martes, 11 de diciembre de 2012

Un ejemplo de metamorfosis comunicacional

Posteriormente a los festejos partidarios del 09/12/2012 de la Fiesta de la Democracia y los DDHH, uno de nuestros socios fundadores, el señor Arturo Cirilo Larrabure, nos hizo llegar un artículo –de archivo- escrito por los periodistas Marcelo Araujo y Mario Viale escrito en septiembre de 1978. Ese archivo es una prueba palmaria de que “EL HOMBRE ES ÉL Y SUS CIRCUNSTANCIAS”[1] y que “NADIE RESISTE UN ARCHIVO[2].


Así como el poder de turno descubrió los DDHH a partir del 10 de diciembre de 2003, entre otras cosas, creen que los argentinos somos estúpidos, miedosos, mal informados y que no tenemos “memoria”…


Para refrescarla, este artículo de dos camaleones[3]Araujo y Viale, dos periodistas, conductores y opinadores de los tantos que han sido cooptados –de una manera u otra- repitiendo las consignas del relato oficial y confundiendo a sus audiencias , ya sea el primero en los programas de Fútbol para Todo o Mauro en sus programas de noticias y políticos… son una claro ejemplo de la metamorfosis comunicacional.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
por una Nueva Década en Paz y para Siempre


El Relator del Pueblo en 1978

En 1978 los periodistas Marcelo Araujo y Mauro Viale escribieron un artículo para una revista militar de la época. Ponemos a disposición este artículo, de escasa circulación en ámbitos futbolísticos.


La revista “Argentina ante el mundo para la defensa de la soberanía” fue, en palabras de su director, el coronel Hugo Guillermo Jörgensen, una publicación bilingüe puesta al servicio de los delicados intereses argentinos en cuestiones de jurisdicción y espacios nacionales, como al de todos los aspectos que hacen a la unidad e integridad del Estado. Siempre en palabras de su director, procura abordar el tratamiento de tales áreas, siempre conflictivas, mediante un honesto aporte descriptivo y de análisis técnico.

En el número de septiembre-octubre de 1978 esta revista publicó un artículo intitulado “Un campeonato jugado por todo un país”. Sus autores son Marcelo Araujo y Mauro Viale. El mismo intenta dar cuenta ante argentinos y extranjeros (la publicación era bilingüe) del éxito organizativo que habría sido la Copa del Mundo Argentina ’78. También trata de explicar cómo la sociedad argentina de 1978, gobernada por un régimen criminal e ilegítimo, habría logrado superar “divisiones internas”.
A continuación transcribimos el texto completo de dicho artículo (las imágenes y las negritas no pertenecen al original).

Un campeonato jugado por todo un país

por Marcelo Araujo y Mauro Viale

Septiempre 1978

Fue el milagro argentino. Nadie discute que el país ganó el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 antes de que se diera el puntapié inicial. Su organización lograda contra todos los presagios, sorprendió al mundo. Kelso F. Sutton, publisher de Sports Illustrated, la revista deportiva más leída de los Estados Unidos (tirada semanal: 2.250.000 ejemplares) narró en el número del 3 de julio pasado las primeras impresiones de su editor asociado Clive Gammon, quien cubrió en Buenos Aires los avatares del Mundial:

“Cuatro años antes, en Munich, Alemania (durante el Campeonato Mundial de Fútbol), le dijeron (en el centro de prensa) con malintencionado desprecio que Estados Unidos no era un país futbolístico y que no habría lugar para Sports Illustrated en la oficina de prensa. Diez días duró la lucha para que la decisión fuera revertida. Por eso se quedó asombrado en el Centro de Prensa de Buenos Aires cuando obtuvo su credencial para el partido final dentro de los cinco minutos de solicitada, siéndole entregada por una sonriente señorita que hablaba perfectamente el inglés”.


Este es solo un ejemplo. Los periodistas argentinos que tuvimos que convivir con nuestros colegas extranjeros durante esos días pudimos comprobar c6mo, en los más honestos de ellos -afortunadamente la mayoría-, se disolvían los prejuicios que traían de sus países merced a la insidiosa propaganda motorizada por las organizaciones subversivas y los ingenuos de siempre.


Hay que reconocerlo: la Argentina tenía muy mala imagen en Europa y Estados Unidos. Quienes vinieron del hemisferio norte estaban preparados para ver luchas callejeras, oír de terribles campos de concentración. Una anécdota caracterizó esa posición: en vísperas de la iniciación del Campeonato, un grupo de periodistas fue invitado a visitar las modernas instalaciones del estadio de River Plate. Entre ellos un francés; en su nota cantó loas a las comodidades, los tableros electrónicos y a la organización. Pero terminó el artículo apuntando que “desde lejos se oían los disparos que intercambiaban fuerzas policiales con un grupo subversivo”. Si el periodista francés lo hubiera preguntado en lugar de dejarse llevar por su imaginación se hubiera enterado que tales disparos provenían de los polígonos de tiro del Tiro Federal. Esos días previos marcaron el nadir. En Europa se veían afiches con símbolos del Campeonato rodeados de alambradas de púas. Incluso cuando algunos medios europeos, especialmente en Francia y Alemania comentaron el maravilloso espectáculo gimnástico protagonizado el 1 de junio, en el estadio Monumental, por miles de jóvenes argentinos lo calificaron como una mera expresión de “un régimen militarizado”. Eso fue el colmo de la mala fe, o por lo menos el mejor ejemplo que puede brindar una mentalidad cargada de prejuicios.

