lunes, 12 de septiembre de 2016

CONTINÚA UNA NUEVA AUDIENCIA DEL JUICIO MEGACAUSA III CON RELATOS DE TESTIGOS

Así lo dispuso el Tribunal Oral Federal luego de rechazar nuevos planteos de las defensas.


Hoy 11:35

Los abogados defensores habían sostenido que los planteos de recusación en contra de los magistrados intervinientes y que llegaron a Casación Penal, implicaba la suspensión de las audiencias hasta tanto el alto tribunal nacional no se pronuncie.

Sin embargo, el Tribunal Oral Federal fundamentó en su resolución que la apertura de recurso de queja no tiene efecto suspensivo.


“GENTE DE CHÁVEZ ENTRENABA A LOS CHICOS DE LA CÁMPORA”

Por Iván Velázquez

Un ex agente de inteligencia que trabajó dentro del aparato paralelo de César Milani rompió el silencio con Adelanto 24. Reveló cómo funcionaba la estructura de espionaje ilegal K, quiénes la comandaban y por qué Cristina pasó a retiro a su general.


Con el progresivo debilitamiento del kirchnerismo y su posterior salida del poder, tras la inesperada derrota a manos de Mauricio Macri, uno de los temas que emergió desde los sótanos del Estado fue la existencia de un aparato de inteligencia ilegal dedicado a nutrir de preciada información al gobierno anterior, la cual era empleada para perseguir a opositores y vigilar a la propia tropa.

Mucho de mito y tergiversación rodeó el asunto, que hace apenas semanas la Justicia pidió investigar, luego de una entrevista que el ex espía Antonio Stiuso brindó al diario La Nación. En ella, “Jaime” apuntó por este servicio secreto K contra el ex jefe del Ejército, César Milani. Sin embargo, que tanto de mito y verdad hay aquí es la pregunta.

“Todos hablan, pero pocos saben”, sintetizó un ex agente civil de Inteligencia del Ejército (PCI) que, arrepentido, decidió contar su verdad en Adelanto 24. Por razones de “seguridad”, el entrevistado pidió que su identidad permaneciera bajo secreto. Ya que, posiblemente, termine aportando información ante la Justicia.

-      ¿Qué puede contarnos sobre el aparato de inteligencia K? ¿Realmente existió?

-      Gran parte de lo que se dice es cierto. Pasa que nadie sabe realmente cómo funcionaba. Todos hablan de la tecnología, a la cual no hay que quitarle mérito, pero llevo más de 25 años en la Inteligencia Militar y nosotros trabajábamos muy distinto. El secreto que encerraba el éxito de Milani era su red de informantes extendidos a lo largo y ancho del país, y en el exterior con el personal agregado en las embajadas.

-      ¿Y cómo funcionaba esa red?

-      Milani, a través del coronel Marcelo Granitto, el suboficial Joaquín Conrado Pereyra, el coronel Víctor Hugo Pérez, el PCI Jorge Barreiro y el actual Director General de Inteligencial del Ejército, José Arce, tenía repartido el país en zonas. Y en cada una de ellas reclutaban a sus informantes. Había mucho dinero destinado a esto. Llegamos a tener el presupuesto más grande del país: 600 millones de pesos para tareas de inteligencia, ¡más que la SIDE y el Ministerio de Seguridad!

-      ¿Y qué hombres llegaban a ser parte de la red de informantes?

     De todo tipo. Policías provinciales, federales, gendarmes… el nexo ahí era Pereyra, por su amistad con el entonces jefe de Gendarmería. Se tenía todo controlado. Además, obviamente, había gente infiltrada en organizaciones sociales, la oposición y en los ministerios de todas las provincias. Todos estos informantes, semanalmente, pasaban un parte vía mail a su jefe de Grupo. Y después estaban las Operaciones Especiales, donde si se tenía que alquilar una propiedad o comprar voluntades para espiar a alguien, se hacía. Eran operaciones que ni la SIDE ya hacía. A mí me toco viajar al Norte, por ejemplo, y alquilar una casa que estaba frente a la de un fiscal que acusaba a Milani en el caso Ledo .

