viernes, 28 de septiembre de 2012

La tarea que falta para reparar la memoria

LA NACION – 28sep12 – Opinión


La violencia de los 70

Los que se consideran herederos de los actores del enfrentamiento armado que enlutó al país deberían aceptar que todos los que perdieron la vida son argentinos. Y coincidir en la confección de una sola lista de víctimas.

Por Héctor Ricardo Leis – Para LA NACION

Las víctimas de una guerra entre naciones enemigas no se reencuentran jamás, ni tienen por qué. Su tierra, sus costumbres, sus raíces no son iguales. No es ése el caso de las víctimas de una guerra civil o de luchas intestinas dentro de una nación.

En el caso de la Argentina, las más de diez mil víctimas de la violencia política que hubo entre el 28 de junio de 1966 (el comienzo de la llamada Revolución Argentina) y el 10 de diciembre de 1983 (el retorno de la democracia) son registradas como si una parte de los muertos hablase un idioma y tuviese una bandera y un himno diferentes de los de la otra. Son pocos los que se animan a tomar conocimiento de que hubo una lucha entre argentinos.

En el período mencionado había muchos actores políticos enfrentados. La violencia, la ideología y el odio los fragmentaban en muchos pedazos, y quizá por eso no se reconocieran como argentinos. Pero el tiempo pasó y es hora de reconocerlo.

La democracia es un juego político entre ciudadanos vivos y no entre muertos. La Argentina se condena a no tener futuro si sus ciudadanos buscan su fuente de inspiración entre los muertos. El caso argentino es grave, porque algunos vivos apelan a los muertos no para honrarlos o criticar su papel en la historia, sino para mejor justificar lo que ellos quieren hacer. Esto se torna especialmente perverso cuando los muertos fueron víctimas de luchas entre argentinos.

El uso de la memoria de esas víctimas, que pertenecen claramente a otro contexto, envenena la atmósfera política de la democracia. Y este uso indebido de la memoria no proviene de un único actor. Lamentablemente, se encuentra tanto en el Gobierno  como en la sociedad civil y los partidos políticos, tanto en los ex militares como en los ex guerrilleros.

El registro histórico puede y debe diferenciar las intenciones, objetivos y actos de cada una de las víctimas, así como de los sobrevivientes. En ambos casos, cabe el análisis crítico y público de su comportamiento en ese período. Si se encontraran responsabilidades criminales entre los que aún están vivos, ellos deben ser juzgados y punidos de acuerdo con los crímenes cometidos. Pero la enemistad que sobrevive entre los vivos no puede ser trasladada a las víctimas. Cualquiera haya sido el papel o el pensamiento de una víctima en el pasado, si ella hoy estuviera viva podría pensar y sentir de forma diferente. Es propio de la condición humana cambiar de opinión. Por lo tanto, nadie tiene derecho a hablar por los muertos. Si ellos no pueden hacerlo, entonces nadie puede.

Las responsabilidades criminales por una guerra interna son individuales y selectivas, pero la responsabilidad moral es siempre colectiva, de la nación como un todo. Aun los que no toman las armas tienen responsabilidades. Cada uno puede pensar lo que quiere en provecho propio, pero es un hecho indudable que la guerrilla tuvo apoyo popular, así como los gobiernos que la combatieron, militares o civiles. La responsabilidad moral por la violencia política en la Argentina es, por lo tanto, de todos los argentinos. Su herencia, también.

Contra esa responsabilidad colectiva atentan los que se consideran herederos, por separado, de los principales actores del enfrentamiento armado de los años 70, imaginando de alguna manera que esos conflictos no están concluidos. Ellos no reconocen que las víctimas del otro lado son argentinas porque todavía conservan la esperanza de eliminarlos totalmente de la historia, sin dejar recuerdo de su presencia.

No serán rotas las cadenas que nos atan al pasado de resentimiento y muerte de aquellos años mientras la responsabilidad colectiva no sea asumida. Las víctimas de esa guerra son de todos y es fácil probarlo. ¿Acaso alguno de los argentinos (presentados en orden alfabético) de la breve lista que sigue es menos argentino que los otros? Jorge E. Cáceres Monié, militar; Bruno Genta, profesor; Arturo Mor Roig, político; Carlos Mugica, sacerdote; Rodolfo Ortega Peña, abogado; José Ignacio Rucci, sindicalista; Julio Troxler, policía.

Cada uno de ellos murió no por lo que hizo sino por lo que representaba. Eran argentinos que pensaban y actuaban políticamente de forma diferente de sus asesinos, pero su sacrificio fue el mismo. No fueron muertos por las mismas manos, pero todos murieron de forma ignominiosa bajo un gobierno democrático, entre los años 1973-1975. Esto nos dice que la democracia también puede adoptar formas viles en las que la vida vale poco. La lucha en la Argentina no fue sólo trágica, sino también confusa, y la lista de las víctimas es más confusa aún.

