domingo, 4 de marzo de 2012

2ª Entrevista Exclusiva

Jorge Rafael Videla


 “No salimos a cazar pajaritos,
sino al terrorismo
y a los subversivos

                                                           
En esta segunda entrega de la entrevista concedida en exclusiva a CAMBIO16, el exdictador, lejos de moderar sus declaraciones, persiste en mantener una visión radical de sus actuaciones al frente del país y no se arrepiente de la “caza al terrorista” que causó miles de desaparecidos

Tras la publicación de la primera parte de esta entrevista en Cambio16, en Argentina se armó un revuelo de proporciones inimaginables. Cierta izquierda, que supuestamente dice defender los derechos humanos y los valores democrático, incluso llegó a censurar a quien suscribe estas líneas por haber entrevistado al general Jorge Rafael Videla, en un ejercicio por tratar de imponer la autocensura y el silencio acerca de los sucesos que acontecieron en Argentina en las décadas pasadas. El comienzo de la censura es el inicio del totalitarismo. Quien teme a la verdad e impone un discurso basado en el pensamiento único sin posibilidad de objetarlo está defendiendo una forma de dictadura sutil, supuestamente inocente y anclada en las ‘verdades’ oficiales aceptadas por todos; pero, en definitiva, estamos ante una nueva forma de dictadura bajo ligeros ropajes democráticos.


La crisis Argentina de la década de los setenta 
¿Cómo juzga a la figura de Héctor Cámpora (1973)?

Los jóvenes peronistas más radicales le llaman al presidente el “tío  Cámpora”, lo cual revela la afinidad entre este sector del movimiento con el presidente. Centenares de montoneros que habían perpetrado delitos y habían sido arrestados por las fuerzas de seguridad salen en libertad por decisión del presidente Cámpora. Esta gente, desde luego, no sale arrepentida ni con deseos de integrarse en el sistema democrático, sino directamente con la idea de continuar con la revolución y seguir por la vía violenta, incluso matando.

Simultáneamente a estos hechos, el Congreso refrenda ese indulto y queda, digamos, legalizado de facto. Ni que decir tiene que estos jóvenes estaban armados e iban a continuar por la vía violenta su objetivo de hacer la revolución.

Amnistía y olvido quedaban así refrendados. Ese fue el comienzo de los hechos que vinieron después; Perón no estaba en el país y, cuando tuvo conocimiento de los hechos, parece que no le agradaron. Estos jóvenes no actuaban de acuerdo con los principios que tenía Perón, que pasaban más por un reencuentro, un acuerdo entre todos los argentinos para solucionar los problemas, y tampoco estaban en la línea de su pensamiento.

Este desacuerdo se confirma cuando llega Perón a Argentina y no puede aterrizar donde estaba previsto, debido a que se había desatado una batalla campal donde estaba programado aterrizar y porque los propios peronistas se habían enfrentado entre ellos por el liderazgo del movimiento; se habla de que hubo entre un centenar y dos centenares de muertos.

La recepción a Perón degeneró en un enfrentamiento entre la derecha y la izquierda del peronismo por monopolizar la figura del líder y controlarlo durante su llegada.

Y el liderazgo, siguiendo sus patrones, tenía que dirimirse por  la fuerza de las armas. El avión de Perón tiene que aterrizar en un aeropuerto militar por razones de seguridad y le recibe el vicepresidente que estaba en Buenos Aires.

Perón toma conciencia de que las cosas no le van a resultar tan fáciles como él pensaba y que está juventud maravillosa de antes le iba a traer problemas; tendría que tomar medidas para evitar que la situación se desbordase y ya toma posiciones, considerando que estos jóvenes no eran tan idealistas sino revolucionarios, claramente. Tiempo después, consciente de la situación tan adversa que asume, provoca la renuncia de Cámpora y se hace un llamado a elecciones, en donde Perón sale elegido mayoritariamente con su esposa como vicepresidente. Perón, en esas elecciones, sale elegido con un alto porcentaje de votos, más del 62% del censo, y decide poner orden en un estado de cosas y en un movimiento que ya no compartía sus ideas.


Videla cree que Perón no controlaba aún la situación tras la muerte de José Ignacio Rucci

Hay un episodio que lo conmueve a Perón, que es el atentado contra el dirigente gremial José Ignacio Rucci, que es asesinado y ahí, el presidente dice: “Me cortaron las piernas”. Fue un acto doloroso y mostraba que Perón no dominaba todavía la situación, mostrando a las claras que el oponente ya no tenía miramientos y estaba dispuesto a llegar hasta el final. Perón, entonces, en una reunión secreta con los dirigentes peronistas, en Olivos, da a entender a través de una directiva que se acabaron los miramientos hacia estos actos y que había acabar de una vez, incluso por la violencia, respondiendo a este tipo de acciones violentas y terroristas.

Esta decisión dio lugar a que se produjeran una serie de acciones encubiertas. Y lamentablemente la mano ejecutora de este grupo que operaba bajo las órdenes y el consentimiento de Perón era el ministro de Bienestar Social, José López Rega, que organiza la Triple A, las famosas tres A (Alianza Anticomunista Argentina), un hombre de confianza del presidente que se dedica a ejecutar las órdenes que le da el viejo general y que no siempre se atienen a la legalidad. De esta manera, se van dando los primeros pasos y pone orden en el país, pero, sin embargo, el líder ya no es el de antes y tiene la salud muy desgastada.

Hasta el último aliento da todos sus esfuerzos por normalizar y por trabajar en su proyecto, que desde luego no era el de los jóvenes “idealistas”, sino el de normalizar el país de una vez por todas tras los excesos cometidos.

Mará Estela Martínez de Perón, expresidenta de Argentina
¿Como juzga el papel de María Estela en todos estos acontecimientos?

El general Jorge Rafael Videla, tras María Estela Martínez de Perón

Perón muere y le sucede automáticamente su mujer, María Estela Martínez de Perón, tal como se preveía legalmente. La mujer de Perón, desde luego, no estaba preparada para ser presidenta, y mucho menos en las circunstancias en las que estaba viviendo el país.

Para afrontar la situación que vivíamos, se necesitaba carácter, conocimiento, capacidad para tomar decisiones y prestigio, rasgos de los que carecía totalmente esta señora. El gobierno de María Estela va perdiendo fuerza. Era una buena alumna de Perón, eso sí, ya que desde el punto de vista ideológico se situaba en la extrema derecha del peronismo y el marxismo le provoca un rechazo total.

En un almuerzo con varios generales, una treintena si mal no recuerdo, llegó a ser muy dura con el marxismo. En ese sentido, no quedaban dudas de que la dirección ideológica estaba encaminada, pero le faltaban fuerzas y conocimientos para llevar a cabo el combate, la lucha, y poner orden.

