Hoy en todo el país, por disposición del poder de turno, se celebra
el Día de la Memoria… esa memoria
incompleta y que solo hecha una mirada parcial sobre la guerra que desataron
las organizaciones terroristas y para la cual el gobierno democrático de María Estela Martínez (a) Isabelita, viuda de Perón, debió emplear a las Fuerzas
Armadas para ponerle freno la violencia brutal que se dispersaba por la Argentina toda y agredía a toda la sociedad. Hay que
tener memoria completa.

El mismo Juan
Domingo Perón alentó y
promovió el aniquilamiento de las organizaciones terroristas, haciéndolo
enfáticamente vestido de uniforme ante los oficiales sobrevivientes del intento
de copamiento de la Guarnición Militar de Azul Regimiento de Caballería de
Tiradores Blindado 10 y Grupo de Artillería Blindado 1. Posteriormente lo
repitió en un mensaje a la nación, Perón habló de "aniquilar"
y "exterminar uno a
uno" a los guerrilleros
a quienes calificó de psicópatas. Por primera vez un presidente constitucional
usaba esos términos para definir el combate contra al flagelo guerrillero.
La amnesia colectiva anestesió el espíritu de la sociedad que
clamaba porque se terminara con esa violencia y con el desgobierno que sumía al
país en el mar de las tinieblas y la inestabilidad.
Hoy podrán decir todo lo que quieran, denostar una vez más a las
Fuerzas Armadas, a todos quienes combatieron y vencieron el terrorismo que no
hesitó en hacer un baño de sangre en la nación, pero debería ser un día de reflexión,
aprender de los errores cometidos y enmendarlos bajo la igualdad de la ley.
Desde nuestro espacio promovemos la Pacificación Nacional Definitiva y la misma debe abarcar a todos los
miembros de la sociedad, en una lectura objetiva del pasado y del presente todos
somos responsables del país que construimos. “El que esté libre de culpas…
que arroje la primera piedra”.
Por un mejor futuro a legar a las generaciones que nos precederán
debemos dar todos los pasos posibles para lograr la “conciliación y justicia” que aquiete nuestros corazones y
mediante el perdón a todos los que reconocieron sus errores en esa guerra
interna alcanzar la ansiada unión nacional.
Es menester recordar que las Fuerzas Armadas han reconocido y
aceptado sus responsabilidades en esa guerra, no hemos escuchado ni visto
actitudes similares en los líderes del terrorismo. Muchos ancianos soldados se
han sometido a derecho y no han recibido una respuesta justa de los tribunales,
muchos han muerto en prisión y otros esperan sus condenas en una prisión
preventiva, que excede todo tiempo legal… mientras que los terroristas gozan de
total impunidad.
Nosotros no reivindicamos los actos de gobierno del Proceso de
Reorganización Nacional, solo aspiramos a una historia y memoria justa que ponga a los
hombres rodeados de las circunstancias violentas de la época y no sacadas de
contexto como si fueran una banda armada… no
señores! fueron nuestras Fuerzas Armadas, de Seguridad y otros organismos del
estado que cumplieron las demandas de la sociedad y el mandato de un gobierno
democrático encabezado por la viuda del general Perón.
Como hoy todos se expresarán en contra de los soldados y civiles
que defendieron la patria, a modo de colaboración y para acercar luz sobre la
verdadera historia deliberadamente ocultada por el “relato oficial”, les dejamos
la tercera y última parte de la entrevista que el periodista español Ricardo Angoso le efectuara al ex presidente de facto Jorge Rafael
Videla, aportando de esa manera el testimonio de uno de los principales protagonistas
de la época.
Confirmamos que el señor
Angoso ya escribió y envió a
España, para su primera publicación un libro electrónico cuyo título es: “Videla se confiesa”, pensaba
que ese libro podía salir a la luz en el día de la fecha pero no fue posible
por razones editoriales. Apenas tengamos la confirmación de su publicación
electrónica, lo informaremos por este medio.
Deseamos que todos tengan un buen día, que la serenidad del
Espíritu Santo anide en todos los argentinos de buena fe y la jornada no sea
signada por el odio, si no por la paz espiritual.
Una vez más pedimos reconocimiento y reparación histórica a las Víctimas del Terrorismo en la Argentina, las que han sido sistemáticamente olvidadas y discriminadas por todos los gobiernos, inclusive el de las Fuerzas Armadas; inmediata liberación de los miembros de las Fuerzas Armadas, de Seguridad, Policiales y civiles que se encuentran detenidos como "Presos Políticos" por haber cumplido con el deber demandado por la Patria.
