domingo, 30 de diciembre de 2018

ME EQUIVOQUÉ



Hace 10 años atrás, para esta misma época, por motivos iguales a éstos y en circunstancias iguales a éstas, escribí dos artículos.- Uno titulado “Me cansé” (http://www.alfinal.com/politica/mecanse.php) y otro con el título de “Me arrepentí” http://cristiandadypatria.blogspot.com/2009/12/me-arrepenti-tcnl-emilio-guillermo-nani.html).

Habiendo transcurrido una década, llegué a la conclusión que no ha sido ni cansancio ni arrepentimiento.
Simplemente, me equivoqué.

Con muchísima tristeza compruebo que, no sólo no hemos progresado, sino que los argentinos siguen escarbando en el fondo de un abismo que, gracias a ellos, por su indiferencia, anomia y apatía, parece no tener fin.
  
Por estos días hemos podido apreciar, una vez más… y ya van ya no sé cuántas, lo endebles que son nuestra libertad, nuestro patrimonio y, por sobre todo, nuestra cordura.

Un nuevo avance de la corporación político-judicial-comunicacional más corrupta y perversa de toda nuestra historia, nos ha estallado ante las narices.

Consternado he leído las columnas de Roberto Gargarella (“Las leyes interpretativas merecen ser bienvenidas”, del 19/12/2018 - https://www.lanacion.com.ar/2203860-las-leyes-interpretativas-merecen-ser- ) y Norma Morandini (“Leyes que eviten el vaivén judicial”, del 20/12/2018 - (https://www.lanacion.com.ar/2204105-leyes-que-eviten-el-vaiven-judicial ), en las que, de alguna forma, manifiestan su beneplácito por las "leyes interpretativas", sin medir las consecuencias de tales arbitrariedades, dado que, de esta forma, nuestro país ha abolido definitivamente la SEGURIDAD JURÍDICA, toda vez que 257 diputados y 72 senadores (que están donde están, no por su idoneidad, honestidad y patriotismo, sino por las inmorales listas sábanas que permiten que cualquiera se autoproclame "representante del pueblo”, cuando sólo representan sus viciados intereses personales y partidarios) que, con la complicidad de la Corte Suprema de Justicia (cuyos integrantes están donde están gracias a la decisión de la corrupta corporación política y no por su idoneidad (los ejemplos de Maqueda, Highton de Nolasco y Lorenzetti, huelgan de mayores comentarios) más las decenas de carísimos asesores de cada uno de ellos, pueden manejar a su arbitrio y placer la interpretación de las leyes.
Parafraseando a Groucho Marx, una suerte de “esta es la ley, pero si no les gusta, podemos hacerle decir lo que Uds. quieran o necesiten”.



Es decir que, luego de analizar eternamente una ley y debatirla en tediosas sesiones, se la puede promulgar y, si a alguna minoría violenta, no le gusta como salió y comienza a patalear y gritar en la calle, los amorales legisladores sacan una "ley interpretativa", la acomodan a las necesidades o exigencias sectoriales y, con el apoyo de los ministros de la Corte, le dan efecto retroactivo.

Ante este panorama de anomia, ¿alguien va a venir a poner un peso en Argentina, cuando 334 oportunistas (senadores, diputados y cortesanos), pueden resolver, en el momento que se les antoje, cómo se debe aplicar una ley y decidir a su arbitrio sobre vidas, libertades y patrimonios? Esa es la Argentina a la que la inútil y corrupta corporación político-judicial nos ha traído.


De ahí mi gran duda sobre quién gobierna en nuestra querida Patria, porque hasta ahora, dadas las marchas y contramarchas, en todos los ordenes de nuestra vida política, da la sensación que es el Nuevo Orden Mundial (FMI, BID, BM, George Soros, Planned Parenthood Foundation, UNICEF, Fundación Rockefeller y demás organizaciones dedicadas al fomento del genocidio de seres indefensos y de la ideología de género) con la colaboración de los cipayos autóctonos (la infaltable corporación político-judicial, los insaciables piqueteros y empresarios, los organismos de DDHH, los comunistas anacrónicos, los enriquecidos sindicalistas y los medios de “difusión” -dado que de comunicación tienen muy poco-). Así estamos.