Incluso para poner coto a las actividades de López Rega, que mataba por razones ideológicas, pero que también lo hacía por otras razones para cobrarse algunas cuentas pendientes. La situación, como ya he dicho antes, era muy difícil, reinaba un gran desorden. A Isabel se le hizo saber este estado de cosas y destituye finalmente a López Rega, que lo envía de embajador itinerante al exterior. Así se cumplía el deseo de muchos, entre los que me encontraba, que no queríamos que este hombre siguiera al frente de sus responsabilidades.

La acción del terrorismo sigue por su cuenta. Aquel calificativo de que eran “jóvenes idealistas” por pensar distinto hasta el extremo de masacrarlos quedó en evidencia, era una vulgar patraña.

Esta gente estaba entrenada en el exterior, principalmente en Cuba, Siria, Libia y otros países, y luego dentro del país con instructores foráneos; además tenían armamentos y equipos de alto nivel ofensivo, incluso de tecnologías avanzadas. Todo ello reforzado con fábricas de armas y explosivos que llegaron a operar y tener dentro del territorio argentino. Tenían capacidad para matar y hacer daño a la sociedad argentina. Como remate a toda esta estructura, estaba la crueldad que les distinguía, no eran ángeles sino terroristas.

Incluso la revista Time, en un artículo de la época, establecía que si comparábamos a terroristas argentinos, alemanes e italianos, en términos de crueldad, los europeos eran infinitamente más humanos que los de nuestro país.

Huelgan más comentarios. Con esos “jóvenes idealistas” y sus crueles métodos nos teníamos que enfrentar entonces.

Así llegamos a finales de agosto de 1975, en que soy nombrado Comandante en Jefe del ejército argentino, y en los primeros días del mes de octubre, a principios, somos invitados los comandantes de las tres fuerzas a una reunión de gobierno presidida por Italo Luder, que ejercía como presidente por enfermedad de María Estela, en las que se nos pide nuestra opinión y qué hacer frente a la desmesura que había tomado el curso del país frente a estas acciones terroristas.

Con acuerdo de las otras dos fuerzas, yo hube de exponer cuatro cursos de acción, que no viene al caso detallar ahora, que culminó con la selección de parte del doctor Luder del cuarto curso de acción, que era el más riesgoso, en cuanto que confería más libertad de acción, pero que garantizaba en no más de un año y medio que el terrorismo sería derrotado.

Los cursos de acción del 1 al 3 eran más contemplativos, pautados con el fin de evitar errores, pero –de ser seguidos– irían a dilatar sin término el caos en el que se vivía.

El acuerdo se firmaba, bajo estos decretos, para combatir el terrorismo en todas sus formas y hasta el aniquilamiento definitivo; por otras razones, más tarde, cuando fuimos juzgados, se le preguntó a Luder por el término aniquilar e hizo un excelente exposición en términos semánticos sobre la cuestión, que se resume en reducir a la nada; no tiene otra interpretación. A partir de ese momento, de hecho y de derecho, el país entra en una guerra, pues no salimos como Fuerzas Armadas a cazar pajaritos, sino a combatir al terrorismo y a los subversivos.

Estamos preparados, como militares, para matar o morir, estábamos en una guerra ante un enemigo implacable, aunque no mediara una agresión formal, estábamos en una lucha. Así, a principios de octubre de ese año, entramos en una guerra de una forma clara. Desde el punto de vista del planeamiento no fue sorpresa porque el ejército ya jugaba con hipótesis de conflicto, una de las cuales era un desborde sorpresivo terrorista que sobrepasara a las fuerzas de seguridad y que se tuvieran que emplear a las Fuerzas Armadas para detener la amenaza. Teníamos esa contingencia prevista y, ante tal eventualidad, lo único que teníamos que hacer era salir a luchar con los planes previstos.

El Proceso de Reorganización Nacional
¿Qué lograron en términos económicos durante el llamado Proceso
de Reorganización Nacional (1976-1982) que usted lideró?
En lo económico, también se había mejorado, aunque teníamos riesgos inflacionarios que no voy a ocultar ni minimizar. Pero sí se había logrado la confianza del exterior, sobre todo a través de créditos para la Argentina para remozar el aparato productivo del país que estaba seriamente desatendido. Había, además, una gran paz social y se aceptó, mediante un acuerdo con los gremios, que los salarios estuvieran sujetos a la productividad y no a otros elementos; el que más trabaja más ganaba, simplemente.

Teníamos un desempleo peligroso, podemos decir, pero no alto, del 2,5%. Digo peligroso porque no permitía flexibilidad en el mercado de trabajo. Y la clase política no daba muestras ni ansiedad de que el periodo se agotase y se iniciase una nueva etapa política; nos seguían con atención y desconocían cómo había sido la guerra, que parecía haber ocurrido en una nebulosa. Los políticos no querían meterse mucho en estos asuntos y los dejaban para aquellos que manejaban la seguridad del país, responsabilidad que recaía en nosotros en aquellos momentos.

Entonces, y volviendo a los retos planteados tras el 24 de marzo de 1974, si el Proceso había cumplido sus objetivos, ¿por qué no abandonaron el poder?
El Proceso había cumplido sus objetivos a mediados del año 1978, este es un punto crucial que quiero destacar. La pregunta era: si el Proceso había cumplido sus objetivos, ¿por que no darlo por terminado? No había otra razón de ser, las cosas ya se habían hecho. O había que darle otro sentido. Y si así era, el Proceso iba a languidecer porque no tenía otra razón de ser en aquellos momentos.

Nunca se planteó oficialmente esta cuestión que era crucial y fundamental. Había un sector perfeccionista de las Fuerzas Armadas que decía que ahora las cosas están bien y vamos a embarcarnos en otros problemas, a seguir trabajando hasta que las cosas sean perfectas, pero no era así, creo yo, porque los hombres no llegan nunca a la perfección absoluta. Los hombres no son perfectos, solo Dios lo es.

Era tan sólo una forma de justificar el quedarse en el poder por quedarse. Y había un sector que decía que a este Proceso que habíamos
comenzado había que darle otra razón de ser.

¿Hablamos, entonces, de que las Fuerzas Armadas estaban divididas en ese momento?
Este asunto sobre la naturaleza del Proceso no fue tratado oficialmente, pero el debate estaba ahí, subyacía esa división acerca de que dirección se quería tomar y había sus matices sobre cómo afrontar el futuro.

Había que dar otra naturaleza, otro contenido al Proceso, pero también estaba la posibilidad de abandonarlo de una forma definitiva. Luego estaba el conflicto con Chile por las islas del canal de Beagle, y tenga en cuenta que estuvimos a punto, en diciembre de 1978, de llegar a una guerra. También quedaba el camino de una salida política ordenada de un Proceso que se había mostrado exitoso en el desempeño de sus funciones; en ese momento se podía negociar desde una posición óptima. Yo mantenía que el Proceso, en esos momentos, tenía que ser capaz de dejar su descendencia, es decir, hacer política de una forma que las Fuerzas Armadas transcendieran más allá del periodo histórico que ya habíamos superado.