La tarea inconclusa se percibe con facilidad a partir de la lista anterior. Por increíble que parezca, esas víctimas no son registradas en un memorial o lista común. En la Argentina todavía se reivindica a las víctimas por separado. Cada uno quiere colocar en el Altar de la Patria exclusivamente a sus víctimas y que sólo ellas sean reconocidas como luchadores por la libertad y la democracia, negando ese derecho a las otras, a pesar de que todos los actores enfrentados se masacraron mutuamente de forma ilegal y por medio del terror durante todo tipo de regímenes políticos.

Después de una guerra intestina, la nación debe dejar a los muertos en paz. Su sacrificio puede haber sido inútil o bestial, heroico o banal, pero aun así les debemos a las víctimas -y sólo a las víctimas- un recuerdo sin manipulaciones de ningún tipo. Los vivos no pueden hablar por los muertos, como pretenden los fundamentalistas de la memoria. Insisto, no sabemos lo que los muertos estarían pensando ahora si estuvieran vivos. Mi caso es un ejemplo: si hubiera muerto como montonero -lo fui hasta noviembre de 1976, cuando abandoné las filas de la organización-, probablemente otros estarían hablando por mí. Se equivocarían, pues con el tiempo fui progresivamente distanciándome de mi pasado. Me pregunto cuántos otros argentinos están hoy también distanciados de su pasado, sean militares, guerrilleros o simplemente simpatizantes, pero no se animan a confesarlo en virtud de los pactos mafiosos de autopreservación imperantes en ambos lados.

Listar juntas a todas las víctimas es la única manera de desarmar a los fundamentalistas de la memoria instalados en nuestra sociedad y que se retroalimentan de forma maniquea y resentida. Esa lista común ayudará también, sin duda, a la mayoría de los argentinos a recuperar la dimensión de la realidad de aquellos años.

Los argentinos no pueden rumiar hasta la eternidad sobre el pasado violento habido entre 1966 y 1983. Un memorial conjunto de las víctimas, sin excluidos de ningún tipo, ni de inocentes ni de culpables, que incluya desde los soldados muertos en el asalto al regimiento de Formosa hasta los estudiantes secundarios desaparecidos en La Plata, desde los militares hasta los guerrilleros, abriría la posibilidad de un nuevo comienzo, de un ciclo de paz sin resentimientos. Quien no desea esto es una minoría, y no importa aquí hacer nombres. Pero es fácil descubrir quiénes son: basta ver quiénes son los que hablan en nombre de las víctimas.

Que haya entonces, en mármol o papel, una lista única por orden alfabético registrando apenas los nombres y la fecha en que murieron o desaparecieron esos argentinos y argentinas. No son sus hechos o pensamientos lo que importa, sino su sacrificio.

Corresponde a nosotros, ciudadanos, construir la voluntad necesaria para demandar esta tarea al Estado argentino. A él compete realizarla, independientemente de quien lo gobierne.


La propuesta de Héctor Ricardo Leis, si bien puede ser en papel o mármol como él mismo lo explica, es el significado del Valle de los Caídos o la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, monumento construido entre 1940 y 1958 en España y que pertenece al Patrimonio Nacional desde 1957, año de su apertura al público.


Allí se encuentran enterrados 33.874 combatientes de ambos bandos en la Guerra Civil, nacionales y republicanos. Los objetivos fundacionales del monumento se orientaron hacia una visión reconciliadora, centrándose más en el plano religioso y espiritual.

En este monte sobre el que se eleva el signo de la redención humana ha sido excavado una inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los caídos de la Guerra Civil de España. Y allí acabados los padecimientos, terminados los trabajos, y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la Nación Española.

Un proyecto similar, llamado Altar de la Patria, fue previsto por el gobierno argentino durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón.

El 8 de julio de 1974, una semana después de la muerte de Juan D. Perón, fue promulgada la ley de creación del Altar de la Patria, ley sancionada por los diputados y senadores nacionales. El artículo 10 de la ley declara que "El frontispicio del panteón tendrá grabada una leyenda que exprese lo siguiente: Hermanados en la gloria, vigilamos los destinos de la patria. Que nadie utilice nuestro recuerdo para desunir a los argentinos”.