En 35 años de democracia, si es que a este sistema se lo puede calificar de tal, toda vez que lo que el pueblo hace, es dar mandato a un conjunto de personajes para que haga con nosotros lo que se les antoje, no hemos logrado hallar un camino que nos conduzca a la paz social, la reconciliación o la concordia. Alfonsín tuvo la gran oportunidad de pacificar el país y buscar la Verdad, como hizo Nelson Mandela en Sudáfrica. Lamentablemente eligió el peor camino, sepultándola para siempre. Menem, De la Rúa y Duhalde, también tuvieron sus oportunidades, únicas e irrepetibles, para intentar alcanzar la definitiva pacificación nacional. Menem cumplió su compromiso con los montoneros que habían financiado su campaña presidencial y los indultó. Y, para equilibrar la balanza, también hizo lo mismo con los militares juzgados en el denominado “Juicio a las Juntas”. De la Rúa, no sólo dio inicio a los “Juicios de la Verdad”, sentando en el banquillo de los acusados solamente a los militares, preservando a los terroristas de los '70, sino que les conmutó la pena a los criminales del Movimiento Todos por la Patria (MTP) que, el 23 de Enero de 1989, atacaron el cuartel de La Tablada. Finalmente, Duhalde, indultó a los jefes del MTP, no alcanzados por la amnistía de De la Rúa. Con todas estas medidas uno hubiera querido creer que podíamos aspirar a la construcción de un caminos hacia la paz social. Lamentablemente el odio fue más fuerte y hoy Roberto Felicetti, uno de los más feroces cabecillas de la organización terrorista, es el testigo estrella en un insólito juicio llevado a cabo por supuestas desapariciones cometidas durante la recuperación del cuartel de La Tablada.

El presidente Raúl Alfonsín recorre las instalaciones del cuartel de La Tablada,
custodiado por soldados del Ejército Argentino

Lamentablemente las oportunidades fueron desperdiciadas por los “demócratas” Kirchner y su banda de saqueadores, que eligieron el camino de la venganza, en lugar de buscar la Verdad, como senda hacia la paz social. Hoy todos los que hubieran podido dar la información que se exige, han muerto y los uniformados de las más bajas jerarquías están siendo perseguidos y encarcelados.

terrorista Roberto Felicetti
Tal vez sea por todo ésto que haya llegado a la triste conclusión de haberme equivocado, porque veo que no sólo nada ha cambiado, sino que todo ha empeorado.

1.   Me equivoqué al elegir la carrera militar y a ser fiel al Juramento de Fidelidad a la Bandera y a la Patria, combatiendo a quienes la pusieron en peligro, arriesgando mi vida y hasta la de mi familia, permanentemente amenazada. Y hoy vemos que quienes abjuraron de Dios y los Santos Evangelios o de la Constitución Nacional, son quienes conducen las instituciones del Estado, sin sentir el menor remordimiento de conciencia, en tanto y cuanto puedan disfrutar de la efímera cuota de poder del que disfrutan.

2.   Me equivoqué porque, ha pesar de haber sido herido en combate, tanto en la guerra contraterrorista, como en la de Malvinas, hoy, por el antojo de un juez, me encuentro convertido en genocida, violador de los derechos humanos y por lo tanto, merezco el repudio de la misma sociedad que nos pedía a gritos que hiciéramos algo para erradicar el peligro de las bombas, los secuestros y los asesinatos perpetrados por los terroristas y me alentaba a luchar contra el usurpador inglés.

3.   Me equivoqué porque, desparecido el peligro terrorista y habiendo sido derrotado en Malvinas, apareció el repudio social. Aquellos, a los que nada les importó, en tanto y en cuanto les devolviéramos su tranquilidad o la gloria, fueron los primeros en pedir las cabezas de quienes dieron todo de sí para lograrlo.

4.   Me equivoqué porque esa misma sociedad, a la que defendimos, asegurándole la libertad de la que disfrutan hasta el día de hoy, se sumó -por acción o por simple y descarada indiferencia- a la chusma rencorosa, permitiendo que jueces indignos de ser considerados como tales, que eligieron el prevaricato como metodología para negar Justicia, armen causas plagadas de arbitrariedades, para privarnos de la nuestra, tal como ha sucedido y sucede con casi 2700 miembros de las Fuerzas Armadas, de Seguridad, Policiales y Penitenciarias y civiles, que se encuentran ilegal, ilegítima e injustamente encarcelados, por decisión de la corrupta corporación político-judicial que, renegando del sagrado cumplimiento del deber, no dudan en violar cuanta norma constitucional y jurídica existe, para mantenernos en las mazmorras del régimen.
De ellos, 473 (132 durante el actual gobierno) ya han sido asesinados en el marco de un verdadero plan criminal y sistemático de exterminio de un sector de la población. Hace 10 años atrás eran 700 los privados de la libertad y 74 los muertos en cautiverio. Mientras tanto, narcotraficantes, falsificadores de medicamentos y saqueadores de cajas y anhelos, apañados por el poder de turno, llevan a la desesperación a cientos de miles de personas y disfrutan de una inexplicable impunidad.

5.   Me equivoqué porque veo la existencia de una doble moral, a la hora de impartir justicia: una para delincuentes y funcionarios corruptos y otra para quienes debimos defender a la Patria, lo que pone en evidencia la aplicación descarada del “derecho penal del enemigo”, en el que todo vale, desde la aplicación retroactiva de normas jurídicas, hasta la abolición de principios fundamentales del derecho, como el de legalidad, la presunción de inocencia y la aplicación de prisiones preventivas perpetuas.