A todo esto, la publicidad negativa había llevado a varios gobiernos -especialmente al alemán, que todavía recuerda la masacre practicada por un comando palestino durante los juegos Olímpicos celebrados en Munich, y el francés, en cuyo territorio se encuentra una usina de propaganda antiargentina- a disponerse a enviar a sus equipos de fútbol guardados por agentes especiales. Una intención prontamente rechazada por el gobierno argentino, suficientemente capacitado para asegurar el normal desarrollo del campeonato.

DESPUÉS DEL 1 DE JUNIO

Pero, decíamos, el primer día del Mundial fue también el comienzo del cambio. Los periodistas comenzaron a ver en las calles a un pueblo entusiasmado, sin divisiones ni odios, que solo hacían bromas a los equipos adversarios, sin que tales bromas impidieran manifestaciones de respeto y afecto.

Es cierto en la mayor parte de los casos, los equipos extranjeros fueron recibidos por los mejores embajadores: los representantes de las colectividades de argentinos de origen español, italiano, francés, escocés, árabe, austríaco, alemán, etc. Argentinos que vieron la oportunidad de acercarse a los connacionales de sus padres o abuelos para mostrarle la realidad de su país y hacerles más grata su estadía.


Es cierto también que los argentinos todos vivieron por primera vez en décadas la oportunidad de salir a la calle bajo una sola bandera. Después de cuatro o cinco años de sufrir una guerra sucia, la guerra desatada por la subversión, surgió la ocasión de expresar entusiasmo. El mundo entero pudo ver en millones de televisores como todo el pueblo mostraba su mentalidad ganadora, viviendo entre continuas explosiones de júbilo que crecían noche tras noche en todas las ciudades de la República.

UN SELECCIONADO, UN PAÍS

“No sé si ustedes se dieron cuenta, pero yo tenía mucha bronca cuando terminó el partido contra Brasil, me fui muy decepcionado de la cancha. Y ayer todavía me duraba la mufa; por eso no quise reunirlos hasta que estuviera tranquilo. A mí me defraudan los equipos cuando no intentan hacer lo que saben y los jugadores no demuestran las razones por las que el técnico los convocó. No les puedo perdonar ni soporto que traicionen las convicciones en las que todos estuvimos de acuerdo el primer día. Y ustedes saben que esto no es un argumento nuevo; cualquier jugador de Huracán les puede decir si es cierto o no que una vez, en el entretiempo, dije que me iba de la cancha si seguían jugando así, y en ese momento ganábamos 2 a 0… A mí no me importa el resultado. Todo hubiera sido igual si el partido contra Brasil terminaba a favor nuestro. Lo que me preocupa es que no jueguen con alegría, que no respeten su vocación. Por eso quiero repasar a cada caso y volver a empezar”.

Estas palabras las pronunció César Luis Menotti a la Selección Nacional después del partido jugado con Brasil, “el peor partido de la Argentina”. En su libro Cómo ganamos la Copa del Mundo, el técnico apunta: “El equipo estaba mal parado en la cancha, sin movilidad, sin sorpresa ni siquiera toque de primera… Había exceso de individualismo, cada uno quería resolver por cuenta propia”.

Todas estas palabras de Menotti referidas a un momento y a un partido del Mundial podrían aplicarse a un momento de la Argentina. Individualismo, falta de responsabilidad personal, escepticismo, “jugar sin alegría” -es decir, trabajar, estudiar, investigar, enseñar, vivir en fin, sin el mínimo goce necesario para que la vida merezca el nombre de tal- eran defectos que se notaban hasta hace pocos meses en el comportamiento de los argentinos.

¿Las causas? El mal del siglo: esa mezcla de constante ansiedad, ese correr constante detrás del peso (o el dólar, el franco, el marco, el yen) para pagar la cuota de la casa o la heladera. Esa preocupación constante por ganar el día en un ambiente constantemente bombardeado por los estímulos de la televisión y la publicidad. Por cierto que éste no es un defecto argentino, es un fenómeno mundial. Se da en todas las ciudades del mundo. En Buenos Aires, ese individualismo se sintetiza en el clásico “no te metás”, en Nueva York, en el “Don’t be involved”.

En la Argentina, ese mal del siglo fue potencializado hasta extremos exasperantes por un clima de violencia, de inseguridad física, suscitado por el terrorismo. Este también es un fenómeno mundial, pero en nuestro país llegó a un límite extremo: “Este descanso de los disturbios que angustiaron a la Argentina por más de cuatro años permite explicar la explosión de júbilo, creciendo en intensidad noche tras noche, que hizo de cada ciudad argentina una loca abstracción de color, luz y ruido durante las pasadas tres semanas”, apuntó Kelso F. Sutton.

Es parcialmente cierto. En rigor, la tranquilidad estuvo volviendo lentamente antes del Mundial. Actualmente, los argentinos vivimos una calma maculada por las resonancias de escasos pero siempre dolorosos atentados, generalmente efectuados con bombas instaladas por manos anónimas. El último y uno de los que repercutieron más penosamente en el ánimo de la opinión pública: el que costó la vida a tres personas en la calle Virrey Melo, en Barrio Norte, entre ellas la de Paula Lambruschini, de 15 años, hija del jefe del Estado Mayor de la Armada.


De todos modos, esta calma expectante que vive la Argentina es anterior al Mundial. Muy probablemente sin ella no podría haber habido Campeonato. Pero fue durante su transcurso cuando casi mágicamente despertó en la conciencia colectiva esa necesidad de expresarse, de mostrar su unidad bajo la bandera nacional. De mostrarse patriota, en fin. También fue una manifestación de victoria. No sólo de victoria deportiva frente a los holandeses, peruanos o húngaros -esto era lo menos importante- sino de victoria contra la muerte, la inseguridad, el odio. Los argentinos tenemos fama de orgullosos. Quizás sea cierto, pero en los festejos del Mundial mostramos por primera vez en mucho tiempo que estamos orgullosos de ser argentinos.

