jueves, 19 de diciembre de 2013

UP - MENSAJE NRO 921 - MEGACAUSA DE SALTA


A TODOS LOS CAMARADAS DE LAS FUERZAS ARMADAS, FUERZAS DE SEGURIDAD, FUERZAS POLICIALES Y FUERZAS PENITENCIARIAS.
A LOS PRESIDENTES DE PROMOCIÓN, COMISIONES DIRECTIVAS Y AUTORIDADES DE LAS PROMOCIONES.
A TODOS LOS CAMARADAS.

Estimados Camaradas

Como es de conocimiento, mañana Viernes 20 de Diciembre, a partir de las 09.00 horas, se llevará a cabo la última audiencia de la denominada Megacausa de Salta. La misma se desarrollará en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Salta Nro. 2 - Sala "Gobernador Ragone" (Ciudad Judicial). Posteriormente, el citado Tribunal, emitirá la Condena a partir de las 14.00 horas. En el proceso, se han reunido 18 causas, donde 20 (veinte) Camaradas de distintas Fuerzas están siendo juzgados.

Es conocida la mecánica de estos juicios. En forma insistente y reiterada, se vienen escuchando testimonios -a veces poco espontáneos y hasta teatralizados- a través de una repetición sistemática de acusaciones, la mayoría de las veces falaces. Una prueba tangible de lo expresado, es adjuntada al presente a través del Documento explicativo y Audio donde consta un ejemplo de lo expresado, en el Alegato del Sr. Fiscal Federal Dr. Ricardo Toranzos. ( Dichos documentos serán convenientemente subidos a la Página WEB de la UP ).

El constante agravio a integrantes de las Instituciones Armadas de la Nación, en el marco de la tergiversación sistemática de la historia argentina por parte de los personeros del odio y la venganza ideologizada, alcanzan en la mayoría de los casos, alto grado de insensatez, veracidad, rigor histórico y ante todo falta de respeto y apego a nuestra Carta Magna y Leyes Concordantes.

La Unión de Promociones considera imprescindible tener presencia en el recinto, acompañando a los Familiares, Camaradas y Amigos, de la misma manera que así lo hacen –habitual y constantemente– quienes apoyan a la querella. Quienes puedan concurrir a esta última audiencia, deberá presentarse con D.N.I., lugar donde luego de registrarse serán derivados a la Sala correspondiente. Se necesita contar con el compromiso de su presencia.

Se agradece la más amplia difusión.

Un cordial abrazo.

Cnl (R) Guillermo César Viola.
Unión de Promociones.


MEGACAUSA SALTA (Documento explicativo y Audio)

Cómo Una pequeña mentirase convierte en una gran violación de los derechos humanos.

1. La voz del archivo de audio adjunto es del Sr. Fiscal Federal Don Ricardo Toranzos y se corresponde con la oportunidad en que efectuó sus alegatos en el juicio conocido como la Megacausa Salta.

2. La sentencia de este juicio es esperada para el Viernes 20 de Diciembre de 2013 a las 15:00 hs.

3. En esta causa ha declarado, tanto en la instrucción como en el juicio, la testigo Cristina Cobos quien es, según la Justicia, la viuda de quien fuera Víctor Mario Brizzi, una persona que estaba cumpliendo con el Servicio Militar Obligatorio en 1976 y, aparentemente, se le otorga franco desde su Unidad ante un eventual mal estado de salud de su Padre. No regresa jamás y figura como desaparecido.

4. Vaya uno a saber cuáles son los fantasmas que han imbuido el espíritu de la testigo Cristina Cobos quien ha mentido en varias oportunidades en el juicio de la Megacausa en la indiscutida y clara intención de perjudicar a Oficiales del Ejército Argentino, queriendo involucrarlos con la supuesta desaparición de Brizzi para meterlos presos.

5. Las mentiras de la Sra. Cobos son innumerables y han quedado palmariamente demostradas en el juicio. Pese a ello la Fiscalía toma como válidas sus mendacidades y la ha defendido en la oralidad del juicio incluso cuando imputados han demostrado las mentiras de esta Sra.

6. En los alegatos del Sr. Fiscal Federal Don Ricardo Toranzos éste mismo, INCREIBLEMENTE, reconoce que la Sra. Cobos ha mentido. Valora estas mendacidades como “…una pequeña mentira…”. Eso es lo que se adjunta en archivo de audio y podrán escucharlo de la boca del propio Sr. Fiscal Federal.

NOTA: Se omite –por razones técnicas- el archivo adjunto: “Una pequeña mentira”. mp3). Pero el mismo se puede escuchar en el siguiente link: http://www.youtube.com/watch?v=BQ8D5BZaQFo&feature=youtu.be


MEGACAUSA DE SALTA: ¿Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS ACUSADOS?