¿Cómo? Dejando la herencia de un Proceso exitoso a los políticos que eran nuestros aliados y amigos, ese era el camino de entonces que yo defendí. Pero hay hubo otros problemas, ya que la política se hace con ideas y con hombres; las ideas eran las del Proceso, que llevamos adelante, y luego estaban los hombres, que tienen nombre y apellidos.

Si en aquellos momentos se hubieran antepuesto los nombres y apellidos de algunos que estaban participando en el proceso, se hubiera
roto la cohesión de las Fuerzas Armadas y este era un valor que no podíamos poner en juego y arriesgar. No podíamos darnos el lujo de romper la cohesión de las Fuerzas Armadas, estaban todavía en juego muchas cosas. Lamentablemente, en ese dejar pasar el tiempo el Proceso en sí languideció y llegó muy desgastado, sin presión externa, hasta fines del año 1979, en que la Junta hizo públicas las bases políticas del Proceso y las sometía a la opinión de toda la comunidad argentina a cuyo frente se situaría el ministro del Interior de entonces para escuchar a todas las voces cualificadas de la sociedad argentina para consultarlos sobre esas bases o modificarlas. O, en su defecto, después de escuchar a todas las partes, enriquecerlas con nuevos aportes. Se trataba de establecer un diálogo productivo entre las autoridades y la sociedad argentina sobre estas bases políticas, pero había dos preguntas ineludibles:

1) ¿Si era conveniente la revisión del acuerdo en la guerra que habíamos librado contra la subversión?; y
2) ¿si estuvo justificado el levantamiento militar del 24 de marzo de 1976? La respuesta a la primera llegó al 70 por ciento y a la segunda al
80 por ciento del acuerdo nacional, respectivamente.

Las víctimas del terrorismo
¿Por qué ustedes no le dieron un reconocimiento a las víctimas del terrorismo en Argentina, cuando es un asunto importante y todavía no resuelto en su país?
Tiene usted razón, tenía que haberse abordado este asunto. El término víctima del terrorismo no fue tenido en cuenta, se veían muertos y víctimas por atentados, pero los consideramos víctimas como tales de estas acciones subversivas.

Hubo también secuestros y asesinados, pero nunca se les vio como víctimas del terrorismo.

En este momento, y visto con esta perspectiva, es algo que no se hizo.

Se reivindicó a los combatientes, también se trabajó en la reivindicación de los presos políticos, que somos nosotros, y ahora se trabaja en esta última reivindicación, en la de las víctimas del terrorismo. Al margen de los combatientes y muertos, y de los presos políticos que estamos pagando un servicio a la patria, faltaban las víctimas del terrorismo y hay ya gente que está trabajando en este asunto, en la búsqueda de esa reivindicación, aunque si bien es cierto que todavía no se ha tenido éxito en lograr ese justo y merecido reconocimiento a ese colectivo por el que usted pregunta. 

Videla critica que la presidenta de Argentina no persiga a las víctimas “del otro lado”

Es un trabajo en el que se lleva trabajando desde hace años, pero este gobierno se niega a reconocer sistemáticamente que existieran víctimas del otro lado, ya que si lo hiciera tendría que juzgar a los terroristas que produjeron aquellos hechos y actos que provocaron la existencia de víctimas. Fíjese que hasta en el gobierno de Menem había paridad y cierto respeto a las fuerzas de las dos partes que lucharon o se enfrentaron en aquellos años, incluso emite varios decretos que tienen una dirección simétrica hacia las dos partes.

Reconoce con exactos argumentos a las dos partes. Pero el gobierno actual se ha caracterizado por la asimetría y nos ha considerado solo a nosotros como la parte beligerante, como el demonio que tiene que ser condenado y encarcelado. El otro demonio, los terroristas o los guerrilleros, no existen, eran simplemente “jóvenes idealistas”. Y los esfuerzos que se han hecho en presentar casos de víctimas con nombres y apellidos siguen abiertos esperando el sueño de los justos; la justicia, en un caso, llegó hasta la segunda instancia, pero ahí se extinguió la acción y la lucha sigue. El gobierno sólo reconoce a las víctimas de una de las partes, pero les niega todos los derechos a la otra.

Hay un tema importante: ¿es cierto que se intentó recrear la Cámara Federal en lo penal y que no se encontraron jueces voluntarios?
Fue real, fue tal como dice. La comunidad judicial de entonces estaba amedrentada. A partir de la amnistía de Cámpora, que terminó con todos los condenados por actos violentos en la calle, los jueces, por el contrario, fueron asesinados, cesanteados y tiroteados.


Esa era la realidad de entonces, de antes de que llegáramos al gobierno.
Este asunto no se llegó a tratar oficialmente, pero quiero señalarle que tampoco se encontraban los jueces que quisieran trabajar en el desarrollo del proyecto. No se pudo hacer, simplemente. Aunque quiero decirle algo, los decretos de Luder nos dieron todo el poder y competencias para desarrollar nuestro trabajo e incluso excedían lo que habíamos pedido; Luder, prácticamente, nos había dado una licencia para matar, y se lo digo claramente. La realidad es que los decretos de octubre de 1975 nos dan esa licencia para matar que ya he dicho y casi no hubiera sido necesario dar el golpe de Estado.

El golpe de Estado viene dado por otras razones que ya expliqué antes, como el desgobierno y la anarquía a que habíamos llegado.

Podía desaparecer la nación argentina, estábamos en un peligro real. No es que los militares nos levantáramos un día de la cama y nos hubiéramos dicho: ¡vamos a ir de cacería o a matar “jóvenes idealistas”! Nada de eso, había otras razones de otra índole. Pero realmente Luder nos había dado para la guerra todas las formas y medios que necesitábamos, en nosotros estaba el ser prudentes o no, queriendo reconocer que en algunos casos hubo excesos.

El papel de las Juntas Militares
¿Por qué la Junta no dio instrucciones más precisas, incluso por escrito, de lo que estaba haciendo y de las órdenes que impartía?
Creo que órdenes existieron y fueron precisas, no puedo entrar en detalle ahora en todas ellas. Las órdenes estaban y los que las impartieron, que fueron asumidas por cada uno de los miembros de la cadena de la mando que las dieron. Creo, sinceramente, que fue así.

¿Cómo juzga al almirante Eduardo Massera? ¿tuvo diferencias con él?
Hubo diferencias, claro, él era esencialmente un hombre político, algo que yo no era. Era un hombre muy político, quizá se equivocó eligiendo la profesión de militar y se dedicó a la profesión equivocada.


¿No es sorprendente también que se hayan juzgado a oficiales y suboficiales que aquellos días tenían apenas una veintena de años o algo más?
Mire, yo digo que si el juzgado en este caso, independientemente de su edad, lo es en función de haberse excedido en el cumplimiento de una orden está bien juzgado.