Y fue una muestra de orgullo absolutamente positiva. “Casi milagrosamente no hubo violencia”, observó un periodista italiano. No fue un milagro; simplemente no hubo violencia porque no se gritó contra nadie. Ya lo dijimos; a lo sumo se gastaron bromas a los rivales ocasionales: “El que no salta es un holandés”, por ejemplo. Incidentalmente, cuando el lunes siguiente a la finalización del campeonato, nutridos grupos de estudiantes pasaron frente al Banco Holandés Unido, en la calle Florida, no faltaron quienes quisieron hacer saltar a un elegante y grave señor que salía de esa institución: “Lo siento -respondió el hombre- no puedo saltar porque efectivamente soy holandés”. Nadie sabe que podría haber ocurrido en otras latitudes ante tal respuesta. Aquí lo aplaudieron.

Un par de semanas antes, después del partido en que Italia venció a la selección argentina, un grupo de “hinchas” del vencedor que habían venido de la Península y se dirigían hacia el ómnibus que los transportaría al hotel fueron aplaudidos por un importante sector de los espectadores argentinos.

Sin duda, como pasó en Alemania, como pasa en todos los países que cuentan con equipos de primer nivel, el público argentino ayudó con su apoyo a su equipo. Ese apoyo moral -y consecuentemente, la falta de apoyo que inversamente sufrieron sus rivales- seguramente influyó en los triunfos de la Selección Nacional. Y también en ese sentido el Campeonato Mundial fue un triunfo de todos los argentinos.


¿Qué más vieron los extranjeros, los periodistas, que aprovecharon el Campeonato para conocer a este país, el más austral del mundo? Sin duda, un país pujante, que busca su destino bajo el sol. Algunos aspectos se pueden apreciar en las notas de esta revista. Pero lo más importante puede sintetizarse en esta frase: un pueblo con vocación de ganador.





[1] "El hombre es él y sus circunstancias", resumió, genialmente, Ortega y Gasset. Pues bien, el hombre que no filosofa es solo sus circunstancias. Al no saber por qué son y, en esa medida, qué son, él y las cosas, ese hombre no puede valorarlas ni, por tanto, escoger entre ellas. Es un hombre sin opciones que no tiene más norte que el que le da el cauce que forman las circunstancias desde las internas, como sus instintos o capacidades, hasta las externas, como su situación económica o social en que nació. Fluir por este cauce es su inexorable destino.

El hombre que filosofía, en cambio, es más él que sus circunstancias. Ese hombre que se ha planteado las grandes preguntas -¿qué soy?, ¿por qué soy?, ¿para qué soy?- y que ha tenido así el valor de salir de la caverna (de la comodidad de aceptar todo como nos viene planteado), a la "intemperie" de la duda, como lo exigía Nietzsche, tiene opciones: las cosas significan para él tal o cual cosa a partir de la comprensión que se ha dado del todo y puede, por eso, elegir verdaderamente entre ellas.
Este es un hombre con horizonte, que posee sentidos que lo motivan a empujar sus "circunstancias" en esta o esa dirección. Un hombre que sabe por qué hace lo que hace. Un hombre que piensa, como Sócrates, que "la vida que no se examina no vale la pena de ser vivida". Porque sabe que no es de seres humanos pasar nuestras cortas vidas como el agua pasa por la acequia: totalmente determinada y sin darse cuenta. Un hombre que, en fin, goza cada día del maravilloso don que es esa otra vida: la vida con filosofía, la vida consciente, la vida libre, la vida, en una palabra, humana.

[2] No lo decimos nosotros... son sus propias palabras, hay que leerlas, analizarlas y archivarlas –la web es una gran fuente de información abierta- la mayor parte de los sucesos, expresiones y discursos quedan grabados, disponibles y registran las personas, que se manifestaron y las circunstancias de los hechos. Últimamente se está utilizando como método para poner al descubierto a personas que han cambiado sus modos de actuar y que niegan anteriores posturas que hoy no le sirven a sus intereses. Se usan mucho para desmentir o recordar actitudes en un pasado reciente, especialmente en personas que tienen la posibilidad de influir en otras personas, especialmente políticos, comunicadores sociales, educadores, etc.

No negamos a nadie el derecho a modificar su opinión a cambiar de opinión… solo pedimos la honestidad de no renegar de su pasado y admitir con franqueza el mismo. Básicamente rechazamos la hipocresía.
El conocimiento de la historia y la valoración de la misma nos impedirá decir "yo no sabía", saber nos da la responsabilidad de participar y actuar en consecuencia.

[3] El Camaleón, popular canción de Chico Novarro, dice: “El camaleón, mama, el camaleón cambia de colores según la ocasión”.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Perfume de Flores Marchitas


“Luego hazte la pregunta: ¿dónde está ahora todo esto?
Humo, cenizas, leyenda; o, tal vez, ya ni siquiera leyenda”.
Marco Aurelio

La viuda de Kirchner confundió –al igual que su marido desde los lejanos días de la Gobernación de Santa Cruz- “Estado” con “Gobierno”, “Gobierno” con “Poder Ejecutivo”, la “representación” de los votantes por la “delegación” de esa soberanía, y “República” con “Imperio”. En razón de esa confusión, actuó como hemos visto, es decir, transformó a los bienes y medios del Estado en gubernamentales, redujo a una categoría constitucional inferior al Poder Legislativo y pretendió hacer lo mismo con el Judicial, y desconoció que, en una República, “gobierno” son los tres poderes, transformándola, en su febril imaginación, en una monarquía absoluta.