Tal vez ha llegado la hora de poner fin a una guerra de nunca acabar, hace rato que desde nuestro espacio venimos proponiendo, al igual que muchas otras organizaciones, la paz, la concordia, la justicia e historia completa dentro del marco de igualdad ante la ley. ¿Por qué unos sí y otros no? De una vez por todas, el pueblo debe rescatar lo mucho que nos une como argentinos y dejar en el pasado los factores de desunión… para así poder poner todo nuestro empeño en un mejor futuro y legar a las generaciones venideras una República Argentina digna de ser vivida.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva

por una Nueva Década en Paz y para Siempre

jueves, 27 de septiembre de 2012

Rucci y las otras Víctimas del Terrorismo en la Argentina

No concordamos con el autor de la nota, quién califica de “moderado” a Juan Manuel Abal Medina, aún tenemos en nuestra memoria su figura trepado a los muros de la Cárcel de Devoto liberando a los terroristas juzgados y condenados, quienes luego fueron responsables del baño de sangre que enluta al país al día de la fecha.

De acuerdo a los principios básicos del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, les cabe la calificación de “Crímenes de lesa humanidad” a todos aquellos que articularon el ataque terrorista contra la población de la República Argentina, para apoderarse del poder del estado a través de la violencia.


Miles de víctimas y sus deudos han sido sistemáticamente ignoradas por los distintos gobiernos desde esos aciagos días hasta el día de la fecha, el 25 de septiembre se conmemoró el asesinato de Rucci… pero anualmente deberíamos de rememorar y pedir también, por ejemplo: los asesinatos de Arturo Mor Roig, Oberdan Sallustro, Pedro E. Aramburu, Argentino del Valle Larrabure, Igarzabal, Humberto A. Viola y su pequeña hija María Cristina Viola (3 años), Paula Lambruschini (15 años), David Kraiselburd (bebé de meses), María Guillermina Cabrera Rojo (3 años), Juan Barrios (3 años), Guillermo Capogrossi (6 años), Claudio Yanotti (9 años), Gladys Medina (13 años), Laura Ferrari (18 años), las víctimas de las bombas en el comedor de la Policía Federal, igualmente las víctimas de las bombas en el Bar El Ibérico y el avión Hércules en Tucumán, podríamos continuar con una larga lista de los crímenes de la barbarie, pero por razones de síntesis solo dejaremos enunciados que son miles y la mayoría de sus nombres están en poder de la justicia. En la breve lista precedente vemos que figuran políticos, empresarios, militares, policías, gendarmes, también niños y adolescentes inocentes, víctimas del despiadado y atroz accionar de la guerrilla que pretendía transformar a la Argentina en un estado totalitario comunista al más puro estilo cubano. Para todos ellos… muchos argentinos estamos reclamando su reconocimiento y reparación histórica… casi nadie escucha, especialmente el poder de turno y su justicia. Víctimas del Terrorismo… PRESENTES!!!




Rucci: El asesinato que yo testimonié
septiembre 27, 2012
By Luis Sobrino Aranda


Había sido yo designado por el General Perón asesor en Madrid para los temas militares. Eso me permitió poder compenetrarme -como consta en las revistas panorama y primera plana y diarios de esa época- de los hechos acaecidos y por acaecer. Desde esa asesoría fui designado interventor del movimiento en la provincia de Santa Fe, cuando el partido antes de las elecciones de 1973, se partió en dos, contra la posición disimulada de no estar de acuerdo con mi designación de Cámpora, Perón lo hizo, y luego ello me llevó a ser Diputado nacional por esa provincia y Secretario de Defensa Nacional por voluntad excluyente del General.

Desde el inicio se olían las diferencias y los distintos fines del pensamiento de Perón y el de la Juventud Peronista, que se rompe definitivamente con el asesinato del único dirigente gremial de absoluta lealtad a Perón: José Ignacio Rucci. El General nos manifestó varias veces en Madrid y Buenos Aires que era como un hijo pasa él, que no estaba al alcance -por su absoluta honestidad de principios y de conducta- de la famosa libreta negra, así la llamaba y mostraba San Sebastián, el Ministro de Trabajo del General Lanusse, que en ellas anotaba todas las comisiones de los distintos dirigentes gremiales, y de las cuales también estaban excluidos Lorenzo Miguel y Eleuterio Cardoso, entre otros pocos. El secretario administrativo del sindicato metalúrgico Franco -aún con vida- es testigo de esos hechos.

En Madrid, Rucci era un estorbo, no sólo para la JP sino para Cámpora y sus acólitos, por la firmeza de su lealtad. Rucci y Lorenzo Miguel avalaron el cambio de Galimberti por Juan Manuel Abal Medina, un moderado en cuanto a los ataques de los permanentes dichos en las manifestaciones de: “Se va acabar… se va acabar… la  camarilla sindical…”

CÁRCEL DE DEVOTO.
Desde los muros de protección "el moderado" Juan Manuel Abal Medina anuncia que ha logrado la libertad para los presos.”Los compañeros combatientes estaban nuevamente en la calle".
Procesados muchos de ellos por atentados,  acciones subversivas y asesinatos.

(Había también delincuentes comunes).


