Miércoles, 4 de marzo de 2009
Por Horacio Ricardo Palma
 |
Víctor Enrique Rei
|
Víctor Enrique Rei es gendarme. Está
sentado hoy en el banquillo de los acusados.
Los dueños de la verdad, apropiados
también de la justicia, lo acusan de quedarse con el hijo de los ex terroristas
entrerrianos, Pedro Sandoval y Liliana Fontana.
El “niño
hombre” supuestamente apropiado, se llama Alejandro. Y se lo promocionó
como “Pedro Sandoval”, el nieto
número 84 “recuperado” por Abuelas de
Plaza de Mayo en Septiembre de 2.006.
Alejandro, sin embargo, además de ser
una víctima de los violentos 70 de Argentina, entra en la categoría de “curiosidad”, pues las Abuelas de Plaza
de Mayo ya lo habían “recuperado” y
restituido en 1.988. No, no estoy delirando, es así.
Claro que en ese entonces, como los
dueños de la verdad, (apropiados también de la justicia), afirmaban que los
Sandoval - Fontana habían tenido una mujer y no un varón, la justicia les
restituyó una hija con la velocidad de un rayo. Usted lo pide, usted lo tiene.
El caso de la restitución, devolución
y restitución de los supuestos hijos de los entrerrianos Liliana Sandoval y
Pedro Fontana, además de insultar la inteligencia, muestra a las claras el
nefasto plan sistemático de las Organismos de Derechos Humanos de la Argentina
para apropiarse de las identidades a cualquier precio.
Ahora, Víctor Enrique Rei está
detenido. Y la historia lo ha llevado hasta el banquillo de los acusados.
Frente a él, quien le habla al jurado es Chela Deharbe de Fontana, “abuela orgullosa”. Dice Chela ante el
tribunal: “Los secuestradores usaban
pelucas, robaron todo. Liliana se paró en la puerta y nos miró a todos. Dos
años después un cura entrerriano le dijo a mi marido ‘sos abuelo de un varón,
no te puedo decir nada’ y salió corriendo”… no se ría que el tema es serio
aunque los testigos sean un chiste.
Un cura entrerriano le dijo “sos abuelo de un varón, y salió corriendo”.
Interesante testimonio el de Chela. Pero mire qué curioso resulta hurgar en lo
que Chela, la “abuela orgullosa”,
calla…
LA
INCREÍBLE HISTORIA DEL CASO SANDOVAL-FONTANA
Liliana Clelia Fontana, nacida en
Viale, tenía 20 años; y Pedro Fabián Sandoval, de Nogoyá, tenía 33 y trabajaba
como albañil, cuando fueron detenidos en 1.977. Y también en 1.977 Carmen
Rivarola y Pepe Treviño, periodistas, tenían intenciones de adoptar un bebé. El
30 de mayo de 1978 recibieron formalmente la tenencia de una beba de pocos días
de vida, y el 24 de octubre de 1979, el juez civil Mariano Grandoli les dio a
los Treviño la adopción plena. Al llegar la democracia, Carmen Rivarola decidió
ponerse en contacto con las Abuelas de Plaza de Mayo para tratar de averiguar
si Juliana era hija de desaparecidos. La tele decía tantas cosas, contaba
tantas historias de gente buscando gentes, que en enero de 1988 Juliana entró
al hospital Durand de la mano de su mamá adoptiva para someterse
voluntariamente al análisis de ADN. El 23 de junio del 88, los Treviño fueron
informados de que el resultado indicaba que los padres biológicos de Juliana
eran… ¿adivinen quiénes?, sí adivinó: Liliana Clelia Fontana y Pedro Fabián
Sandoval. ¡¡Bingo!!.
Apenas se enteraron, los Treviño
hablaron con "Abuelas" para
encontrarse con la familia Sandoval-Fontana. Pero esso nunca ocurrió, porque el
24 de julio a la mañana, el juez federal de Morón, Juan Ramos Padilla los citó
a todos en el juzgado. Y esa misma noche, con la celeridad de un rayo, resolvió
que Juliana, de diez años, debía ser trasladada inmediatamente a la casa de los
Fontana.