El jueves, un día antes del terrorífico pero finalmente inocuo 7D, la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, objeto de un inmundo e irracional atropello del Poder Ejecutivo, dictó una resolución que, sin exageración alguna, salvó a la República del abismo en cuyo borde mismo se encontraba. Doña Cristina, la auto-celebrada “abogada exitosa”, resultó aplazada en el examen de Derecho Constitucional al que eligió presentarse sin leer bolilla alguna.

Por la noche, después de digerir lo sucedido durante el día (más allá de la nube tóxica y el diluvio, el hecho más relevante de la década fue la declaración de todas las asociaciones de jueces del país) se me ocurrió una metáfora muy complicada. Los emperadores romanos, para calmar los reclamos de los ciudadanos en épocas de crisis, celebraban grandes fiestas, cuyo epicentro era el Coliseo, en el cual los cristianos y los gladiadores debían enfrentar a fieras salvajes. Doña Cristina hizo lo propio pero, con las tribunas llenas de fanáticos que aspiraban ver sangre, los que debían morir para contentarlos faltaron a la cita, por orden judicial.

Lo lógico hubiera sido que uno de los muchos maestros de ceremonias de la Casa Rosada –Sanatella, Ala-k, Abalito, Anímal, Guita-rrita o Metralleta Kunkel- presentara las excusas del caso y despidiera a la multitud vociferante. Por orden directa de la Presidente, no se hizo y los actos previstos para hoy continuarán su desarrollo, aunque deban haber cambiado sus consignas. ¿Será así o seguirá echándose leña al fuego, aunque esté mojada? Con las desmesuras a las que la Casa Rosada nos tiene acostumbrados, es muy difícil prever qué sucederá, y ese incierto futuro inmediato no puede más que generar una honda preocupación.

Si la Comisión Nacional de Valores decidiera utilizar su nuevo recurso pseudo legal, que le permite prácticamente intervenir, en nombre de las minorías, los órganos de administración de las empresas, para destruir a Cablevisión con la excusa de “proteger” a Fintech, dueña del 40% (una situación incompatible con su condición de prestador de servicios públicos), generaría no sólo el descontento de sus usuarios, que son muchísimos, sino la reacción airada de sus combativos empleados; en resumen, una situación de complicado pronóstico.

Desde el viernes, desde Olivos emana un perfume a flores marchitas que predice, sin dudas, el comienzo del período del “pato rengo” en el pseudo imperio kirchnerista, confesamente sin herederos. Los sindicalistas, los suboficiales de las fuerzas armadas y de seguridad, los “barones” del Gran Buenos Aires, los gobernadores, los jubilados, la clase media, la Iglesia, los empresarios, los jueces y hasta los caciques del PJ han comenzado a percibirlo en sus fosas nasales y están preparando sus garrochas para abandonar el fracasado “modelo” de tan rimbombante nombre.

La señora de Kirchner, que no tiene un pelo –ni una extensión- de tonta, también está olfateando su final pero, como sostengo desde hace años, creo que estará dispuesta a transformarse en Nerón e incendiar Roma antes que someterse a la reglas de la democracia. Si Ud., lector, no me cree, simplemente cierre los ojos y trate de pensar en una foto en la cual se vea a doña Cristina entregándole banda y bastón a un sucesor que no sea del mismo palo. En cualquier escenario, el desastre que dejará cuando, finalmente, sea desalojada del poder –se mida en términos económicos o sociales- exigirá de quien se siente en el sillón de Rivadavia y en la ciudadanía toda un verdadero esfuerzo de imaginación y de coraje, de seriedad y de sacrificio.

Nada de eso es imposible, salvo que los argentinos insistamos en preferir este falso progresismo que tanto nos ha costado en materia de educación, de desarrollo, de empleo, de producción, de inseguridad, de descontrol gubernamental y hasta de secuestros de naves. Para readmitirnos en su seno, el mundo entero nos exigirá comportarnos como si fuéramos gente civilizada, capaz de respetar las normas y ser esclavos sólo de las leyes y de la palabra empeñada. Si, en lugar de buena educación o adecuado sistema de salud, de una infraestructura adecuada, de viviendas dignas o del autoabastecimiento energético, seguimos optando por irracionales subsidios, Fútbol para Todos, Aerolíneas Argentinas o la confiscación de YPF, si continuamos sin respetar contrato alguno o sentencia desfavorable, si continuamos tolerando que se barra con las instituciones, nuestro futuro será la nada, vestida de disolución nacional.   

Bs.As., 9 Dic 12

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
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domingo, 9 de diciembre de 2012

¿QUIEN ES LA MÁS CÍNICA?

ESPEJITO... ESPEJITO... ¿DÍME QUIÉN ES LAS MÁS CÍNICA?


LOS ULTIMOS PRESOS POLÍTICOS DE AMÉRICA LATINA

por RICARDO ANGOSO

Hace unos días se suicidó en Argentina el militar retirado Aldo Carlos Checci que estaba encausado por unos supuestos delitos cometidos durante el denominado Proceso de Reorganización Nacional, entre 1976 y 1983; para algunos argentinos ese periodo no fue más que una dictadura ominosa, mientras que para otros la derrota del terrorismo en sus más variadas formas. En cualquier caso, pasadas ya más de tres décadas, es hora de cerrar esa página y encarar el futuro.  El caso de Checci es una tragedia humana más a añadir a la larga lista de perseguidos y detenidos, en muchos casos sin garantías, durante el período de los Kirchner.