 8/12/2013                                                                             
Por Mauricio ortín


Lo más importante, destacable y central de lo que sucedió en el juicio por crímenes de lesa humanidad de la megacausa de la Unsa en Salta ha pasado desapercibido u omitido por todos los medios de comunicación. Porque, un incidente inesperado irrumpió en el edificio blanco, inmaculado, donde “reina” su majestad La Justicia. Algo fuera de lo común; es decir, algo distinto al hecho cotidiano de no existir pruebas para procesar y menos para condenar a la mayoría de los acusados o de ocultar o disfrazar de genocidio la guerra civil entablada entre las bandas armadas terroristas y el Estado (con el constitucional, primero y con el de facto, luego). Ese algo novedoso y fundamental no es otra cosa que, como lo afirman el abogado defensor Petrina y el fiscal Ricardo Toranzos,
el testimonio falso de la señora Cristina Cobos quién, hasta ese momento y a falta de pruebas, oficiaba de testigo fundamental contra los imputados Fernando Chaín, Marcelo Gatto  y Ricardo de la Vega en la causa por la desaparición del soldado Brizzi. Si, como admite el Fiscal y ha demostrado el Dr. Petrina, Cobos mintió, entonces ha delinquido. La ley prevé una pena de uno a cinco años para el falso testimonio pero si, como es en este caso, ha sido cometido contra un imputado, la pena se agrava hasta un máximo de diez años de prisión. Porque Cobos, por los motivos que fuere, ha realizado un intento que (de no haberse descubierto) podría haber significado la muerte en vida de un ciudadano que de ninguna manera merecería esa suerte. Cabe, como es obvio, de toda su declaración en juicio y sus dichos contra otros imputados. Específicamente, Cobos dijo que identificó “especialmente” a Gatto como uno de sus interrogadores en las fotos que le presentaron en ese acto formal de reconocimiento; más, resulta que como inequívocamente obra en el expediente de la causa, la foto de Gatto no estaba entre las que vió la señora Cobos. Y no lo dijo una, sino tres veces y ante el tribunal. Debo suponer, además, que los querellantes se desayunaron con la mentira igual que los jueces, la defensa y el fiscal. Más, sospechosamente, nadie solicitó se la procese por falso testimonio. Ni siquiera la abogada querellante que representa a la Universidad Nacional de Salta ¿Es que acaso la casa de altos estudios no está comprometida con la verdad y la justicia? No se debe dejar ni el menor atisbo de duda al respecto. Una acusación de complicidad de la Universidad con Cobos en la mendacidad pondría en juego el prestigio de docentes y alumnos como, así también, su patrimonio. Párrafo aparte merece la querella de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación a cargo del Dr. Casabella. Este señor, a quién le pagamos el sueldo, fundó su pedido de condena a Marcelo Gatto en la mentira de Cobos aún cuando, antes de su alegato final, ya había sido demostrado la falsedad del testimonio.

Alta Politica Fiscal Toranzos pequeña Mentira


Ahora bien, la verdad es que esto a nadie le importa. Ni a los diarios, ni a la televisión, ni a los abogados. No doy un céntimo por la suerte de Gatto y los otros imputados. Cristina Cobos, por su parte, no es una ciudadana común. Es esposa de un desaparecido y hermana de un asesinado, presumiblemente por el Estado. Doblemente víctima y merecedora de que se le reconozca dicha situación. Más, lo sufrido y sufriente, no le da ningún derecho, ni tiene ningún motivo valedero para arruinarle la vida a inocentes. Quiero creer que las organizaciones de Derechos Humanos van a pedir el procesamiento de Cristina Cobos con la misma pasión que quieren condenar al humano, Marcelo Gatto; de no hacerlo, entonces, habrá que concluir que, a ustedes, ¡los derechos humanos no les interesa un cuerno!


A tal punto se puede afirmar que las sentencias de la Megacausa Salta ya estaban firmadas,  que en la foto se observa un afiche de Radio Nacional de Salta en donde ya se condena a Marcelo Gatto por genocida al igual que a los otros imputados. En realidad la sentencia recién se dictará mañana. Sin embargo el estado, a través de Radio Nacional de Salta, ya los llama genocidas e invita al acto para celebrar la condena. Estas foto queda como prueba y testimonio del actuar del estado nacional y la NO INDEPENDENCIA DE PODERES.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

LOS PP PRIMERO QUE NADIE

ES HORA DE HABLAR CLARO
(Claro –Sencillo – Conciso)


Mientras toda la sociedad argentina está inmersa en temores por la inseguridad ciudadana y jurídica, por la inflación implacable, por el temor de perder el empleo, por el desempleo, por la salud física y moral de sus hijos y por el futuro incierto de la Nación, un grupo importante de militares sufre el escarnio de la cárcel y/o de la falta de libertad – que es lo mismo – por haber participado en la lucha contra la subversión con convencimiento pero no con gusto y sí por subordinado y obediente soldado en su mayoría de jerarquía sin poder de decisión en relación a la masa de ese grupo.

En principio, esa Sociedad, hoy asustada, sufrió en carne propia los desmanes terroristas que asolaban al país, y aplaudieron a los soldados del Operativo Independencia cuando se quiso liberar aquella zona de nuestra Provincia de Tucumán y/o clamaba por el orden político y económico descontrolado por el gobierno de Isabel Perón.

Hoy, dicha sociedad sabe de esos presos, pero la desinformación, el individualismo y el temor ha hecho que de ellos se hayan olvidado.

Es posible que hasta aquí justifiquemos que la sociedad argentina no piense en ese personal militar preso pues le han lavado el cerebro tergiversando desde la constitución nacional hasta la definición de la lesa humanidad. Hay que volver a que el pueblo quiera a sus FFAA.

