lunes, 8 de octubre de 2018

EL CONSTANTE CAMINO SIN ALTERNATIVAS AL FRACASO

7 de octubre de 2018

CIVILIZACIÓN Y BARBARIE. LECCIONES DE NUESTRA HISTORIA. ANGUSTIAS Y FRUSTRACIONES DEL PRESENTE


Como la inmensa mayoría de argentinos que ya hemos vivido cantidades inconmensurables de frustraciones y decepciones políticas y culturales, fluctuando entre la esperanza e ilusión y la indignación y el fracaso, constantemente me interrogo  porqué somos como somos y nos hemos transformado en un mal ejemplo para países normales del mundo, especialmente vecinos que nos admiraban.


Trato de dilucidar también si en las actuales circunstancias existe el remedio adecuado e idóneo para rectificar hasta abruptamente si es necesario, el camino por el cual tropezamos reiteradamente con nuestras incapacidades, tibiezas e irresponsabilidades.

Y si es posible elaborar los paradigmas estratégicos prospectivos, con el consenso de las "personas civilizadas", quienes de una vez por todas deben salir del anonimato y la indefinición y actuar decididamente antes que sea tarde.

No caben para ello medias tintas ni experimentos ambiguos, pues el mal, sostenido por "los bárbaros" que conviven y se mimetizan entre nuestra gente,  está anclado en nuestras propias raíces como sociedad, y para erradicarlo de una vez y para siempre, hay que renovar las fundamentaciones y estructuras que lo sostienen y le permiten desarrollarse.

La fórmula "cambiar para que nada cambie", es prácticamente una traición que puede sonar por un tiempo como  elegante, propio de la deficiente y claudicante clase dirigencial que intenta conducirnos.


A mediados del siglo XIX, Domingo Faustino Sarmiento, al relatar la vida del caudillo Juan Facundo Quiroga, presentaba, quizás  de alguna manera imperfecta pero descriptiva, la realidad del país al comienzo de la Organización Nacional y luego de las sangrientas luchas internas por constituir una república unida,  organizada y previsible.

Destacaba en ese momento la existencia en nuestro territorio de dos concepciones antagónicas de sectores poblacionales; por un lado el ámbito "de la civilización", radicado preferentemente en ciudades y pueblos importantes y descendiente de los colonizadores europeos y en el opuesto "el de la barbarie", esparcido a lo largo del territorio inculto y extendido, constituido por grupos humanos nativos tribales y anárquicos.

A su vez la civilización incluía dos concepciones complementarias; por una parte lo relativo al progreso material y el bienestar según un desarrollo coherente y justo y  el de la cultura, estructurado sobre valores tradicionales y objetivos de mejoramiento constante. En ambos  imperaban reglas de juego claras para la convivencia social, el orden y el progreso.

En cuanto a la barbarie, según Sarmiento, los grupos humanos excéntricos por su localización geográfica, convivían en una suerte de anarquía permanente conducidos por sus pasiones y la satisfacción de sus necesidades primarias de supervivencia.


Para poder constituir una república unida y próspera era necesario que los pueblos fuertes se extendieran a todo el territorio de la Patria, asimilando a los salvajes por la educación, el orden y la ley y o eliminándolos físicamente.
Indudablemente ésta fue la idea fuerza que orientó la Campaña del Desierto[1] lanzada por Roca en 1878 y las inmigraciones masivas de nuestros ascendientes hacia fines de siglo[2].


Y así, con decisión y convicción, aunque en algún sentido con extrema rudeza, nació el país que se destabaca como uno de los más promisorios del mundo al comienzo del siglo XX.
Han pasado ciento veinte años de aquella época a la vez dramática y esperanzadora y el escenario que hoy presentamos al mundo es deprimente e indefinido.

¿Cómo ocurrió ese deterioro progresivo cuyo inició comenzó a percibirse a partir de la tercera década del siglo anterior?

¿Quién o quienes, por qué y para qué, fueron los responsables  más significativos  de esa involución incontenible que se  agudizó con el transcurso de los años y se hizo patética, grave y hasta inexplicable en los últimos treinta y cinco de falsa y espurrea democracia?

¿Porqué fuimos capaces de perder la conciencia de nuestros destinos y pisotear los mandatos y ejemplos de nuestros Padres Fundadores con absoluta desaprensión y hasta jactándonos de ello?