Al margen de que el debate sobre el asunto siempre es intenso y controvertido en Argentina, vale la pena recordar que más de un millar de militares argentinos se encuentran detenidos y más de un centenar ya han fallecido en prisión por asuntos parecidos a los que estaba siendo enjuiciado Checci. Los antiguos montoneros y los integrantes de otros grupos marxistas, por el contrario, están en la calle sin que nadie les haya preguntado ni amonestado por sus crímenes, muchos veces atroces, otras aberrantes, pero siempre injustificados.


Casi un millar de argentinos fueron asesinados por estas bandas criminales y otros centenares resultaron heridos, secuestrados o sufrieron daños como resultado de esta política criminal, ya que como dicen estos terroristas el combate debe combinar todas las formas de lucha y el fin justifica los medios. Puro marxismo-leninismo en estado bruto y nunca mejor dicho.

Pero volvamos con los militares. Estas detenciones de miembros de las Fuerzas Armadas argentinas van contra toda lógica jurídica y se enmarcan más bien en un proceso de vendetta colectiva por parte del peronismo más izquierdista. Este sector político -que perdió la guerra y cuyo grupo principal, los Montoneros, fue despiadado y brutal en sus acciones- tiene en la actual presidenta argentina, Cristina Fernández Kirchner, y sus retoños, la famosa Cámpora, a sus principales ejecutores de esta venganza incalificable. No merece otro nombre.


Estos procesos, si se les puede llamar así, van contra toda lógica y constituyen un anacronismo porque se saltaron descaradamente las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida aprobadas durante el mandato del presidente Raúl Alfonsín y los indultos presidenciales aprobados por el entonces presidente Carlos Saúl Menem, por los cuales los principales responsables del periodo sometido a juicio quedaron liberados de sus responsabilidades. Pero, aparte de estas consideraciones, estos delitos juzgados ahora ya habían sido fruto de otros procesos judiciales en el pasado y, como es pertinente, nadie puede ser juzgado dos veces por un mismo delito. Y menos cuando uno de los argumentos, el de Lesa Humanidad, ni siquiera existía entonces.


Los procesos contra los militares argentinos, algunos de los cuales eran jovencísimos cuando ocurrieron estos supuestos delitos, tienen mucho que ver con una revancha política de aquellos que fueron expulsados de la Plaza de Mayo por Juan Domingo Perón en su momento y que luego fueron derrotados por las armas y la acción de la justicia por el régimen militar.


LA DESTRUCCIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS ARGENTINAS
Alimentados por el odio y su desprecio a las instituciones tradicionales, como las Fuerzas Armadas, el peronismo más radical e izquierdoso, atizado sin misericordia desde las lacrimógenas páginas de Página 12, se está cobrando sus cuentas pendientes y saben que este es su mejor momento. No tendrán seguramente otro, el país ya está comenzando a reaccionar y las contradicciones y problemas ya se están haciendo presentes; no se puede engañar a todos durante todo el tiempo. Argentina está despertando de su largo letargo.

La coyuntura no les puede ser más favorable para cumplir con uno de sus nunca ocultados planes: la destrucción del ejército argentino y su aniquilamiento colectivo utilizando las herramientas de la desmoralización, la persecución política y la utilización de la calumnia, la infamia y la injuria. Una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo en una verdad, aseguraba el líder nazi Josep Goebbels.


Siguiendo parecidos planes a otros países del continente gobernados por la izquierda y los tontos útiles del Foro de Sao Paulo, los ejércitos de América Latina están siendo cuestionados y derrotados desde dentro, en una política deliberada y bien preparada. Los militares argentinos son tan sólo presos políticos, víctimas de una guerra que tras la derrota de la insurgencia marxista que pretendía subvertir el orden político utiliza ahora otros medios más sutiles pero no menos efectivos para continuar su lucha. Y es que, como señalaba muy oportunamente uno de los juzgados, “los enemigos derrotados de ayer cumplieron su propósito y hoy gobiernan el país e intentan un régimen marxista a la manera de Gramsci(…) No hay justicia, la República está desaparecida".

Cristina y una guerra que aún no ha terminado

La Justicia Nacional en lo Civil y Comercial Federal tuvo el valor de enfrentarse al poder de turno soberbio, prepotente y manipulador… no cedió ante las enormes presiones que hoy el cronista denomina como “zafarrancho jurídico” por un mero capricho presidencial. Con el fallo de la Cámara Civil y Comercial que prorrogó hasta la sentencia definitiva la cautelar que protege las propiedades de Clarín, le hizo perder al oficialismo la batalla del frustrado 7-D.


Desde nuestra asociación abogamos para que la misma independencia y valor sea demostrada por los jueces que integran la Justicia Nacional Penal, cuyo tribunales TOF(s) están juzgando en todo el país a los Soldados de la Patria, quienes juntos a los integrantes de las Fuerzas de Seguridad, Policiales y otros organismos del estado combatieron tenazmente oponiéndose a que el terrorismo se alzara con el poder mediante el empleo de la violencia y el terror. Esos juicios son posibles gracias al diseño de un derecho a medida de la venganza impiadosa, constituyendo verdaderas "aberraciones jurídicas" ellos lo saben... por eso es hora que lo reconozcan y se opongan a continuar con la farsa.