Los sectores políticos pertenecientes al oficialismo actual – legalmente constituidos pero ilegítimos en la realidad por mentirosos, por manejadores de voluntades y vengativos por la batalla militar perdida, sólo piensan mantenerse en el poder más por avaricia del mismo y/o para lograr objetivos personales en lo material, que por hallar vías que conduzcan a lograr el bien común.

La oposición al sector oficialista parece miope: sólo ve lo que tiene delante de la nariz y casi siempre actuando de contragolpe sobre hechos inesperados favorables que el oficialismo presenta con su accionar irreflexivo, pero manteniendo intacta la iniciativa política (lo que la oposición no se preocupa en dificultar). Mayoría legislativa por un lado, Comisiones por otro y DD NN UU de por medio existen, pero la mencionada miopía no les permite advertir el estado de indefensión vergonzoso del país, la pobreza, marginación, manipuleo de gente y, fundamentalmente las nuevas – ya no tan nuevas – amenazas estratégicas y/o geopolíticas que pronto – “alguien” – pondrá en ejecución con inciertos resultados para la vida de la Nación.

Sobre este ultimo párrafo, a modo de síntesis recuérdese al Fiscal Campagnoli.

Todo lo referido al sector político no tiene justificación alguna, pues las próximas generaciones – no sólo las actuales - lo sufrirán con mayor intensidad y virulencia, pero lo más increíble, lo más asombroso, lo más detestable, lo profundamente injustificable es el sector militar de la Nación. Digo “de la Nación” porque lo son y a ella se le debe responder para defenderla hasta perder la vida y ello alcanza a los actuales mandos de las Instituciones y a las anteriores más próximas y a las más las altas jerarquías en situación de retiro, que miran y miraron para otro lado.

La cúpula del sector militar sabe que el poder militar ha sido subsumido al estado de casi estar incapacitado de operar (me refiero al empleo del poder militar de la Nación – su brazo armado – sin alusión alguna al poder político del sector militar) tanto en lo material como espiritual; no pueden ignorar que la etapa en que estamos viviendo constituye la explotación del éxito obtenido por la estrategia sin tiempo asumida y conducida por la subversión desde que comenzó su “Campaña” (término castrense para señalar acciones estratégicas compuestas por marchas, combates y descansos correspondientes a una o a un conjunto de batallas).

Tienen que saber que han abandonado a sus subalternos jóvenes y viejos, presos o no; que han incumplido con uno de los más sagrados deberes del superior militar: la defensa de sus subalternos, con el agravante de saber que es a causa de un sentir vengativo e ideológicamente dirigido a la desaparición de la Defensa para ser suplantado por un sistema ajeno a nuestras tradiciones, ajeno a la Constitución Nacional y ajeno hasta a nuestra religión.

El colmo de las cúpulas militares subordinados a los Ministros de Defensa ha llegado con el impedimento a acceder a grados superiores por el solo hecho de ser el hijo de un militar acusado de “defender a la Patria” cumpliendo también el sagrado deber militar signado por la Lealtad, la Subordinación y la Disciplina.

Las Juntas de calificaciones que determinaron la elección de los mejores, callan; la cúpula militar siente vergüenza y pide paciencia pues algún día se recompensará con honores la pérdida que – los mejores – según dichas cúpulas, están sufriendo.
Hoy se prohíbe la atención de la salud a los presos militares, es decir ni las heridas causadas por el subversivo terrorista, pueden ser curadas en nuestro único puesto de socorro(Los HHMM)

Son esas cúpulas las que soportan que sean eliminados algunos de los mejores conductores del mañana por: “Prudencia Política” (sic Min. Def). Ni siquiera se han dado cuenta que la jurisprudencia habida y que sirve como fundamento de eliminación, fue utilizada por la Junta Militar gobernante para eliminar a Oficiales que se opusieron al asalto a la Democracia.

Dan asco, y necesitarán mucha ayuda de Dios para que públicamente no se los desprecie y para que en la vida perdurable no los espere el infierno.

Respecto de esto último para ser “claro, sencillo y conciso”, me refiero a todos los que no luchan por sus Camaradas, ya sea que estén en actividad y/o en retiro, durante los juicios ostensiblemente y desde las cárceles o sus casas con voluntad de vencer. No hay excusa alguna – y ninguno lo desconoce por más distraído que se haga – porque es el Subalterno el que ha sido abandonado.

A los valientes que sí lo hacen – muy pocos, casi un número insignificante -  el agradecimiento por haber comprendido que “no hay  virtud sin lucha”.

HAY QUE LOGRAR QUE EL PUEBLO VUELVA A AMAR A SUS FFAA


                                           18 de diciembre de 2013

                                             Escrito en Cautiverio
                                         
                                               JORGE TOCCALINO
                                               Coronel de la Nación

LA CRISIS INTEGRAL

Queridos amigos:

El estudio de un tema social se puede encarar desde un punto de vista descriptivo, si nos limitamos a relatar el fenómeno, desde un punto de vista analítico si consideramos sus causas y consecuencias, y desde un punto de vista normativo si fijamos  un objetivo o modelo deseable y proponemos modos de acción para acceder  al mismo. En Argentina asistimos a una grave crisis integral que se evidencia en una rápida decadencia económica, un descalabro en el funcionamiento de las instituciones y, recientemente, una suerte de estado insurreccional en potencia que deviene en acto a través de estallidos de violencia, saqueos, robo y vandalismo  en cuanto encuentra una concentración humana o un relajamiento del aparato represivo, para manifestarse. Lo más grave del tema  es que el gobierno que ha generado estas situaciones, con su incompetencia y su ideología, al enfrentar las consecuencias de sus errores se limita a describir y buscar culpables, sin un  atisbo de responsabilidad ni una propuesta seria  de solución alguna. Esta actitud es una lápida para cualquier esperanza de cambio.


