Juan Domingo Perón es el “padre de todos los males en la República Argentina” su accionar se hizo evidente a partir del año 1943, han transcurridos 78 años y la guerra continúa. Estamos condenados a vivir en conflictos, somos un país sin capacidad para reconocer sus errores y crecer hacia el futuro de grandeza que nos deparaba la historia.
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El segundo capítulo de los documentos inéditos que fueron desclasificados del archivo privado de Getulio Vargas, presidente brasileño en ese momento, donde se revelan pormenores de la asonada que en 1943 derrocó al presidente Ramón S. Castillo y cómo se produjo la demorada entrada de la Argentina a la Segunda Guerra Mundial
6 de Junio de 2021
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Rawson ignoraba la existencia del Grupo de Oficiales Unidos (GOU) que mucho antes del derrocamiento de Castillo venía planificando su llegada al gobierno. Al margen de sus palabras y en abierta diferencia, la Logia militar, en esas horas, sostenía que “Alemania realiza un esfuerzo titánico para unificar el continente europeo. La nación mayor y mejor equipada deberá regir los destinos del continente de nueva formación. En Europa será Alemania. En América del Norte, la nación monitora, será por un tiempo, los Estados Unidos de América. Pero en el Sur no hay una nación indiscutiblemente fuerte para que, sin discusión, se admita su tutoría. Hay solo dos naciones que podrían tomarla: la Argentina y el Brasil. Nuestra misión es hacer posible e indiscutible nuestra tutoría (…) Nuestro gobierno será una dictadura inflexible aunque al comienzo hará concesiones necesarias para afianzarse sólidamente”. En el archivo del presidente brasileño Getulio Vargas se transcribe un reportaje a Rawson en el que explica por qué no asumió la Presidencia: “Pienso que para gobernar hay que tener absoluta libertad de acción; por lo que considere necesario dar por terminada mi misión con el triunfo de las fuerzas armadas.”
Tras serios debates dentro de la Casa
Rosada, con serias impugnaciones a las ideas de Rawson, el
jueves 10 de junio de 1943 “Palito” Ramírez asumió de facto la primera
magistratura del país. El almirante Sabá H. Sueyro fue el
vicepresidente y tras su fallecimiento lo sucedió el general Edelmiro
J. Farrell de muy escasa participación dentro del movimiento, porque
ese día estaba considerando con su abogado un trámite de separación
matrimonial. Según contaría más tarde Juan Domingo Perón, Farrell
“no sabía nada de la revolución, ignoraba lo que pasaba”.
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Foto del legajo del general Pedro Pablo Ramírez |
Como dijimos la semana pasada, José Paula de Rodrígues Alves era
el embajador brasileño en la Argentina, un recordado y movedizo profesional que
informaba directamente al presidente Vargas de quien se sentía amigo. Sus
escritos sobre la revolución del 43, están en el archivo privado del ex
mandatario brasileño y pueden ser de gran ayuda a los historiadores argentinos.
Con el paso de los días y tras desmalezar tantos rumores, el embajador va a
informar que se entrevisto con el “Señor X” (para mí el ex Ministro del
Interior, Miguel Culaciati), que había estado detenido en el II° Regimiento de
Infantería y luego trasladado a la Penitenciaría de la avenida Las Heras, donde
se encontraba preso Daniel Amadeo y Videla, Ministro de Agricultura de
Castillo. El “Señor X” tras su liberación lo recibió en su departamento de Esmeralda
y Arenales. Lo recibió en su dormitorio porque se encontraba enfermo del
hígado. Le dijo (Informe Confidencial N° 12, del 15 de junio de 1943)
que “la revolución no había sido hecha por los generales y sí por un grupo
de coroneles, que habían constituido una verdadera logia militar, una especie
de Gestapo.” También le relató que ese grupo, “algún tiempo atrás”,
intento integrar “un tribunal militar que sería constituido por el propio
Doctor Castillo, con poderes extraordinarios para disponer de la vida y los
bienes de todos los argentinos. Una perfecta y completa Gestapo.” Le recuerda a
Vargas que cuando le informó sobre la renuncia del general Juan Nerón
Tonazzi, ex Ministro de Guerra reemplazado por Ramírez durante 1942, se
trataba, según “X”, de una discrepancia con él sobre la formación de un
tribunal militar “que substituiría todas las comisiones investigadoras de la
Cámara de Diputados y se encargaría de otras funciones mayores”. Seguidamente
se afirma: “el Señor X me conto que ese decreto había sido hecho por
inspiración del Doctor Enrique Ruiz Guiñazú (el canciller argentino), que era
el alma negra del gobierno, aliado de todos los nazis del país.” Según
“X”, Tonazzi considero “extravagante” el proyecto y abandonó el gobierno. La
idea no progresó porque “X” lo convenció a Castillo de que “era una verdadera
locura política”. Y agrega: “El asunto murió en aquella ocasión, más los
coroneles, probablemente, tuvieron conocimiento y decidieron unirse para no ser
sorprendidos por un asunto semejante, prefiriendo ellos mismo organizarse para
dar un golpe, que ahora acaba de producirse.” Tras relatar las preocupaciones
de Ramírez al asumir el Ministerio –la “absoluta falta de modernización
del material militar” y los bajos salarios de los oficiales—volvió a
repetir que “la revolución se precipitó por parte de los coroneles para dar
solución a esos problemas que amenazaban comprometer seriamente la dignidad del
Ejército. Los generales no sabían nada pero sospechaban que algo se tramaba.”