Los Treviño quedaron destruidos, no
obstante apelaron a todos los recursos legales para que la Justicia les devolviera
a su hija. Convocaron a una conferencia de prensa en su casa, y el martes 2 de
agosto de 1988, Carmen Rivarola de Treviño se presentó con su abogado en el
programa de televisión Tiempo Nuevo.
“Yo
tengo que decir con todas las letras que Juliana NO es hija de esa pareja de
desaparecidos, esto es tan grave, tan dantesco...”, dijo Carmen
entre lágrimas.
¿Es decir que los abuelos no son
abuelos?, preguntó Mariano Grondona
–“No.
No lo son. Esto comenzó cuando en enero la llevamos a Juliana a hacerse el análisis
de sangre. En marzo me llamó la señora Mariani, de "Abuelas", y me
dijo (vea
el lector la temeridad de los dichos de “la
chicha” sobre algo tan científico como una prueba de ADN) que “esos análisis empezaban a aproximar a
Juliana a esta pareja de desaparecidos”.
Carmen comenzó a sospechar de la
veracidad de los dichos de las Abuelas de Plaza de Mayo, cuando leyó en los
folletos oficiales de dicha Agrupación, que "el
hijo de Fontana-Sandoval, había nacido en cautiverio a mediados de enero de
1978, y era varón”. Cuando los Treviño protestaron la fecha, les dijeron
que “a lo mejor, su nena les pareció más
chiquita porque estaba mal alimentada”. Y cuando protestaron por el sexo,
la “chicha” Mariani les dijo que “habían descubierto que Liliana Fontana y
Pedro Sandoval habían compartido calabozo mientras estaban detenidos, y esto
daba la posibilidad de que ella hubiera perdido ese bebe por malos tratos, pero
quedara nuevamente embarazada en agosto”. De esta manera, el nacimiento en mayo
coincidía, y el sexo podría haber sido otro”.
Fue el juez Alejandro Sañudo, que
había sustituido a Ramos Padilla, quien una semana después al 24 de julio,
otorgó la tenencia de Juliana a los Treviño. Pero a pesar de devolverle a su
hija, Sañudo acreditaba en su fallo el vínculo biológico que unía a Juliana con
la familia Sandoval-Fontana. Recién en mayo de 1989 Carmen consiguió que la
Cámara Federal ordenara otro análisis de ADN. En mayo de 1990, el nuevo estudio
realizado en nuestro país, y confirmado en Estados Unidos y Francia, indicaba
con absoluta certeza que Juliana no era hija de Liliana Fontana y Pedro
Sandoval.
Carmen Rivarola dijo ese día en Tiempo
Nuevo: “…Voy a repetir lo que pasó para
que se entienda bien. En pocas horas, el ex juez Ramos Padilla basándose en una
pericia que hasta el día de hoy los expertos no saben cuál es su verdadero
alcance, y a pesar de que tenía en sus manos los medios para averiguar que
había cuatro meses de diferencia entre el nacimiento del hijo de Liliana
Fontana y el nacimiento de Juliana, decidió que ella era hija biológica de esa
pareja. Nosotros dijimos que esto era imposible pero nadie nos creyó. Después
de haber luchado un año y medio para un nuevo estudio del ADN, ahora no hay
duda alguna de que Juliana no es hija biológica de esa pareja. Y, sin embargo,
en este libro que Abuelas de Plaza de Mayo publicó en abril, cuando ya se sabía
el resultado de las pericias, siguen hablando de Juliana Sandoval Fontana. Esto
va a seguir sucediendo, y nosotros no tenemos medios para enfrentarlo porque la
Justicia permite que las cosas continúen de esta manera. Por eso, a las Abuelas
les pido, les ruego, que no tomen venganza con una criatura de doce años.
Juliana no tiene nada que ver. No hay derecho a que la sigan manoseando así”.
Finalmente, el 13 de junio de 1990, la
Cámara Federal de San Martín les reintegró la patria potestad a los Treviño.
No sabemos qué argumentos gritó Chela
Deharbe de Fontana en aquellos años. Tal vez haya dicho que una monja francesa
le dijo a su marido que había sido abuelo de una nena, y salió corriendo… vaya
uno a saber.