Sabido es que las fuerzas policiales, las fuerzas de seguridad y las fuerzas armadas no están legalmente habilitadas para agremiarse. Sus problemas salariales y demás condiciones laborales llegan al poder político a través de sus superiores jerárquicos, pero estos, que son nombrados o despedidos sin necesidad de trámite o justificación, carecen de capacidad negociadora. Imaginen que en una paritaria la parte patronal pudiera echar al delegado gremial si no le gustan sus planteos y tendrán una idea de lo endeble de esta situación.

Esta cuestión puede solucionarse fácilmente “enganchando” a los servidores públicos uniformados con otro escalafón, de modo que sus incrementos salariales sean automáticos. También se pueden fijar las escalas salariales a partir de la equiparación de los jefes de las fuerzas con los funcionarios civiles. Como dato, les aporto que “El Orden de Precedencia Protocolar de la República Argentina” establecido por el Decreto 2072/93  y sus modificaciones, en su Artículo 2°, ubica al Jefe de Estado Mayor  Conjunto y a los Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas inmediatamente por debajo de los Ministros del Poder Ejecutivo Nacional y encima de los Ministros de la Corte Suprema de Justicia (excepto su presidente) y de los Secretarios de Estado (¿sorpresa?). Por su parte, el  Jefe de la Policía  Federal, el Director General de Gendarmería y el Prefecto Nacional Naval, están inmediatamente a continuación de los Subsecretarios de los Ministerios del Poder Ejecutivo Nacional. Esto brinda un parámetro de comparación inicial a partir del cual se podrían fijar las escalas salariales sin mayor conflicto.


Sin embargo, lo que hicieron las autoridades nacionales y los gobernadores a su nivel, fue  aprovechar la debilidad negociadora de los uniformados para fijar sueldos básicos que, según se hizo evidente, eran absolutamente inapropiados para la dureza y naturaleza de sus sacrificadas y riesgosas funciones. Por ello,  el reclamo que surgió en la policía de Córdoba tuvo su origen en la mezquindad de los gobernadores y la forma en que se manifestó fue propia de quienes no tenían alternativas dentro del sistema orgánico. La extensión posterior del problema debe atribuirse a la decisión inicial  del gobierno nacional de no enviar a la gendarmería para brindar alternativas de control, por razones políticas, obligando al Gobernador De la Sota a negociar desde una base de debilidad lo que no había querido tratar buenamente  y abriendo la posibilidad del reclamo a todas las policías provinciales  que estaban en similar situación que la cordobesa.


Dicho esto nos preguntamos, ¿debemos aceptar con naturalidad que el hecho de que las fuerzas policiales estuvieran coyunturalmente fuera de las calles justifique la ola de saqueos, violencia y devastación que se desató sobre la ciudadanía en cada provincia? Por cierto que no. Es previsible que si no está la policía en la calle los que viven del delito puedan operar con impunidad. Pero lo que vimos, no fue a pequeños grupos de delincuentes sino a  miles de vándalos lanzados contra los bienes de los ciudadanos sumando violentas agresiones, incendios y un nivel de crueldad que desbordaron toda previsión. En Tucumán, provincia en que se  llegó a los más altos niveles de desenfreno, se atacaron casas de particulares y los vecinos y comerciantes tuvieron que armarse y repeler  por sí mismos las agresiones, volviéndonos a un estado de salvajismo y primitivismo inconcebible para el desarrollo  de nuestra civilización.


Atribuir esto a los auto-acuartelamientos policiales es una burda excusa y un lamentable engaño. En la Ciudad de Buenos Aires, pese a la confluencia de policías de dos jurisdicciones, el festejo del día del “hincha del Club Boca Juniors” facilitó el marco de  concentración humana propicio para que los vándalos rompieran, rapiñaran  y devastaran el centro de la ciudad, demostrando que cualquier excusa es buena para que aflore la enfermedad social que afecta a una parte significativa de nuestra población, que fue incentivada durante años a salir a las calles con la garantía de impunidad que le otorgó un Estado permisivo y ausente a la hora de brindar seguridad.