Sinceramente,
Pacificación Nacional
Definitiva
TERCERA Y ÙLTIMA ENTREGA
ENTREVISTA CON JORGE RAFAEL VIDELA
POR RICARDO ANGOSO
ENTRADILLA:
Terminamos con esta entrega,
la larga entrevista con el ex presidente
y general Jorge Rafael Videla,
antaño todopoderoso hombre fuerte del régimen militar argentino y hoy
encarcelado por delitos considerados de lesa humanidad. Sin querer entrar en lo
polémica desatada en Argentina por las declaraciones del detenido, reivindicamos
este texto y esta serie de entrevistas como un simple ejercicio en defensa de
las libertades de expresión y de información que algunos nos pretenden negar
desde su pedestal de inmaculados defensores de los derechos humanos y su
peculiar forma de entender la democracia.
TITULARES:
“Pérez Esquivel cuando recibió el Nobel de Paz era un absoluto
desconocido para todos”.
“Me reuní con Carter y traté con toda su crudeza el asunto de los
derechos humanos”.
“Los socialdemócratas europeos lideraron la oposición internacional
a nuestro régimen”.
“Tuvimos diferencias con los Estados Unidos, como por ejemplo
cuando el embargo comercial contra la
URSS tras la invasión de Afganistán”.
“El Partido Comunista fue tolerado durante el régimen militar, como
todos los partidos”.
ENTREVISTA:
Ricardo Angoso: Quiero concluir esta serie de entrevistas preguntándole algunas
cuestiones que han quedado en el tintero, como por ejemplo ¿cómo fue su
relación con el almirante Massera y
de qué forma observaba sus pretensiones políticas?
Jorge Rafael Videla: No sé si siempre tuvo pretensiones políticas, pero sí puso de
manifiesto su vocación política mientras formó parte de la Junta Militar.
Ambición legítima desde todo punto de vista pero, a mi juicio, inoportuna,
formando parte de un gobierno tripartito. La política es rica en matices que
pueden llegar a convertirse en diferencias; y esa posibilidad constituía un
grave riesgo en medio de una guerra interna cuyo éxito radicaba en la cohesión
de las tres fuerzas armadas que constituían nuestro ejército. Hasta donde
llegaban esas ambiciones, no puedo precisarlo; pero lo cierto es que luego de
pasar a retiro fundó un partido cuya finalidad no podía ser otra que llegar al
poder.
R.A.: ¿Qué relación mantuvieron con los partidos políticos argentinos de
entonces?
J.R.V.: El Proceso de Reorganización Nacional mantuvo la existencia de
todos los partidos –inclusive el comunista- pero suspendió la política
partidaria. Esta situación se daba por primera vez en la Argentina donde, por
norma, los gobiernos de facto disolvían a los partidos políticos, al momento de
hacerse cargo del poder. Incluso se permitió que los integrantes de los distintos partidos políticos desempeñaran cargos de
embajadores, gobernadores, intendentes, integrantes del poder judicial, etc.
El partido peronista no gozó de esa ventaja, dado el desprestigio que habían
acumulado sus dirigentes en el ejercicio del gobierno que resultó depuesto (el
de María Estela Martínez de Perón).
No obstante, muchos de sus integrantes colaboraron lealmente con nuestro
gobierno, en relación con la guerra interna librada contra el terrorismo.
R.A.: ¿Cuál fue su papel en el gobierno militar de entonces y còmo
evalúa su gestión al frente de sus responsabilidades?
J.R.V.: El éxito de mi gestión se debe a que la misma se ajustó a las
normas reglamentarias en vigor. En efecto, el Estatuto para el Proceso de
Reorganización Nacional preveía la existencia de un órgano supremo del Estado: la Junta Militar,
integrada por los comandantes de las tres fuerzas armadas que constituían el
ejército argentino. Por debajo de ese órgano supremo, estaba dispuesta la
figura del Presidente de la
Nación (oficial superior del ejército en situación de
retiro), con las atribuciones y competencias propias que la Constitución de la Nación determinaba para
dicho cargo, pero con algunas limitaciones; por ejemplo, el comandante supremo
de las Fuerzas Armadas que la
Carta Magna otorgaba al Presidente del país, la Junta Militar se la
reservaba para ello. Dada la situación de guerra interna que vivía el país, la Junta resolvió, por
unanimidad, y con carácter de excepción, que el cargo de la presidencia fuera
desempeñado por mí, con retención de mi cargo de Comandante General del
Ejército. A mediados de 1978, con la subversión dominada, aquella excepcionalidad
había quedado superada y la
Junta resolvió, por unanimidad, nombrarme Presidente de la Nación, coincidentemente
con mi pase a situación de retiro, lo que se denominó como el “cuarto hombre”.
