lunes, 24 de diciembre de 2012

REGULACIONES PARA SILENCIAR

En la Cumbre de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, Argentina suscribió un acuerdo que, según sus detractores, abriría las puertas a una supervisión gubernamental más marcada de la web.

Polémica en Dubai. La reunión de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, que duró casi dos semanas, tuvo el 14/12(2012
su última jornada. /AFP

El artículo más controversial del tratado firmado durante la conferencia de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), realizada en Dubai entre el 3 y el 14 de diciembre, reza: "Los Estados Miembros deben tomar las medidas necesarias para evitar la propagación de comunicaciones masivas no solicitadas y minimizar sus efectos en los servicios internacionales de telecomunicación. Se alienta a los Estados Miembros a cooperar en ese sentido".

La Argentina suscribió el tratado, aunque con reservas, y señaló que mantiene "el derecho a adoptar toda medida que considere necesaria" en caso de que los demás países no cumplan con lo acordado o si "las reservas expresadas por otros Estados Miembro afecten los servicios de telecomunicación internacional de la República Argentina".

El ensañamiento contra los medios de comunicación, el hostigamiento a periodistas que piensan diferente y a todo lo que suene discordante con el poder de turno, parece la característica central de este tiempo.

Prueba de todo ello es:

  • El ensañamiento con Clarín a través de la Ley de Medios.
  • El proceso iniciado, sin prisión preventiva, por la jueza federal de San Isidro Sandra Arroyo Salgado, a periodistas acusados  en el marco de una causa por espionaje. Entre los nombres se destacan el de Carlos Pagni, columnista del diario La Nación, Juan Bautista Tata Yofre –ex funcionario menemista, historiador y escritor independiente–, Héctor Guillermo Roberto Alderete –titular del sitio SEPRIN–, Edgar Walter Mainhard –del sitio urgente24.com– y Roberto Ángel García, columnista de PERFIL.
  • Las denuncias civiles por "daños y perjuicios" realizadas por el titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos Ricardo Echegaray en causas diferentes contra los periodistas Matías Longoni, del diario Clarín, y Luis Majul, de Radio La Red y América TV.
  • El reciente despido de Radio 10, del periodista Marcelo Longobardi, quien ya había sufrido la censura en su programa en -el ahora paraestatal canal de cable- C5N,

El fin de semana se conoció que Marcelo Longobardi no iba a continuar al frente de Cada Mañana, el ciclo de Radio 10 con el que se convirtió en líder de la franja de 6 a 9 horas, por decisión de las autoridades del Grupo Indalo, quienes le comunicaron que no iba a seguir formando parte de la programación de la emisora.

Asumir algunas cuestiones como indiscutibles, puede ser un grave error. La nota que nos envía su autor, Alberto Medina Méndez, propone ese debate, desde una mirada con posición tomada. Su idea es que sirva para discutir, para poder establecer una mirada y aportar argumentos que sostengan esa visión. El autor espera que sirva de utilidad para un dialogo civilizado, para difundir y comentar.

Solo acotamos que la “libertad de expresión” en nuestro país se encuentra seriamente amenazada y desde hace mucho tiempo. Repetiremos hasta el cansancio la frase del maestro sin par. Domingo Faustino Sarmiento: “Bárbaros… las ideas no se matan”.


Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
Por una Nueva Década en Paz y para Siempre


Regulaciones para silenciar.

Una corriente incontenible viene creciendo en buena parte del mundo. A medida que la política se deforma, envicia y corrompe, buena parte de su esmero apunta a evitar críticas, o al menos en esta etapa, minimizarlas.


En esa línea de acción pretenden controlar el contenido de lo que se expresa en los medios de comunicación. Ya los han elegido como el nuevo blanco de la política. Muchos esfuerzos están puestos allí, de modo sutil algunas veces o de una forma más burda en tantos otros casos.


La trillada estrategia de controlarlo todo, de normar cada centímetro de una actividad para encorsetarla, es la modalidad elegida. Las naciones vienen avanzando en esto de asumir el manejo integral de los contenidos.

Las excusas que se utilizan para darle cierta moralidad a la decisión son múltiples. Muchas de ellas suenan sensatas y hasta parecen atractivas, pero esconden en realidad perversas intenciones más básicas y elementales.

Conceptos genéricos, pero también ambiguos, como la verdad, la objetividad y hasta cierta pretendida calidad de los contenidos, ayudan a instalar la idea de que hay que alentar normas que permitan acotar el margen de maniobra de los que manejan los medios de comunicación.


Los más osados se animan a afirmar que las regulaciones contribuyen a la favorecer el pluralismo, aunque demuestran a diario que solo replican voces idénticas, que dicen lo mismo, desde diferentes espacios y lugares.

Inclusive van más allá, asignándole un rol de “servicio público” a quienes ejercen periodismo, para colocarlos en la jurisdicción del control, y al convertirse en cosa pública, sean sujeto directo de las regulaciones.


La política avanza en este sentido, con cierta complicidad de una sociedad, algo hipócrita a veces. Lo hace por interés propio, porque cree que controlar los medios, le permite manejar el relato, le posibilita instalar una verdad subjetiva de modo masivo y que ese dominio le garantiza permanencia.

En ese esquema, el poder, pivotea entre la idea de regular los medios, que tiene aprobación social, y su necesidad política que le resulta funcional. Pretender que la política deje de intentar su camino de regular a los medios es una aspiración desmedida. Lo harán, y lo seguirán intentando. Precisan acallar a las voces diferentes, silenciar a los periodistas que pueden denuncian hechos de corrupción, y enmudecer a cualquiera que se anime.