Si es duro y doloroso reconocer estos síntomas en nuestra propia gente, en una parte de nuestros conciudadanos, en compatriotas y habitantes de un mismo suelo y una misma patria, lo que más nos perturba son ciertos signos de que este gobierno ha cerrado toda posibilidad de cambio mientras dure su imperio. Uno de estos signos, muy visibles, lo dio la señora presidente durante el Acto de celebración de los 30 años de democracia. Luego del ya clásico rosario de excusas en que se acusó a los policías de extorsionar a los gobernadores y debilitar a la democracia y de la aún más clásica retahíla de elogios a su propia gestión, Cristina Fernández se permitió tañer instrumentos de percusión y bailar, expresando una insólita alegría, cuando los muertos en los enfrentamientos ciudadanos ya sumaban más de diez y el vandalismo seguía sembrando la zozobra  en toda la Argentina. Fue como si luego de recitar su parte en la escena presidencial, diera suelta a su verdadera naturaleza,  irreflexiva y desconectada de la realidad nacional, rodeada de artistas que poco tenían que hacer en esa jornada que debió ser de compromiso y reflexión.


Si ese signo nos consternó, porque fue la evidencia de que  no podemos esperar del gobierno una digna asunción de sus responsabilidades, el gesto de la procuradora Alejandra Gils Carbó de apartar al fiscal José María Campagnoli de la investigación del caso del empresario Lázaro Baéz  y pedir  su suspensión y juicio, nos demostró  que ese mismo gobierno  no está dispuesto a permitir que la justicia lo investigue mientras tenga  poder para evitarlo. Con una mayoría en la Cámara de Diputados y Senadores que  lo libra del riesgo de un juicio político, que en otras circunstancias sería ineludible, el Frente para la Victoria marcha impávido entre saqueos y denuncias de corrupción no investigadas hacia su destino final.


Ese destino, que tiene fecha de vencimiento en el 2015, deberá todavía enfrentar la dura prueba de la decadencia económica agravada ahora  por la puja salarial que los aumentos policiales han incentivado. También en el área económica las expectativas de una racionalidad, que el cambio de gabinete había alentado, se derrumbaron al observar que  el nuevo equipo económico insiste en ocultar los índices de inflación (2,4 por ciento de las consultoras privadas contra el 0,9 el INDEC en noviembre) al menos hasta que  el FMI  los obligue a asumir la realidad en marzo del 2014. Los cambios del Jefe de Gabinete, del Ministro  de Economía, del presidente del Banco Central, del odiado Secretario de Comercio, del irrelevante Ministro de Seguridad y el incomunicado Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca,  diluyeron su efecto  en menos de un mes y de paso se llevaron  el prestigio del precandidato presidencial Jorge Capitanich. Pocos deben recordar el nombre de la ignota Ministra de Seguridad, María Cecilia Rodríguez, a pesar de haberse vivido una crisis propia de su área, y todavía faltan más de dos semanas para que comience el año 2014, posiblemente el más difícil en la historia del gobierno del matrimonio Kirchner.


El diagnóstico está  formulado. Estos funcionarios, con su mentalidad, su ideología, su obcecación y su obsecuencia, solo pueden aspirar  a administrar la decadencia hasta que lleguen las próximas elecciones generales y rogar para que los trastornos sociales no se los engullan antes. Quienes los sucedan, deberán asumir que además de encontrar un país en una crisis integral tendrán que encarar un profundo cambio de paradigmas para modificar la destructiva tendencia histórica a marchar hacia el abismo.

Por razones personales y familiares este será  mi último informe de este año. Como cabeza de un partido político no quiero despedirme  sin esbozar  al menos parte del proyecto por el que luchamos y seguiremos bregando para avanzar en el cambio que propugnamos.


La crisis social  comenzará a revertirse con un cambio en la formación de los jóvenes. La escuela debe prepararlos para vivir en un ambiente de normas y leyes, de premios y castigos otorgados según las conductas y el esfuerzo realizado. La inclusión no se alcanzará porque todo sea gratis y fácil sino porque a través del esfuerzo y el trabajo, cada uno pueda obtener aquello que sea capaz de conseguir en un ambiente de igualdad de oportunidades y de derechos asumidos con responsabilidad.


Tenemos que defender a la familia, reconocer el valor de la defensa de la vida desde la concepción y del matrimonio consumado entre un hombre  y una mujer. El Estado no debería arrogarse el derecho de educar inconsultamente según principios ajenos a los valores morales de las familias que envían a sus hijos a los colegios públicos o privados.


Debemos unirnos en la lucha contra la producción, el tráfico y el consumo de drogas y su prevención. No tenemos que bajar los brazos porque nos digan que es una batalla perdida. Recuerden que hace 30 años nos mostraban mapas teñidos de rojo y nos contaban que el triunfo final del comunismo  era ineludible y sin embargo  nuestra generación vio caer el muro de Berlín y colapsar a la Unión Soviética ante el peso de sus contradicciones.


Volvamos a permitir que los argentinos liberen el espíritu de empresa y produzcan con libertad en la industria y en el campo, haciendo que el Estado retorne a su función de árbitro, regulador y equilibrador de la economía. Nuestro país posee  un fuerte  y experimentado sector gremial capaz de defender con firmeza los derechos de los asalariados y ahora necesita reglas de juego claras para que las fuentes de trabajo no se extingan.

El líder que dejó un legado universal
Finalmente, pensamos en un proyecto que no es nacional y popular sino nacional integrador, que debe unir al país físicamente, económicamente y afectivamente terminando con las antinomias y los enfrentamientos impropios entre hombres y mujeres que persiguen un patriótico destino común. Entre esas antinomias proponemos terminar con los  juicios unilaterales que apuntan solo a los miembros de las fuerzas armadas que combatieron a las bandas terroristas que luchaban por el poder en los años setenta y cuyo miembros ahora gobiernan y legislan entre indemnizaciones y pensiones graciables. La prolongación de esta situación, en tiempos de mirar al futuro con esperanza, tiene cada vez más sabor a revancha y venganza que a verdadera justicia.