Asimismo, se fijó como término de mi mandato el 29 de marzo de 1981, cumplido
el cual entregué el cargo a mi sucesor designado, el general Roberto Viola, que había pasado recientemente a situación
de retiro. Recuerdo que yo asumí como Presidente, con retención del cargo de
Comandante, el 29 de marzo de 1976.

R.A.: ¿Quiénes fueron los más críticos con su gobierno en la escena
internacional?
J.R.V.: Las socialdemocracias europeas, por razones ideológicas, alentadas
a su vez por los “exiliados argentinos”
radicados en Europa y los Estados Unidos cuyo presidente enarbolaba la bandera
de los “derechos humanos” para su
campaña presidencial apuntando fundamentalmente a la URSS y a sus satélites, pero
no se podía soslayar y separar de la realidad que en tal sentido se vivía en el
subcontinente americano con motivo de la guerra contra el terrorismo que
afectaba a toda la región.
R.A.: ¿Cómo recibieron la noticia de que Pérez Esquivel había sido galardonado con el Nobel de la Paz, fue una sorpresa para
ustedes?
J.R.V.: Diría que fue una inesperada sorpresa e ilustro esta afirmación
con una anécdota. Presidía yo ese día la reunión de gabinete de los
viernes, con asistencia de todos los ministros, el Secretario General de la Presidencia, el
Secretario de Inteligencia de Estado y el jefe de la Casa Militar. En su
momento, interrumpió un edecán y se acercó a mí para decirme al oído que
acababa de escuchar por radio de la designación del señor Adolfo Pérez Esquivel como destinatario del Premio Nobel de la Paz. Interrumpí la
reunión, di la noticia a los asistentes y quedé a la expectativa. Todos
se miraban entre sí sin aventurar comentarios. Preguntados: ¿Quiénes conocen a
este señor? La respuesta fue unánimente negativa. Ordené entonces al ministro
del Interior que abandonara la reunión y buscara información. Momentos después
el ministro se hizo presente e informó que el señor Pérez Esquivel era un arquitecto que no ejercía su profesión,
que era un activista de los derechos humanos pero sin un papel protagonista ni
de liderazgo, y ese perfil bajo se mantuvo durante todo mi periodo de gobierno
al frente del país. Nadie le conocía, era un perfecto desconocido.

R.A: ¿Y cómo se desarrollaron las relaciones entre la Argentina y los Estados
Unidos?
J.R.V.: No fueron “relaciones carnales” como las calificó un ex canciller.
Fueron relaciones maduras como corresponde a países soberanos. Ello no quita
que hubiera problemas e incomprensiones, dentro de las cuales puedo citar como
dato puntual el embargo cerealero decretado por los Estados Unidos contra la URSS, con motivo de la invasión
soviética a Afganistán, al cual la
Argentina se negó a adherir por resultar no consultada; por
afectar a nuestro país de forma unilateral (por razones climáticas, todos los
países cerealeros del hemisferio norte habían vendido sus cereales o estaban impedidos
de hacerlo por tener sus puertos congelados). Por su parte, los Estados Unidos
se abstenían de vender grano a la URSS, pero seguía vendiéndoles bienes
de otra índole, cosa que no podía hacer la Argentina. Nuestro
país, desconociendo la imposición que se intentaba ejercer sobre nosotros, se
limitó a cumplir con sus compromisos previos adquiridos con la URSS, sin vender ni un grano
más ni uno menos de lo pactado.

El otro problema, con mayor
persistencia en el tiempo, fue el de los derechos humanos, cuya bandera hacia
como propia el presidente Jimmy Carter, asunto que tratamos en
una reunión mantenida entre ambos con oportunidad de la firma de los acuerdos
por el Canal de Panamá a fines del año 1977. En dicha ocasión tuve la
oportunidad de reunirme con el presidente
Carter. Allí se trataron, entre otros asuntos, el tema de los derechos
humanos, y se hizo con toda la crudeza por ambas partes, sentando las bases de
comprensión necesarias para que los Estados Unidos disminuyeran sus presiones
sobre nuestro país. Vale la pena recordar que para fines de 1977 la guerra
interna librada contra el terrorismo iba llegando a su fin y sus consecuencias
fueron dejando de ser materia de críticas