-      ¿Cómo fue eso?

-      Se alquiló la casa y después un equipo técnico se instaló bajo la cobertura de una familia pero, en definitiva, de allí se operaban los scanner de interceptación de telefonía y se tenía vista de los movimientos de ese blanco. Como eso no le alcanzaba a los jefes, incluso, dieron la orden de ponerle un rastreador vehicular. ¿Por qué cree que a Milani nunca lo metieron preso?…

-      ¿Qué lo lleva a contar esto?

-      Que esta gente es una basura, que se enriqueció con plata del Estado, a costa del desprestigio de la Institución Militar. Y porque la verdad se tiene que saber.

-      ¿Por qué se rompe la relación entre Milani y Cristina?

-      Mire, la Señora será lo que será pero de tonta no tiene nada. Los K tenían tres “inteligencias”: la de la SIDE, en la cual después de la muerte de Néstor dejaron de confiar por completo, en especial en la figura de Stiuso; la del Ejercito; y una que actuaba en tunder con servicios extranjeros Venezuela. Acá había gente de Chávez, militares de Inteligencia, operando y entrenando a los chicos de La Cámpora en contraespionaje y guerra cibernética. Y créame, trabajaban muy bien. A la Señora le llegaba información de todos lados.

Cuando matan a Nisman (sic) Milani se había transformado en un peligro latente para el Gobierno, porque si fallaba la “operación desvío” podían llegar a la Señora. Pero eso no fue todo: Milani comenzó a tener relaciones profundas con el sciolismo, ofreciéndole sus servicios y blindaje para perdurar en el próximo mandato. Esta maniobra fue advertida por el riñón más leal de informaciones y comprobada; es ahí cuando la Señora montó en cólera y decidió pasarlo a retiro.

-      ¿Qué es de la vida de Milani hoy?

-      Y muy mal no le fue. Y no lo digo por la pancheria (NdR: Tío Tola, la cual abrió en sociedad con Guillermo Moreno). Como buen hombre de Inteligencia, supo reciclarse y ofrecer sus servicios al mejor postor. Por un lado, llegó al Ministerio de Seguridad de la Nación a través de Nilda Garré. Aunque Patricia Bulrrich lo oculte o niegue, conoce a Garré de los dorados ’70, cuando ambas eran jóvenes idealistas y luchaban por un mundo mejor. Además, solapadamente, su consultora consiguió unos contratos y mantiene cobertura con ese Ministerio. Y como si fuera poco, logró sostener a su delfín, José Arce, que sigue controlando gran parte de esa estructura de Informantes, en la Dirección General de Inteligencia del Ejército. Lo que no sabe el Gobierno es que Milani es Lucifer, y tarde o temprano los va a extorsionar. También sigue trabajando para la reconstrucción del PJ. Se junta seguido con los intendentes Alejandro Granados y Mario Ishi; y come asados con Guillermo Moreno, que terminan con una ronda de whisky y truco, en el que apuestan por la caída de Macri en 2017.


ZAFFARONI, ¿TIENE CORONITA?

16/08/16
Por Mauricio Ortín

El Colectivo de abogados querellantes en causas de crímenes de Lesa Humanidad reunido el 12 y 13 de agosto pasado en las IV Jornadas Nacionales en la ciudad de Buenos Aires manifestó en su documento final la necesidad de que se declare el estado de emergencia judicial en las causas donde se investigan delitos de lesa humanidad. La corporación atacó directamente al gobierno del presidente Macri porque “…niega la magnitud del genocidio perpetrado contra nuestro pueblo” y “…se refiere al Terrorismo de Estado como ‘Guerra sucia’…”. También hicieron conocer su disgusto de que el “Secretario de Derechos Humanos de la Nación recibe en la ex ESMA a familiares de genocidas”.  Es de notar que de las IV Jornadas Nacionales participaron fiscales que intervienen en los procesos de lesa humanidad en todo el país y que la Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó, declaró el evento de Interés Institucional.