MANIPULACIÓN
DE DATOS GENÉTICOS
Lo cierto y lo preocupante, es la
manipulación antojadiza de los datos genéticos que realizan en Argentina las
Organizaciones de los derechos humanos.
Ana María di Lonardo es una de las
genetistas más reconocidas de la Argentina. Se la pasó toda la vida estudiando
e investigando. Científica de fuste internacional, fue una de las creadoras del
Banco Nacional de Datos Genéticos, donde las Abuelas de Plaza de Mayo
intentaron reunir las muestras de ADN de los supuestos 420 chicos “apropiados sistemáticamente” en los 70.
Pasaron los años, se realizaron
intensas campañas, todo el Estado a disposición, pero resulta que 30 años
después, el Banco Nacional de Datos Genéticos sigue incompleto. Por alguna
razón, los supuestos familiares de los supuestos 420 chicos apropiados, nunca
se han presentado para dejar en el Banco sus datos genéticos.
¿Desalmados?, ¿descreídos?... no creo.
La opción más probable, es que el número de 420 chicos apropiados, número
necesario (aunque no suficiente) para un supuesto “plan sistemático de apropiación de bebés”, sea una mentira.
Fue la mismísima doctora Di Lonardo la
que tiró la primera piedra hace unos años. La reconocida genetista argentina se
quejaba del apuro y las presiones de las Abuelas de Plaza de Mayo para obtener
los resultados de ADN. Di Lonardo llamaba a la serenidad y la paciencia,
sabiendo la complejidad de la labor técnica.
Y el idilio “genetista seria – Abuelas en apuros”, terminó el día que la doctora
declaró al diario Clarín: “Hoy por hoy,
el banco nacional de datos genéticos está incompleto. De los 420 casos de
nietos a recuperar, sólo hay posibilidad de reconstruir la identidad de unos
100. Necesitamos hacer una campaña para que los familiares también se acerquen
a dar su ADN". Bastó una verdad irrefutable, para que las Abuelas se
comieran al lobo.
¿Imaginen quién salió públicamente a
desmentir técnicamente a la genetista más importante de Argentina?... así es,
Estela Barnes de Carlotto: “Lo que
declara la doctora Di Lonardo es totalmente falso, en el banco de datos
genéticos está toda la información de las familias que se necesitan”.
A la eminente genetista le dieron la
jubilación, y desde entonces trabaja en su fundación científica… y la Abuela
sabelotodo, tras desmentir a la científica, sigue regenteando en las sombras
los datos del Banco Nacional de datos Genéticos su antojo.
SERIAS
ACUSACIONES
Y hablamos de ADN, y volvemos entonces
al caso Rei.
Declara Alejandro, el “niño hombre” supuestamente apropiado.
Alejandro afirma en el juicio que el cepillo de dientes que secuestraron por la
fuerza de su casa para extraer ADN, no era un cepillo suyo, sino que era un
cepillo de su padre detenido, que él había traído de Campo de Mayo. Declara
Alejandro además, que un secretario de la jueza María Romilda Servini de
Cubría, le ofreció archivar su causa a cambio de 250.000 pesos…y declara
también que la mismísima jueza le pidió: “Aceptá
esta familia aunque sepamos que no son”.
Pobre Alejandro. Declara convencido de
que el tribunal lo escucha. Ya caerá en la cuenta de la trampa. Más adelante.
Por ahora, los que mañana le clavarán el puñal, lo adulan. Todavía les sirve.
Triste el periodismo argentino. El
órgano oficial de difusión, el diario Página 12, publica una crónica del
juicio. Pero no toma en serio las declaraciones de Alejandro, se mofa de Rei,
el acusado por los Organismos de Derechos Humanos, minimiza las increíbles
denuncias contra la justicia que vertidas en los distintos testimonios, y toma
como serias, las historias increíbles y contradictorias de Chela, “la abuela orgullosa”.