Ya no tienen plafón político, para encarcelar personas por su pensamiento, ni torturarlos o quitarles la vida. En estos tiempos, esa estrategia es inadmisible por su inviabilidad política. Por eso eligen este camino, más sutil, aparentemente más amable, pero que busca los mismos fines.

Lo que es difícil comprender es como la gente apoya este tipo de decisiones normativas. Atenta contra su única posibilidad de ponerle limites al poder, de evitar los abusos, la concentración del poder estatal.

En momentos como estos, en los que la republica está jaqueada, y su división de poderes cuestionada, el contrapoder por excelencia, es el de los medios de comunicación, el periodismo y la prensa.


Ahogar esa posibilidad, es casi suicida en términos sociales. Acallar las voces es la peor idea. El disfraz que proponen las regulaciones, combatiendo supuestas posiciones dominantes o configuraciones monopólicas, resulta atractivo para muchos porque suena convincente esto de favorecer a los más pequeños y perjudicar a los aparentemente grandes.

A los monopolios, a los que parecen dominar la escena, se les da la batalla en el mercado, con mejor programación o contenidos más inteligentes, es decir compitiendo con ellos y ganándole en el terreno adecuado. No existe monopolio invencible en esos términos, en todo caso existen mejores y peores medios, periodistas más serios y creíbles, y de los otros, esos que trabajan para el discurso oficial, solo porque reciben una paga a cambio.

Por eso resulta especialmente extraño, que en este contexto, algunos periodistas, digan estar de acuerdo con estas leyes, siendo que son la negación de la libertad de expresión. En esa lista de comunicadores, aparecen quienes adhieren a estos intentos regulatorios, por cierta actitud culpógena con su visión ideológica pasada, cuando no por la compensación económica que implica fijar públicamente esa posición.

Las normas que regulan la actividad periodística, no tienen sentido alguno. Si existe alguna actividad que no precisa regulaciones, es esta, porque hacerlo, implica limitar la libertad de expresión.


Es difícil hallar algún aspecto positivo en este tipo de legislación, no solo en nuestros países, sino en cualquier lugar del mundo. Recorriendo las normas, no se encuentra párrafo alguno que tenga sentido y que merezca ser escrito, menos aun votado masivamente por legisladores oficialistas y de los otros, que siguen creyendo en esta visión de ponerle limite a todos.

Más allá de que muchos de los ingenuos defensores de estas normativas, ciudadanos desprevenidos en su gran mayoría, jamás leyeron el texto jurídico y solo repiten consignas ajenas, elaboradas por la política y los voceros propagandísticos del gobierno, lo cierto es que los impulsa cierta impotencia frente a la libertad. Gente que no tolera el pensamiento diferente, que pretende discurso único, pero no se anima a decirlo abiertamente por cierto pudor democrático.


Si pudieran, si estuviera en sus manos, cerrarían medios, limitarían licencias, impedirían la contratación de ciertos comunicadores. Su cobardía llega hasta allí, ni siquiera se animan a decirlo en público. Parece que aun conservan algo de pudor. No sabemos por cuánto tiempo. Tal vez, muy pronto, intenten dar un paso más y decidan quienes pueden hablar, confirmando esta tendencia, aparentemente irrefrenable, de llevar adelante más regulaciones para silenciar.

Alberto Medina Méndez[1]
skype: amedinamendez
54 – 0379 - 154602694


[1] Alberto Emiliano Medina Méndez nació en Formosa, ciudad capital de la provincia homónima, el domingo 24 de julio de 1966. Sus padres, Emiliano Medina Lareu, nacido el 11 de marzo de 1931 en la ciudad de Buenos Aires y su madre Catalina Méndez, nacida en Corrientes capital, nacida el 6 de noviembre de 1928, se encontraban en Formosa trabajando en aquellos años. Muy pronto, se radicaron en Corrientes donde Catalina tiene a buena parte de su familia de origen.

Hijo único de ese matrimonio, con una niñez feliz y con el privilegio de contar con padres que no solo se brindaron por entero a su educación y formación en valores, sino que además contribuyeron fuertemente a su cultura general. Posibilitaron el desarrollo un espíritu libre, alejado de las ataduras ideológicas, con amplitud de criterio y formación universal.

La charla cotidiana con los padres, de casi cualquier tema, fue la característica central de su diálogo familiar. Padre periodista, madre educadora, la fórmula casi perfecta, para generar el espacio necesario para la diversidad de ideas.

LA REPÚBLICA INEXPLICABLEMENTE PÉRDIDA EN DEMOCRACIA.

El poder de turno en Argentina se encuentra desbordado y desorientado ante la explosión social que culminó en los saqueos previos a la Navidad: la presidente se escapó a su mansión en El Calafate y no ha dicho una sola palabra al respecto, sus voceros calificados salieron a echar culpas a diestra y siniestra, buscando un “chico expiatorio” no tuvieron peor idea que echarle la culpa al líder de la CGT Argentina y de los camioneros, Hugo Moyano. El camionero les contestó con una conferencia pública y les dijo de todo… menos bonitos –la presidente incluida- y el único efecto logrado fue la solidaridad de Calo hacia Moyano. En las ahora temidas redes sociales, se demostró que a la gente no le gustan los sindicalistas… pero los prefieren a los kirchneritas.