Cuando era inminente la autorización de Lanusse del retorno de Perón, San Sebastián quiso impedir una amplia solicitada de la CGT a favor del General, y allí fue sin duda que emergió la figura de Rucci que, sin permitir un solo argumento, sostuvo ante distintas posiciones dubitativas de gremialistas, “si es necesario, la firmo yo solo, carajo…!!!”

Mi relación con él en Madrid -como con Lorenzo Miguel- fue de absoluta coincidencia hasta los últimos días de ambos, aun yo actuando en el grupo de trabajo disidente de Isabel, una vez fallecido Perón.

La vuelta de Perón fue trágica, es de público y notorio, y el agravamiento de las relaciones, una consecuencia. Perón por todos los medios trató de hacerles entender a los máximos dirigentes de la juventud, por medio de un mensaje público que fue claro: “bueno, muchachos, ahora debemos todos unirnos y reconstruir la Patria…”, tres meses antes a grupos de peronistas de izquierda y derecha les dijo: “Deseo hacerles un llamado a todos, al fin y al cabo somos hermanos, para que comencemos a ponernos de acuerdo; tenemos una revolución unitiva que realizar, pero para que ella sea válida, ha de ser una reconstrucción pacífica. Y sin que cueste la vida de un solo argentino…”


Había consensuado ello con otro grande, el Dr. Ricardo Balbín, y construir una sólida amistad política con la cabeza del radicalismo, ese gran hombre que fuera Ricardo Balbín. Ambos habían hecho su catarsis de errores en un abrazo y se habían comprometido a unir el país y luchar por ello. La muerte de ambos impidió que Balbín hubiese sido presidente en 1983, según mis apreciaciones. La fórmula hubiese sido Balbín-Luder.

La gravedad se introdujo cuando la Juventud Peronista, ya unida con otros grupos armados de ultraizquierda, borró la última posibilidad de lograr los deseos de Perón.


Así llegamos al miércoles 25 de septiembre de 1974, a mediodía, cuando en un complot que se sostiene se realizó desde los ámbitos del gobierno de la provincia de Buenos Aires, es vilmente asesinado un hombre de paz y unión, honesto a carta cabal, y ese hecho produciría una condigna reacción de Perón, que con firmeza intervino de cuajo las importantes provincias que le había otorgado generosamente, en aras de paz, a la Juventud Peronista: Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, a cargo del histórico Bidegain -la primera- cuyos familiares lo habían inducido al cambio, Obregón Cano y Martínez Baca, respectivamente.

Ese asesinato cambiaría el país en un solo instante; ya nada sería igual. La Juventud Peronista se rompió en dos: la leal con Perón y la otra, que se implicó a fondo con las organizaciones especiales. Se había roto esa unidad; una JP adicta y leal a Perón y otra ya visiblemente unida a las formaciones especiales. Perón terminó la tarea interviniendo la Universidad de Buenos Aires, que también se las había otorgado, y colocando a un duro abogado entrerriano, a quien había conocido en su primer destino en el Regimiento 12 de Infantería, el Dr. Ottalagano, que inicia un durísimo cambio.

El país, por ese asesinato, se había partido inexorablemente en unos minutos en dos y era el inicio no deseado por Perón/Balbín de los hechos que se irían acumulando y produciendo inexorablemente, de muertes injustas de un lado y del otro, creciendo una figura no deseable como lo fue José López Rega.

En la primera denuncia que realizó la familia Rucci, fui testigo de cargo, porque sostuve en el expediente que en plena sesión de diputados de ese día vi entrar a uno de la JP y decir de viva voz: “Lo hicimos…” Y abrazarse con ellos en el sector izquierdo, contra la pared de la sala de sesiones, que era el lugar fijado para ellos.

Aquel crimen cambió el país y el curso de la historia real de las fuerzas populares enfrentadas hasta ahora lamentablemente. La Juventud Peronista se fracturaría en la Lealtad una y las primogénitas, las otras, y ellos mismos sufrieron las consecuencias del hecho acaecido para desgracia del país.

Ese juez fue el primero en negar la realidad, ahora otro, el Dr. Ángel Lijo se agrega a negar los hechos y el negar la calificación de genocidio al asesinato, anteayer, que contraría los principios básicos de la Corte de Derechos Humanos de La Haya, cuyo fiscal es un argentino.


