jueves, 8 de noviembre de 2012

NO LE ECHEMOS TODA LA CULPA A LA PRESIDENTE

En esta cada vez más intricada y confusa relación entre el Estado y el Gobierno aunados a la lamentable y  ya más que prolongada pérdida de rumbo y objetivos y la aparición de jóvenes torpes y inexperientes en el horizonte político, hacen que el deterioro y declinación de nuestro país deja entrever un final realmente negro.

A ello habría que adicionarle la vulneración permanente de las leyes y la Constitución Nacional. El país republicano que prevé nuestra Carta Magna solo existe en la ficción. Las más importantes instituciones solo conservan su fachada, en realidad prácticamente no existen. Hay infinidad de ejemplos que se podrían citar, desde FF.AA. sin capacidad operativa, hasta un Poder Judicial complaciente, que en muchísimos casos es absolutamente funcional al gobierno.

Con la información oficial tergiversada groseramente, sin transparencia de los actos del gobierno y con los medios de expresión presionados y amenazados, todo hace ver que esta pseudo democracia está en su recta final.

Todos culpan de esta declinación a la presidente. Obviamente ella tiene parte de la responsabilidad y culpa de este estado de cosas. Pero no es la responsable de toda esta situación.

La Constitución tiene mecanismos que prevén que es lo que hay que hacer en estos casos, y que simplemente por intereses personales y espurios no se aplica.

En la oposición política prácticamente una sola voz se alza con claridad y precisión sobre la presidente y la actual situación del país. Una voz desacreditada por otras cuestiones, pero que tiene el coraje de decir las cosas tal cual son. A esta solitaria voz se suma la de un periodista que muestra en su programa televisivo, objetivamente, la miseria, los excesos y la corrupción en nuestro país. Por supuesto hay otras voces similares, pero que no tienen la llegada masiva de los nombrados anteriormente.

Ante tanta mentira, tergiversación y engaños, que por otro lado, son tan torpes y escandalosos que cualquiera se puede dar cuenta, ante tanta falta de credibilidad, es absolutamente lógico que uno arribe a sus propias conclusiones en base a las informaciones que se obtienen en los medios. ¿Por qué afirmo que la presidente no tiene toda la culpa?

La presidente es una persona muy enferma, fuertemente presionada por los graves problemas de su cargo y fuertemente alterada por el stress cotidiano.

Ello no hace más que complicar la enfermedad que la mandataria ya padecía cuando comenzó su primera gestión presidencial.  Me refiero al trastorno bipolar, también llamado psicosis maníaco depresiva o trastorno afectivo bipolar.

Esta patología presenta frecuentes estados ciclotímicos, al alternar raptos de alegría y euforia y momentos de irritación y profunda depresión. Las fases de exaltación, alegría desenfrenada o irritabilidad y grosería, alternan con otros episodios en que la persona está con depresiones intensas, con bajo estado de ánimo, incapacidad para disfrutar, falta de energía, ideas negativas y, en casos graves, ideas de suicidio.

En estos últimos, estaría impedida de razonar coherentemente y adoptar decisiones adecuadas.

Estos estados de ánimo son claramente evidentes y visibles en las frecuentes apariciones públicas de la presidente. Esta enfermedad esta contraindica con el stress. Al soportar una persona el stress máximo puede entrar en pequeños lapsos de ataques psicóticos (locura temporal que desvirtúa la realidad).

Pero no solo la patología que presenta Cristina afecta la gobernabilidad de la presidente. Sus problemas en su vida privada inciden fuertemente. Recordemos que el matrimonio de los Kirchner no era precisamente un ejemplo de matrimonio bien avenido. Casi una ficción, por sus violentas discusiones y numerosas infidelidades mutuas. Más que un matrimonio era prácticamente una unión de conveniencia política  y económica. Sumémosle la enfermedad de su hermana Giselle, su hijo Máximo, que a los 35 años de edad,  su curriculum muestra solamente una página en blanco y su fotografía, que por cierto, no le favorece en absoluto. (No se habla de sus adicciones), su hija Florencia vaya a saber por dónde anda estudiando cine.

Y si esto fuera poco, sumémosle el temperamento y fuerte carácter de la presidente. Se dice que el fallecimiento de Kirchner se debió precisamente a una fuerte y violentísima disputa que habría tenido el matrimonio esa fatídica noche (¿Será Cristina y no Moyano la que fulminó a Kirchner?)

A ello se suma su preocupación por su personal futuro. Las perspectivas son muy angustiosas.

Resumiendo, un verdadero cóctel que atenta directamente contra la estabilidad emocional, el equilibrio, la mesura, la paz interior, la moderación que debe tener un gobernante.

Y todo se traduce en decisiones políticas alocadas, verdaderos  gruesos errores y torpezas mayúsculas.

Y a todo lo mencionado habría que agregarle que Cristina en realidad sabe que está impedida psíquicamente para ejercer el Poder y no encuentra el apoyo necesario que en vida le proporcionaba Néstor. Antes era una marioneta en manos de su esposo. Ahora es una marioneta en manos de inescrupulosos, que aprovechando la situación originan los increíbles dislates gubernamentales.

Ahora está gravemente enferma, sola, sin nadie en quien confiar y rodeada de gente interesada en que siga en su cargo. Está realmente incapacitada para sus importantes funciones.

En todos los niveles del gobierno existe la preocupada certeza de que Cristina de Kirchner se encuentra muy enferma y por cierto incapacitada. De dejar la presidente el sillón de Rivadavia, todo su entorno y los funcionarios designados seguramente deberán dejar sus cargos y  muchos de ellos empezarán su desfile por los juzgados.

Lo que no se entiende es porque los funcionarios electivos, aquellos que fueron elegidos en los comicios, sabiendo que el país está totalmente a la deriva y el final se está convirtiendo cada vez más en una certeza más que probable, no actúan en consecuencia.

Fundamentalmente me refiero a los legisladores, ya que de abandonar Cristina la presidencia no afectará la estabilidad de los mismos en sus cargos. Por otro lado es la obligación del Poder Legislativo entender en situaciones de esta naturaleza.

El poder sin límites del kirchnerismo, sus proyectos hegemónicos, sus atropellos a todo que se le oponga, su “revolución” social, su “modelo” económico de acumulación y "distribución del ingreso", su capitalismo de amigos disfrazado de Justicia Social, todo, absolutamente todo, se estaba derrumbando y ya no hay retroceso posible en esta caída.

Solo la intervención del Poder Legislativo y el Poder Judicial podrán minimizar los costos y daños para el país.

La única posibilidad de recuperarnos en cierta medida es volver a que las instituciones republicanas vuelvan a funcionar y pongan coto a los delirios del Poder Ejecutivo. Ya estamos en los últimos puestos en varios parámetros socios económicos. Ya no contamos con el tibio apoyo de las organizaciones internacionales a las cuales pertenecemos. Ya no estamos por caer del mundo. En realidad ya nos caímos.

Hablemos claro. La “hipotensión arterial” de la presidente oculta indudablemente su manifiesta incapacidad de afrontar sus obligaciones razonablemente.

07-11-12

Dr. ALFREDO RAÚL WEINSTABL
alfredo@weinstabl.com.ar