Como entiendo  que somos muchos los que soñamos con una Argentina como la que proponemos alcanzar tengo la esperanza de que, tarde o temprano, lograremos alcanzar nuestro hermoso sueño.
Me despido deseando tempranamente muy felices y cristianas fiestas a aquellos con los que no tenga más contacto hasta el próximo año.
Un abrazo para todos.

Juan Carlos Neves, Nueva Unión Ciudadana.
Twitter    @NevesJuanCarlos

CÓDIGO PENAL: LA INSÓLITA REFORMA QUE IMPULSA EL GOBIERNO

Por: Marcelo Longobardi

Repasando la agenda del día destaco una iniciativa que va a venir a corto plazo y que con seguridad será tema de debate.

Empieza a transitar su camino la reforma no ya del Código Civil y Comercial sino del Penal.

Hace un tiempo ya que el Gobierno viene intentando reformar la estructura jurídica de la Argentina, hasta ahora con poco éxito. Intentó primero una reforma judicial global que terminó fracasando en la Corte. Luego avanzó con el Código Civil y Comercial que se frenó en Diputados.

Y ahora va con el Código Penal. No se puede predecir qué éxito tendrá este proyecto cuando el Gobierno lo mande, en febrero o marzo, al Congreso.

Este anteproyecto de reforma del Código Penal, escrito entre otros por el doctor Raúl Zaffaroni, juez de la Corte Suprema, establece que figuras como la de la reincidencia no se van a aplicar más en la Argentina. Que la idea de la peligrosidad de un delincuente no va a ser más un agravante. Reincidencia y peligrosidad dejan de aplicar como agravantes ante la instancia de un delito cometido por un individuo con antecedentes y prontuario.

El código va a establecer además una diferenciación no ya para el asaltante sino para el saltado. Si el asaltado es un apersona de altos recursos, eso podría ser considerado como un atenuante y la pena sería menor. No es lo mismo robarle 1000 pesos a un señor que tiene 2000 que a uno que tiene 100.000 pesos, por poner un caso.

Esto equivale casi a investigar al asaltado. ¿Cuánto tenía? ¿Qué porcentaje de sus activos y de su patrimonio fue robado por el asaltante en cuestión?

En el fondo, este anteproyecto marca con claridad cómo se relaciona el Gobierno con el tema de la inseguridad. Lo que revela el texto es cómo se vinculan el oficialismo y sus principales referentes con el problema cotidiano de la inseguridad.

La precepción del Gobierno se traduce en sus proyectos, y este proyecto establece entre otras cuestiones el hecho de que una persona asaltada tendrá que rendir cuentas al juez respecto de cuánto le afectó realmente le delito del cual ha sido víctima.

Extremando el absurdo, podríamos imaginar una franquicia: de 2000 pesos para abajo, el delito es irrelevante, no cuenta.

Personalmente, creo que este proyecto no pasará el Senado, pero su espíritu da cuenta del estado de pensamiento del Gobierno respecto a un tema que es clave para todos los argentinos.

martes, 17 de diciembre de 2013

EL HOMBRE QUE VINO DEL FUTURO

Por Santiago Kovadloff | LA NACIÓN

John Carlin tiene razón: el nombre de Nelson Mandela quedará asociado a "la capacidad de los pueblos para superar su pasado". Es decir, para no verse a merced de lo irremediable.

El hombre que ayudó a su nación a liberarse del pasado fue el mismo al que el gobierno racista de Sudáfrica sentenció a cadena perpetua y, con ello, a verse privado de futuro. El efecto de esa terrible condena, en la mayoría de quienes la padecen, suele ser devastador. No lo fue en el caso de Mandela. Por el contrario: Mandela, entre rejas, concibió su porvenir. Más aún: desde la concepción de ese porvenir aprendió a habitar su presente de prisionero. Fue en la cárcel donde comenzó a hacerse oír como un hombre que provenía del futuro. Sus sueños lo dieron a luz. Sus sueños le enseñaron a razonar políticamente. A decretar la inutilidad del odio y la venganza para llevar a cabo la transformación que requería su país. Lo encarcelaron para silenciarlo y quienes lo hicieron no lograron sino que se lo escuchara cada vez más.

A lo largo de veintisiete años inimaginables de cautiverio, Mandela se liberó de su inicial resentimiento. Dispuesto a aprenderlo todo sobre la idiosincrasia de quienes se empecinaban en ser sus enemigos, estudió la lengua de los afrikaaners y frecuentó su historia. Exploró su lógica y su ideología. Mensuró el alcance de cada uno de sus valores y sopesó la proyección en el tiempo de los objetivos de quienes procedían como verdugos de su pueblo. Es que Mandela aspiraba a derrotar una cultura y no un ejército. Conocerla, inscribirla en una interpretación realista y ya no en la intransigencia del desprecio, significó para él aprender a proceder.