En mi opinión, el acontecimiento constituyó un esfuerzo velado e inútil de la usina ideológica K por reinstalar, en la opinión pública y la publicada, el par antitético “justicia-derechos humanos” con el propósito de desplazar al estruendoso y recontrainstalado par, “justicia-kchorros”. Además, el acto fascista de coaccionar al presidente y, por ende, a todos los argentinos a que acepte la falsedad evidente de que fue un genocidio y no una guerra es descalificatorio de sí mismo. El invitado, ex terrorista montonero y disertante estrella, Horacio Vertbisky se los podría haber confirmado in situ. El Ejército Montonero firmaba sus asesinatos en “Comunicados de Guerra”. No sería raro que “el Perro” hubiera redactado aquel que daba cuenta del atentado criminal de lesa humanidad al comedor de la Super Intendencia de la Policía Federal y por el que todavía ni se arrepintió, ni pidió perdón a los familiares de las víctimas, ni rindió cuentas a la justicia.


Párrafo aparte merece, como “broche de oro” de las VI JORNADAS, la participación del Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Eugenio Zaffaroni. Es obvio que los integrantes del Colectivo de abogados querellantes en causas de crímenes de Lesa Humanidad ignoran que Zaffaroni negaba el derecho humano de Habeas Corpus a aquellos desaparecidos cuyos familiares, en su desesperación, le solicitaban. Seguramente también desconocen que el “jurista” emblemático del kirchnerismo, además de alquilar sus departamentos a prostíbulos, hacia 1980, escribió el libro “Derecho Penal Militar”. Texto, en el cual, con gran esmero y experticia, Zaffaroni justifica el golpe de Estado de 1976 y la represión contra los subversivos; la misma que, hoy, el Colectivo de Abogados Querellantes y el mismo Zaffaroni, llaman, “genocidio”. Es forzoso pensar de que el colectivo de abogados querellantes no tiene la menor idea de quién es Zaffaroni; ya que, en su defecto e ipso facto, LAS VI JORNADAS DE ABOGADAS Y ABOGADOS QUERELLANTES EN CAUSAS POR CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD, mutarían en una monumental payasada.



Pues bien señores fiscales y abogados querellantes, ahora que lo saben, descontamos que denunciarán y querellarán a Eugenio Zaffaroni por los crímenes de lesa humanidad que con tanta saña imputan selectivamente contra los militares, empresarios y jueces que no responden al relato K. No hacerlo sería muy grave. Tanto como igualar a la majestad de la justicia a un circo y sus bufones (por cierto, lex dura lex, al “genocida” si pide prisión domiciliaria).

DESAFÍOS E INCONGRUENCIAS


A pesar del arduo camino a recorrer para recomponer la deteriorada situación económica que dejó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, mezcla de errores y de medidas tomadas deliberadamente para perjudicar al gobierno siguiente y al país todo, los mayores desafíos de Cambiemos no provienen exclusivamente del ámbito económico.

De hecho, y tal cual comentamos en el mes de agosto, la inflación tiende definidamente a bajar, llevada por la recesión y por algunas medidas de fondo como la contención de la emisión. Por su parte, esto permitirá un descenso de las tasas de interés y atraerá un previsible flujo de capitales productivos, lo que promoverá un crecimiento lento pero sólido en los próximos trimestres.

También el desafortunado episodio de la suba de las tarifas, concretada con múltiples errores de ejecución, tiende a regularizarse con la ayuda de la Corte Suprema y de un baño de sensatez y humildad, no sin dejar una secuela de daño tanto al prestigio como al ambicioso programa de reducción de subsidios previsto por el gobierno.


En la medida en que se pueda mantener contenida y controlada la reacción social que todo ajuste conlleva, hasta que las variables comiencen a ser favorables, el frente económico podrá estabilizarse y solo quedará firme, como enemigo declarado, el núcleo conformado por la izquierda dura, los seguidores ciegos que responden a Cristina Fernández y los grupos de montoneros y demás movimientos radicalizados. El resto, incluyendo los gremialistas tradicionales agrupados en la CGT, el PJ, el Frente Renovador y demás expresiones políticas, constituyen la oposición natural que cumple su rol y que no pone en peligro al sistema institucional.

