Queridos amigos:

Tanto este primer
principio como el segundo, que expresa: “Obra
de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier
otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio” son de inmediata y
cotidiana aplicación práctica en el campo de la política, particularmente en
estos tiempos de campaña. Mentir y utilizar a la gente como objetos
manipulables para alcanzar el supremo objetivo del poder se han convertido en
prácticas corrientes, a punto tal que ya producen poco asombro y menos
reacción.
Sin embargo, aun este relativismo ético tiene sus límites,
que se alcanzan cuando los grandes males
de la mentira, la corrupción y la manipulación social con forma clientélica,
se tornan desembozados y groseros. En esos casos, el fracaso del proceso
político que sustenta estas actitudes se hace manifiesto y desata el rechazo,
tan pronto la sociedad sometida a estos vejámenes tiene la posibilidad
democrática de expresarse.
Eso sucedió en las recientes
elecciones primarias (PASO) y
su resultado determinó que no quedara margen en la Argentina para una reforma
constitucional, por lo que el gobierno nacional deberá cambiar ineludiblemente
de titular en el año 2015. La cuestión aún pendiente es si solo tendremos
entonces el alejamiento de ciertos personajes y su reemplazo por otros que
continuarán con la ejecución del mismo perverso modelo o si sobrevendrá un
verdadero cambio de paradigmas, tanto en el ámbito económico como en el moral.
Las cargas que se han acumulado en el campo económico
impresionan por su peso y sin dudas no podrán ser controladas hasta el 2015. La
demanda de divisas para importar energía continúa aumentando y debilitando el
saldo de la balanza comercial. Esta demanda es mucho más grave que la que
sufriríamos si debiéramos una suma igual en concepto de intereses o capital de
pago de deuda externa, porque las deudas pueden refinanciarse y en caso
extremos puede producirse un “default”
como el que ya sufrimos, pero los combustibles que se importan se pagan al
contado y en divisas y si no lo hacemos, se cortaría el suministro de energía y
el país se apagaría como una vela consumida.
También sabemos que los subsidios al transporte y a los servicios
no pueden sostenerse en el mediano plazo y
que el aumento de tarifas que se implemente para poder disminuirlos afectará el poder adquisitivo de
los habitantes e incrementará la inflación.
Por su parte, los ajustes para disminuir dicha inflación sumarán costos
sociales que caerán sobre las espaldas del que tenga que aplicarlos, mientras
se desarrolla la compleja ingeniería financiera capaz de permitir salir del “cepo” cambiario y frenar la fuga de divisas sin generar una “corrida” hacia el dólar.
Todas estos problemas no pueden esperar hasta el 2015 por lo
que el oficialismo, luego de las elecciones generales, tratará probablemente de compartir culpas con
un Congreso con fuerte presencia opositora o dejará, simple e
irresponsablemente, que nos alcance un
nuevo colapso económico. No vale la pena
apostar porque en pocos meses tendremos la evidencia más irrefutable en forma
de realidad.
Lo que podemos enunciar desde ahora, es que ya se ha
corporizado el fracaso en el orden social del supuesto modelo en ejecución ya
que en
esta misma semana se produjeron hechos que revelan práctica y simbólicamente
una trilogía del fracaso, al poner frente a los ojos de la ciudadanía sin
posibilidad de ocultamiento, la mentira, la intolerancia y la violencia
derivada de esta.
El primero de estos hechos lo constituyó la aprobación en la Cámara de Diputados de
un presupuesto que trasunta la oficialización de la mentira. Para obtener
el quorum fue necesario el aporte de legisladores que responden a la
Confederación Federal de los hermanos Rodríguez Saa y a un diputado que se había acercado a
Sergio Massa, dirigente éste que ya cuenta con bloque propio aun antes de su
primera elección al frente de una fuerza
política, constituido por legisladores transfugados de otros partidos
políticos. El presupuesto en cuestión, que ahora pasa a la Cámara de Senadores, presenta valores irreales de inflación y
crecimiento del Producto Bruto Interno que lo desvalorizan como instrumento
público. Además se aprobó dentro del “paquete
legislativo”, la prolongación por dos años de la Ley de Emergencia Económica, en una administración que se precia de
haber sido exitosa, y se mantiene la
reserva para el ejecutivo nacional del 75 por ciento de lo recaudado por el
anacrónico impuesto al cheque.
Si agregamos que los resultados de un estudio efectuado por
entidades educativas de prestigio, tales como la Universidad de Buenos Aires y la
de Harvard, demuestra que también se han exagerado las cifras del Producto Bruto Interno desde el año
2008, además de las insostenibles mediciones de inflación del INDEC, podemos convenir que la
entronización de la mentira nos ha llevado a un nivel de pérdida de confianza
que daría toda la razón a Kant. Esta
distorsión provoca daños prácticos como forzar al país al pago de miles de
millones de dólares a tenedores de bonos, que se hace efectivo al superar el
3,2 por ciento del PBI, pero lo más
grave es el quiebre de la confianza pública que constituye un daño moral
irreparable.