La presidente siempre acusa a la inerme oposición… “Nunca se les cae una idea”,  hoy parece que ella y sus funcionarios padecen el mismo mal, Por eso les dejamos el brillante reportaje que nuestro amigo Ricardo Angoso le hiciera al expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, quién con inteligentes respuestas puede inspirar hasta gobernantes a quienes solo les funciona media neurona o lo que quede de ella.


Aprovechamos para desearles a todos una Muy Feliz Navidad y que el niño Jesús nos traiga su inmenso regalo de perdón, paz y amor. Tal vez allí encontremos los pilares necesarios para recuperar a la República inexplicablemente Pérdida en Democracia.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
por una Nueva Década en Paz y para Siempre


Domingo, 23 de diciembre de 2012

ÁLVARO URIBE, EXPRESIDENTE DE COLOMBIA

“La paz se puede firmar, pero

dudo que dé resultados”

Ricardo Angoso

Colombia vive una encrucijada histórica clave para garantizar la convivencia pacífica y democrática. La negociación con las FARC para el desarme será un camino difícil. Muchos colombianos echan de menos la seguridad democrática del expresidente Álvaro Uribe.

Del expresidente Álvaro Uribe se puede decir ya sin ambages que se ha convertido en el máximo líder de la oposición a las políticas del presidente Juan Manuel Santos. Uribe se mueve en la arena política como pez en el agua y sigue siendo un referente moral para millones de colombianos. Ahora, quizá desde las filas de un nuevo partido político, que podría responder a lo que ya se denomina como Puro Centro Democrático, no descarta dar la batalla electoral para las próximas elecciones legislativas, previstas para el año 2014.


¿En qué consiste esa política que enarboló durante su mandato y que definió en su momento como la “seguridad democrática”?

Nosotros trabajamos sobre un propósito: construir la confianza de los colombianos en Colombia y de la comunidad internacional en nuestro país. La palabra clave, entonces, es confianza, que está cimentada sobre tres pilares: la seguridad, la promoción de la inversión y la política social. La seguridad y la promoción de la inversión como medios; y la política social como fin y legitimador de las dos primeras. ¿Por qué la seguridad democrática? Porque es la seguridad con respeto a las garantías civiles, a los derechos políticos, a los derechos humanos, sin censura a los medios de comunicación, con respeto a las libertades fundamentales, con pluralismo, así fueron esos años y es una fuente de recursos que perdura todavía. Es un valor democrático, ya que sin seguridad es imposible la práctica de la democracia, y sin seguridad no se dan recursos de inversión que se necesitan para resolver los problemas sociales.

¿Es cierto que le quedaron secuelas físicas del atentado que sufrió en el Hotel Orquídea Real?

En el año 1990, ejerciendo como senador, se tramitó una reforma laboral en Colombia, de la que yo fui coautor y ponente, reforma que salvó a las empresas y a los trabajadores. Fue tan importante que al día de hoy nadie la ha echado para atrás, y eso me generó muchos atentados de estos grupos terroristas. Yo viví un tiempo en la Universidad de Harvard, donde hice un posgrado en el año 91 y después, al regresar al país, asumí toda la responsabilidad y fui ponente en un proyecto de reforma de la seguridad social. En el curso de ese proyecto nuevamente se reproducen las amenazas contra mí, hay nuevas dificultades, y ahí, en ese momento, ocurre el atentado del Orquídea Real que registro en el libro que acabó de presentar. Fue muy doloroso. La bomba la pusieron en el baño contiguo al baño de mi habitación y explotó a los pocos minutos de haber entrado en la misma. Y también hubo otros atentados esa noche en Bogotá, resultando víctimas de los mismos algunos jóvenes de Ecopetrol, tal como relato en mi libro. Pero ¿cómo procedimos?

Al día siguiente de ese atentado yo estaba en el Congreso de la República continuando con mis deberes de legislador.

¿Cuál fue el momento más duro de sus ocho años como presidente?

El ejercicio público en cada hora da treinta segundos de satisfacción y cincuenta y nueve minutos y treinta segundos de dificultades. Las dificultades son naturales, son parte de la esencia al servicio público. Los momentos más duros son los que yo calificaría de tristeza y son varios: la bomba contra el Club Nogal de Bogotá, los asesinatos de Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri y los integrantes de las Fuerzas Armadas que estaban con ellos, la muerte en accidente de aviación del ministro Juan Luis Londoño, la muerte de Pedro Juan Moreno, en otro accidente de aviación, el asesinato de los diputados vallecaucanos a manos de las FARC…Los momentos de dificultad son obvios, pero los de tristeza afectan mucho y perduran para siempre.

Hay un gran debate en América Latina sobre el tema del narcotráfico, incluso algunos líderes regionales plantean la legalización de algunas drogas, ¿qué opinión tiene sobre ese asunto?

Para hacer una política razonable no se necesita legalizar nada. La Constitución colombiana, mediante una reforma nuestra, definió que el consumidor no tiene que ser llevado a la cárcel, pero que sí debe ser rehabilitado. Hay países como Portugal que van más allá y dicen que hay que rehabilitarlo pero el consumidor se tiene que dejar ayudar, o de lo contrario se le puede multar, se le puede hasta sancionar administrativamente si no cumple con esa rehabilitación. Creo que se necesitan campañas de sanidad pública para llegar a una mayor prevención, pero hay que ser muy duro, muy drástico, con el distribuidor y llevarlo a la cárcel, indudablemente.