Ayer la presidente rechazó una invitación a presidentes a un almuerzo ofrecido por Barack Obama, por un homenaje a Evita, que nos consta a los aún vivientes integrantes y asistentes a la conformación de la Confederación General Universitaria (CGU) como herramienta de lucha en noviembre de los ‘50 contra la FUA, pues Evita era sin duda opositora al dominio en esos momentos de comunistas y socialistas de las distintas casas de estudio y nos convocó a un congreso realizado en el teatro Cervantes bajo su presidencia, en esa fecha, para dejar en claro que esa organización sería de ideología de centro, o sea, la tercera posición. Viven aún para testificarlo, a más de mi diploma, el Ing. Rufino Beltrán, de esta ciudad, el Dr. Helio Lobo Asencio, ex integrante luego de la Corte de Justicia santafesina bajo el gobierno de Silvestre Begnis en el ‘73, y Héctor Villalón, leal acompañante de Perón en Madrid, en su exilio, y hoy con residencia en Nueva York, todos ellos y el suscripto fundadores de esa institución creada, apoyada y concretada para defender la ecología peronista.

Querer sostener que existe coincidencia en algo entre el peronismo de Perón/Evita, ambos indisolublemente unidos en bien o mal, con el kirchnerismo es una herejía ideológica.

Obran en mi poder documentaciones que he otorgado a muchos periodistas actuales y especialmente a los historiadores Reato y Yofre.


La reunión de anteayer de peronistas, gremialistas y personas que se han adherido al acto convocado por Hugo Moyano, para exigir justicia por el asesinato, con la compañía entre otros de Graciela Camaño, Adolfo Rodríguez Saá, Momo Venegas, Juan Manuel de la Sota, entre otros, fue muy oportuna, porque hoy la Cámara de Apelaciones tratará la apelación de los hijos de Rucci y recibirá el informe del abogado de ellos, Dr. Miguel Ángel Pío, en refutación del fallo del juez Ángel Lijo, que ordenó el cierre de una causa sin sólidos fundamentos para ello.

Entiendo que es mi obligación, siguiendo el deseo de Perón / Balbín de unir el país, expresar acontecimientos que desde mi vida acompañan la exactitud de los reclamos de la familia de Rucci y el deseo, sin duda, que tenía Perón de clarificar ese asesinato que cambió el curso de la vida del país.













Dr. Luis Sobrino Aranda

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La diputada nacional Claudia Rucci, reclama por el asesinato de su padre



EL PENÚLTIMO ESTERTOR DE LA HIPOCRESÍA

26 sept 2012

Ir a la Universidad de Georgetown a desplegar una clase de hipocresía es algo así como tratar de representarles la comedia  “Tartuffe ou l’Imposteur”, la más famosa comedia de Molière estrenada frente al rey… en 1664.

Como quien esto escribe… no puede aún salir de su asombro… y como lo que ha visto es algo demasiado reciente como para entrar en algún análisis de detalle, cabe solamente, ingresar  ahora en las formas más groseras y horripilantes de la obra más intrépida de una mujer con rostro de mármol que puso en escena este ensayo tan desopilante de patetismo. 

La ignorancia, como madre de la incompetencia, se esconde detrás de todos los silencios y  de todas las inacciones.

Pero la hipocresía es una monstruosidad que brota de las mentes enfermas.

El desentendimiento de una mentirosa… en escena… es espeluznante.

Mentir sin creatividad… abolir la verdad a palos cuando pende a la vista de todos… guillotinar certezas de la esencia axiomática y  desparramar con impudicia una verdad revelada que produce vergüenza ajena, es infamante

Que desarrolle esa práctica en su propio territorio…parece hasta entendible

Eyectada de sí misma por su inoperancia, puede sin embargo darse ese lujo por cuanto conoce… justamente en su comarca bastante  bien,  los niveles de la mansedumbre social… y los límites que pueden orillarse sin el peligro de sacar violentamente al pueblo de su letargo.

Pero salir a otras comarcas a bastardear a quien sea…  como aquel cazador que sale al campo a tirar con perdigones… a cualquier animal que transite… resulta una tragedia humana… que… además de los peligros que entraña… permite evaluar los reservorios de perversidad que oculta la autovaloración en estado de hipertrofia.

Fusilada la humildad… aplastada la prudencia y escayolada la obligación de proceder en casa de una visita con el más elemental recato…  ella procedió lisa y llanamente … a vaciar sus intestinos… en el sillón del living del más importante de sus anfitriones.

El desentendimiento de una diletante social… es algo tan abarcativo como irresponsable. 

Pero hay algo… que ella no puede esquivar ni ocultar: 

SER MUY VISIBLE Y EVIDENTE

Una mezcla de susto y perplejidad... se convierte en balandronada  y, en el acto,  pretende ser presentada  como una política solemne de silencios y de prescindencias de aventurera.

Cualquier enfoque… de las cuestiones internas del primer país del mundo que transita hacia unas elecciones muy cercanas…  puede ser criticado, puede contener imperfecciones… y puede incluso exhibir desequilibrios:

Pero…. solamente un mediocre consumado puede mandarlo al lavarropas y “vender”  todas sus variables… por el mismo precio.

