es ineficaz en su solución. Es hora que los políticos se hagan responsables de sus obligaciones y tomen las decisiones correctas para lograr la Justicia y la Concordia que los de su casta anteriores no supieron, no quisieron, no pudieron o no tuvieron la valentía de hacerlo en su oportunidad. Esa falta de decisiones políticas correctas es la responsable de la espiral de violencia que ensangrentó a la Argentina y aún hoy persiste profundizando la grieta que nos divide.




LA VIOLENCIA DE LOS AÑOS 70, UNA DISCUSIÓN IRRESUELTA

Pese a los avances en derechos humanos, sigue faltando una reflexión desapasionada sobre la tragedia acontecida durante aquella década (en la foto: conmoción tras el asesinato de José Ignacio Rucci, en 1973) Fuente: LA NACION - Crédito: Adolfo Passalacqua

La violencia en su forma extrema -terrorismo y asesinatos- dominó una década y media de nuestro pasado reciente. Pasaron 35 años, pero sigue viva, en el inconcluso debate sobre culpas y responsabilidades. Su conflictiva memoria está en la base de la brecha que nos divide, y que solo reduciremos si avanzamos hacia una comprensión que no sea facciosa. Con esa intención, en el cierre del ciclo de “Temas polémicos de la historia argentina”, conversé con Sergio Bufano, escritor y periodista, coeditor de la excelente revista Lucha Armada.


El proceso de barbarización de la política, que avanzó de los gestos a las palabras y de estas a los hechos irrevocables, se desarrolló como una espiral, un crescendo en el que cada acción suscitó una reacción más fuerte. Finalmente todos fuimos, a la vez y en alguna medida, partícipes y víctimas.


¿Cuándo comenzó esto? Quizás a comienzos del siglo XX, cuando la política de masas trajo las “pasiones democráticas”. Se aceleró con el peronismo y con la Revolución Libertadora –un buen ejemplo de la acción y la reacción– y encontró su clima propicio en las malogradas experiencias democráticas de Frondizi e Illia.


Bufano señaló dos factores: la Revolución cubana y el golpe de Onganía. La figura del Che Guevara encendió las imaginaciones. Además, Cuba fue un activo organizador de experiencias guerrilleras, que alimentaron dando instrucción ideológica y militar a muchos jóvenes latinoamericanos, que volvían a sus países listos para ensayar su propia aventura.

La primera experiencia argentina, desarrollada en Salta entre 1963 y 1964, fue un fracaso. Pese a que ya abundaban los grupos que se definían como revolucionarios, solo un puñado de jóvenes adhirió al “foco” guevarista. Para Bufano, por entonces la experiencia democrática no estaba agotada, y constituía una posibilidad para quienes, como esos jóvenes, anhelaban un “cambio de estructuras”.


El descontento general de la sociedad de entonces incluía a sindicalistas, militares, religiosos y militantes de izquierda. Algunos vieron una posibilidad en el general Onganía, que prometía una revolución integral en tres tiempos. Pero pronto su política autoritaria generó una reacción casi unánime y una suerte de movilización general de la sociedad, que había encontrado en “la dictadura y el imperialismo” su enemigo común.


Para Bufano, fue el golpe de 1966, más que el “hartazgo democrático”, el factor decisivo que volcó a los jóvenes a la opción armada. Agregó que esta experiencia desencadenó un proceso muy amplio de ilusión colectiva, una suerte de “primavera de los pueblos”[1], en la que cada grupo o sector integró sus demandas particulares en un vago proyecto de revolución. Cordobazo de 1969 desató este imaginario, que se mantuvo vivo, con algunos cambios importantes, hasta 1975.

La atracción de las armas

Este impulso se manifestó en las universidades y en las fábricas. También en colegios, zonas campesinas, villas de emergencia, asociaciones fomentistas o culturales, y hasta en los consorcios de propietarios. Convocó a la militancia a jóvenes de diferentes pasados ideológicos.


Muchos pensaron en alternativas políticas para este impulso, desde una insurrección o un sindicalismo clasista hasta un gran frente electoral contestatario. Pero ninguna de ellas resultó tan atractiva, tan cercana a la idea de la toma del poder, como la propuesta por las nuevas organizaciones guerrilleras.

El ejemplo cubano fue decisivo. Quizás a ello se deba la fascinación por las armas, que Bufano señala como experiencia singular del momento: médicos, abogados, arquitectos, sociólogos, filósofos y periodistas comenzaron las prácticas guerrilleras, y acudieron en alud a las nacientes organizaciones armadas en demanda de instrucción militar.


Las primeras acciones armadas, que emulaban a Robin Hood, atrajeron a los más románticos de esos jóvenes, para quienes ya el asesinato de un enemigo conspicuo -como el general Aramburu- no representaba un límite moral. Surgieron muchas organizaciones armadas, pero luego de depuraciones y fusiones, quedaron dos: el ERP, de origen trotskista, y Montoneros, la más exitosa.


¿Por qué? Montoneros corrió el eje del conflicto del antiimperialismo, quizás un poco abstracto, a un problema muy sentido: la vuelta de Perón y la eliminación de sus enemigos internos, los “gorilas” infiltrados en el movimiento. Esto les permitió sumar a la Juventud Peronista (JP), una organización no clandestina y masiva, que encuadró a una gama de grupos sociales militantes.