La verdad es que si hoy se legaliza la marihuana, mañana se acaba legalizando la cocaína. En el mundo hay más de 1.800 drogas y en los países donde se avanzó en materia de legalización de las mismas hay problemas con sus comunidades. Por ejemplo, en Holanda se han cerrado muchos de los coffee-shops donde se consumían drogas. Y hay una realidad que no se puede evadir: lo que distingue al ser humano de otros seres vivos es que el ser humano tiene control sobre su voluntad, que es lo que le hace libre; las drogas ilícitas, por el contrario, lo enajenan, lo esclavizan y le hacen perder su libertad. El ser humano cuando pierde su libertad, cuando está enajenado, se convierte en un peligro para la comunidad. Siendo yo presidente recibí informes de la policía colombiana de que el 100% de los sicarios arrestados en Colombia a punto de cometer un crimen estaban bajo el efecto de drogas ilícitas. Entonces, vuelvo al principio, puede haber políticas razonables contra el narcotráfico sin necesidad de legalizar determinadas drogas.

 Las FARC no están hoy tan fuertes como en 2002, cuando Fidel Castro le dijo
a Gabriel García Márquez que su oferta de negociación encubría el rearme.

Castro le dijo a García Marquez que le dijera que las FARC solo querían un proceso de diálogo para rearmarse, ¿cree que estamos en un momento parecido, que estas negociaciones actuales responden a lo mismo?

Aquella conversación con García Marquez fue en febrero de 1997, era yo gobernador de Antioquía. Las FARC crecieron mucho hasta el 2002. En el gobierno nuestro, que comenzó ese año, fueron reducidas y pasó de 30.000 hombres a 6.800; desafortunadamente, bajo la actual administración, algo se han recuperado. De haber seguido la tendencia de nuestro gobierno, hoy las FARC tendrían como máximo 2.000 hombres y, sin embargo, tienen más de 8.000. Diría yo que todavía tienen la capacidad de hacer daño, pero no están tan fuertes como estaban en el 2002. ¡Dios quiera que no vuelvan a recuperar esa fortaleza! Indudablemente, lo que sí están haciendo hasta ahora es recuperar un protagonismo político que no se le debe de permitir a los terroristas y que le puede hacer mucho daño a la democracia colombiana. Con la paz, dicho sea de paso, todos estamos de acuerdo, pero somos muchos, entre lo que me incluyo, que decimos paz sí, pero impunidad nunca. Decimos también paz sí, pero elegibilidad de extorsionistas, terroristas, secuestradores y narcotraficantes, no.



domingo, 23 de diciembre de 2012

LA ORDEN DE REABRIR LA CAUSA RUCCI PUEDE DESTAPAR UNA CAJA DE PANDORA ENTRE PROMINENTES FIGURAS DEL ACTUAL GOBIERNO



MIÉRCOLES, 19 DE DICIEMBRE DE 2012 12:12

ESCRITO POR ADMINISTRATOR

El diario Clarín otorgó el miércoles (19 dic 2012) un excepcional despliegue de primera plana a la decisión de la Cámara Federal porteña que ordenó (el martes 18) reabrir la causa que investiga el asesinato del ex secretario general de la CGT José Ignacio Rucci, para intentar dar con los autores materiales e intelectuales del hecho y determinar si alguno de ellos estaba vinculado al Estado.


Clarín recuerda que Rucci fue asesinado el 25 de septiembre de 1973. El crimen dividió a la guerrilla de Montoneros, a la que se adjudicó el atentado. La causa fue archivada este año por el juez federal Ariel Lijo, al considerar que el hecho estaba prescripto, alegando que no se trataba de un delito de lesa humanidad.


El diario agrega que “la diputada del Frente Peronista Claudia Rucci celebró la decisión de reabrir la causa por el asesinato de su padre y anticipó que pedirá una audiencia con el juez de la causa para solicitarle que cite a declarar a “ex funcionarios” y “ex dirigentes de la agrupación Montoneros. “La Cámara leyó nuestros fundamentos, cuando apelamos la decisión del juez Lijo le pedimos que sea considerado un asesinato de lesa humanidad porque estamos convencidos de que fue hecho en democracia por un grupo de dirigentes de la agrupación Montoneros que tenían cargos en el poder, señaló Rucci.


“Las diligencias y medidas (sobre) la única hipótesis que subsiste resultan escasas y permitieron tan sólo un conocimiento limitado de los extremos relevantes a los efectos de llevar a cabo el análisis que se propone”, dijeron los jueces de la Sala II de la Cámara, que tildaron de “prematura” la prescripción.

Los jueces Horacio Cattani, Martín Irurzun y Eduardo Farah ordenaron una gran cantidad de medidas de prueba a fin de dar con los “autores materiales e intelectuales”, así como determinar “después el grado de inserción o pertenencia” que “pudieron haber tenido en la organización que se atribuyó el suceso”, esto es Montoneros.


“Entiende este Tribunal que la decisión adoptada sobre la cuestión resulta prematura y que existen múltiples aspectos que requieren ser dilucidados para, con una base probatoria sólida –de la que de momento se carece–, estar en condiciones de dar respuesta al debate planteado”, añadió el Tribunal.

Rucci era hombre de confianza del general Juan Domingo Perón, quien dos días antes se había alzado con el triunfo electoral con amplia ventaja sobre el radical Ricardo Balbín, para asumir por tercera vez la Presidencia de la Nación. El asesinato fue tomado como un desafío al propio poder de Perón y poco después la organización guerrillera –que estaba ligada al movimiento peronista– pasaría a la clandestinidad.