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Para “X” la declaración de Ramírez (que tratamos el domingo pasado), rechazando los rumores de que un partido político le había ofrecido la candidatura presidencial “fue la chispa que faltaba para levantar la tropa” y “el general Rawson, que era el jefe del tribunal que llevo a la renuncia de Tonazzi, fue el hombre escogido para comandar el movimiento.”
En el punto 13 del informe, el “Doctor X”
relata que “el general Ramírez, al que Castillo inhábilmente le pidió la
renuncia en la madrugada de la revolución, pulsó la situación de la avalancha
militar y aconsejó al Presidente trasladarse al Ministerio de Guerra y Castillo
lo rechazó considerándose solidario con sus ministros. En vista de eso, mandó
detener al general Ramírez.” Seguidamente “X” hizo un balance de las
tropas con las que contaba Castillo” y tras citar a jefes militares que casi no
contaban con tropas (almirante Fincatti, general Bassi, general Mason y la
Policía) y observó: “la revolución había sido organizada de manera tan
admirable que nuestras tropas estaban licenciadas… y por ello el embarque del
gobierno en el buque Drumond epilogaba tristemente el fin del gobierno.” Tras
anunciarse que asumiría una junta militar integrada por Rawson, Ramírez y el
almirante Sabá Sueyro, “el día 5 se anunciaba que no habría una junta
militar, sí un gobierno provisorio y que el Presidente sería el general Rawson
y el vicepresidente sería un almirante, probablemente Sueyro y Ramírez ocuparía
el Ministerio de Guerra”.
Como ya hemos visto, los
revolucionarios no aceptaron el gabinete de Rawson y lo desplazaron. El
“Señor X” explicó cómo: presidida por Rawson se realizaba una reunión castrense
en una de las salas de la Casa Rosada. “Estaba allí presente un oficial del
Ejército, que era el nexo entre el gobierno revolucionario y los coroneles que
habían hecho la revolución se encontraban en otra sala… el futuro
nombramiento de José María Rosa provocó indignación y los coroneles entraron a
la sala donde se encontraban los generales e increparon violentamente al
general Rawson por estar comprometiendo las finalidades de la revolución. Éste
se habría levantado y enérgicamente pretendió imponer su autoridad. El general
Ramírez, allí presente, no habría producido una palabra. Guardo silencio
absoluto, hasta que Rawson viendo la imposibilidad de convencer a los coroneles
dijo: ‘Renuncio a la presidencia y me retiro’. Los coroneles lo miraron a
Ramírez y le dijeron que le correspondía asumir y éste la rechazó afirmando que
no, porque ‘no quiero que me acusen de traidor’. Había sido el Ministro de
Guerra de Castillo. Seguidamente, Ramírez dijo que iba a llamar al
presidente de la Corte Suprema de Justicia para pedirle que asuma el gobierno
y, al intentar tomar el teléfono, dos coroneles le dijeron: ‘No, general, usted
debe asumir la dirección de los asuntos del país. No podemos permitir el
fracaso de la revolución. Señor, le exigimos este sacrificio. Hágalo en
nombre de la salvación pública’ y el general cedió. A esa hora las líneas
telefónicas del Palacio Presidencial estaban cortadas por orden de los
coroneles. Los generales cedieron, los coroneles habían triunfado…Y así, Señor
Presidente, fue como se produjo aquí la revolución del 4 de junio, de forma
inesperada y sin contar con los generales de la Nación.”
Al elevar sus conclusiones, el embajador
dice que la logia militar a la que “X” denomina Gestapo, “esta vez parecer ser
una Gestapo democrática” y que la revolución fue realizada “dentro de una gran
confusión y llamada a ser orientada por los coroneles, por lo menos al
comienzo. Para finalizar, debo decirle que el general Ramírez, en rueda de
oficiales de la Casa Rosada, y que fue escuchado por Tombeur, Secretario de la
Embajada de Paraguay, señaló que los militares que fueron o fuesen nazistas
tendrían que tragarse sus ideas en beneficio de los altos intereses de la República
Argentina, frase ésta bastante significativa.”