Mandela entendió la democracia como una superación escalonada del caudal de problemas impuestos a su país por el despotismo blanco. Las soluciones que aportó mediante la abolición del racismo dieron lugar al encuentro de Sudáfrica con los grandes desafíos del mundo moderno. En un orden moral, ellas posibilitaron su tránsito social desde el siglo XVII hasta el siglo XX. Sin los pasos que dio Mandela, la marcha que luego de él emprendió Sudáfrica, aun colmada de vacilaciones como estuvo, no hubiera sido posible.

Dos ejes confluyentes vertebraron el pensamiento de ese hombre excepcional: la memoria como deber imprescriptible y el perdón como gesto indispensable. No había, para Mandela, otra herramienta capaz de afianzar la paz, de disolver el sectarismo y neutralizar el odio profusamente sembrado.

Religioso y de izquierda, Mandela fue a la vez un campesino y un aristócrata. Su personalidad escapa a las explicaciones de intensión exhaustiva y sólo se deja abordar por la admiración. Para entenderlo, al menos en un sentido histórico, hay que tomar en cuenta la índole del país en el que surgió y desplegó su inagotable energía. Sami Nair lo señaló certeramente: Sudáfrica es muchos mundos. En ella convergen varios continentes. Comunidades tan diversas como las integradas por cristianos de distinta orientación, judíos, musulmanes e hindúes. Occidente implantó allí su cultura y, como parte de ella, su crueldad. La trama de creencias africanas que atraviesa ese escenario humano se enhebra con todo lo recibido y preserva al unísono su especificidad y su enorme influencia. "Mandela -anota Nair- bebió de las fuentes de todas estas culturas mezcladas y, en su calvario de prisionero de por vida, las transformó en una feliz síntesis universalista, en un camino de reencuentro entre seres que, para vivir juntos, debían tenderse la mano."

Su sabiduría sorprendió incluso a los más prevenidos. Una vez que alcanzó el poder no aspiró a perpetuarse en él. Se negó a homologar la investidura presidencial a su persona. Se sabía idealizado por su pueblo y se propuso desbaratar la tentación demagógica favorecida por ese magnetismo. Finalizado su único mandato, se retiró de la política. Al proceder como un gobernante de transición entre el pasado y el porvenir, fortaleció el sistema republicano.

Mandela logró lo imposible, es decir lo que sólo es viable cuando la imaginación supera la estrechez con que el prejuicio concibe la realidad. Supo aprender y enseñó a reconocer como ineludible la convivencia entre blancos y negros, si se aspiraba a hacer de Sudáfrica una nación y a que dejara de ser un mero conglomerado de fuerzas contrapuestas. Estaba persuadido y persuadió a su pueblo de que el odio, lejos de brindar identidad, la hipoteca en el desprecio.

En Mandela no hubo disonancia entre actos y palabras. La clásica disyuntiva romana -res non verba- no regía para él. A partir de esta conjunción infrecuente en un dirigente político, supo amortiguar, en un mismo ideal comunitario, un vendaval de discrepancias y conflictos hasta entonces insalvables. Fue magnánimo sin ser ingenuo. Quienes empezaron por temerle, terminaron admirándolo; quienes creyeron que bastaba con admirarlo, aceptaron la tarea mayor que Mandela les propuso: empeñarse en concebir a los enemigos de ayer como compatriotas de hoy.

Es cierto que Mandela no terminó de rescatar a su país de las desigualdades sociales. Pero posibilitó que ellas decrecieran sensiblemente al encontrar, en el escenario de la democracia incipiente, un marco promisorio, digno y dinámico, para emprender su desarticulación.

Al tender sólidos puentes entre los sudafricanos mediante la abolición del apartheid, brindó una prueba cabal de que el hombre no está condenado a extraviarse en la barbarie. En un mundo en crisis, agobiado por la ausencia de liderazgos políticos a la altura de los desafíos de la época, la ejemplaridad de Nelson Mandela resulta, al unísono, luminosa y abrumadora.

Son contados los hombres capaces de reconciliar la ética con el ejercicio de la política. Los profetas judíos clamaron por esa reconciliación. Sócrates fue, seguramente, el primero que la exigió en Occidente. Mandela, hasta donde sé, fue, en nuestro tiempo, uno de los pocos que la concretó.

"Soy el capitán de mi destino", escribió. Y con ello dio a entender que había aprendido a administrar sus pasiones y a subordinar los reclamos de su padecimiento personal a las exigencias de su proyecto político.

Albert Camus no se equivocó al caracterizar al siglo XX como "el siglo del miedo". Pero tampoco Mandela se apartó de la verdad sobre el siglo al matizar ese diagnóstico con el perfil triunfante de la redención moral. Mandela probó que el hombre puede, a veces, impedir la tragedia del desencuentro con sus semejantes. "A odiar se aprende -escribió-. Y si es posible aprender a odiar también es posible aprender a amar."