Sin embargo, no son estos los únicos desafíos que debe enfrentar el gobierno, ni los únicos frentes en que debe mostrar congruencia y aptitud. Las noticias de los acelerados contactos con Gran Bretaña, realizados con la expresa intención de atender al pedido de que Argentina ceda en las objeciones a la extracción de petróleo y gas por compañías británicas en Malvinas y autorice vuelos directos por sobre su espacio aéreo, preanuncian un conflicto interno de proporciones que el gobierno no parece evaluar en toda su gravedad.


Desde el punto de vista estratégico toda acción que permita a un usurpador disminuir sus costos y aumentar los beneficios en la tierra ocupada, favorece el “status quo” del invasor, debilita las demandas de soberanía y resta argumentos para que se avenga a negociar el tema central. También desalienta el apoyo que terceros países del ámbito regional han brindado aun a costa de afectar sus relaciones con Gran Bretaña.

Desde el punto de vista jurídico, la Constitución Argentina establece, respecto de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur que “La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.” y la Ley 23.775 declara como provincia al territorio nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e  Islas del Atlántico Sur,  sujetos  los territorios litigiosos a los tratados que se establezcan. Va de suyo que autorizar a la potencia que usurpa el territorio a explotar recursos no renovables como el petróleo y el gas, en la Zona Económica Exclusiva de Malvinas, afecta seriamente a la soberanía nacional y a los intereses de la provincia, además de contraponerse al espíritu y la letra de lo legislado.


Aunque todo esto es más que suficiente para que rechacemos con énfasis el acuerdo que se plantea hay un factor más que el gobierno parece desconocer y lo encamina hacia otro de los errores políticos propios de una falta de sensibilidad frecuente. Malvinas no es una cuestión menor desde el punto de vista de las emociones que son tan importantes como la razón a la hora de predecir las actitudes humanas. Por Malvinas hemos luchado y sufrido bajas. En el fondo del mar yacen buques como el Crucero Belgrano, en su territorio descansan restos de nuestras aeronaves y en su cementerio duermen el sueño final, cientos de nuestros combatientes. En cada colegio, en cada centro de veteranos, en cada conciencia argentina, Malvinas despierta sentimientos más o menos profundos, pero siempre presentes. ¿Cree el gobierno que puede firmar un acuerdo como el que se esboza sin suscitar las más duras y viscerales reacciones? ¿Podrá alguna participación o tajada en la explotación petrolera o algún negocio con empresarios británicos convencer a la ciudadanía de que no estamos vendiendo nuestros derechos y la sangre de nuestros muertos a cambio de un beneficio económico menor?


Ignorar estos interrogantes constituirá un error mayúsculo que aún estamos a tiempo de evitar y por eso ponemos el mayor empeño en hacer llegar este mensaje.

Hay también un sector que apoyó masivamente con sus votos al gobierno de Cambiemos y que ha comenzado a sufrir un duro desencanto. Me refiero a “la gran familia militar, policial y de las fuerzas de seguridad” que engloba a retirados, sus parientes y grupos afines. Se esperaba que el gobierno terminara con “el curro de los derechos humanos” traducido en una continuidad de juicios que han perdido todo sustento jurídico y que se multiplican con su secuela interminable de nuevos detenidos y con el pago de indemnizaciones a parientes de terroristas, sean ellos “desaparecidos”, muertos en combate, ejecutados por sus pares o escapados del país. Los juicios en Tucumán y Santiago del Estero son los nuevos escenarios en que vemos a militares juzgados por defender por las armas al país bajo órdenes impartidas durante un gobierno constitucional o enfrentados a estrados en que los jueces registran vínculos inocultables con los querellantes.


