miércoles, 14 de septiembre de 2016

LA GRAN PREGUNTA DE JORGE LANATA

por Carlos E. Viana • 12/09/2016

“El valor predominante en la República es la virtud”, Montesquieu.

“¿Qué nos está pasando?” Inquirió Jorge Lanata. Se refería a la muerte de un delincuente ejecutado por un médico en medio de un asalto. Lanata es un periodista inteligente. Él sabe la repuesta. Pienso que dejó la pregunta flotando al estilo socrático.

El huevo de la serpiente

La violencia no es un fenómeno que surgió por generación espontánea en Argentina es ya un producto cultural.

Fijémonos en algunas expresiones de periodistas que admiro, como las de Jorge Castro: “El asesinato cometido por el médico”, cuando por otra parte siempre dice, “la muerte del Fiscal Nisman”. Tato Young también dice, “la muerte”, no el asesinato del Fiscal y muchos otros periodistas notables hacen lo mismo, pero para ellos el médico ya fue juzgado y es un asesino.

Los sobreentendidos son para gente inteligente, dijo Ortega y Gasset.

La violencia en Argentina tiene una profundidad que lamentablemente comienza a ser histórica y tiene como sustento gran parte de un pueblo que progresivamente debido en parte a la ejemplaridad de su clase política ha perdido la moral.

Asesinatos políticos hubo siempre en nuestra historia, pero desde los 1.880, estos fueron limitados y nunca se hizo la apología pública de los mismos. El crimen era un crimen le tocara a quien le tocara y era universalmente condenado y el asesino era precisamente eso y no un automático producto social ¿Hasta cuándo existió ese toque de pudor y moral?

La apología del crimen

Las guerras dejan por lo general secuelas de delincuencia.

Sin embargo, en los setenta, las organizaciones subversivas hicieron una intensa en apología de sus asesinatos, como por ejemplo lo planeaba Laura Estela Carlotto, desde el grupo de propaganda de Montoneros, burlándose de los muertos, mientras otros brindaban con champagne después de un macabro asesinato. Así se ensalzaron como una hazaña, los atentados contra el comedor de la Policía Federal, 23 muertos; contra un salón del Ministerio de Defensa, 15 muertos, contra el departamento del Almirante Lambruschini, su hija de 15 años asesinada; el ataque a varios cuarteles del ejército, con soldados conscriptos desarmados, de 18 años ultimados cruelmente y todo esto era publicitado como un triunfo militar del socialismo.

Estos heroicos guerrilleros, mataron a más de 29 niños, que descansan en la paz del olvido, mientras se exalta públicamente a sus asesinos y encima se los indemniza. Ellos asesinaron a más de 2000 argentinos que no pensaban como ellos o cometían el error de pasar por el lugar equivocado.

Más allá de estas víctimas olvidadas, esta apología de la violencia, esta burla sobre los asesinados es lo que se proyectó hasta la actualidad.

La repuesta a estos ataques, en medio de la Guerra Fría que en Argentina fue caliente, desató una repuesta con más muertos, algunos inocentes. La guerra en sí es un exceso y sus consecuencias son una baja de la moralidad de la población, especialmente cuando se da además, en grupos que están en el seno de la sociedad. Esta apología burlesca del crimen político, fue el comienzo, pero tuvo una continuidad en la impunidad de la delincuencia.

Políticas abolicionistas

A mediados de 1994, a pocos meses de obtener el gobierno, Raúl Alfonsín lanzo una ley que daba el dos por uno para los delincuentes comunes y el tres por uno para los subversivos. El Jefe de la Policía Federal, en ese momento, reconoció que está medida aumento el número de delitos. Algunos de los liberados habían sido los asesinos de María Cristina Viola de solo tres años de edad.

Carlos Saúl Menem lanzó otra amnistía para delincuentes y los gobernadores otorgan generosamente, conmutaciones de penas, que sumadas resultan en la libertad antes de término de delincuentes peligrosos. Tampoco se preocupó aquel gobierno, por el narcotráfico, ni la drogadicción.

La responsabilidad política

El Código Penal es antiguo y no contempla el desarrollo de la conciencia en los jóvenes, que nos lleva a concluir que considerar inimputable a un menor de 14 años, es ignorar la realidad que estos tienen conciencia del bien y el mal, pero más allá de esto permite que mayores los usen y arriesguen para cometer crímenes de manera reiterada y con gran número de víctimas como lo sostiene el Fiscal Marcelo Romero: “el incremento en la participación de los menores en la criminalidad es un dato insoslayable: robo con armas, homicidios, violaciones, castigos innecesarios a víctimas indefensas”.