Sobre él se lo sabe todo. Sólo una incógnita subsiste. ¿Cómo fue posible un hombre semejante? ¿Qué alquimia misteriosa produce la aparición esporádica de espíritus como el suyo? Mandela pertenece a la estirpe de quienes se proponen y llevan a cabo lo que al común de los mortales nos resulta no sólo irrealizable, sino incluso inconcebible. La energía que los impulsa es una fuerza poco menos que sobrenatural. Más honda que la inteligencia. Más potente que la ambición. Más sustancial que el coraje. Más sorprendente que la osadía. Más sagaz que el sentido de la oportunidad. Es la energía que distingue a los visionarios. A los hombres que provienen del mañana e irrumpen en el presente dotados de una comprensión superior de la naturaleza de sus conflictos. Cuando parten de este mundo, como ahora lo hace Mandela, siempre se los llora porque quisiéramos retener y preservar algo de lo que han sido y mucho de lo que han significado. Y no estamos seguros de saber hacerlo. Acaso ese algo sea la luminosidad prodigiosa que irradian, sembrando claridad donde falta. Acaso ese algo sea el abrazo fraterno que se atreve a la reconciliación donde reina el desencuentro. Acaso ese algo sea la palabra inspirada que desbarata el escepticismo, disuelve la desconfianza que aleja y enfrenta, supera la incredulidad que envenena los vínculos. Acaso ese algo sea la convicción de que la muerte que debemos temer es la claudicación moral y no la extinción física.

Sí, Nelson Mandela fue uno de esos hombres inusuales. Maestros como él no abundan. Discípulos suyos, tampoco. Y bueno, muy bueno sería, que fuesen más.


PLINIO APULEYO MENDOZA ENTREVISTADO POR RICARDO ANGOSO

Plinio Apuleyo Mendoza
Hijo del abogado Plinio Mendoza Neira, Plinio Apuleyo Mendoza es, a sus 81 años, uno de los grandes escritores y periodistas colombianos de los últimos tiempos. Testigo de excepción de los grandes acontecimientos de Europa, donde ha vivido durante décadas en varias de sus capitales, y de su país, donde incluso llegó a conocer al asesinado caudillo Jorge Eliécer Gaitán,  Apuleyo Mendoza se nos muestra en esta entrevista como un analista avezado y dotado de un gran olfato político.

Como breve resumen de su curriculum, hay que destacar que ha escrito centenares de artículos, es amigo personal de los escritores Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez y ha sido galardonado con numerosos premios y menciones. También ha sido embajador de su país en Italia y Portugal. Actualmente vive en Bogotá, donde ha presentado su última novela: Entre dos aguas, y donde colabora semanalmente en las páginas de opinión del diario El Tiempo.

RECUERDOS DEL BOGOTAZO

Ricardo Angoso: ¿Qué recuerdos tiene del 9 de abril de 1948, el famoso Bogotazo, cuando mataron al caudillo Jorge Eliécer Gaitán?

Plinio Apuleyo Mendoza: Yo iba con mi padre y en ese día tenía que ver a Gaitán, ya que era amigo de él y colaborador en sus asuntos políticos. Mi padre también le había ayudado a que fuera el máximo líder de los liberales como presidente del Senado de la República. Además, las oficinas de ambos estaban muy cerca y se veían casi todos los días. A mí me habían nombrado, pese a mi juventud, jefe de redacción de la revista liberal Reconquista y había acompañado ese día a mi padre hasta el centro de Bogotá, donde Gaitán tenía su oficina.

El plan de mi padre era almorzar con Gaitán y el mío, secundado por mis hermanas, era comer muy cerca de donde lo mataron. Comimos casi enfrente del lugar donde asesinaron a Gaitán, incluso desde la ventana donde estábamos se divisaba el lugar del magnicidio, donde cayó el gran caudillo. Sonaba la música, El Bolero de Ravel concretamente, y, de pronto, sonaron los tres disparos. La gente miraba alarmada, había mucha confusión, incluso mis hermanas pensaban que habían matado a mi padre. Yo bajé corriendo desde donde estaba y pude ver que habían agarrado al asesino, a Juan Roa Sierra. Me precipité hacia el cuerpo que estaba en el suelo y quedé al pie de Gaitán, tal como al día siguiente recogió en una foto histórica el diario El Tiempo.

Luego llegaron los trágicos acontecimientos que todos conocemos. Vivía muy cerca de donde se desarrolló este crimen y pude ver con mis ojos desde el balcón de mi casa las hileras de muertos, como el sacerdote daba la extremaunción a algunos moribundos. Son imágenes que no puedo olvidar. El asesino ya estaba detenido cuando llegué al lugar del crimen. No he olvidado en estos largos años las caras de Gaitán y del asesino.

Y le releo un artículo mío al respecto de este episodio, que creo que es muy oportuno: Nunca en los 64 años transcurridos desde entonces he logrado olvidar aquella cara de quien hoy es visto por la historia como el más grande caudillo popular que ha tenido Colombia. Parece esculpida en un gesto irremediable, amargo. Los labios se le han cerrado con dureza, casi con desdén, pero en los ojos, fijos y entreabiertos, palpita todavía una lumbre de vida, y un ligero temblor le estremece párpados y pestañas. Allí están los rasgos que tantas veces hemos visto: la vehemencia voluntariosa de la nariz, de la boca y del mentón tienen ahora una trágica inmovilidad de bronce. El sombrero está a su lado. El cabello lacio y espeso reposa sobre el polvo de la acera. De la nuca le fluye un hilo de sangre que segundos después una mujer recogerá sollozando. “Canallas, nos lo mataron”, le oiré decir.


Mi relación con Gaitán fue muy intensa. