martes, 4 de septiembre de 2018

LARRABURE, PREVARICACIÓN E HIPOCRESÍA



Piero Calamandrei. Elogio de los Jueces. 1935

Nadie puede refutar la frase del epígrafe; son los hombres, los jueces, quienes hacen que una justicia sea buena. Pero son también los hombres los que- amparados en su investidura y guiados por provechos políticos, íntimos enconos o simple cobardía- la prostituyen y la convierten en injusticia. Y no importa de dónde venga ni contra quién vaya: la injusticia es inaceptable siempre. La injusticia desmoraliza al universo social, elimina la confianza y menoscaba inexorablemente a los ciudadanos, “Cualquier injusticia contra una sola persona representa una amenaza hacia todas las demás” indicó, hace casi trescientos años, el barón de Montesquieu.


¿Por qué debíamos creer que la justicia federal por una vez no trataría de manera oblicua el caso “Larrabure”?, porque el art. 7 del Estatuto de Roma que creó la Corte Penal Internacional, al definir los crímenes de lesa humanidad, dice, taxativamente, que estos pueden ser cometidos “por un Estado o una organización”. Más que claro el argumento porque el crimen del Coronel Larrabure, su secuestro, prisión y posterior ejecución, fue cometido por una organización, el ERP, y no por cuatro loquitos mandados por Santucho o Kremer. Tan claro, que si este reclamo hubiera sido elevado en un sistema judicial donde las leyes fueran aplicadas por hombres probos ni siquiera hubiera hecho falta un abogado de la jerarquía de Javier Vigo Leguizamón; con un abogado de oficio hubiera bastado.

Dr. Javier Vigo Leguizamón


Pero estamos en Argentina, donde la justicia federal ha dado fehacientes pruebas de que está al servicio de una determinada causa política y la injusticia -acunada entre la prevaricación y la falsedad- se ha convertido en la moneda corriente con que son tasadas la maldad y sevicia que ponen en sus sentencias los jueces.


Nada duele más que una injusticia, nada hace sentir más impotente a una persona que una sentencia inicua. Es allí donde el Estado, representado por los jueces muestra su cara oscura. El peor de todos los delincuentes es el operador judicial llamado juez, que, amparado en su investidura y anclado en el poder punitivo que le confiere la constitución y la ley, arrasa con pruebas y argumentos, sin más guía que sus intereses políticos y odios personales.


El Coronel Larrabure murió perdonando a sus verdugos, a ese nivel de grandeza había llegado, pero eso no obsta que nosotros,  que no tenemos esa nobleza, consideremos a aquellos que lo mataron, asesinos y a los jueces de la cámara de Rosario, encubridores.

El Recadito, 03/09/2018

José Luis Milia

NOTA: Las imágenes, enlaces y destacados no corresponden a la nota original.

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