Claudio Mazaira, abogado de la “Asociación Madres del Dolor” dice que el artículo 4 de la ley 22.278: “otorga la potestad al tribunal de menores para que luego de realizado un proceso judicial que termina con el dictado de una sentencia, se celebre una audiencia con un asesor de menores y se pueda bajar la pena, otorgar libertad condicional o hasta determinar la absolución”.

Resultado menores asesinos sueltos y crímenes reiterados.

Es incomprensible la resistencia del Congreso de la Nación y del gobierno pasado para encarar una reforma del Código Penal, porque hay una lógica irrefutable, asesino preso, no puede volver a matar.

La fuerzas de seguridad, recién ahora en el ámbito federal, están siendo moralizadas, pero una vez que se logre esto se les debe dar facultades para puedan enfrentar a los delincuentes sin el temor de ser sancionados porque actúen legítimamente en defensa propia y de la seguridad de los habitantes.

Los jueces

La mayoría se han olvidado de los derechos humanos de las víctimas y de los ciudadanos honestos, pero están muy preocupados por los derechos de los delincuentes.

La doctrina abolicionista sostenida por el Dr. Zaffaroni y el Dr. Gil Laavedra y otros ex jueces relevantes, ha sido funcional para más de 30.000 asesinatos desde las elecciones de 1.983 y no digo desde la democracia, porque llamarle a esto democracia, es insultar este nombre que debe enaltecer a un régimen por la seguridad que da ala libertad de todos sus ciudadanos. Esta cifra es más de la mitad de los soldados que perdió Estados Unidos en la guerra de Vietman.

Narcotráfico y drogadicción

El Ministro del Interior, Antonio Troccolli, inocentemente, no se percató que abrir las fronteras del noroeste, facilitaba el narcotráfico. El gobierno santafesino de Vernet y su ministro Cevallo, obviaron cualquier política preventiva contra los narcos y el nudo de la Ruta 34 y Río Paraná, que se unen el frente portuario Pto. San Martín, San Lorenzo, fue se transformó en la conexión de salida, aún vigente y aumentada, de la cocaína hacia el mundo.

El peronismo del gobernador Obeid y ahora los gobiernos socialistas, contemplaron las guerras narcos y es difícil de creer que no pudieron y no pueden controlar la Policía después de 14 años, desde Obeid hasta ahora, y me refiero tanto al gobierno como a una oposición, que no hace nada en la Provincia de Santa Fe. ¿Porque Lifschitz se opone a que el Poder Ejecutivo Nacional tome el mando de la Policía de Santa Fe? ¿Pero es Santa Fe una excepción?

Deberían imitar a la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, que si se ha empeñado en una política para moralizar a su policía.

La impunidad el narcotráfico, la guerra entre bandas y uno de sus productos la drogadicción, ha hecho a los delincuentes más insensibles, llevados por una cultura del delito matan con gusto por placer. Muchos jueces que en algunos casos no solo han interpretado mal la Constitución, sino que ilegítimamente la han reformado, lo han hecho favoreciendo la impunidad delictiva.

Los ciudadanos armados y la dignidad

Volviendo al caso del médico que mato al delincuente que lo quiso asaltar, es probable que no haya dicho la verdad públicamente, pero que va a decir cuando está en manos de un juez abolicionista que lo imputo apresuradamente de asesinato agravado de un delincuente con antecedentes.

Más allá del valor de su auto está el coraje de este honesto médico, que vive de su trabajo que ha sido asaltado varias veces y que ya había tenido que mudar a su familia a otro domicilio. Este hombre defendió su honor, o es que se han olvidado que un hombre libre no tiene porqué someterse por una cuestión de dignidad a quien lo quiere someter agredir o matar. ¿No hay más machos en Argentina? No estamos en Suiza o en Alemania, sino en un país devastado por la corrupción de varios gobiernos de delincuentes, que han sembrado su trágico ejemplo.

Muy sucintamente hemos pasado revista a como se construyó esta cultura de la violencia, la historia es mucho más larga y truculenta.

Lo cierto es que cada vez adquiere más valor Cambalache, que en Argentina superó al Siglo XX y ahora está más vigente que nunca en pleno Siglo XXI.

Carlos E. Viana