Los valores tradicionales han sido reemplazados por una modernidad y laicismo esparcidos incontroladamente, opuestos a la ley natural y nuestras convicciones religiosas.

Se proyectan sin limitación a través de medios de difusión sostenidos por intereses de adentro y de afuera, quienes precisamente han creado esta suerte de contracultura para destruirnos sin vuelta. Y en ese panorama el Estado, prácticamente ha dejado de existir.  


¿Porqué seguimos chapoteando en un barro maloliente sin encontrar razón ni solución a nuestros desatinos, tolerando y hasta apoyando, la acción disolvente insertada en nuestras propias instituciones, de modelos actualizados de "barbaros", quienes aunque sin taparrabos ni lanzas visibles, nos han hecho esclavos de sus bajas pasiones, concepciones primitivas e inconsistencias programáticas?

¿Porqué conscientes de nuestras deficiencias y peligros consiguientes, seguimos aferrados a soluciones y recetas superficiales y voluntaristas, que finalmente nos llevan a un fracaso recurrente cada vez más cerca del abismo?


En ese sentido la generación que construyó un país grande que ha dejado de existir, no dudó en su momento combatir a fondo con ideas y la fuerza de las armas, para erradicar la barbarie.

¿Porqué cultivamos con encanto y contemplamos absortos las recetas y diagnósticos de parlanchines de ocasión, magos de opereta, con  soluciones mágicas para   problemas profundos y trascendentes que nos agobian y al implícito servicio de grupos de intereses sectarios y disolventes, de aquí y de afuera?

Arquitectos de negocios, timbas, garitos y falacias financieras inmensas que producen ganancias inconmensurables a sus operadores y sostenedores a costa de la ingenuidad de los pobres argentinos.


¿Porqué permitimos, toleramos y hasta apoyamos que sujetos (as) sin honor, repudiables y obsoletos se reciclen creyéndose con derecho a volver al poder en sus diversos ámbitos y jurisdicciones?

Todos ellos reedición de bárbaros que en su momento fueron transformados o erradicados por argentinos que no se dejaron comprar, construyeron con sacrificio y visión y nos legaron una herencia viva y promisoria.  Ahora proliferan sin control adoptando formas sutiles para dar satisfacción a sus irrefrenables pasiones y sus costumbres tribales y mafiosas.


¿Porqué convalidamos con nuestro silencio o indiferencia, que los crímenes más horrendos, especialmente la corrupción, sean ignorados deliberadamente o sumergidos en los laberintos de una justicia comprada y vendida al mejor postor, para pagar muy ligeramente los costos de sus aberrantes, públicas e impunes transgresiones a su deber y o presentarse como "mártires perseguidos", sufrientes y marginados, y muchísimos los creen?


Nos sentimos deslumbrados por fuegos artificiales de ocasión y el empleo del tiempo perdido en incontables subterfugios, como estrategia de castigo insustancial. Justamente nuestro extendido y privilegiado "aparato judicial", es en realidad y en el noventa porciento de los casos, la herramienta insustituible para el "aparato de la impunidad" que se impone y domina.


¿Porqué toleramos que nuestros medios de comunicación social, especialmente televisión y cine, penetrando sin control en los hogares, proclamen constantemente y en cualquier horario consignas, escenas y relatos humillantes y detractores de la moral y los sentimientos nacionales, envenenando, narcotizando y alienando especialmente a la juventud y destruyendo la familia y los afectos?

Sostenidos por difusos grupos económicos, sirven a los propósitos  de una contracultura humillante y colonialista, que es permitida "por nuestros dirigentes" bajo el pretexto de una falsa "libertad de prensa".

¿Porqué soportamos pacientemente que legiones de incapacitados intelectuales, culturales y sociales en su gran mayoría importados sin control, manejados por caudillejos  al servicio de grupos anarquistas y patoteriles con abundante dinero disponible,  determinen cuándo, dónde y cómo podemos ejercer nuestro derecho constitucional de transitar, trabajar y sentirnos seguros?

¿Dónde se ubica el Estado en estas circunstancias?  La disciplina social,  solidaridad, el respeto a la libertad del prójimo y la autoridad, valores fundamentales para una vida en democracia,  ¿deben y pueden ser entregados al arbitrio de sinvergüenzas y especuladores, autocalificados como dirigentes sociales y o gremiales?