Los demás, le aseguro, son todos juicios políticos, como parte de esa venganza, de esa revancha, como parte de ese castigo colectivo con que se quiere castigar a todas las Fuerzas Armadas. Este plan sigue una política gramsciana que esta gente cumple de punta a punta, disuadiendo a unas instituciones que han tomado como rehenes, creando desaparecidos que nunca existieron y vaciando de contenidos a la justicia. Hoy, la República está desaparecida, no tiene justicia porque la que tiene es un esqueleto sin relleno jurídico; el mismo parlamento no tiene contenidos, está compuesto por ganapanes que temen que les vayan a quitar el puesto y se venden al mejor postor. No hay nadie en la escena política con lucidez capaz de hacerles frente. El país tampoco tiene empresarios, porque están vendidos al poder. Hoy, las instituciones están muertas, paralizadas, mucho peor que en la época de María Estela Martínez de Perón. Lo que me permite decir que no tenemos República porque no tenemos a las grandes instituciones del Estado funcionando.

La justicia, el Congreso y las demás instituciones, por no hablar de otros aspectos, no existen; las realidades no son así.

El futuro del país
¿Cómo ve la Argentina de hoy, tiene esperanzas de que haya algún
cambio?
La suerte nuestra, la de los militares detenidos, está en que el país se encamine por otra dirección. Si el país cambia hacia otro rumbo, seguramente, no estaríamos presos.

Yo digo que estamos en una situación hoy muy negativa, totalmente negativa, hemos perdido una gran oportunidad en las últimas elecciones de sentar puntos de apoyo a una oposición sólida y que actuara responsablemente para cambiar este estado de cosas al que me refería antes. Hablo de un cambio, claro, por la vía democrática, ya no es el tiempo de los golpes de Estado, aunque tampoco habría Fuerzas Armadas para darlo ni vocación para hacerlo. Esta situación de inmediato no va a cambiar, lamentablemente, porque no veo el actor, el líder, y no creo en los iluminados.

La política se hace con hombres e ideas y ahora no los hay, ahora Argentina no los tiene.

No hay tampoco movimientos de opinión sistemáticos contra este gobierno, todos viven bajo el temor del qué dirán, de que les dejen hacer, en definitiva. Todo es miedo y temor, y vivimos permanentemente
bajo ese miedo. Y cuando una sociedad vive bajo el miedo no puede esperar que esté en un actitud de coraje para enfrentar un gobierno que de por sí no tiene reparos y no se detiene ante nada. Un gobierno arbitrario, con espíritu totalitario, y que no se detiene ante nada y ante nadie, que ha perdido la vergüenza y etcétera, etcétera, etcétera. Este es el panorama de la Argentina de hoy y de seguir, que todo parece que seguirá igual, permanecerá en el futuro inmediato.

No hay solución en el corto plazo. Luego está la pretensión permanente de seguir escarbando en el pasado, colocándonos a los militares en la vereda de enfrente como unos indeseables. Hay que comenzar a pensar en el futuro, pero sin concordia no hay futuro. En consecuencia, creo que tiene que haber un diálogo amplio y superador de todos los sectores de la opinión pública para lograr abandonar esos puntos de fricción que
están impidiendo en este momento esa concordia. Por ejemplo, hay que encontrar una solución para resolver el famoso problema de los desaparecidos y ofrecérsela a la sociedad argentina. Son una realidad, son un invento, son una especulación política o económica, ¿qué son realmente los desaparecidos?

Así sucede con otras cosas más que no han sido cerradas y siguen presentes en nuestra vida. Repito: ese diálogo tiene que blanquear esa situación conflictiva que vivimos hoy, superar a través de la concordia nuestras diferencias y tirar hacia adelante con un proyecto de nación basado en un proyecto de vida en común, algo que le falta a la Argentina de hoy. Lo que decía Ortega y Gasset: un proyecto de nación y de vida en común. ¿Qué político ha dicho lo que quiere para la Argentina de hoy? Nadie. Estamos en el puesto que ganamos sin ansias de cambiar nada. Tenemos que despertar, apagar las pasiones y mirar hacia el futuro con otras miras, pensando en los próximos diez años cuando menos. Y en ese encuentro que debe de buscar un punto en común para el diálogo hay que dejar de lado todas tensiones y rigideces que nos han paralizado.

A punto está de que en Argentina estamos sin oposición y un país no puede vivir sin oposición. Los que ejercen el gobierno lo hacen con pretensiones de crear un caudillato sin que nadie los critique y todo el mundo asienta. ¿Se saldrán con la suya?


El presente de Argentina bajo los Kirchner
¿En qué ha fallado este gobierno, qué le diría a los argentinos sobre el mismo?
Si algo tiene Argentina es su riqueza agropecuaria, somos o éramos el granero del mundo, y el agro ha sido borrado de la estructura nacional. Este gobierno ha asociado el campo con la oligarquía y como enemigo de ese socialismo que ellos pregonan, no podemos esperar de esta gente
una solución, la única vía es sacarlos del gobierno y no a través de un golpe de Estado, sino a través de los cauces democráticos.

Yo, en las últimas elecciones habidas en el país, esperaba a que apareciera un líder o un movimiento para hacer frente a lo que vivimos, que todos los dirigentes de la oposición se unieran para combatir esta lacra y salir hacia adelante, pero bueno, no apareció y no fue así. Quisiera ser optimista, pero no puedo, aunque siga peleando desde la cárcel, desde aquí. Quiero dar a conocer al mundo lo que pasa. La consigna del prisionero de guerra es la evasión, mientras que para el preso político la lucha es otra, que es el campo de la política y que es antipático quizá para los militares.

Hoy hay que ganar la guerra política a través de los mensajes y los medios de comunicación, y esa es nuestra función: no quedarnos de brazos cruzados.

Desde que está en prisión, ¿le visitan sus antiguos aliados y amigos, o lo han olvidado desde entonces?
Algunos, algunos, pero no pasan de cinco. Nuestra sociedad, que la componen también mis amigos, la argentina, fue la protagonista de la tremenda guerra que vivimos, porque era un combate contra la sociedad argentina y cambiarla a través del modelo marxista que preconizaban esos grupos alzados en armas. Ese proyecto estaba en plena expansión en América Latina y la sociedad argentina fue objeto y sujeto de ese proyecto totalitario.

Esa sociedad se defendió a través de su brazo armado de esa agresión que sufría de unos grupos armados bien conocidos. Luego está la figura del chivo expiatorio, que han sido los militares, y la sociedad argentina actuó de una forma cobarde y dejando abandonado a su ejército, que fue el principal actor en ese conflicto defendiendo a su país de esa verdadera agresión.