En su fallo, los camaristas recordaron que ellos mismos habían firmado decisiones “respecto de los alcances de la categoría de ‘delitos de lesa humanidad’, esto es, de aquellos actos actualmente enumerados en el artículo 7° del Estatuto de Roma cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, de conformidad con la política de un Estado o de una organización de cometer esos actos o para promover esa política, y con conocimiento de dicho ataque”. Aseguran que en el caso Rucci aún no se puede determinar si fue o no un caso “de lesa humanidad”.


Nota: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.

DECLARACIÓN DEL INSTITUTO DE FILOSOFÍA PRÁCTICA ACERCA DE UN PREMIO, LA SENSATEZ Y LA INSENSATEZ.


I

Festejo en Suecia”, así titula un matutino la recepción por dos sonrientes Amado Boudou y Aníbal Fernández, en Estocolmo, del premio otorgado a nuestra presidente por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Trans e Intersex (La Nación, 13/12/2012), sin ningún comentario que lo alabe o repruebe, ni siquiera el viaje, inútil para las finanzas públicas, de estos dos personajes, cuando la distinción podría haberla recibido el embajador. La premiada habló por videoconferencia para prometer: “Seguiremos luchando contra quienes quieren penalizar a los que piensan o quieren vivir diferentes”.

A su vez el mismo día, en el mismo diario, aparecen unas declaraciones del presidente ruso Vladimir Putin, quien exhorta a sus compatriotas a tener más hijos, para “conservar su identidad nacional y no perderse como nación”, agregando: “si queremos ser fuertes, debemos ser más y mejores”.

El primero es un premio a la insensatez; las manifestaciones del segundo, más allá de lo que podamos objetar de otros capítulos de su política, interior y exterior, son expresión de sensatez.

II

Sabemos que la prudencia es la primera de las virtudes cardinales y que una de sus especies es la prudencia política, que reside en forma arquitectónica en el gobernante y en forma obediencial en el gobernado.

Una de las virtudes anexas a la prudencia se denomina “synesis” o buen sentido moral. Según Santo Tomás, ella importa “un juicio recto sobre las acciones particulares” y que “se llama ‘asyneti’ o insensatos a los que carecen de dicha virtud” (Suma Teológica, 2-2 q. 51, a. 3).

Rusia y la Argentina tienen problemas análogos: “grandes territorios, insuficientemente poblados”. Y los gobernantes ante estos problemas tienen que tener criterios sensatos, racionales, que guíen a las leyes: fomentar la población, poblar a Rusia con rusos y a la Argentina con argentinos.

Señala Santo Tomás en el texto citado que “el juicio recto consiste en que la inteligencia aprehenda las cosas tal como son en sí mismas. Esto se da cuando está bien dispuesta, como un espejo en buenas condiciones reproduce las imágenes de los cuerpos como son en sí mismos, mientras que, si falta esa buena disposición, aparecen en él imágenes torcidas y deformes. La buena disposición de la inteligencia para recibir las cosas tal como son en sí mismas proviene radicalmente de la naturaleza”.

En este tema Putin tiene un juicio recto y practica una parte de la prudencia que es la providencia, se anticipa al futuro, teme la desaparición de la nación rusa si no se cambia el rumbo y ordena los medios para ello. Lamentablemente, nuestra presidente no, porque su inteligencia no está bien dispuesta, sus imágenes son torcidas y deformes y ha cortado su relación con la naturaleza, corte que es la razón de este premio. La providencia o previsión se ocupa de “los futuros contingentes, en cuanto a ordenables por el hombre al fin de la vida humana” (Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 49 a.6)

III

El  premio a la esterilidad y la preocupación por la fecundidad nos conducen a ocuparnos de la cuestión demográfica. Como este tema es primordial, esencial, básico, no interesa en general a nuestros políticos ni a nuestros periodistas, entretenidos en chismes, habladurías de conventillo, prebendas, viajes, elecciones, reelecciones. A ellos nada de lo superficial les es ajeno; sí todo lo que haga a cuestiones de profundidad y de supervivencia nacional.

El mandato del Génesis: sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra (1, 28), sigue vigente. Pero ante tantas tesis alarmistas por la llamada “explosión demográfica”, ¿habrá sido el Creador un irresponsable? ¿Se habrá ocupado del sustento de las aves del cielo y del vestido de los lirios del campo, abandonando a la única criatura terrestre creada a su imagen? Evidentemente, no, porque los problemas del hambre y la miseria no surgen de la falta de recursos sino de una mala administración y distribución.


El inglés Peter Bauer, profesor emérito de Desarrollo Económico de la Escuela de Economía de Londres, escribe con sensatez: “la población es un triunfo de la vida sobre la muerte. Se trata de una bendición y no de una calamidad. Casi todas las personas prefieren vivir más tiempo y que sus hijos también vivan más” (Apuesta a la inteligencia, La Nación, 11/9/1995).

Es necesaria una política de población. Es un asunto de los Estados, no sólo de las familias, aunque sea necesario cuidar a las últimas para que puedan crecer y desarrollarse. Como bien señala Anselm Zurfluh: “El Estado nunca es neutral, siempre está poniendo en práctica una determinada política. Unas veces lo hace a favor de la vida y otras en contra” (¿Superpoblación?, Rialp. Madrid, 1992, p.146).

Entre nosotros el Pbro. Rafael Braun, desde un enfoque privatístico, entiende la cosa de manera diferente: “no incumbe al Estado favorecer una alta tasa de natalidad ni propender a que sea baja, porque es resorte propio de las familias” (La Prensa, 4/10/1992).