¿Porqué sostenemos y propugnamos el arribo a los cargos más determinantes de los tres poderes del Estado de individuos (as) inhabilitados técnica, moral y psíquicamente para ejercer responsabilidades trascendentes al servicio del bien común, tolerando y hasta justificando sus sistemáticos relatos, falacias y traiciones?

¿Es la democracia  herramienta útil para la llegada al poder de los mas incapacitados integrales?

¿Porqué hemos tolerado el aumento sistemático, desbalanceado, irresponsable y demagógico, particularmente en los últimos treinta y cinco años, de la burrocracia democrática y los escandalosos privilegios de actuales y ex políticos, pseudo representantes del pueblo, que proyectan constantemente ejemplos indignantes de conducta, haraganería y frivolidad?
Más aun a ellos le damos nuestra confianza y la autorización implícita para saquear y destruir a su arbitrio ámbitos políticos, administrativos y culturales, como resultado de comicios ingeniosamente organizados para la trampa y el fraude tradicional, tolerado, ignorado e incentivado.

¿Para  qué y por qué,  descontrolamos irresponsablemente  nuestras fronteras permitiendo el ingreso casi irrestricto de poblaciones de diferentes razas y religiones a fin de que se acumulen en nuestras ciudades multiplicando la pobreza,  exclusión, el delito en vigoroso aumento y hasta la miseria funcional y además los impulsamos a que exijan de los argentinos que trabajan sustento y atención, especulando con su instrumentación política?

¿Cuál es el beneficio que nos proporciona un gobierno que por lo visto no entiende al país y las implicancias exteriores que lo afectan y ensaya constantemente diagnósticos de compromiso y soluciones superficiales?
Y lo ejecuta casi sin control, hipotecando graciosamente el futuro de todos, como la solución más idónea a despilfarros irreductibles y prolongados en el tiempo.

Estamos enfrentando tormentas, crisis constantes y reiteradas o como se lo llame, pero es imposible pedir a esta pobre gente, muy limitada por cierto en su capacidad para gobernar, soluciones de fondo, proyección realista mas allá de la coyuntura y menos aún valentía y decisión para imponer el orden, la disciplina social, y el control del bandidaje público y encubierto, en sus distintos niveles y manifestaciones.

¿Dónde se ha ido nuestro orgullo cuando nos enteramos que en el mundo se sostiene y fundamenta que la Argentina es casi el país más impredecible y corrupto del mundo? Y sigue.
Y los arquitectos(as) de esta vergüenza aspiran a volver al poder y la alternativa vigente, que es la única posible adolece de fallas y hasta vicios ligeramente y solo ligeramente, superadores.

He querido comparar la visión de una Argentina que contó con estadistas esclarecidos y patriotas, conscientes de su sagrada misión.

Mencionemos especialmente a Rosas, Urquiza, Sarmiento, Alberdi, Avellaneda, Roca, Pellegrini, Richieri, Saenz Peña y hasta Savio y Mosconi. No fueron seres perfectos y obviamente cometieron errores, pero siempre tuvieron por delante el proyecto de una Argentina, próspera, justa, culta y desarrollada armónicamente y al servicio de esta visión colocaron su tiempo, capacidad, intereses y motivaciones.
¡¡¡¡Y lo lograron!!!! Vivieron la alternativa entre civilización y barbarie y actuaron para neutralizar ésta y ponderar aquella.

Aquí y ahora en mi humilde opinión enfrentamos una alternativa similar aunque obviamente con diferente caracterización.

El país está dividido y hasta implícitamente anarquizado.


Los bárbaros están entre nosotros, mimetizados, impulsados por sus bajas y primitivas pasiones, buscando imponer su sistema y modelo de país a su servicio personal, figura contra política que yo he calificado como mafiocracia.
No son por cierto analfabetos en el estricto sentido de la palabra pero por sus concepciones arcaicas y disolventes, es como si lo fueran.

Y ya sabemos cuál es el destino que nos tiene reservado ésta desnaturalización de la verdad que ha colonizado a amplios sectores de nuestra población.

Y este fenómeno se ha agudizado hasta niveles inéditos en los últimos treinta y cinco años.