Lo más grave en estos juicios, con respecto al gobierno, es que la Secretaría de Derechos Humanos toma partido presentándose como querellante, mientras mantiene el secreto sobre los listados de personas que recibieron indemnizaciones e ignora las repetidas denuncias acerca de las violaciones de los derechos humanos de los detenidos por delitos denominados de “lesa humanidad” como si esos detenidos no tuvieran la condición de humanos. A esta altura queda claro que el Secretario de Derechos Humanos de la Nación debería ser reemplazado por un jurista que acredite imparcialidad y que deberían tomarse medidas urgentes para frenar el listado de muertos en prisión, la permanencia en prisión preventiva más allá de todo plazo procesal y el encono con que se mantiene en prisión a ancianos enfermos en condiciones precarias. Violar derechos humanos en nombre de los derechos humanos es la incongruencia más profunda que puede atribuirse a un gobierno, un sistema judicial y una sociedad moralmente justa.

No caben dudas que todo esto también tendrá su peso a la hora de evaluar el voto del sector, en la próxima contienda electoral.

Finalmente vale detenerse en otra de las grandes deudas pendientes que este gobierno arrastra y que comienza a hacer suya a medida que pasan los meses. La inseguridad o, para ser más enfático, la criminalidad que nos azota.

El punto que más nos inspiró a la reflexión fue el caso de un médico que fue asaltado a mano armada, golpeado, pisado con su propio vehículo y que luego de enfrentar y matar al delincuente tuvo que soportar no solo las amenazas de sus familiares, sino también múltiples cuestionamientos jurídicos y mediáticos que analizan su accionar hasta poner en duda su condición de víctima.


La Ministra de Seguridad manifestó acertadamente que el asaltado era la única víctima, pero el Ministro de Justicia la contradijo y declaró que las víctimas fueron “el médico, la persona que murió y toda la sociedad”. Este tipo de declaraciones que se tipifican como “políticamente correctas” diluyendo la responsabilidad entre el delincuente, la víctima del delito que cometió el pecado de defenderse con eficacia y toda una sociedad que sostiene infructuosamente con sus impuestos a un sistema judicial y policial con la esperanza que la defienda, nos muestran que el problema de la inseguridad no tiene solución si no hay resolución y compromiso político.

Si un delincuente puede golpearte, robarte, atropellarte y cuestionan que te defiendas de la mejor manera posible, no solo está mal la justicia sino la cultura social.

Los que creen que el ser humano es un títere de su entorno social y no puede distinguir el bien del mal, niegan la libertad y la responsabilidad del individuo. Si queremos vivir en una sociedad en la que no rija la ley de la selva, debemos ser capaces de priorizar los derechos del ciudadano que cumple la ley sobre los que eligen violarla y delinquir. Esto vale tanto en la calle como en la función pública y debería ser tenido en cuenta a la hora de legislar y de perseguir al delito.

El gobierno podrá probablemente arreglar la economía, pero no puede conducir una nación sin atender a su soberanía, sin cerrar las heridas que la venganza montonera mantiene siempre frescas y ardientes y sin jugarse para defender a sus ciudadanos en un país azotado por el delito y la criminalidad. Estos son los desafíos y atenderlos es una tarea imprescindible para no caer en las incongruencias que quitan credibilidad y seriedad.

Esperamos sinceramente que aquellos a quienes otorgamos la responsabilidad de gobernarnos sepan escuchar y actuar en consecuencia.

Juan Carlos Neves
Primer Secretario General

Nueva Unión Ciudadana

domingo, 11 de septiembre de 2016

11 DE SEPTIEMBRE DE 2001: 15 AÑOS DE TERROR

El 11 de septiembre de 2001 quedó marcado como la fecha en el que el mundo conoció el terror. A 15 años, el rostro del terrorismo ha cambiado de al-Queda a lo que ahora conocemos como el Estado Islámico, sinónimo de miedo y guerra.

Nuestro recuerdo y homenaje a todas las víctimas del terrorismo en el mundo.