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El 22 de junio, en el Informe Confidencial
N° 13, Rodrígues Alves le cuenta a Getulio Vargas que, tras dejar pasar
unos días, el 20 fue a visitar al ex Presidente Castillo. Lo encontró
en la quinta “Las Toscas”, en la localidad de Martínez, la casa de un
amigo. “El Doctor Castillo estaba solo. Los amigos comienzan a
escasear. Su fisonomía daba la impresión de estar más descansada, aún
cuando se observaba en su rostro las marcas de su gran resentimiento.” Entre
otros hechos del pasado inmediato, Castillo contó que cuando surgió el
rumor de que los radicales le ofrecieron a Ramírez la candidatura presidencial,
el Presidente le solicitó negar la versión y, al mismo tiempo, hablo con el
jefe de la Policía, general Martínez, manifestándole su intención de cambiar al
Ministro de Guerra y por tal motivo que convoque el general Mason a Buenos
Aires. El general Martínez, en lugar de cumplir la orden, le contó a Ramírez el
hecho y que probablemente precipitó el movimiento que debía justamente
estallar, hoy 20 de junio, Día de la Bandera. “Que la noche del 3 de
junio, ya cuando estaba al tanto del movimiento armado, fue a la sede de la 1a
División, y en calidad de Comandante Supremo de as FF.AA., ordené al general
Rodolfo Márquez, la defensa de la ciudad y del comando de sus fuerzas. Que ese
general lo primero que hizo fue dar órdenes de no resistir.” Luego, lo
mandó a Ramírez a Campo de Mayo para que viera qué pasaba y con eso comprobar
hasta dónde estaba comprometido con el movimiento. Por eso lo hizo seguir de
cerca por agentes de su confianza para saber si permanecía en Campo de
Mayo o regresaba a la ciudad. A las 10 horas lo mando a llamar y el Ministro se
presento a la reunión de gabinete y le dijo que el general Márquez comandaría
la defensa de la ciudad. “Al escuchar esto Ramírez dijo que su presencia en la
reunión estaba de más y que Castillo afirmó que sí y que podía retirarse,
ordenando que se lo detuviera y que le fuese tomada la espada.”
Relató el ex Presidente que “la decisión de
embarcar en el Drumond fue con el propósito de dirigirse a unos navíos de la
escuadra de mar, llamados urgentemente a Buenos Aires. Fue en esos momentos que
se enteró que el comandante (Sueyro) de la escuadra de mar había abandonado su
puesto y viajado en avión a la Capital, en compañía de su hermano, para ocupar
el puesto de la Armada. “En ese instante percibió que la traición había
sido consumada y que no contaba con ningún elemento para resistir. Toda resistencia
era inútil. La revolución había triunfado y había sido organizada por una logia
militar de coroneles, tenientes coroneles y un mayor, presidida nada menos que
por el Ministro de Guerra. Me conto el Doctor Castillo que en el pasado
los militares le habían propuesto prorrogar su mandato y que él había rechazado
semejante iniciativa. Más tarde propusieron disolver el Congreso y también
fracasaron”.
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Parrafo del informe sobre la entrevista con Castillo |
Finalmente, dijo Castillo que él
comprendería el movimiento revolucionario siempre que tuviese el propósito
deliberado de cambiar el rumbo de la política internacional. Lo entendería si,
por ejemplo, la revolución rompiera relaciones con el Eje. Esto solo
justificaría el movimiento.” La cuestión central de la neutralidad
argentina durante la Segunda Guerra Mundial era un tema casi obligado en todas
las comunicaciones de la Embajada de Brasil y otras representaciones
diplomáticas. El 20 de julio de 1943, el embajador Rodrígues Alves, afirma que
“en las esferas oficiales las opiniones están divididas sobre la conveniencia o
no de una ruptura de relaciones con las potencias del Eje, y difícilmente la
ruptura se produciría... por lo menos en el corto plazo, mientras no ocurriese
algo nuevo e impresionante que pudiera justificar esa medida.” Téngase en
cuenta que ya para esta fecha los alemanes había sido derrotados en
Stalingrado y los aliados occidentales habían expulsado al Mariscal Rommel y su
África Korps del Norte africano y ya se había lanzado la “Operación Husky”, la
invasión del Sur de Italia. El 25 de julio, el gran consejo del
fascismo depone a Benito Mussolini y el Rey nombraba al Mariscal
Badoglio. El 17 de julio de 1943, el vicepresidente Sabá H. Sueyro
falleció en el Sanatorio Anchorena y fue reemplazado por el general Edelmiro
Julián Farrell. Detrás del nuevo vicepresidente ascendía en
cargos y funciones el coronel Juan Domingo Perón.