Hace mucho tiempo que pregonamos que: “Es hora de Paz, Concordia, Justicia, Historia completa y Unión de los argentinos… debemos dejar de lado lo poco que nos desune y recuperar todos aquellos valores que nos unen como hermanos” La unión hace la fuerza… siendo un país más fuerte seremos capaces de obtener un mejor futuro y la Nación será digna de ser heredada por las futuras generaciones.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva

por una Nueva Década en Paz y para Siempre



Domingo 09 de diciembre de 2012 | Publicado en edición impresa

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
    
Un gobierno desesperado. Una Justicia restablecida. Un gabinete sin norte ni brújula. Una Corte Suprema de Justicia sometida a una feroz presión. Funcionarios que corren por caminos equivocados. Una Presidente que espolea a sus colaboradores. Ella necesita un atajo hacia una apariencia, al menos, de un improbable triunfo. Un gobierno entero dedicado en cuerpo y alma a un combate judicial. Es el campo de batalla que dejó otra guerra perdida. La del 7-D. Guerra inútil que aún se libra, más allá de la derrota, mientras la sociedad padece importantes problemas olvidados por sus gobernantes.

El cristinismo es como los jóvenes franceses del 68: pide lo imposible. ¿A quién se le ocurrió antes recusar masivamente a todo un fuero judicial, como hizo el Gobierno el último y agónico jueves? A nadie. Las recusaciones se hacen a jueces individuales y por razones comprobables. El Gobierno no comprendió la reacción multitudinaria de jueces en defensa de su independencia y contra las presiones kirchneristas. Si la hubiera interpretado, sabría el efecto contraproducente de ese método. Ningún juez quedará solo ahora, después de que la acción común les devolvió su autoestima.


Autoestima que había sido vapuleada en los últimos tiempos hasta por las multitudinarias cacerolas.

El viernes, el Gobierno presentó un extraño pedido en la Corte Suprema: un per saltum para que el máximo tribunal suspendiera y anulara la decisión de la Cámara Civil y Comercial que prorrogó hasta la sentencia definitiva la cautelar que protege las propiedades de Clarín. Podía, y puede, apelar la decisión de esa Cámara ante la Corte. El per saltum es otra cosa. Pero la apelación debe ser presentada ante la misma Cámara que tomó la decisión, la que puede acceder o no al requerimiento del Gobierno. Le dirá que sí. Nunca ningún juez rechazó un pedido de apelación de ningún gobierno.


Sucede que el Gobierno se encaprichó. No quiere reconocer a esos jueces, María Najurieta y Francisco de las Carreras, como naturales de la causa. Lo explicó Martín Sabbatella cuando pidió también a la Corte que ejerciera sus funciones disciplinarias sobre los jueces y anulara todos los rechazos de las recusaciones. El Gobierno quiere sacar a esos jueces. Los quiere recusados a todos. Que la Corte se haga cargo de ellos. Sí o sí, no importa cómo.


La ley de per saltum establece, además, que la sola admisión de ese recurso por parte de la Corte suspenderá las medidas cautelares. La apelación, en cambio, no suspendería nada. Cristina ordenó borrar de la historia el traspié del jueves. Todo el proceso merece un análisis más amplio que el que comprende a Clarín. El per saltum significa en los hechos un notable retroceso para las garantías constitucionales de los argentinos. Cualquier ciudadano quedó sometido ahora a la posibilidad de ser juzgado por la cabeza política de un poder del Estado, como lo es la Corte Suprema. Sus jueces naturales y la doble instancia podrían desaparecer por decisión de una mayoría simple de jueces de la Corte. El recurso fue repudiable cuando lo aplicó el menemismo. ¿Por qué sería bueno en poder del kirchnerismo?

La actual Corte no aplicará nunca el per saltum arbitrariamente. Pero las leyes perduran más tiempo que los integrantes de un tribunal y que la permanencia de un gobierno. Ésa será otra regresión democrática que dejará el kirchnerismo.

La administración de Cristina tiene abierto el camino de la apelación a la Corte. ¿Por qué ésta le aceptaría entonces un per saltum sobre una simple medida cautelar? ¿Cómo lo haría, cuando fue ese tribunal el que ordenó a los jueces, en una resolución fulminante y decisiva, que tomaran rápidas decisiones? ¿Qué gravedad institucional existe por una cautelar que protege propiedades de una empresa mientras se resuelve la cuestión de fondo? ¿Podría la Corte, en definitiva, aceptar un per saltum sólo para anular decisiones no apeladas?

Si la Corte aceptara semejante zafarrancho jurídico, se instauraría un per saltum especial sólo para casos de caprichos presidenciales, no de gravedad institucional.


Sabbatella es un político que demostró el tamaño de su talento: puede administrar razonablemente un municipio bonaerense. Carece de experiencia y de formación para cosas más importantes. El viernes decidió (él, no la Afsca) que ningún medio de comunicación audiovisual estará obligado a desinvertir hasta que no lo haga Clarín. La Cámara, en su resolución del jueves, dijo exactamente lo contrario: su decisión sólo es aplicable a Clarín. Lo había precisado antes la Corte Suprema. La Justicia trata sólo temas particulares y el Grupo Clarín fue el único que pidió la declaración de inconstitucionalidad de dos artículos de la ley de medios, entre ellos, el que apura la desinversión. ¿Qué harán ahora los medios que presentaron planes de desinversión? ¿Retirarán las propuestas y volverán a ser cómo eran? Sería risible si no fuera la aceptación lisa y llana de que esa ley tenía, y tiene, nombre y apellido.

Sabbatella apuró las manos de los jueces. Su condición de hombre parlanchín le jugó una mala pasada. Anticipó públicamente que a partir de mañana le sacaría licencias al Grupo Clarín y, sobre todo, los bienes físicos que harían redituables esas licencias. Suficiente. La Cámara no podía aceptar que cualquier decisión posterior se convirtiera en abstracta. El daño ya estaría hecho.