Las fuerzas armadas argentinas hoy
¿Cómo se explica ese proceso de destrucción de las Fuerzas Armadas y de indefensión de la Argentina que denuncian algunos militares?
Porque es la revancha de los derrotados, de los “jóvenes idealistas” de Perón, que no lograron sus objetivos, que pasaban por tomar el poder. Con Cámpora lo habían conseguido, en parte. Como ese proyecto revolucionario que tenían de hacerse con el poder se vio frustrado por las Fuerzas Armadas (que, cumpliendo órdenes de un gobierno constitucional, salieron a reprimirlos y a enfrentarlos), fuimos los ejecutores de parar ese proyecto. Nos preguntaron qué hacer ante la amenaza armada que tenía el Estado y dimos la respuesta que había que dar, que era que nos sacaran a nosotros a hacer frente a esa amenaza. No queda otra vía, claro. Y los derrotamos con las armas en la mano, claramente, y eso los actuales gobernantes, que son herederos de aquellos grupos subversivos, no nos lo perdonan.

¿Por qué, en definitiva, en ninguna parte de América Latina se da esta situación de más de un millar de militares detenidos, procesados y condenados?
Es cierto, esta situación no se da en otras partes del continente. Así es, como usted dice. La explicación es el espíritu de revancha y venganza que anima a este gobierno.

¿Cómo es posible entender actitudes como la del general Martín Balza sobre las fuerzas armadas, e incluso las tareas en las que él participó entonces?
La sensación es que es un canalla, un hombre que se vendió al enemigo para escalar posiciones. Pregunto: ¿cuántos años lleva de embajador? Siete u ocho años. Un trepador vendido por poder y dinero. Él me envió tres cartas en el pasado y muestra su subordinación, afecto y aprecio hacia mí. No eran unas cartas burocráticas, sino escritas sinceramente
y algunas incluso a mano deseando mi libertad, solidarizándose conmigo y esperando un “nuevo amanecer”. Ahora se vende por ansias de poder y denigra a sus antiguos compañeros, ¡qué miserable!


¿Qué mensaje le daría a los soldados que están detenidos actualmente y a sus familias, que también sufren en sus carnes esta situación?
Yo creo que el mensaje explícito y tácito, que es al que yo me atengo, que es la conducta, el ejemplo y el modo de vida, que siempre han sido mis guías, en los buenos y en los malos momentos.

¿Por qué renunció su abogado defensor cuando iba tan avanzado su proceso?
Entrábamos en otra etapa, pasábamos de la etapa instructora a la de los juicios orales y públicos. Era más de lo mismo, con público y publicidad, más de lo mismo, un circo, en definitiva. Entonces, llamé a mis abogados y les dije: ustedes cumplieron su tarea y ahora se trataría de que dejaran para la historia, por escrito, todas las irregularidades y arbitrariedades de las que hemos sido objeto. Que quede escrito y haya constancia de todo lo sucedido para que la gente, en el futuro, conozca lo que realmente sucedió. El abogado soportaba un enorme sacrificio para el desempeño de sus funciones y casi tenía que dejar su trabajo.

La real motivación por la que se fue, para que no quedara duda, era que no se prestaba gratuitamente a esa parodia de juicio sin justicia y sin derecho.

¿Recibiría a algún líder montonero en aras de llegar a la concordia?
Tal como están las cosas, en estos momentos, definitivamente no. En un proceso final, llegado el caso, no aceptaría un diálogo de igual entre unos militares que luchamos por defender a las instituciones de la nación con los cabecillas de una organización armada formada por subversivos, creo que ese no es el punto de partida.

No creo que se puedan equiparar las dos partes, no se puede establecer una concordia desde un punto de partida en que todos somos iguales. Yo hablo, además, de un diálogo entre las partes que sea representativo en la sociedad, pero no de establecer una concordia sin justicia.

Ricardo Angoso
Corresponsal de  Cambio 16

sábado, 3 de marzo de 2012

EL DEBATE SOBRE LOS JUICIOS A LAS FUERZAS ARMADAS EN ARGENTINA:

La entrevista que publicara Cambio16 días pasados al ex presidente de facto argentino Jorge Rafael Videla,  causó una gran expectación en la sociedad y clase política de Argentina. Al punto tal que casi nadie lo pudo ignorar, especialmente los medios de ideología progresista, la clase política y hasta la misma presidente se encargó de darle mayor difusión al mencionarlo extensamente en la ceremonia de NO  apertura de las sesiones ordinarias legislativas del presente año.


Los principales periódicos de Argentina y sitios de noticias en internet recogieron los testimonios de Jorge Rafael Videla al periodista español Ricardo Angoso. También han tenido eco sus declaraciones en la prensa Española, el diario ABC recogió parte de las palabras de Videla destacando que "no da un paso atrás" en la lucha que las Fuerzas Armadas Y de Seguridad libraron venciendo por las armas al terrorismo. En realidad esa entrevista tuvo un gran impacto internacional.



El objetivo del autor al dar la palabra a un personaje histórico,  ha sido mostrar sin censura el pensamiento actual del ex presidente de facto, quién guardó silencio durante muchos años. Continuando con esa línea de investigación el citado periodista nos hizo llegar su entrevista a un abogado defensor que señala profesionalmente  parte de las “Aberraciones Jurídicas” a la que diariamente son sometidos los Presos Políticos en la Argentina.


Juicios a los militares en Argentina
Por Ricardo Angoso, 1 Marzo 2012 12:01
EL DEBATE SOBRE LOS JUICIOS A LAS FUERZAS ARMADAS EN ARGENTINA:

ENTREVISTA A GERARDO IBAÑEZ, ABOGADO DEFENSOR DE MILITARES JUZGADOS

POR RICARDO ANGOSO
ENTRADILLA:

Gerardo Ibañez es un joven jurista argentino que tiene ante sí el difícil desafío de defender a varios militares procesados en Argentina por sus responsabilidades durante el denominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1981), más conocido como la dictadura militar a secas.

Hay unos mil militares procesados por las causas relacionadas con esos años y 153 militares han muerto en prisión, lo que da una idea de la magnitud y envergadura de estos juicios. Otros, como el general y ex presidente Jorge Rafael Videla, de 86 años, también pagan por los supuestos delitos cometidos en aquellos años y que fueron perdonados, en su momento, por el presidente Carlos Saúl Menem. También estos procesos se abrieron ignorando, de una forma de dudosa legalidad, las Leyes de Obediencia Debida y Punto final, aprobadas a finales de los años ochenta. Ibañez, hombre curtido en estos procesos, no duda de que hay una intencionalidad política en estos juicios y no la supuesta búsqueda de una justicia ejemplar.