6.   Me equivoqué, al ver cercenado el derecho a la libertad de aquellos que combatimos al terrorismo, en defensa de la Nación y su pueblo, mientras que quienes los atacaron, como los terroristas Horacio Verbitsky, Eduardo Anguita, Eduardo Soares, Roberto Cirilo Perdía, Emilio Pérsico, Carlos Kunkel, Nilda Garré, Carlos Bettini, Alicia Pierini, Jorge Todesca, Alicia Noli, José María Pérez Villalobos, Fernando Vaca Narvaja, Gerardo Ferreyra, Juan Manuel Abal Medina, Miguel Angel Rodríguez, Esteban Righi, Hernán Invernizzi, Mario Kestelboim, Luis Mattini, Gustavo Plis Steremberg, Jorge Taiana y los fallecidos Rodolfo Walsh, Juan Gelman, Eduardo Luis Duhalde, Rododlfo Matarollo y tantísimos otros, gozan de almibarados tratamientos o bien, caminan libremente por las calles y desfilan descaradamente por los medios de comunicación, encumbrados como funcionarios, jueces, periodistas, empresarios, siendo reconocidos, halagados e indemnizados, mientras que nosotros somos perseguidos y encarcelados y nuestras víctimas, ignoradas.

7.   Me equivoqué por haberle evitado a nuestro país los padecimientos de los pueblos que han sufrido y sufren regímenes totalitarios comunistas, habiendo contribuido a que los argentinos hoy disfruten de una libertad que no se merecen, por cuanto muchos de ellos, asumiendo un actitud canallescamente miserable, desde esa libertad ganada a costa de sangre, se hacen los distraídos ante los sucesivos ataques a las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales que tuvieron la responsabilidad de liberarlos del flagelo terrorista.

¿Qué creen, los políticos, jueces, sindicalistas, docentes, periodistas, intelectuales, empresarios, religiosos de todos los credos y el resto de los integrantes de la sociedad, que hubiera sucedido con ellos si los proyectos socialistas del ERP/MTP o Montoneros hubieran tenido éxito?

Yo les respondo:

 Seguramente algunos habrían sido miembros de Comité Central del régimen totalitario instalado;
   Muchos otros hubiéramos sido fusilados;
  Otros hubieran sido privados de su libertad, en cárceles horrorosas (de los cuales, con el correr de los días, algunos también hubiesen sido fusilados);
   Otros habrían terminado en granjas colectivas (¡¡¡qué colegio Newman, ni diarios La Nación, Perfil o Clarín; ni Bridas, ni Arcor, ni SOCMA; ni PRO, ni PJ, ni UCR, ni Coalición Cívica; qué Comisión Episcopal, ni obispados, ni arzobispados, ni sinagogas o mezquitas, ni ocho cuartos!!!) y sus mujeres e hijas, prostituidas para poder sobrevivir;
   TODOS estarían haciendo largas colas en los depósitos para recibir las migajas del régimen, para poder alimentarse;
 Y ABSOLUTAMENTE TODOS, HABRÍAN PERDIDO SU LIBERTAD, la libertad que quienes están presos, les aseguraron hasta estos días, libertad que se les ha conculcado a sus libertadores.

8.   Me equivoqué porque esta sociedad no se merece una sola gota de la sangre derramada; no se merece una sola lágrima de los familiares y amigos de aquellos que dieron su vida en su defensa; no se merece un solo segundo de la angustia de aquellos que hoy padecen ilegal, ilegítima e injusta privación de libertad, ni de la de sus seres queridos.

9.   Me equivoqué porque luché por una Nación que se preciara de tal y, en lugar de ello veo que contribuí a que funcionarios, legisladores y jueces, incapaces y corruptos, se hayan enriquecido a costa del empobrecimiento y la muerte de miles de argentinos.

10.  Me equivoqué porque abogué por una Justicia que nos enorgulleciera y en cambio veo que es la responsable de la existencia de las casi 70 mafias que operan en nuestro país -entre ellas, el narcotráfico y la trata de personas- y del asombroso nivel de la corrupción estatal destapado en los llamados “cuadernos de la corrupción”, porque, jueces y fiscales que, escondidos detrás de expedientes plagados de irregularidades que no soportarían una superficial auditoría, sustanciados por la comisión de inexistentes delitos de “lesa humanidad”, permitieron que los verdaderos mafiosos pudieran apoderarse de nuestra Patria y de nuestro futuro, convirtiéndola en un lamentable “estado fallido”.