A diferencia del ERP, Montoneros tenía una idea precisa de cómo llegar al poder, enancados en un Perón ambiguo. 1973 fue un momento clave. En dos elecciones, se votó masivamente por una alternativa democrática, confiando en la capacidad de Perón para restablecer el orden.

No era fácil, como lo reveló su estrepitoso fracaso con el Pacto Social. Por otro carril, la violencia se desabarrancó.


Señala Bufano: “Una vez que se toman las armas es muy difícil dejarlas”. No lo hicieron ni el ERP -aunque así lo declaró- ni Montoneros, que solapadamente siguió asesinando dirigentes, como Rucci. Pero a la vez, dice Bufano, “el gobierno elegido por las urnas optó por combatir a la guerrilla con métodos clandestinos”[2], convocando a todas las “patotas” disponibles (sindicales, nacionalistas y otras), que organizó desde la Casa de Gobierno en la infausta Triple A.

Los militares se aprestaban a tomar la posta. En 1973 habían salido humillados del gobierno.


Los condenados por la Cámara Federal Penal -un intento de Lanusse para encauzar la represión por la vía legal- fueron liberados inmediatamente. Pero el impulso de las “orgas” se fue agotando. En Tucumán, los militares reprimieron con éxito al ERP, que comenzó a desarticularse. Luego de la ruptura con Perón, Montoneros pasó a la clandestinidad, se desconectó de sus bases en la JP, y en 1975 solo conservaba capacidad para actos desesperados. Pero los militares ya habían tomado una decisión: implantar una dictadura y matar clandestinamente a un número importante de personas.

¿Leviatán[3] o Behemoth[4]? En cualquiera de los dos casos, fueron bien recibidos por una sociedad que había naturalizado la violencia y las armas, que participó de cerca o a distancia del juego de las organizaciones armadas, o que mantuvo una indiferencia no comprometida. En 1976 la mayoría creyó que había llegado la hora del orden, prometido por los militares, y el humor social solo cambió en 1982.


Entonces comenzó la otra parte de la historia, en la que estamos envueltos. Creo que en materia de responsabilidades, la sociedad argentina ganó en esta experiencia una conciencia acendrada y muy valiosa de los derechos humanos, pero la fue perdiendo a medida que las consignas pasaron a fundamentar la revancha y la venganza. En materia de responsabilidades penales, la justicia no ha logrado trazar un camino independiente de las emociones de la sociedad y el Estado; abandonó el camino de los juicios a las Juntas de 1985 y terminó plegándose al juego faccioso[5].

Los bandos siguen existiendo, y nos peleamos por “nuestros" muertos” y “los de ellos”. Es hora de asumir que todos ellos fueron víctimas, sin distingos, y que los vivos fuimos, y quizá seguimos siendo, víctimas y victimarios.

Por: Luis Alberto Romero[6]


NOTA: Las imágenes, referencias y destacados no corresponden a la nota original.


[1] Inspiradas en la Primavera Francesa que se conoce como Mayo francés o Mayo de 1968 a la cadena de protestas que se llevaron a cabo en Francia y, especialmente, en París durante los meses de mayo y junio de 1968.
Esta serie de protestas fue iniciada por grupos estudiantiles izquierdistas contrarios a la sociedad de consumo, a los que posteriormente se unieron grupos de obreros industriales, los sindicatos y el Partido Comunista Francés. Como resultado, tuvo lugar la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia, y posiblemente de Europa occidental, secundada por más de nueve millones de trabajadores. El movimiento estudiantil tuvo influencias del movimiento hippie que se extendía entonces.
La magnitud de las protestas no había sido prevista por el gobierno francés, y puso contra las cuerdas al gobierno de Charles de Gaulle, que llegó a temer una insurrección de carácter revolucionario tras la extensión de la huelga general. Sin embargo, la mayor parte de los sectores participantes en la protesta no llegaron a plantearse la toma del poder ni la insurrección abierta contra el Estado, y ni tan siquiera el Partido Comunista Francés llegó a considerar seriamente esa salida.
El grueso de las protestas finalizó cuando De Gaulle anunció las elecciones anticipadas que tuvieron lugar el 23 y 30 de junio.

[3] Leviatán (del hebreo לִוְיָתָן, liwyatan, enrollado) es una bestia marina del Antiguo Testamento, a menudo asociada con Satanás, creada por Dios (Génesis). El término Leviatán ha sido reutilizado en numerosas ocasiones como sinónimo hoy en día de gran monstruo o criatura.

[4] Behemot o Bégimo (Hebreo: בהמות‎, behemoth (moderno: behemot)) es una bestia mencionada en Job 40:15-24. Las identidades sugeridas para esta criatura mítica van desde un elefante, un hipopótamo, un rinoceronte o un búfalo. Algunos creacionistas creen que es la descripción de un saurópodo, ya que su gran cola se describe como un cedro. Metafóricamente, el nombre se ha llegado a usar para designar cualquier entidad poderosa y extremadamente grande.

[5] Los mal llamados juicios de lesa humanidad se efectuaron y continúan haciéndolo no ajustados al derecho nacional e internacional, en realidad han sido la venganza de los terroristas ejecutara en los estrados de la justicia. Ver el documental Será Venganza!! dirigido por Andrés Paternostro y producido por el Centro de Estudios de Historia, Política y Derechos Humanos de Salta, censurado en la Feria del Libro.

[6] El autor es historiador. Academia Nacional de la Historia, también socio del C.A.R.I. y del Club Político Argentino.

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