CUANDO EL ASCO SE VUELVE INSOPORTABLE


"Ese espacio gris y despojado que anuncia que terminó
la vida y empieza eso de todos los días". Marcelo Birmajer

La saga judicial que convirtió a la asociación ilícita encabezada -al final- por Cristina Elizabet Fernández en nuestro diario alimento mediático, por la magnitud de los desfalcos ejecutados y la variedad de las reparticiones del Estado saqueadas, produce una natural repugnancia en la mayoría de la sociedad. Según las encuestas, la integran más del 80% de los ciudadanos, que consiguieron despertar del sueño en que estaban sumidos al calor de la ilusoria y falsa bonanza de los bolsillos. De todas maneras, queda una facción irreductible, estimable entre un 15 a 20%, que aún cree en el relato de liberación y progreso que tan eficientemente vendió el kirchnerismo; se da aquí el curioso caso de pobres defendiendo a ricos que los condenaron a la miseria.

Sin embargo, el miércoles se produjo uno de esos históricos momentos-bisagra, que deberían cambiar para siempre el derrotero de los pueblos y, sobre todo, la suerte de los grandes personajes. Me refiero al estudio que publicó el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, que determinó que, en cifras del último trimestre del mandato de la siniestra viuda, uno de cada cinco chicos argentinos tenía déficit alimentario o, vulgarmente, padecía de hambre estructural.

Porque ese día, la mugre rebalsó. Hasta entonces, las cifras robadas por los Kirchner y todos sus cómplices eran, en el fondo, números; enormes y a veces inasibles, pero sólo números. Ahora, después de la extendida década más favorable a la Argentina en los últimos noventa años, ya no cabe duda que no estamos solamente ante una defraudación a la administración pública de escala planetaria. Los duros datos dados a conocer confirman que, como he afirmado en muchísimas notas, aquí se cometió un verdadero genocidio, un delito de lesa humanidad y, como tal, imprescriptible.

Los Kirchner no dudaron en robar empresas y hasta actividades enteras, pero ahora sabemos que tampoco lo hicieron cuando se trató de quitar la comida de la boca, literalmente, a los más pobres, a los más indefensos, a quienes carecen de todos los servicios elementales que el Estado debería brindarles, como salud y educación. Ahora, no sólo se cayó la careta que usaron durante casi trece años sino se comprobó que su afán de lucro no reconoció límite alguno. Don Néstor sostenía que, para hacer política, se necesitaba platita; sin embargo, pese a lo mucho que acumularon, irremediablemente fueron expulsados del poder, porque sólo se trataba de una excusa.

La humanidad entera se ha preguntado, a lo largo de los siglos, a qué simas de maldad puede llegar una persona. Stalin, Hitler y muchísimos otros batieron records absolutos, pero pertenecen a la historia. En cambio, los argentinos convivimos, día a día y en la calle, con especímenes dignos de figurar en el libro de los records de Guiness, a quienes hemos votado una y otra vez sin preguntarnos qué pasaba en los pasillos del poder. En especial, sólo el porcentaje que convirtió a Cristina, en 2011, en uno de los presidentes más votados de nuestra democracia, nos cubrirá eternamente de vergüenza.

Por eso, la cuestión acerca de si la viuda de Kirchner debe ir presa ya mismo o no, se transforma en totalmente irrelevante, tanto como la presunta vocación del Gobierno de tenerla como sparring en las elecciones legislativas de 2017. Ya no se trata de una situación sobre la cual se pueda especular políticamente, y el eventual riesgo de una reacción violenta frente a su detención tampoco puede condicionar la decisión de los jueces.

Como nación, cuyas pústulas asquerosas exhibimos impúdicamente ante el mundo entero, no nos podemos dar el lujo de seguir esperando que la Justicia se desperece y reaccione, cumpliendo así con el deber que la ley le impone. Tenemos la obligación, como sociedad, de reclamar al Consejo de la Magistratura que ponga en marcha, de una buena vez, la auditoría en los juzgados federales de todo el país que tramitan causas de corrupción, pasadas y presentes y, con su resultado, sancione a los jueces que no hayan sabido -o querido- ejercer el supremo rol que la Constitución les adjudica; asumamos ese deber, entonces, y salgamos a la calle pacíficamente a ejercer la lícita y legal presión civil.