11.  Me equivoqué, porque en esa búsqueda de una Justicia de excelencia, contribuí a que los jueces conformaran una verdadera asociación ilícita llamada “Justicia Legítima”, organizada para garantizarse la propia impunidad y la de los funcionarios kirchneristas corruptos, tal como hoy lo estamos viviendo, con una realidad que nos ha estallado en la cara. Y, como “Justicia Legítima” les pareció poco, armaron la “orga” “Asociación de Jueces Federales de la República Argentina (Ajufe)”, con el argumento de “ser considerados por el actual gobierno”, (algo que no reclamaron cuando el gobierno de Cristina Kirchner pretendió “democratizarlos”), cuando no es más que otra mascarada para asegurarse, como si fuera poco, una mayor y mejor impunidad, ante los múltiples crímenes que vienen cometiendo.

12. Me equivoqué porque veo cómo los sucesivos gobiernos “democráticos”, (muy poco republicanos, para nada representativos y mucho menos, federales), saquearon el futuro, la tranquilidad, la felicidad y los ahorros de toda una vida de trabajo y sacrificio de millones de argentinos; destruyeron los sistemas educativo, de salud y de defensa nacional; permitieron que el narcotráfico se instalara en nuestro país, matando y descerebrando a nuestros hijos y nietos y que una delincuencia cada vez más salvaje, se adueñara de las calles, asesinando a mansalva a quienes, con su trabajo fecundo y a pesar de los esfuerzos de la corporación político-judicial para impedirlo, aún mantienen viva nuestra Patria.

13.   Me equivoqué porque luché por una prensa con valores éticos y morales y hoy veo cómo los medios de comunicación y los comunicadores sociales, escondidos en el “derecho” a la libertad de prensa, se han convertido en los grandes difusores de la ideología de género, la protección de delincuentes y marginales y la mentira, al ocultar o distorsionar la Verdad o la realidad de lo que sucede en nuestro país y en el mundo.

14.  Me equivoqué porque luché por un sindicalismo que realmente velara por los derechos de sus representados y, en lugar de ello, veo a sindicalistas ricos que, para ello, mantienen a los trabajadores en estado de pobreza e indigencia, negociando con empresarios y funcionarios, la mejor forma de mantenerlos en la pobreza y la indigencia.

15.  Me equivoqué porque luché por un país en el que realmente se buscara erradicar la pobreza y la indigencia y el hambre y la desnutrición y sólo veo grandes declamadores que dicen combatir por los pobres y excluidos, que lo único que han hecho es lograr que el 50 % de la población argentina se encuentre en ese estado, como metodología para mantenerla sojuzgada.

16. Me equivoqué porque elegí una profesión que hacía culto a los Valores Sanmartiniano-Belgranianos y a la CAMARADERÍA y hoy la veo plagada de oportunistas que no vacilan en colaborar con la destrucción de las Fuerzas que juraron defender, con la finalidad de satisfacer su propias apetencias.

17.  Me equivoqué porque creí que era lícito combatir el terrorismo y hoy veo cómo se ignora a sus víctimas y se premia a los victimarios.

18.  Me equivoqué porque creí en un gobierno que nos había prometido poner fin al despilfarro del “curro” de los DDHH, y no sólo incumplió la promesa de campaña, sino que lo profundizó de la mano del Secretario de DDHH, Claudio Avruj, dilapidando ingentes recursos que no se destinan a la salud, la educación y la seguridad en decenas de carísimos abogados querellantes en los denominados “juicios de lesa humanidad” y en indemnizaciones y subsidios a terroristas y sus familiares; que aprieta a jueces y legisladores para satisfacer a las minorías vengativas y obliga a dignatarios extranjeros a arrojar flores al Río de la Plata, para rendir tributo a los terroristas que atentaron contra la Nación Argentina en las décadas del ’60, ’70 y ’80.

En fin, me equivoqué porque luché por un país sustentado en los valores de Dios, la Patria y la Familia, en el que se abogara por el Bien Común y la paz social y hoy lo veo en manos de una minoría incapaz y corrupta que, desde las más altas esferas del gobierno y a través de los medios de comunicación, fomenta la perversión de los menores, imponiendo la repugnante ideología de género y la Educación Sexual Integral, que incita a los jóvenes a “construir” su propia sexualidad, incentivando las prácticas más aberrantes; que odia los uniformes, especialmente los de las FFAA; fomenta las divisiones entre argentinos, el rencor y la revancha; induce a los jóvenes a la droga y el alcohol; despilfarra los pocos recursos que tenemos en solventar organizaciones piqueteras que se han adueñado de las calles incitando la violencia social.

Seguramente debo haber omitido más fundamentos para justificar mi equivocación, pero aunque no los haya incluido en esta larga perorata, también caben para explicarles el por qué siento equivoqué el camino.

Emilio Guillermo Nani
Teniente Coronel (R)
Veterano de Guerra
Ayer calificado como “Héroe Nacional”
Hoy, preso político



NOTA: Las imágenes no corresponden a la nota original.

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