Uno de los momentos más críticos de la
presidencia de facto de Ramírez fue en septiembre de 1943 cuando trascendió a
la prensa los términos de una carta que el canciller Segundo Storni le
envió al Secretario de Estado estadounidense Cordel Hull, con fecha 5 de
agosto de 1943. Según dejó asentado el embajador brasileño en el Informe
Confidencial N° 20, del 15 de septiembre de 1943, “la carta del canciller
argentino es un documento más que infeliz, desastroso. Constituye un verdadero
líbelo contra los hombres de éste país, que son presentados como deshonestos y
corruptos. Estaba persuadido que la carta no pasaba de una somera
enumeración de los motivos por el que a República Argentina no podía decidir la
ruptura de relaciones con las potencias del Eje y solicitaba las máquinas
necesarias para el desarrollo de su industria petrolera y de armas para el
perfeccionamiento de su deficiente material bélico, sin insistir en demasiado
en el pedido. Conocida la carta (dada a publicidad por Cordel Hull), Storni
no tenía que hacer otra cosa que renunciar y él asumió con mucha dignidad y
entera responsabilidad la autoría del documento.” Durante una charla
privada en el Palacio San Martín, le dijo a Rodrígues Alves: “Vuelvo a mi casa
de campo, en medio de mis libros y mis plantas, de donde no debí haber salido.”
Fue reemplazado por el “neutralista” coronel Alberto Gilbert, que ejercía como
Ministro del Interior.
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Sin lograr vencer las presiones de
Washington, el 26 de enero de 1944, la Argentina rompió relaciones
diplomáticas con el Eje. La decisión generó que el 27 de enero de 1944
el gobierno diera un “comunicado sobre la existencia en el país de una vasta
red de espionaje de agentes del Eje”; suspendiera “todas las
comunicaciones radiotelefónicas y radiotelegráficas con Alemania y Japón y los
países o territorios aliados, ocupados o controlados por ellos” y
suspendido “todo el intercambio comercial y financiero con Alemania y Japón y
territorios dominados por esas naciones.” Tras la decisión, Ramírez
intentó un segundo paso no menos riesgoso: Le exigió a Farrell que abandonara
el cargo de Ministro de Guerra. Frente a este pedido, el general Farrell
recurrió al auxilio del GOU y el despedido fue Ramírez. Según un
informe que contiene el archivo del ex presidente Getulio Vargas, escrito en
español, “el gobierno militar del triunvirato Farrell-Perón-Perlinger,
desde el despido del general Ramírez –consumado violentamente en la quinta presidencial de Olivos el 24 de febrero- no pronuncia una sola palabra con
relación a la política internacional. En esa materia está mudo,
absolutamente mudo, como si nada ocurriera. Tampoco permite que la prensa
nacional publique informaciones o comente la situación internacional del país.”
Sin piedad, el extenso informe analiza la soledad argentina.
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El ex Secretario de Estado (1945-1947), James F. Birnes, recuerda en sus Memorias, que en la sesión del 7 de febrero, cuando se analizó la futura participación de las naciones latinoamericanas en las Naciones Unidas, una primera condición era que debían pertenecer aquellas naciones que habían declarado la guerra. Estaban también las que habían roto relaciones diplomáticas con el Eje, y Roosevelt consideró asimismo a las naciones “asociadas”, las que no habían declarado la guerra, pero colaboraban con la provisión de sus materias primas a los EE.UU. En esos momentos, los EE.UU. no reconocían al gobierno de facto de Edelmiro J. Farrell, y los países latinoamericanos habían retirado sus embajadores en Buenos Aires (menos Chile, Bolivia y Paraguay), profundizando el aislamiento argentino. Gran Bretaña, por pedido especial de Franklin Roosevelt, retiró a su embajador David Kelly. Durante toda la contienda la Argentina proveyó de carne y granos a Gran Bretaña bajo el sistema de “libras bloqueadas” (inmovilizadas en una cuenta en Londres). El Secretario de Estado Edward Stettinius, Jr. (1944-1945), el predecesor de Byrnes, llegó a decir en su libro que Stalin afirmó que “la Argentina debería ser castigada y que si se hallara en su continente él mismo se encargaría de que así fuera. Roosevelt contesto que el pueblo argentino era bueno, pero que de momento había hombres equivocados en el poder.” Cuarenta y dos días antes de la caída de Berlín, el 27 de marzo de 1945 el gobierno de facto de Edelmiro Farrell declaró la guerra a las menguadas y exhaustas potencias del Eje y expresó su interés por firmar el Acta de Chapultepec, hecho que concretó el 5 de abril de 1945. Acto que le permitiría ser miembro de las Naciones Unidas.