Que le dé lo mismo todo… tanto para un barrido… como para un fregado,  y que logre perder de vista que ella es una enorme ladrona…  puede ser  una enorme ventaja para ella… en orden a medir el cargo… el oropel…  y las monedas que porta en su cartera.    Su tragedia es lo efímero de ese vuelo.

Hay muy pocos códigos morales que le resultan entendibles a un hipócrita visto y considerando… que es capaz de “tragar” azufre… sin decir ni pío.

Entre el vicio y la virtud, entran en estado de putrefacción sus preferencias y su pequeña dignidad… siempre envasada al vacío.

Y para esta diletante… desentenderse de todo lo que ocurre  en materia de corrupción, consiste sólo en evitar  que sus deshonestos y sus ladrones levanten vuelo… Y hacer que se mantengan… todos ellos… reptando.

Por eso necesitaba una primera fila de felpudos humanos aplaudiendo.

Sus acusaciones contra la administración norteamericana que habían caracterizado a muchas otras intervenciones de su gobierno frente a las tribunas de su propio país… eran, dichas allí… un shock de patetismo.

Eran… antes bien… la más  viva demostración de una ordinariez en estado puro,  usando un escarbadientes en la casa de una visita… y escupiendo de costado en su alfombra de Bokhara, delante de todos

Desentenderse de los crímenes de lesa humanidad de las FARC, ayudados y propiciados por Chávez… la pone ahora frente a una vergonzosa realidad frente al mundo: 

Hugo Chávez,  la utilizó siempre como a una monigote. Y ahora, cuando le preguntan qué va a pasar si gana otro… contesta como Elena Petrescu: NUNCA VA A OCURRIR QUE LA REALIDAD VENGA A BUSCAR SU RAZON.

Ella se desentiende de todo.

Miente… escupe… arranca, decuaja,… contamina y descuartiza

Tapar con cartones lo crucial,  …resulta la práctica política más infantil y desesperada para enmascarar la ignorancia…   Pero suele durar un tiempo bastante limitado.

Evitar que los ladrones y los deshonestos levanten vuelo, dura menos.

Cuando todos ellos juntos, levanten vuelo… van a tapar la luz del sol.

Y las letrinas de Georgetown… usadas por esta fabuladora… formarán parte de la historia argentina más vergonzosa y humillante desde 1810.

Todo parece… así… el penúltimo estertor de la hipocresía.

 Lic Gustavo Adolfo Bunse                                                    gabunse@yahoo.com.ar




No aprendimos la lección de la historia


Miércoles 26 de septiembre de 2012 | Publicado en edición impresa
Un país cerrado


Desde el Gobierno se impulsa una economía cada vez más dirigista, al tiempo que se pretende poner en jaque la "matriz liberal" de la Constitución. Todo eso tiene un costo.

Por Alberto Benegas Lynch (h)  | Para LA NACION

Estamos perdiendo la república a pasos agigantados, puesto que se les dá la espalda a sus tres ejes centrales: el respeto al derecho, habitualmente referido como igualdad ante la ley; la transparencia y responsabilidad por los actos de gobierno, y la alternancia en el poder. Por su parte, la democracia está mutando en cleptocracia. Ahora se apunta a la demolición de marcos institucionales que por lo menos quedaban en pie en la letra. Se pretende aniquilar la "matriz liberal" de nuestra Constitución. Después de años, reaparece la visión autoritaria del proyecto constitucional del rosista Pedro De Ángelis y la también fracasada propuesta de Mariano Fragueiro, en oposición al criterio que afortunadamente prevaleció, de Pellegrino Rossi y Juan Bautista Alberdi. Se recurre a las ideas de Arturo Sampay, estampadas en su libro La crisis del Estado liberal-burgués, que condujo al engendro de 1949.


Nos deslizamos hacia la destrucción de los pilares del Código Civil. De por sí, Alberdi había subrayado que no debió promulgarse, en atención al debido respeto al federalismo, en cuyo contexto destacó el caso de Estados Unidos, que no promulgó Código Civil a nivel federal.

Las libertades están siendo estranguladas. Tocqueville ha escrito que "el hombre que le pide a la libertad más que ella misma ha nacido para ser esclavo". Y no se trata de que alguien de la llamada oposición el día de mañana sustituya al actual elenco gobernante, repruebe los modales, pero mantenga el modelo, léase el manotazo al fruto del trabajo ajeno. No se trata tampoco de esperar que otros sean los que resuelvan los problemas, en lugar de asumir cada uno la responsabilidad por el estudio y la difusión de los fundamentos de la sociedad abierta. Por último, no es cuestión de elucubrar frívolamente sobre los precios de las commodities, sino calar hondo en la decadencia moral e intelectual a la que asistimos. Está en juego la libertad, lo cual equivale a decir que está en juego nuestra condición humana, tan degradada hoy por los aplaudidores del discurso oficial.