TITULARES:

  • “Hay una intencionalidad política en muchos de estos juicios a los militares en Argentina”.
  • “Es muy difícil que obre la justicia en unos procesos que juzgan hecho que ocurrieron hace casi cuatro décadas”.
  • “Está muchas irregularidades en los juicios contra los militares en nuestro país”.
  • “Las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida fueron aprobadas en su momento por el Congreso de la República y consideradas constitucionales, una situación que después se alteró”.
  • “Analizar la historia de Argentina sin atenernos a lo que ocurrió antes del golpe de Estado de 1976 es no ser rigurosos e ignorar una parte de lo que luego ocurrió sin ser objetivos”.
Ricardo Angoso: ¿Puede explicarme qué casos estás llevando en estos momentos?
Gerardo Ibañez: Esencialmente, los casos que ahora defiendo competen a militares argentinos o a personas que pertenecieron, en su momento, a las Fuerzas Armada, pero también tengo entre mis defendidos a policías. Actualmente, los defiendo en varias circunscripciones y en un mismo proceso ocurre que tengo a varios defendidos. Lo que está ocurriendo últimamente es que muchos de estos procesos vienen muy condicionados, políticamente hablando, y algunos magistrados o jueces ejercen muchas veces una suerte de comisariato sobre sus compañeros, presionando para que los juicios se atengan a un esquema predeterminado. Se ha convertido en una suerte de política de Estado, incluso con la participación de la Corte Suprema de Justicia, el impulsar estos procesos y que se abran de una forma rápida, algo que hasta ahora no había ocurrido y no habíamos visto los juristas.

R.A.: ¿Los procedimientos contra los militares se siguen de una forma correcta?
G.I.: Está habiendo irregularidades en muchos de estos procesos. Nos encontramos con una realidad bien clara: antes de los sucesos de 1976 (el golpe de Estado) teníamos un grave problema de la subversión terrorista y era una amenaza clara a toda la sociedad argentina. Vivíamos, mucho antes del año 1976, una guerra de guerrillas intensa y como estaba ocurriendo en otras partes del mundo. Todo el Cono Sur vivía en ese estado de cosas, en esa guerra, pero en Argentina tenía una mayor virulencia. ¿Qué ocurrió? En la época del gobierno militar, entre 1966 y 1973, comienza la actividad guerrillera y terrorista; mostraban una gran capacidad de organización y ejecutaron numerosos actos terroristas de una gran violencia. Estos delitos fueron perseguidos y muchos de sus responsables, detenidos, procesados y juzgados entonces. Y así, para juzgar esos hechos y a sus responsables directos, se creó una Cámara Federal que tenía jurisdicción en todo el país, con el fin de poner fuera de juego y acabar con las actividades ilícitas de estos grupos terroristas. Estos juicios se fueron llevando a cabo en un marco de mucha violencia, ya que el país pasaba por momentos muy difíciles y los jueces, en su gran mayoría, estaban amenazados. Y muchas personas que habían cometido delitos relacionados con la acción terrorista fueron condenadas y otras cumplían ya su condena.
Pero, en estos momentos de zozobra, uno de los presidentes de entonces, el peronista Héctor Cámpora (1973), desoyendo las recomendaciones que le había el mismo Juan Domingo Perón, decreta una Ley de Amnistía, que no fue un instrumento de pacificación como pretendía o para calmar los ánimos. Ocurrió lo contrario; quienes salieron de las cárceles después de haber sido juzgados salían empuñando las armas y dando gritos de alegría, incluso con cánticos a la revolución. Apelaban a la guerra y lejos de constituirse en un factor de pacificación se convirtieron en un problema, ya que volvieron a la lucha armada con un afán de venganza y atacando directamente a aquellos que les habían detenido en su accionar, como las Fuerzas Armadas y las fuerzas de seguridad del Estado. Asesinaron a jueces, colocaron bombas, y el desorden volvió a las calles argentinas. Lo curioso del caso es que el ministro del Interior con Cámpora es ahora quien promueve desde las instancias judiciales los procesos contra los militares, muchos de los cuales hicieron frente a la subversión y al terrorismo valientemente. Es el Procurador General de la Nación quien ahora alienta e inspira esos procesos, de una forma bastante sospechosa, claro está.

Luego llega la presidencia de María Estela Martínez de Perón y la situación se sigue tensando, de tal forma que un presidente provisional por la enfermedad de la máxima mandataria, Italo Luder, firma unos decretos que confieren a las Fuerzas Armadas y a las fuerzas de seguridad más poderes para lucha contra el terrorismo. La justicia, por lo pronto, estaba asustada y amedrentada, pues había sido blanco de los terroristas y muchas jueces tuvieron que abandonar el país para evitar ser asesinados. Analizar la historia de Argentina sin atenernos a lo que ocurrió antes del golpe de Estado de 1976 es no ser rigurosos e ignorar una parte de lo que luego ocurrió sin ser objetivos. Creo, por tanto, que estos juicios a militares ya no tienen ningún sentido, es simplemente remover el pasado y actuar en contra de un principio político que se estableció inicialmente para mirar hacia el futuro, algo a lo que creo que tienen derecho todas las naciones del mundo. No olvidemos que Francia ni siquiera juzgó a un solo militar por los sucesos que ocurrieron en Argelia, como también España prefirió cerrar esa página en aras de la concordia y el encuentro entre todos los españoles. Creo que estos procesos que se desarrollan en la actualidad no tienen ningún sentido.

R.A.: ¿Cómo comenzaron estos procesos?
G.I.: El origen de estos juicios comenzó con el primer presidente de la democracia, Raúl Alfonsín, en 1983, que pretendía juzgar a unos militares que en el combate contra el terrorismo y la subversión podían haber cometido algunos “excesos”. Así fueron juzgadas las Juntas Militares y algunos responsables civiles y militares que podían haber incurrido en algún tipo de delito. Era un planteamiento muy distinto al actual. En esos juicios, además, quedo claro que había habido una provocación por parte de los terroristas y que el Estado, en algunos casos, pudo haber actuado con desproporción al perseguir esas acciones terroristas. Pero, entonces, las asociaciones de derechos humanos consideraron insuficiente que fueron juzgados los responsables militares y políticos de ese periodo (1976-1981), y pretendieron seguir con los procesos y ahondando en esa línea, lo que provocó que más tarde se aprobaran las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida para terminar con una situación que ya se hacía interminable y que generaba inestabilidad y malestar en el país. Se decretó que todo militar que un plazo de sesenta días no fuera llamado por un juez quedaba exculpado, en un intento por poner fin a los procesos y ponerle un punto y final a esta sucesión de procesos. La mayoría de los militares que habían estado en primera línea en la lucha contra el terrorismo, al que habían conseguido doblegar, seguían en activo y era absolutamente inoportuno el seguir juzgando a las Fuerzas Armadas por los sucesos de aquellos años. Hubo alzamientos, sublevaciones, sobre todo debido a que la oficialidad más joven consideraba que ya se debían de poner fin a esos juicios, tal como después pasó al ponerse en marcha la Ley de Obediencia Debida. El malestar en las Fuerzas Armadas era evidente.