Como en otras cosas, aquí se equivoca, porque tal vez no entienda, que uno de los primeros objetivos que debe perseguir el Estado es el de conservar el pueblo a través de la sucesión de las generaciones, pues como advierte Santo Tomás, “el bien de la multitud no debe ser establecido solamente por un tiempo, sino para que él se prolongue, en cierta manera, siempre. Y como los hombres son mortales, ellos no pueden durar siempre” (El gobierno de los príncipes, L. I, C. XV).

IV

Los argentinos somos pocos y mal distribuidos. Nuestra población crece a una tasa anual inferior a la media mundial y cada vez más lentamente. Según el último censo somos 40.117.096 habitantes, cuando en 1991 éramos 32.615.528.

La densidad de la población argentina es de 12,9 hab/km2, sin incluir a la Antártida, mientras que la media mundial es de 44.

A la elevada concentración en áreas urbanas se unen los grandes vacíos demográficos. En el 37% del territorio vive el 1% de la población, y así, mientras la Ciudad de Buenos Aires tiene casi 14.000 hab/km2, la Provincia de Santa Cruz tiene 0,8. Es un caso de macrocefalia, de una cabeza desproporcionada con relación al cuerpo.

En la Argentina hace mucho tiempo que ningún gobierno constitucional o de facto se tomó el asunto en serio y por eso ya en 1992, el director del Departamento de Matemática de la UCA, Juan Carlos Auernheimer, señalaba que “casi ochenta años de ausencia de políticas demográficas efectivas han culminado en una endeble ocupación del territorio nacional”, augurando que han de aumentar “las presiones demográficas sobre las fronteras argentinas, especialmente con los países del Brasil, el Paraguay y Bolivia”.

Han pasado veinte años y esa ausencia continúa, mientras se han dictado leyes que se burlan de las exigencias de la naturaleza humana y se suman a la campaña internacional contra la natalidad.

V

Con motivo de la Conferencia de las Naciones Unidas que se reunió en El Cairo en 1994, Mariano Grondona escribió en La Nación un artículo titulado A la sombra de Malthus” (4/9/1994); en él se refiere a los temas que se abordarían: “todos situados en la encrucijada de nuestro futuro demográfico: la anticoncepción, el aborto, la homosexualidad y el feminismo… Esos temas dividen las aguas entre las dos corrientes que chocarán en El Cairo: los liberales y los conservadores”.

En su simplismo periodístico Grondona señala dos palabras claves que serán el eje de la división: población y desarrollo, y pontifica: “desde el punto de vista liberal, la que cuenta es desarrollo”, en cambio, “desde el ángulo de mira conservador, la palabra que cuenta es poblaciónlos conservadores sostienen que el desarrollo es para la población y que privar a 1200 millones de personas del banquete de la vida previniendo nacimientos que de otro modo ocurrirían, supone de por sí un estrepitoso fracaso en la administración de los recursos de la tierra”.

Luego, sin la más mínima inquietud moral y con una aviesa adulteración del interés nacional, escribe: “la mayoría católica de los argentinos apunta hacia la dirección conservadora. Una consideración pragmática del interés nacional apuntaría en dirección contraria”.

Más adelante, esgrime sus razones que avalarían nuestra adhesión a la política mundialista, enemiga de la natalidad, razones elaboradas por Grondona y política aplicada por nuestro gobierno actual: “dueño de uno de los grandes espacios vacíos del planeta y poseedor de una baja tasa de natalidad, casi de tipo europeo, nuestro país no podría ver con buenos ojos una explosión demográfica en otras latitudes, con potencial desborde hacia nuestras desérticas playas. Desde un ángulo de visión global, la Argentina es una inmensa estancia poco poblada y poco productiva. Un latifundio. Un vacío que otros pueblos prolíficos y hambrientos, en el futuro podrían reclamar”.

El diagnóstico es verdadero, pero la solución es falsa; es inmoral y antinacional. Lo que debemos hacer es sencillo y constituye todo un programa de gobierno: aumentar la tasa de natalidad, poblar la Argentina, en primer lugar con nuevos argentinos, y en segundo lugar, con inmigrantes deseosos de trabajar y de asimilarse, respetuosos de nuestra idiosincrasia; producir más a partir de los recursos naturales que tenemos, incrementar la agricultura, la ganadería, la pesca y la minería; promover una redistribución sensata de la población, fundar nuevos pueblos y ciudades, mejorar los transportes y las comunicaciones. Entonces, dejaremos de ser pocos y mal distribuidos. Entonces, la Argentina dejará de ser un latifundio, una estancia nada poblada y poco productiva. Entonces no ofrecerá espacios vacíos que otros pueblos puedan reclamar.

VI

Y esto ¿cómo se hace? En primer lugar, con una sana política familiar, que vuelva a valorizar el matrimonio, que ayude a la mujer embarazada, que premie a la maternidad, que apoye a la familia numerosa, que establezca un razonable salario familiar, que consagre el sufragio familiar, postulado por Martín Aberg Cobo, o sea que el padre tenga tantos votos como hijos varones tenga a su cargo y la madre lo mismo respecto a sus hijas mujeres (Reforma electoral y sufragio familiar, Kraft, Buenos Aires, 1944); sólo entonces votarán todos los argentinos; en segundo lugar, con una política económica que estimule el desarrollo y el incremento de la producción, una política económica en la cual los Bancos y las finanzas vuelvan a tener el lugar subordinado que les corresponde; en tercer lugar, con una política geográfica que estimule el nacimiento de nuevos centros de población en el interior, que vigorice a los que languidecen y se encuentran en vías de extinción, que revierta el proceso de abandono actual.