Resulta tragicómico observar la petulancia de la pretendida regimentación de la economía desde el aparato estatal, con la que se concentra ignorancia, ya que el conocimiento es, por su naturaleza, fraccionado y disperso. Hace falta cierta dosis de biblioteca para incorporar la modestia suficiente y comprender la imposibilidad de dirigir y coordinar millones de arreglos contractuales desde el vértice del poder. El Gobierno ataca la propiedad a través del manejo del flujo de fondos de empresarios acobardados por el aluvión estatista en sus negocios "privados", que en verdad están cada vez más privados de independencia.

Recientemente, en la celebración por el Día de la Industria (otra vez por cadena nacional), se reiteró que el proyecto político de la actual gestión adopta el esquema anacrónico y xenófobo de la "sustitución de importaciones"; es decir, lo que puede comprarse a 10 se pagará 20, con lo que se dilapidarán factores productivos y, consecuentemente, los salarios, en términos reales, serán aún menores (recordemos la ironía del decimonónico Bastiat, que propuso tapiar todas las ventanas "para promover la industria de las velas y así protegerse de la competencia desleal del sol").

A la tan deteriorada educación estatal (mal llamada "pública", puesto que la privada es también para el público) se suma el engreído adoctrinamiento por parte de la "militancia", una palabra nunca mejor empleada, puesto que proviene del acatamiento vertical y la ciega obediencia. Tampoco ayuda la declaración del ministro de Educación en apoyo a las tomas de colegios, ni ayuda a preservar la concordia la aceptación de la conducta de "barrabravas" (un subterfugio para ocultar su naturaleza criminal) ni permitir que encarcelados asistan a actos políticos gubernamentales.

En nombre de los "derechos humanos" (un pleonasmo, puesto que no hay derechos vegetales, minerales o animales) se condena la repugnante metodología de la guerra contra los terroristas que dio lugar a la inaceptable figura del "desaparecido". En nombre de aquello se aplica una justicia tuerta y una llamativa hemiplejia moral, puesto que no se procesa a los forajidos que dieron inicio a las trifulcas con sus matanzas, torturas y secuestros, a pesar de las claras definiciones y precisiones del Estatuto de Roma.

La inflación responde a un incremento anual del 32% en la base monetaria, que distorsiona los precios relativos y, a su vez, induce a los operadores económicos al derroche del siempre escaso capital. En el sector financiero, también el Gobierno impone el manejo arbitrario del 5% de la cartera de préstamos de bancos privados al 15% de interés.

Esto se lleva a cabo en el marco de un gasto público descontrolado del 33% anual y un déficit del 5% del producto financiado con las antes mencionadas emisiones de la banca central a través de adelantos al Tesoro que se toman como un roll-over indefinido, sin declarar los correspondientes quebrantos de la autoridad monetaria. Esa situación se vincula con una falsa contabilización de reservas, puesto que, además, no se computa la deuda con Bruselas, la deuda en default, los pasivos contingentes con el Ciadi. La fuga de dólares representa el 40% del total de las existencias de octubre del año pasado.

Hay medulosos estudios que estiman que la presión fiscal promedio es del 60% del producto, voracidad que tiene lugar a pesar de que el Gobierno se apoderó de los fondos de la jubilación privada, que se destinan a encarar aventuras de diversa naturaleza, como otorgar créditos hipotecarios a tasas que no cubren ni remotamente la depreciación monetaria, al tiempo que no se atienden los cientos de miles de juicios de los pensionados por haberes impagos.

Los medios de transporte y la energía han sido abundantemente subsidiados en las tarifas y los respectivos precios, con lo que las inversiones en esos rubros se han paralizado. A eso se agregan la confiscación de YPF y el insólito decreto 1277, a través del cual el aparato estatal pretende manejar a su arbitrio toda el área petrolera en medio de acuciantes problemas. Eso, entre otras cosas, augura para la mencionada empresa la suerte de Aerolíneas Argentinas, que pierde dos millones de dólares diarios, puesto que no se puede "jugar al empresario" si no se arriesgan recursos propios fuera de la órbita del privilegio estatal.

Los conflictos sindicales se acentúan en una despiadada disputa por ver quién es más favorecido por la ley de asociaciones profesionales y convenios colectivos. Los despidos y los cierres de fábricas están a la orden del día. Sirvan como ejemplo los 150 frigoríficos cerrados debido a una política que liquidó doce millones de cabezas de ganado. El sector agropecuario se queja de las retenciones (en verdad, impuestos) y la obligación de liquidar en el mercado oficial, denominado libre y único, pero que no es lo uno ni lo otro.