En estos juicios contra los militares, y lo digo como abogado defensor, se están juzgando hechos que pertenecen a un pasado que no se puede sacar del contexto que vivíamos, en plena guerra contra el terrorismo y la subversión. Había habido un ataque de la guerrilla contra el Estado del Derecho. Hubo excesos en el fruto de una lucha entre los subversivos y las fuerzas de seguridad. Eso es un hecho innegable y fuera de ninguna duda. Creo que, sin embargo, esas Leyes de Punto de Obediencia Debida y Punto Final trataron de subsanar y superar ese periodo de alguna forma legal y llegaron a entrar en vigencia. Y estas Leyes fueron sancionadas en plena democracia por el Congreso de la Nación y son absolutamente legítimas, acordes a nuestro Estado de Derecho.

Ahora, sin embargo, ¿qué ocurría? Pues que había un grupo de oficiales que no encajaban  en las Leyes de Punto Final o en la de Obediencia Debida, entonces fueron indultados por el presidente Carlos Saúl Menem mediante un perdón presidencial y gracias a las facultades que le otorgaba nuestra Constitución al máximo mandatario. Estas Leyes y este perdón no fueron reconocidas por algunas organizaciones de derechos humanos que las consideraron inconstitucionales, allá por el año 1987. Y la Corte Suprema de Justicia declaró entonces, incluso con algunos miembros de los que están ahora en la institución presentes, que esas Leyes eran constitucionales, lo que significa que ya es un asunto resuelto y juzgado. Las Leyes fueron declaradas constitucionales y tuvieron su vigencia.

Desde entonces, estos organismos de derechos humanos siguieron trabajando, tanto en el plano interno como externo, para que esas Leyes fueron superadas. Comenzaron luego los juicios de la verdad, en que los familiares de las víctimas intentaban juzgar hechos no juzgados más allá de la Ley y en la búsqueda de una supuesta verdad. No había acusados, era un proceso penal sin nadie que pudiera responder siguiendo unos principios de lo que era totalmente jurídico. Finalmente, llega Néstor Kirchner a la presidencia y vuelve a sacarse de la manga nuevamente los procesos contra los militares; se derogan las Leyes, pero se hizo en el sentido retroactivo, algo que no puede hacer en términos jurídicos. Las Leyes penales que reabrieron los procesos a los militares se aplicaron con un carácter retroactivo e ilegal. Fueron derogadas las Leyes para juzgar a los militares y se decretan Leyes casi de carácter ilegal como la de Nulidad. El Congreso no puede anular Leyes, sino que tienen que ser los jueces, en un acto ilegal y contrariamente a los principios del Estado de Derecho se estableció otro criterio. Así se recomenzaron los procesos que habían sido paralizados y detenidos en la década de los ochenta, sumiendo a estos militares, de nuevo, en un calvario judicial que no parece tener fin. Tampoco para el país.

R.A.: ¿En qué año se dio esa situación?
G.I.: En el 2003, año en que se reabren estos procesos y el tema vuelve a ser noticia de primera plana.

R.A.: ¿Pero no habían prescrito muchos de esos delitos?
G.I.: Lo que se hizo fue no asumir esa prescripción de esos delitos. Por ejemplo, en Argentina prescriben si desde la media noche de la consecución del delito hasta la fecha en que se habría cumplido la pena se extingue la acción penal. Ese es un cómputo que no deja lugar a dudas. No olvidemos que son hechos que ocurren a finales de los años setenta y que están totalmente prescritos. Luego está el asunto de la lesa humanidad, que ni siquiera existía cuando ocurrieron los hechos supuestamente juzgados ni después, en los primeros juicios contra las Juntas Militares. El concepto de lesa humanidad es posterior y se les aplica con retroactividad a los acusados. Luego la Ley de Nulidad, que deja sin efecto anteriores Leyes aprobadas por el Congreso de la República, es ilegal e inconstitucional a todas luces. Se dice, entonces, que estos delitos no prescriben porque son de lesa humanidad. Aplicar tratados internacionales que han sido firmados recientemente por Argentina para encausar a estos militares por unos delitos que ya han prescrito atenta claramente contra nuestro orden jurídico, ya que ponen a los encausados en manos de una situación mucha más gravosa y que les perjudica notablemente. Incluso muchos jueces me han llegado a dar la razón y a mis argumentos, pero esos mismos jueces no se atreven a darme la razón en público porque hay una intencionalidad más allá de lo jurídico en estos procesos.

R.A.: ¿Qué perspectivas de evolución tienen estos procesos?
G.I.: Estamos inmersos en un proceso que va a más. Es muy difícil juzgar hechos que ocurrieron hace tantos años, en que faltan muchos testigos y muchos documentos, sobre todo porque el Estado argentino quemó y destruyó en el año 1983 una buena parte de la documentación del periodo de la lucha contra la subversión, lo que impide a muchos de los acusados realizar una defensa efectiva. El propio Estado que dio órdenes a esos militares a realizar acciones después no les dio la oportuna protección. ¿Qué está pasando? Pues que se les da un crédito sin mácula de duda a las supuestas víctimas de estos delitos y sin que haya pruebas fehacientes, o documentación, que impliquen a estos militares en estos hechos, muchas veces escasamente probados y documentados. Muchas veces, además, los testigos se coordinan para acusar a cualquiera. Muchas veces es poco importante que un militar sea inocente o no, ya que es declarado culpable previamente; ser militar es sinónimo de ser culpable. Los hechos juzgados son gravísimos pero eso no significa que todos los militares juzgados sean culpables o responsables de los crímenes de que se habla. Hay una intencionalidad política en juzgar a los militares y machacar a las Fuerzas Armadas, eso lo tengo muy claro y así lo denuncio. Hay una conexión clara entre el poder político, subordinado a determinadas organizaciones de derechos humanos generosamente financiadas por los Kirchner, y un poder judicial que no escatima todos sus esfuerzos para condenar a los militares. Hay una gran presión sobre el poder judicial para que someta a los militares de ese período histórico a juicios y sean condenados, no es justicia lo que se busca, sino que hay intenciones políticas claras en los procesos.

Nota: al día de la fecha la suma de fallecidos en prisión asciende a 155 Presos Políticos.

La Voz de los Presos Políticos... De Eso no se habla

La Voz de los Presos Políticos era un programa de radio que inició su transmisión a partir del jueves 2 de junio del 2011 por Radio FM “CULTURA” como un nuevo instrumento para canalizar su voz. Lamentablemente el programa fue levantado de la radio a fines del año 2011.

Hoy podemos anunciar que esa voz regresó al aire, haciéndolo esta vez a partir del 01 de marzo de 2012, se transmitió el primer programa de radio  "DE ESO NO SE HABLA". Quienes deseen escucharlo en diferido pueden hacerlo ingresando a:


Los "Presos Políticos de la República Argentina" se hacen escuchar a través del nuevo programa "DE ESO NO SE HABLA" que se transmitirá en vivo en la radio:

AM 1300. RADIO IDENTIDAD

Todos los días jueves en el horario de 19:00 a 20:00 horas.

