martes, 24 de diciembre de 2013

NAVIDAD CON PRESOS POLÍTICOS

Un mensaje diferente

Otro año se va y nuevamente las Fiestas remarcan el balance de lo negativo. Navidad con presos políticos: otro año de injusticia y abuso del Poder.

Este año, subrayando la desigualdad de tratamiento ante igualdad de condiciones: se asesinó a un Teniente General y se ungió a otro.

El Teniente General Jorge Rafael Videla fue asesinado en nombre de los Derechos Humanos y  Cesar del Corazón de Jesús Milani fue ascendido a Teniente General con el beneplácito de los mismos organismos “defensores” de Derechos Humanos que festejaron el asesinato de Videla. Por las mismas razones.

La única y misma razón por la que se asesina a uno y se corona a otro es el Poder, la ostentación de Poder, el mantenimiento del Poder.

Navidad es la fiesta del “antipoder”: un niño pobre, de una familia pobre, nacido en las más duras condiciones por orden del Poder. Se realizaba un censo y las personas debían volver a su lugar de origen para ser contadas, sin importar si tenían los medios para contribuir con el decreto. Un niño despojado de todo a excepción de una familia que lo amaba y lo cuidaba.

Nuestros presos políticos son niños despojados de todo, incluso de la familia que los ama y que desea cuidarlos pero no se lo permiten. Videla, como tantos otros presos políticos, era un anciano  secuestrado por jueces prevaricadores, alejado de su familia, separado de sus seres queridos. Su familia sólo podía visitarlo algunas horas, algunos días de la semana. El poder lo alejó de quienes podían y deseaban cuidarlo y cuando estaba más vulnerable, le retiró la atención médica indispensable para sobrevivir, igual que hoy hace con tantos otros. Tampoco permitió que su familia le proveyera la atención médica que el poder le negó, como hace con tantos otros a los que no les permiten ir a los hospitales que pagan. Videla, como tantos otros, fue asesinado por los que se dejan el pelo largo y usan la camisa fuera del pantalón, posando de rebeldes. Los hábitos no hacen monjes y los disfraces no construyen renegados.

Los presos políticos bajo la égida de un disfrazado “hombre araña” fueron y son asesinados por un poder cimentado en la hipocresía y el absolutismo. El poder que corona un Teniente General por la misma condición legal que encarcela a otros.

Espero que esta sociedad hipócrita que permite injusticias en el trato -distinto trato en igualdad de condiciones- no tenga una Navidad de paz ni de amor. No es muy cristiano de mi parte pero no me importa: reservo todos mis buenos sentimientos para los pobres y despojados, no para los que se abarrotan de pavo y bebidas alcohólicas, sin importarles el prójimo.

Espero que esta sociedad no tenga paz ni tenga amor hasta que todos, incluso los niños pobres y despojados puedan encontrarse en ese abrazo que les han prohibido desde el Poder. No vivimos un reino de buenos sentimientos y espero que lo bueno llegue para todos o no llegue para nadie.

Espero que los pavos fermenten en las entrañas de los jueces prevaricadores que se llenan los bolsillos escupiendo sobre los valores que les han dado en custodia. Espero que los diputados y senadores revienten por las costuras de su cínica máscara que con una sonrisa ingenua ha aprobado pensiones para los hartamente saciados. Espero que los ministros y secretarios de Estado sufran el miedo y la ansiedad detrás de su mueca de “quemeimporta” cada vez que la playa de la realidad les devuelve el resultado de su océano de inoperancia. Espero que los periodistas se asfixien y atraganten con todas las verdades que callan. Espero que la presidente se sature de pastillas para no conseguir el descanso que una buena conciencia depara. 


Espero, por último, que la sociedad indolente y boba sufra mucho, en carne propia, su desgano y displicencia; que llore el resultado de abandonar la cosa pública, a sabiendas, en manos de corruptos.

Todos mis buenos deseos son para el ideal de país que nos han robado. Todas mis anhelos son para los presos políticos y sus familias, a quienes guardo en mi corazón y por quienes estaré rezando una plegaria a la hora en que el más Inocente nos recuerda con su nacimiento que Dios es grande y que a Él le pertenece la verdadera Justicia.



Andrea Palomas Alarcón