Las operaciones inmobiliarias descienden, según los registros de las escrituras, junto con una merma abrupta en la construcción y ventas menores de electrodomésticos, automóviles y otras áreas sensibles, por lo que la inversión de bienes de capital decreció un 42% desde principios del corriente año. La deuda pública externa se ha sustituido por la interna, elevada sólo en los tres últimos años en 31.500 millones de dólares (similar a la cancelación con el FMI).

Este racconto pone en evidencia el estado de descomposición de la Argentina, que antes de que se volviera fascista en los años 30 y del advenimiento del peronismo era la admiración del mundo en cuanto a sus niveles culturales y materiales, por lo que la población se duplicaba cada diez años a raíz de las formidables oleadas de inmigrantes que venían a "hacerse la América", en vista de que los salarios del peón rural y los obreros de la incipiente industria eran muy superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España.

Hace décadas y décadas que venimos a los tumbos. Es de esperar que no tenga razón Aldous Huxley cuando escribió que "la gran lección de la historia es que no se ha aprendido la lección de la historia".

AFIP, persecución y espionaje

Partiendo de la pregunta básica ¿Qué es la AFIP? Encontramos la mejor respuesta a que su intento de coleccionar datos personales e íntimos, de los contribuyentes que habitan en countries o barrios cerrados, era una clara infracción contra la libertad y el derecho a la privacidad de los habitantes de la Nación.


¿QUÉ  ES  LA  AFIP?

La AFIP es la Administración Federal  de Ingresos Públicos. Se encarga principalmente de aplicar, cobrar e inspeccionar los tributos (ingresos públicos) de todo nuestro país y de controlar el tráfico internacional de mercaderías. 

Los tributos son los principales recursos “públicos”. Sirven para sostener las necesidades comunes a todos: educación, justicia, seguridad, salud, obras de infraestructura, etc.




Miércoles 26 de septiembre de 2012 | Publicado en edición impresa

Editorial I

La intromisión del Gobierno en la vida cotidiana de los ciudadanos excede peligrosamente la labor de una agencia recaudatoria de un país democrático.


El pedido de renuncia a la funcionaria que supuestamente diseñó y ordenó enviar un requerimiento irritante de información a los residentes de barrios privados no disipa la presunción de una responsabilidad a un más alto nivel.

La reacción oficial sólo se produjo cuando los medios hicieron conocer el fuerte rechazo de la gente hacia el formulario y se movilizaron entidades representativas. Era evidente que los datos que se pedían excedían el propósito de controlar la evasión impositiva. Por ejemplo, nada podía tener que ver con ese objetivo la averiguación de cuáles son los medios que cada contribuyente utiliza para informarse o entretenerse.

Una primera explicación, antes de despedir a la funcionaria, fue que ese conocimiento ayudaría a la AFIP a planificar sus comunicaciones y publicidad. Sin dudas, un desprecio por la inteligencia de los afectados, seguramente menos ingenuos de lo que el Gobierno supone.

No menos llamativos fueron varios pedidos referidos a parientes, viajes y otras cuestiones. Eran más propios de un organismo de inteligencia de un gobierno totalitario que de una agencia recaudatoria de un país democrático.

Cuesta creer que un procedimiento ejecutado tras hacer imprimir miles de formularios y llevado a cabo por cientos de agentes movilizados no haya contado con la aprobación previa o el conocimiento de las autoridades superiores de la AFIP. Por otro lado, este tipo de acción no está desalineada con muchas otras que ese organismo ha venido desarrollando en los últimos tiempos.


Hemos visto la utilización de perros especializados en olfatear dólares en los bolsillos, la presencia amenazante de hombres de la AFIP con vestimenta identificatoria en las casas de cambio, aparatosos operativos con más intención mediática que eficiencia. Pero ha sido aún más lamentable la utilización de la persecución impositiva como castigo a opositores o a personas que expresaron su crítica al Gobierno.

También debimos destacar desde esta columna editorial la utilización de información confidencial, nada menos que por la presidentE de la República en la cadena nacional, para condenar a un agente inmobiliario que había opinado públicamente sobre la paralización del mercado inmobiliario.

No podemos estar más de acuerdo con la necesidad de una eficiente administración tributaria. Pero debe encuadrarse dentro de la ley y el respeto por los derechos de los ciudadanos. Son los contribuyentes los que aportan una parte de lo producido de su trabajo o sus rentas y, por lo tanto, es el Estado el que debe reconocerles su esfuerzo con un trato respetuoso y correcto. La evasión debe ser castigada, pero, de ninguna manera, presumirse con abusos y descortesías antes que sea demostrada. Menos aún debe generarse miedo o amenazas para buscar sujeción o silenciar la crítica.

El pedido de información ajena al fin recaudatorio convierte a la AFIP en una inaceptable agencia de espionaje. Es de desear que no vuelva a repetirse bajo ninguna circunstancia.