Es un programa donde se tocan los temas que nadie toca

Les dejamos los teléfonos donde los oyentes podrán participar e interactuar con los conductores del programa:

  • Teléfono: 011-4856-8819 para hablar en vivo
  • Celular: 011-15-6022308 para mensajes de texto
Agradecemos su difusión.


jueves, 1 de marzo de 2012

Ausencia Temporal

Deseamos presentar nuestras disculpas a los lectores de este blog,
por razones personales hemos debido viajar y estamos temporalmente 
ausentes de nuestra sede habitual.

En breve volveremos a difundir todas las noticias que sean de interés 
para las causas de las Víctimas del Terrorismo y continuar
exigiendo la inmediata liberación de los Presos Políticos.
Todo bajo el principio de igualdad ante la ley.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva

martes, 28 de febrero de 2012

"Un insulto a la razón" absolver a Garzón

Seguramente mucho de ustedes, hoy esperaban que tocáramos el tema de la reaparición de la dueña del ejecutivo, pero cuando el discurso se hace farsa y la corrupción no tiene frenos, preferimos enfocarnos en la insólita absolución del ex juez Grazón. Por lo menos un juez del Tribunal Supremo de España voto en contra y para oponerse a la ideología de que “el fin justicia los medios”. Algo muy parecido está ocurriendo en la justicia argentina… no preocupa mucho el impacto que esa ideología está produciendo en la población de nuestro país.


CASO DEL FRANQUISMO
El juez discrepante: es "un insulto a la razón" absolver a Garzón


27 FEB 2012 | Europa Press
  
El magistrado del Tribunal Supremo José Manuel Maza ha sido partidario de condenar a Baltasar Garzón en el 'juicio de la memoria histórica', en el que el ex juez ha sido absuelto, en un voto particular discrepante al entender que el acusado "sabía perfectamente" que incurría en un "grave incumplimiento de la Ley" y afirmar lo contrario supone "un insulto a la razón".

Además, el magistrado se muestra "seriamente" preocupado porque este precedente pueda dar pie a que otros jueces se encuentren habilitados para aplicar el principio de que "el fin justifica los medios".

Maza defiende que la "buena intención" del ya ex juez de la Audiencia Nacional para reparar a las víctimas no sirve para justificar su conducta y expresa así su "honda preocupación" por el precedente que supone la sentencia absolutoria en relación con el delito de prevaricación judicial y por la posibilidad de que los magistrados puedan apartarse de las normas alegando la "bondad de sus fines o intenciones subjetivas" en resoluciones que contravengan de manera "clara y flagrante" los principios básicos del ordenamiento jurídico.

"¿Es que a partir de ahora el Juez español puede desobedecer las leyes patrias, las dictadas por nuestro Parlamento soberano, porque encuentre criterios u opiniones ajenos a nuestro Derecho que coincidan con su particular modo de ver las cosas?", cuestiona.

En esta línea, remarca que la filosofía basada en que "el fin justifica los medios" se ha declarado "enérgica y razonablemente" ajena al Estado de Derecho, como señaló la propia Sala de lo Penal del Supremo en la sentencia que condenó a Garzón a 11 años de inhabilitación por intervenir las conversaciones de los imputados de la Gürtel con sus abogados en prisión.

"Pocas veces se habrá visto un ejemplo más claro de lo que es una prevaricación judicial, cuando el Juez elige aquellos criterios que se compadecen con su voluntad, independientemente de su origen, razón o eficacia, para justificar con ellos el incumplimiento del mandato de la norma que verdaderamente le vincula", advierte sobre la instrucción que llevó a cabo Garzón sobre los crímenes y desapariciones de la Guerra Civil y el franquismo. A su entender, el juez instructor incurrió en un abuso de sus facultades jurisdiccionales al incoar un procedimiento penal a raíz de unas denuncias que, en realidad, no buscaban el enjuiciamiento y condena de los responsables, sino la "legítima satisfacción moral" de conocer el paradero de los restos de sus familiares.

Reproches al fiscal

El magistrado discrepante dirige parte de su voto particular a las "poco afortunadas y carentes de razón" referencias del fiscal Luis Navajas sobre la labor del instructor Luciano Varela y sobre sus dudas de que la causa se tratase de un "ejercicio repudiable" contra el acusado "por ser quien" era.

Maza tranquiliza al Ministerio Público, que solicitaba la absolución, diciéndole que no debería estar preocupado ya que "seguro que conoce sobradamente que no entra dentro del proceder de ningún miembro" del Supremo "actitud alguna persecutoria contra un ciudadano por el hecho de ser quien es, sospecha que permítasenos calificar a estas alturas, de absurda". En su opinión, el hecho de enjuiciar un supuesto delito de prevaricación no debería causa "alarma alguna a nadie" y menos si cabe al Fiscal. En cambio, sí pone de manifiesto la confianza en el correcto uso de la independencia judicial.

"El pronunciamiento absolutorio acordado por la mayoría de esta Sala habrá dado cumplida satisfacción al Ministerio Público, despejando ampliamente sus dudas y tranquilizándole respecto de los temores por la incolumidad de la independencia judicial", remacha.

Añadió un "efecto victimizador"

Es más, Maza mantiene que el ex juez de la Audiencia Nacional debía "sin duda" conocer que las pretensiones de los afectados no podían resolverse por la vía penal y que su actuación se convertiría en un "verdadero simulacro" de instrucción penal, "que, a la postre, conduciría a los denunciantes, como era previsible e inevitable, a una frustración más en tan difícil y meritoria búsqueda de los restos de sus seres queridos para honrarlos debidamente, añadiendo sobre ellos un nuevo y reiterado efecto "victimizador".

El que fuera titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 calificó los hechos como un delito permanente de detención ilegal sin dar cuenta del paradero de la víctima y defendió que no estaban prescritos.

A este respecto, el juez discrepante reprueba la "tamaña inconsistencia" de tal argumentación, que evidencia, en su opinión, la voluntad de Garzón de seguir adelante con sus "personales designios" sin preocuparse de cumplir el Derecho vigente. "¿Pretende acaso el magistrado acusado que unas personas víctimas de desaparición forzada bajo la Dictadura han permanecido en situación de privación de libertad, en algún lugar ignoto, durante una extensión tal de tiempo, en la que se incluyen los últimos 36 años, recuperadas ya plenamente las libertades propias de nuestro sistema democrático?", se pregunta Maza.

El magistrado dice compartir "fervorosamente" el "excelente texto" en el que sus compañeros ofrecen una explicación "contextual, social, política e histórica" de las normas de aplicación en el caso enjuiciado, aunque disiente "por completo" de que la conducta del acusado fuera una "simple equivocación". Resalta que la amplia experiencia y conocimientos de Garzón y la gran cantidad de asuntos de indudable trascendencia que tramitó "hace imposible" pensar que desconociera "cuestiones tan elementales" del Derecho como la Ley de Amnistía o de la Memoria Histórica.