Así son los mariscales que condujeron la guerra perdida. El equipo jurídico del Gobierno tiene astucia para el arte de la chicana, que suele tropezar a la vuelta de cada esquina. Sus voceros públicos son peores que sus abogados. El senador Marcelo Fuentes anticipó que el Gobierno les hará juicio político a todos los jueces que impugnen decisiones de éste. Ya lo está haciendo. La mayoría oficialista en el Consejo de la Magistratura está citando a jueces denunciados, sin reparar siquiera si las denuncias son ciertas.

Todos esos magistrados están relacionados con el frustrado 7-D. Son bravuconadas que no conducirán a nada. El juicio y relevo de los jueces necesita de los dos tercios de los miembros del Consejo, mayoría que el oficialismo no tiene. Esa llave la tiene la oposición, que frenó ahí los avances del kirchnerismo. Es la habitual costumbre: el poder actual sólo inyecta dosis desmesuradas de miedo. El efecto pasará. Los jueces seguirán siendo jueces.


Otro vocero atropellado de Cristina, Abal Medina, vociferó que la Cámara chocó con la Corte y la desconoció, porque ella fijó el plazo del 7 de diciembre. Ni siquiera leyó a la Corte ni a la Cámara. El máximo tribunal señaló ese plazo, pero también lo condicionó a que no hubiera decisiones que dilataran la normal marcha del proceso judicial. El Gobierno hizo lo bueno y lo malo para dilatar las sentencias de los jueces. Es lo que dijo, de manera menos directa, la resolución de la Cámara.


Otro inefable exponente del cristinismo, Carlos Kunkel, denunció un intento de golpe de Estado de la Corte Suprema. Aprovechó un desliz verbal del juez Carlos Fayt, que señaló al presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, como un hombre presidenciable. Fayt acostumbra a elogiar las cualidades personales y políticas de Lorenzetti, pero siempre habla de su futuro, no de su presente. Los jueces de la Corte no son todos iguales ni piensan de la misma manera. Tienen, sí, una sola cosa en común: no son golpistas ni desestabilizadores ni insensibles a las necesidades del Gobierno.

Pero, ¿qué necesidad grave e institucional se esconde detrás de los plazos de desinversión de una ley de medios audiovisuales? Ninguna. Sin embargo, el Gobierno declaró la guerra a la Corte cuando ésta decidió ordenar a los jueces que cumplan con sus funciones y dicten sentencias. Guerra silenciosa y secreta, pero guerra al fin y que se despliega en estas horas mediante un devastador huracán de presiones.

La Presidente debería relevar a sus abogados y a sus voceros después de tantas equivocaciones. El conflicto que tiene, no obstante, es insoluble. Los abogados escribieron lo que ella les dictó. Los voceros dijeron lo que ella les ordenó. El jueves, Cristina fatigó el teléfono de Sabbatella, que tenía el ánimo peor que su presidente. Ella no esperaba otra decisión de los jueces Najurieta y De las Carreras (por eso recusó a este último hasta el cansancio), pero se ilusionó con que el miedo los paralizaría. Unos días al menos. Los suficientes como para atravesar el 7-D con el discurso de algún éxito. Esos jueces tuvieron más coraje que muchos ministros juntos. Saben lo esencial: al miedo se lo vence enfrentando al miedo.

La próxima escala es la Corte Suprema. Discursos incendiarios y actos con movilizaciones financiadas por gobernadores e intendentes, como el que se hará hoy. Todo estará dirigido a esos jueces supremos, que se han convertido en la última frontera de la defensa de los derechos y garantías de los argentinos. Cristina no se resigna a una derrota. Su guerra, inservible y superflua, no ha concluido…

No llegó aún el aumento prometido a los militares


LA NACION – 08dic12 – Política

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1534972-no-llego-aun-el-aumento-prometido-a-los-militares

Esta semana se pagaron los sueldos sin cambios, pese al anuncio que había formulado Puricelli.


Sin llegar a los niveles de conflicto planteados hace dos meses en la Gendarmería y en la Prefectura, cuando los efectivos de seguridad trasladaron sus reclamos a la calle, se extiende en las Fuerzas Armadas la preocupación por no haberse concretado aún el aumento salarial prometido el mes pasado por el ministro de Defensa, Arturo Puricelli.

Según confiaron fuentes castrenses a LA NACION, Puricelli le remitió a la Presidente la propuesta de una nueva escala salarial, que fijaría incrementos del 30% al 60%, según las jerarquías y categorías militares, que beneficiaría a los niveles más bajos, como los suboficiales.


La propuesta apunta a modificar el polémico decreto 1305/12, que se dictó en agosto último para blanquear el salario y eliminar suplementos no remunerativos que percibía el personal militar y que fue suspendido a raíz de las protestas de los suboficiales de la Gendarmería y de la Prefectura, a las que se sumaron sus pares de la Armada.

"El decreto está a la firma de la Presidente", precisó ayer una fuente militar. En una comunicación enviada a todas las fuerzas, Puricelli había prometido el mes último un aumento -sin precisar el porcentaje ni el monto- y la readecuación de las escalas salariales.

En ese radiograma interno que llegó a todas las unidades militares, el ministro prometió que "con la liquidación del mes de noviembre se incorporarán mejoras previstas en el haber para todos los grados, priorizando la situación comparativa del cuerpo de suboficiales". Se comprometió, además, a promover una "mejora progresiva y gradual que continuará instrumentándose con la política salarial de 2013".