El final de esta Declaración vuelve a su principio: si queremos conservar la identidad de nuestra patria “debemos ser más y mejores”, afirmó el presidente ruso en las antípodas del ideólogo Grondona y de su realizadora Cristina Kirchner.

No sólo ser más, sino también mejores. Aquí se unen lo cuantitativo y lo cualitativo. Necesitamos hombres buenos, que realicen su vida el imperativo de la heroica ética de Píndaro: “Llega a ser el que eres”. Porque el hombre al existir, lo hace con una peculiar naturaleza que le marca su deber ser. Necesitamos hombres mejores, que a través de sus actos cotidianos practiquen las virtudes y huyan de los vicios. No hombres peores, que vivan “diferentes”, en rebelión permanente contra la ley natural moral y la ley divina positiva. Con hombres mejores, prudentes, justos, fuertes, temperantes, pacientes, respetuosos, agradecidos, generosos, veraces, laboriosos, magnánimos, sacrificados, caritativos, tendremos una sociedad mejor. 

El título de nuestra presidente para merecer el premio recibido en Suecia, es la burla al orden natural que se expresa en sus actitudes, en muchas leyes que promulga, en los proyectos que patrocina. Pero la Argentina no tiene futuro si no vuelve al orden natural. Porque como bien se ha dicho: Dios perdona, el hombre olvida, pero la naturaleza no perdona ni olvida.

Buenos Aires, diciembre 19 de 2011.

Juan Vergara del Carril                          Bernardino Montejano
        Secretario                                             Presidente 

38° ANIVERSARIO DEL ASESINATO DE CARLOS ALBERTO SACHERI


Carlos Alberto Sacheri (Buenos Aires, 22 de octubre de 1933 – 22 de diciembre de 1974) fue un académico y filósofo argentino, uno de los principales exponentes del tomismo en ese país y reconocido sostenedor de un firme anticomunismo. Discípulo del presbítero Julio Meinvielle, un conocido doctrinario de los movimientos nacionalistas argentinos; la más difundida de sus publicaciones fue La Iglesia clandestina (1971) es una denuncia contra el modernismo y la teología de la Liberación desde posiciones tradicionales. Fue asesinado por el Ejército Revolucionario del Pueblo-22 de Agosto en 1974.


Sacheri se incorporó a la Acción Católica Argentina durante sus estudios secundarios. Ingresó a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires para cursar la carrera de abogacía, pero se dedicó poco a su primera profesión; conoció al Padre Meinvielle durante sus estudios, y se unió a los grupos de suma que dirigía éste. Influido por la lectura de Tomás de Aquino, interpretada por Meinvielle, Sacheri comenzó estudios de filosofía en la UBA. Egresó en 1957, y con una beca del Consejo de Artes de Canadá se trasladó a la Universidad de Laval (Québec) para estudiar filosofía bajo la dirección del tomista canadiense Charles de Koninck. Se licenció en 1963, y cinco años más tarde obtuvo su doctorado con una tesis sobre La existencia y la naturaleza de la deliberación.


Padre Meinvielle

Regresó a la Argentina en 1967, donde se hizo cargo de la obra de la Ciudad Católica, en lugar del ingeniero Roberto Gorostiaga. Obtuvo una plaza como docente en la UBA —enseñando Filosofía del Derecho e Historia de las Ideas Filosóficas— y en la recientemente creada Universidad Católica Argentina —Metodología Científica y Filosofía Social—, donde fue invitado por el obispo Octavio Nicolás Derisi. Sería luego profesor visitante en el Instituto de Filosofía Comparada de París, dictando Ética y Filosofía Social, en la Universidad de Laval, y en la Universidad Andrés Bello de Caracas.

Fue secretario de la Sociedad Tomista Argentina, presidente de la Ciudad Católica, y coordinador general del Instituto de Promoción Social Argentina. En 1970 obtuvo una plaza como secretario científico del CONICET; dirigió luego el Instituto de Filosofía de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA, y en 1974 fue coordinador general del Ingreso Único a ésta universidad.

Mientras tanto militó en el nacionalismo católico, siendo miembro del directorio del efímero Movimiento Unificado Nacionalista Argentino. En el conflicto en el seno de la Iglesia Católica entre la rama tradicionalista y la socialista —encarnada en grupos como el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo— Sacheri se identificó con la primera, y expresó su doctrina en numerosas publicaciones. Fue colaborador de las argentinas Presencia, Universitas, Mikael y Ethos, así como de varias extranjeras. En 1971 resumió sus observaciones sobre lo que consideraba desviaciones doctrinarias y litúrgicas en progresismo en La Iglesia clandestina; en esta obra exponía sus tesis acerca del progresismo, al que acusaba de ser una simple expresión del marxismo ateo. El libro atacaba, entre otros, a los jesuitas del Colegio Máximo y al director de la revista Criterio, el hoy cardenal Jorge Mejía, acusándolos de subversivos y aliados de organizaciones armadas comunistas. La misma doctrina se vertió en el diario La Nueva Provincia, donde publicó artículos sobre la Doctrina Social de la Iglesia, que se recopilaron luego con el título de El orden natural. Ambas obras fueron calurosamente elogiadas por el nuncio apostólico en la Argentina, Lino Zanini, y se difundieron gratuitamente entre el personal de las Fuerzas Armadas. Algunas fuentes dicen que su mensaje era un fuerte ataque a la comunidad judía, aunque quien conozca la vida y la obra de Sacheri sabe que esa opinión carece del más mínimo fundamento.

En 1974 fue asesinado por un comando armado frente a toda su familia mientras regresaba de misa; el ERP-22 de Agosto se atribuyó la acción.