En esta partida no solamente nos jugamos nuestro pasado sino, peor aún, nuestro futuro. Nadie confía en un país que, frente a tantos crímenes, mantiene su indiferencia, que equivale a la impunidad de los criminales ni, por supuesto, está dispuesto a invertir en él. Basta, para confirmarlo, que Perú sólo comenzó a crecer cuando condenó a Alberto Fujimori a los largos años de cárcel que aún purga, después de obtener su extradición de Japón en 2005, donde se había refugiado creyendo que su doble nacionalidad lo ampararía.

El otro episodio de la semana fue el fallo de la Corte Suprema en el tema de las tarifas eléctricas. No voy a referirme a sus aspectos socio-económicos, pese a que le permitieron al Estado un enorme ahorro en subsidios, sino a la fuerte reprimenda que aplicó a la Juez federal Martina Forns, de San Martín, que había dictado una medida cautelar para impedir los aumentos de las facturas de luz en todo el país. Lo relevante no fue la supina ignorancia del derecho que le fue atribuida por los jueces supremos, sino su adscripción a la organización kirchnerista Justicia Legítima, creada precisamente para colonizar al Poder Judicial, garantizar la impunidad de sus mandantes y, cuando éstos no pudieron sobrevivir al tsunami electoral, intentar convertir en un infierno inhabitable la gestión del sucesor.

Esta situación ya había sido puesta en blanco y negro por el Juez federal de Mar del Plata, Alfredo López, quien tiene a su cargo las agresiones a pedradas que debieron soportar Mauricio Macri y María Eugenia Vidal en esa ciudad, protagonizadas por integrantes de La Cámpora, claramente identificados. El magistrado se vio obligado a amenazar con su renuncia, ante la negativa de los fiscales dependientes de Alejandra ¡Giles! Carbó, otro notorio esbirro de Cristina, a impulsar la investigación por los delitos cometidos.

Con ello, y por escrito, alertó al Poder Ejecutivo que, mientras Justicia Legítima siga existiendo -en realidad, mientras sus miembros sigan ocupando lugares de relevancia en el Poder Judicial, Cámara Federal de Casación Penal incluida- no será posible gobernar.

Sólo nosotros, los ciudadanos, podemos corregir y enmendar ese escenario. Demostremos así que, al menos esta vez, el asco que nos produce ya nos resulta insoportable.

Bs.As., 10 Sep 16

Enrique G. Avogadro
Abogado
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HAGAMOS EL PAÍS QUE SOÑÓ SARMIENTO

Carta de la semana


De la polifacética actividad de Sarmiento como estadista, político, escritor, periodista, militar, en el día de su muerte se lo recuerda en su papel de educador por la impronta que dejó. Luchó toda su vida por la educación y la cultura del pueblo, pues creía que ellas junto con el trabajo eran los tres pilares que sostendrían la Nación. Pensaba que no sólo la educación era el remedio más eficaz para combatir el atraso y la ignorancia, sino también que era necesaria para desarrollar en los jóvenes los hábitos del orden y la disciplina, además de ser un rol armonizador para un país que en ese entonces aparecía fragmentado. Mostrando su permanente preocupación por esa educación, hizo decisivos aportes para ampliar y mejorar el sistema público de enseñanza, aunque ese ciclópeo afán sólo tuvo gratificación recién cuatro años antes de su muerte, al aprobarse en 1884 su viejo proyecto: la ley de educación gratuita, laica y obligatoria.

El escritor y ensayista Martínez Estrada dijo: "Sarmiento soñó un gran país y nosotros le creímos". Lastimosamente, desde hace varias décadas -pero muy en especial en la última- se procuró con énfasis desvirtuar ese ensueño del prócer. Por ello es que ahora nos corresponde bregar, rescatando aquel deseo sarmientino, para que nuestra creencia de un gran país se haga realidad.

María Salomé Outes Aparicio
DNI 12.086.246