Pero lo que Alejandro declara, eso que
a la justicia le entra por una oreja y le sale por la otra, esa declaración de
la que se mofan los periodistas adictos, y de la que ríen nerviosos los de las
Orga de los derechos humanos de Argentina, no tiene nada de descabellado. De
hecho, ya pasó antes en su mismo caso. Cuando la familia Sandoval Fontana
juraba que buscaban a una nieta. Cuando la familia Sandoval Fontana se apropió
de una nieta y la festejó como propia sabiéndola ajena.
EL
CASO MANCUSO...O EL PAPELÓN DE LA CARLOTTO
Y pasó a fines del año pasado con la
familia Mancuso. Con su mejor cara de piedra, la titular de Abuelas de Plaza de
Mayo tomó la palabra en la conferencia de prensa, y anunció la recuperación del
nieto número 94. Flashes. Aplausos.
Durante 5 años, Carlos y Dora Mancuso
estuvieron acusados de haberse “apropiado”
de su propio hijo. El caso de los Mancuso es un caso que también quedará en los
anales de los papelones de la justicia Argentina. Durante 5 años, la justicia
los acusó de haberse apropiado de su hijo biológico. Aunque usted… no lo crea.
Como Carlos Mancuso fue piloto del
Servicio Penitenciario en los 70, las “orga”
de los derechos humanos de Argentina, inventaron una denuncia anónima sobre la
supuesta apropiación de su hijo. Durante 5 años, a Carlos Mancuso lo trataron
de: Apropiador, torturador, genocida, represor, integrante de grupos de
tareas…durante 5 años, Jorgelina Azzarri de Pereyra, juró ser la abuela del
hijo biológico de los Mancuso.
Los Mancuso sometieron voluntariamente
a su hijo Ignacio a un examen genético en el Cuerpo Médico Forense, con la
participación del Primer Centro Argentino de Inmunogenética (PRICAI-Fundación
Favaloro). El análisis arrojó como resultado un lazo de sangre con sus padres,
Carlos Ángel y Dora Ignacia Jiménez, del 99,9999999 por ciento. ¿Imaginen por
qué objetaron las Abuelas de Plaza de Mayo dicho estudio?... efectivamente,
porque el estudio no se había realizado en el Banco de Datos Genéticos (BNDG)
que funciona en el hospital Durand, y de la que Abuelas integra la Comisión.
Pero hay un dato en el caso Mancuso,
que demuestra hasta donde llega la manipulación de la justicia por parte de
estas organizaciones Argentinas de derechos humanos: Mientras acusaban a los
Mancuso de apropiarse del nieto de Jorgelina Azzarri de Pereyra en el Juzgado
Federal nro. 5 del Dr. Oyarbide, paralelamente, impulsaban otra causa por el
mismo nieto en el juzgado del Dr. Jorge Ballesteros.
Al final, el día que con bombos y
platillos las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la “recuperación” del nieto número 94, el nieto de Jorgelina Azzarri,
los Mancuso se enteraron por la televisión que el supuesto nieto de Azzarri era
alguien investigado en el juzgado de Ballesteros, causa de la que ellos nunca
tuvieron noticia. Los Mancuso no salían de su asombro. No entendían qué pasaba.
¿Cómo podía pasar?
Se quedaron además con esa sensación
amarga que le queda a toda persona de bien que espera las disculpas sinceras de
aquél que se equivocó.
Pero Estela de Carlotto no es de esa
madera. No dijo una sola palabra. Anunció al nieto recuperado en el juzgado de
Ballesteros… y apeló el sobreseimiento que el juez Oyarbide dispuso sobre los
Mancuso. “No es de Azzarri, pero puede
ser de otro”, dijo con soberbia la Carlotto.
SE
VIENE...SE VIENE
Señores, las Abuelas de Plaza de Mayo
se acercan con sus anuncios de nietos recuperados, a ese número fronterizo que
es el número 100. La genetista más importante de Argentina, sostiene que en el
banco de datos genéticos no hay material para mucho más. Claro que la doctora
habla de rigor científico.
Pero viendo la manera impune como se
manejan las “orgas” de derechos
humanos en Argentina, más allá del rigor científico, y con o sin material serio
para comparar ADN, las Abuelas de Plaza de Mayo tienen perfectamente delineado
su “plan sistemático de apropiación de
identidades”. Y hacia ahí van…