Obras de Sacheri
  • 1968, Necessite et Nature de la Deliberation
  • 1970, La Iglesia Clandestina
  • 1974, La Iglesia y lo Social

Obras sobre Sacheri

  • Adelmar Zelmar Barbosa, “Sacheri: El mandato de una acción concertada”, Verbo nro. 150 (Buenos Aires: Club del Libro Cívico, 1975).
  • Ricardo von Büren, “Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri”, Congresso Tomista Internazionale ‘L’umanesimo cristiano nel III milenio: Prospectiva di Tommaso d’Aquino (Roma: 21-25 de septiembre de 2003). [2]
  • Antonio Caponnetto, “Introducción”, Carlos Sacheri: Un mártir de Cristo Rey (Buenos Aires: Roca Viva, 1998).
  • Alberto Caturelli, “Carlos Alberto Sacheri 1933-1974”, Sapientia nro. 115 (Buenos Aires: UCA / Socierdad Tomista Argentina, 1975).
  • Alberto Caturelli, “Carlos Sacheri, testigo”, La patria y el orden temporal (Buenos Aires: Ediciones Gladius, 1993).
  • Héctor Hernández, “A veinte años de su martirio”, Verbo nros. 348-349 (Buenos Aires: CLC, 1994).
  • Héctor Hernández, “Apuntes para una biografía de Sacheri”, Cuadernos de Espiritualidad y Teología nro. 24 (San Luis: 1999).
  • Héctor Hernández, “Un mártir argentino de la Cristiandad: Sacheri”, Gladius nro. 46 (Buenos Aires: Ediciones Gladius, 1999).
  • Fulvio Ramos, “Sacheri: Modelo de apóstol laico”, Verbo nro. 179 (Buenos Aires: CLC, 1978).
  • Adolfo Tortolo, “Prólogo”, Carlos A. Sacheri, El orden natural (Buenos Aires: varias ediciones).
  • Héctor Hernández, "Sacheri, Predicar y morir por la Argentina", Editorial Vórtice, 993 páginas, 2007

¿DEMOCRATIZAR LA JUSTICIA?

OPINIONES

22.12.12











MAURICIO ORTIN

Amado Boudou, vicepresidente de la Nación y primer “sicristinista”, investigado por casos de corrupción, ha propuesto (aparentemente, indignado por el fallo absolutorio del caso “Marita Verón”) “democratizar la Justicia”. Antes, por supuesto, lo hizo la presidente Cristina, cuando dijo: “Vamos a tener que poner en marcha una democratización del Poder Judicial porque es el último eslabón en la toma de decisiones”.


Dijo otras barbaridades por el estilo, pero con esta alcanza para entender el “vamos por todo”.

¿Qué quiere decir el kirchnerismo con democratizar la Justicia? El sentido etimológico de la palabra viene del griego (demos=pueblo; kratos=poder) y refiere al gobierno elegido por la mayoría. No tiene en cuenta la manera de gobernar sino el método de elección. Pero, un tirano elegido (y reelegido) por la mayoría sigue siendo un tirano. De allí que, a los fines de evitar el mal de la tiranía, las constituciones de los países libres adopten el sistema republicano.

Este, sabiamente plantea la división y la independencia de los poderes, fundamentalmente, para debilitar el inmenso poder del presidente. “Democratizar la Justicia”, en este contexto, significa lisa y llanamente que los jueces deben fallar siguiendo la voluntad de los representantes de la mayoría (todos los jueces serán kirchneristas para que, “el último eslabón en la toma de decisiones”, no se oponga a la voluntad de la que tiene el 54% de los votos).


Más, ¿cómo es posible pretender semejante despropósito? ¿Acaso la Argentina no es una república? Sí, que lo es; aunque conviene hacer la siguiente aclaración. Del término, república, existen, por lo menos, dos sentidos del término. El primero, se refiere al sentido estricto de república que en la Constitución Nacional se consagra; el segundo, en cambio, a la “bananera” o república de “Kirchnerlandia”. Estas repúblicas “de cuarta” se caracterizan por situaciones tales como el que un presidente y su vice anuncien eliminar la independencia del Poder Judicial (golpe de Estado) y los gobernadores, los diputados, los senadores (nacionales y provinciales) reciban la noticia con la misma inquietud que les genera el pronóstico del tiempo, para mañana, en Borneo.


¡Eso sí, para prejuzgar el fallo que absolvió a los imputados del caso “Marita Verón” actúan como un solo hombre! No se indignan, ni repudian cuando Hebe de Bonafini llamó “turros” a los integrantes de la Corte Suprema de Justicia, ni cuando el “juez” Oyarbide la sobreseyó en la causa por el súper desfalco de la Fundación Madres de Plaza de Mayo.


En un arresto de ira, Hebe le demandó al gobernador de Tucumán que cierre ya todos prostíbulos de la provincia. Alperovich, que teme más a la lengua impune de Bonafini que al mismísimo Lobizón, entregó un funcionario a los perros para salir del paso.


A propósito, ¿por qué Cristina, los legisladores y demás indignados no se indignaron, en su momento, con Eugenio Zaffaroni? ¿Cuántas Marita Verón habrán pasado por los seis departamentos que alquilaba este miembro de la ex “Corte Suprema de Justicia de lujo”?


No hay que “democratizar la Justicia”, hay que deskirchnerizarla.

Fuente: http://www.eltribuno.info/salta/236498-Democratizar-la-Justicia.note.aspx

Nota: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.