Según pudo confirmar LA NACION, el malestar se extendió esta semana entre los uniformados, al cobrar sus salarios de noviembre sin variaciones. "Posiblemente el incremento se cobre en el transcurso de este mes, retroactivo al 1° de noviembre, en una liquidación complementaria", informó la fuente castrense, aunque supeditó el cobro del beneficio a que la Presidente firme el decreto.

"Puricelli no pasa hoy por su mejor momento en el Gobierno. Su influencia para lograr la inminente firma del decreto es relativa", admitió la fuente, al reconocer que la figura del ministro de Defensa quedó debilitada en extremo luego del escándalo de la Fragata Libertad, retenida en Ghana desde hace 67 días.

La propia Cristina Kirchner había anunciado un aumento salarial al personal militar en julio último, durante la comida de camaradería de las Fuerzas Armadas. Ese incremento, que debía equipararse al otorgado en la administración pública nacional (21%), nunca se aplicó

De acuerdo con versiones recogidas por el periódico Tiempo Militar, que refleja la actualidad castrense y de las fuerzas de seguridad, un suboficial principal que con el decreto 1305 percibía $ 3310, con el aumento pasaría a cobrar $ 5238, lo que implicaría un alza del 58,2 por ciento. Entre los oficiales de mayor graduación, el incremento rondaría el 30 por ciento.

LOS ASCENSOS

Las expectativas salariales se acrecientan en momentos en que el Gobierno debe definir los ascensos del personal militar.

Las tres fuerzas enviaron ya sus propuestas al Ministerio de Defensa, que aún no concluyó las diligencias para remitir los listados al Poder Ejecutivo. Concluido el período de sesiones ordinarias del Congreso, se especula con que el trámite de los pliegos se incluiría en una eventual convocatoria de sesiones extraordinarias. Incluso, corrió la versión de que los ascensos serán tratados el próximo miércoles 12. Pero todo está supeditado a la voluntad de la Presidente, que aún no estampó su firma para rubricar los aumentos salariales ni los ascensos.

OTRO CONFLICTO EN PUERTA

Inquietud castrense por la promesa incumplida

“Aunque usted no lo crea” 

Autor Mauricio Ortin

El “pensamiento único” es un fenómeno totalitario típico que trasciende la orientación, de izquierda o de derecha, del tirano de turno. José Stalin, Adolfo Hitler, Fidel Castro y nuestros contemporáneos, Rafael Correa, de Ecuador, y Hugo Chávez, de Venezuela, son un notorio ejemplo de ello. Para el totalitario, consensuar con la oposición o atenerse estrictamente a la ley es una muestra de debilidad que afecta a la gobernabilidad. Prefiere ser temido antes que respetado. En función de ello y según el grado de autoritarismo que está dispuesta a aceptar la sociedad, gobierna.


Hitler, por ejemplo, que no se andaba con vueltas, afirmó el “pensamiento único nazi” asesinando a los que pensaban distinto.

Stalin, en cambio, asesinaba a los que no pensaban como él pero, también y por las dudas, a los declarados y probados stalinistas (el georgiano fue un auténtico perfeccionista). Fidel Castro (hoy emblema de las organizaciones de derechos humanos de izquierda) un tanto más moderado a la hora de exterminar disidentes, los encerraba de por vida en cárceles inmundas.

Por su parte, los proto totalitarismos o totalitarismos incipientes, que recién están haciendo sus armas, más que a los opositores en persona prefieren atacar primero a los medios de prensa que difunden el pensamiento de casi todos los que piensan diferente al oficialismo. De allí, que el control o la supresión de los medios que no se doblegan a “la verdad única” sea para el poder: “la madre de las batallas”. De allí, que en todos los países latinoamericanos presididos por regímenes fascistoides (Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina) el principal enemigo del poder sea la, buena o mala, prensa independiente.


Al respecto, muy bien nos ilustra Rafael Correa, el presidente de Ecuador (quien, además, con los argumentos propios de un energúmeno antisemita, tuvo el atrevimiento minimizar el atentado a la AMIA en que mataron a 85 argentinos). Pues bien, en relación al “pensamiento único” y la libertad de prensa dijo, Correa: “No hay prensa libre e independiente si es sometida a intereses privados y a los designios del capital”. Ahora bien ¡Quién fue el trasnochado que le dijo a este señor que los intereses privados son malos en sí mismos! ¿Creerá, acaso, que sólo él representa la verdad y el bien porque fue elegido presidente por la mayoría? ¿La minoría que no lo votó debe ser silenciada por no pensar como él? Correa, está confundido. Él fue elegido presidente, no Faraón de Ecuador. Además, ¿cuales son “los designios del capital” y quién es “el capital” al que se refiere? ¿Acaso, Hugo Chávez, Rafael Correa y Cristina Kirchner, que se hicieron multimillonarios en el gobierno, no forman parte del capitalismo con sus propios designios?


La madre de las batallas, con Generales de la talla de Rafael Correa, más que sangrienta se revela así grotesca. Pero, todavía, hay más. Sí, porque la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (tal vez, en un intento de alcanzar fama mundial a través de figurar en el célebre: “Aunque usted no lo crea, de Ripley”) distinguió a Rafael Correa, con el premio anual que otorga a los que, supuestamente, honran la libertad de prensa. Ya hizo el intento en años anteriores premiando a Hugo Chávez, Evo Morales y Hebe de Bonafini (es insultante la indiferencia del señor Ripley).


Por cierto, la facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata funciona en el edificio “Néstor Kirchner” (¡aunque usted no lo crea!).