Otro hecho, simbólicamente convulsivo y prácticamente
inaceptable, lo constituye la “toma”
de colegios secundarios por parte de estudiantes nucleados en “centros” que se atribuyen el derecho de
negar el acceso e impedir el funcionamiento de los institutos educativos como
forma de expresar su discrepancia con la modificación de los planes de estudio
en vigor. Sin perjuicio de la validez de sus reclamos, dignos de ser debatidos
por autoridades y expertos pedagógicos,
el procedimiento adoptado indica la existencia de un elevado nivel de intolerancia propio de quienes han sido mal formados en el
ejercicio de la exigencia de derechos
sin responsabilidad. Los centros de estudiantes secundarios que deberían ser el
primer espacio para la gimnasia democrática han derivado en centros de
adoctrinamiento copados por partidos de izquierda y agrupaciones oficialistas
como “La
Cámpora”, que los transforman
en escuelas de intolerancia y acción directa.
Como la intolerancia conduce a la violencia, el tercer
estadio del fracaso de la convivencia social, un grupo de alumnos
que ocupaban el Nacional Buenos
Aires, provocó daños y principio de incendios en la Iglesia de San Ignacio de Loyola. Ni los “líderes” del centro de estudiantes, ni sus padres que los alientan
en sus actitudes, aceptaron por supuesto la responsabilidad de los hechos cuyas
actitudes incentivan.
El último gran ejemplo vivido esta semana de la intolerancia
devenida en violencia fue el ataque perpetrado por militantes que pertenecerían
al oficialismo, contra una caravana de campaña encabezada por Sergio Massa, en el Municipio de la Matanza. El hecho cobró
notoriedad porque no se trató solo de un incidente entre militantes,
relativamente frecuentes por ser procedimientos utilizados por punteros de ambos grupos, sino que afectó al mismo intendente
de Tigre que fue alcanzado por un
proyectil arrojado con una “honda”.
Esta ruptura de las reglas del juego democrático, que tuvo el agravante de ser
justificada por dirigentes afines al oficialismo como el señor Luis D’Elia o de provocar que el candidato del Frente para la Victoria, Martín Insaurralde, acusara
a su rival de “victimizarse”, termina
de demostrar que un gobierno que ha alentado el enfrentamiento entre sectores
sociales como política de Estado cosecha hoy
los frutos de un previsible fracaso.
La violencia se pone también de manifiesto en los cotidianos
hechos de inseguridad y la intolerancia en los paros sorpresivos y los piquetes
con que cada grupo social manifiesta su disconformidad con alguna situación
propia de su sector. El nuevo Ministro
de Seguridad de la Provincia de Buenos
Aires, Alberto Granados, suma
tropiezos al decir un día que cuenta
solo con 32.000 agentes para operaciones
sobre 58.000 efectivos, para desdecirse al día siguiente y terminar aceptando
lo que todos suponíamos, o sea que no
tiene un plan escrito para guiar sus acciones, hecho que nada sorprende
por ser su designación el improvisado fruto del reconocimiento de un fracaso
eleccionario generado por ignorar los
problemas reales y pretender disimularlos con engaños.
Las encuestas publicadas hoy en los medios nos muestran que
cada día la gente atiende más a estos fracasos y suma votos al Frente Renovador para hundir lo más
posible al oficialismo. Nos alegró enterarnos en el Frente Unión con Fe (por las encuestas publicadas ya que somos demasiado austeros como para
encargar las propias) que el crecimiento del 0,7 por ciento que nos atribuyen
fue el más alto después del
experimentado por el Frente
Renovador. Conservamos la esperanza de poder acceder al Congreso con
algunos legisladores con probada historia opositora, como el señor Gerónimo Venegas, para poder
estar presentes a la hora de empujar para lograr el verdadero cambio.
Entretanto la trilogía del fracaso de las políticas públicas
del denominado “kirchnerismo” que demuestran la entronización de la mentira, la intolerancia y la
violencia en la sociedad, expresa claramente la necesidad de un cambio
urgente de paradigmas en que predominen la búsqueda del consenso y de la
armonía social, reservando la agresividad
para perseguir, condenar y confiscar los bienes mal habidos de quienes han
traicionado al pueblo rapiñando sus recursos a través de la corrupción y para
frenar el delito organizado a cuya sombra operan los traficantes de drogas,
tratantes y demás oscuros personeros del mal.
Nos llena de esperanza ver que el 30° aniversario de la
virgen de San Nicolás reunió a 500.000 personas, porque nos demuestra que pertenecemos a un pueblo con fe y porque de ese pueblo nació un Papa con la valentía de recordarnos que no pongamos al dinero como
ídolo. Con esas palabras y esas imágenes como música de fondo
continuamos avanzando con mucho entusiasmo para tratar de construir un futuro
mejor.
Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves,
Nueva Unión Ciudadana
NOTA: Las
imágenes y negritas no corresponden a la nota original.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
No dejar comentarios anónimos. Gracias!