Así como mencionamos recién los nombres de grandes prohombres de nuestra nacionalidad, solo como ejercicio macabro comparémoslo con los  de los arquitectos de esta pesadilla;  sin dejar por cierto de reconocer que antes de ellos existe una larga lista de otros traidores políticos y militares, que produjeron en su momento daños irrecuperables.

Raúl Alfonsín quien llegó al poder recitando el Preámbulo, fue permeable a directivas del exterior para destruir las FF.AA.; permitió por razones de falsa política un ataque artero y sangriento contra una unidad militar y debió entregar el poder antes del fin de su mandato en medio de un absoluto desorden político, económico y social.

Carlos Menen; pintoresco desarrollador de la corrupción como sistema de gobierno, ejemplo de nada, farandulero y superficial, dilapidó al mejor postor por debajo de la mesa los bienes tradicionales y hasta la soberanía del Estado.

Fernando De la Rúa; quien prometió ser el maestro, el médico, el ejemplo de honestidad y eficiencia y al final convivió con corruptos, inclusive ubicados en su propia familia, no encontró soluciones a casi nada y utilizó el helicóptero como última manifestación trágica de poder abandonado por cobardía.

Eduardo Duhalde; vendedor por treinta dineros del futuro de la Patria a un personaje siniestro, sin moral, ideas ni propósitos constructivos.





Los Kichner (él y ella), arquitectos de una corrupción desde el poder, inédita en la historia del mundo, quienes completando "la obra" de sus antecesores descalabraron al país y lo hundieron en una crisis extrema.

Constantemente como nos ocurre a todos, leo los conceptos valiosos de distinguidos pensadores, algunos de ellos apreciados amigos que detallan nuestras penurias y desaciertos y alertan sobre un futuro imprevisible y hasta proponen diversas medidas para salir de esta involución suicida.

Mi humilde opinión es que nada hemos de lograr con medidas parciales aunque creativas y esperanzadoras.

Nuestra grave enfermedad ha llegado al hueso y el paciente se nos muere. Es necesario operar cuanto antes y en profundidad.

Hay que renovar desde la misma base. Hay que restituir cuanto antes los valores perdidos y los fundamentos de nuestra nacionalidad. No hay demasiado tiempo para alternativas de circunstancia.

Y el nombre de nuestro cáncer es la mafiocracia.


Si no destruimos cuanto antes esta traidora forma de gobernarnos y administrar los recursos públicos y edificamos una verdadera y virtuosa democracia, nos encaminamos a una lucha tribal total en la cual todos no habremos de transformar en bárbaros sin retorno.

Más aun si por el momento nos seguimos conformando con que algo cambie para que nada cambie,   los buitres que nos acechan, aquí y afuera,  seguirán gozando de su festín, hasta que no exista nada para engullir.
Que DIOS nos ayude.

Por lo menos, así, lo veo yo.

Francisco Cervo
NOTA: Las imágenes, referencias y destacados no corresponden a la nota original.



[1] Fue la campaña militar realizada por la República Argentina entre 1878 y 1885, por la que se conquistó grandes extensiones de territorio que se encontraban en poder de pueblos mapuche, pampa, ranquel y tehuelche. Se incorporó al control efectivo de la República Argentina una amplia zona de la región pampeana y de la Patagonia que hasta ese momento estaba dominada por los pueblos indígenas. Éstos, sometidos, sufrieron la aculturación, la pérdida de sus tierras y su identidad al ser deportados por la fuerza a reservas indias, museos o trasladados.
Los hechos son actualmente objeto de debate y visiones diferentes, tanto dentro como fuera de ese país. La posición oficial y tradicional argentina sostiene que se trató de una gesta militar y una guerra legítima respecto de la efectiva soberanía de la República Argentina sobre territorios heredados del Imperio español y que respondió a las matanzas y robos perpetuados por los malones indígenas sobre la frontera.
[2] Entre 1871 y 1915, la Argentina recibió casi 5.000.000 de inmigrantes europeos, originarios de pueblos y culturas diversas. Los principales pueblos o grupos étnicos que llegaron a nuestro país fueron italianos, españoles, franceses, sirios-libaneses, ingleses, alemanes, armenios, rusos, polacos, suizos y galeses.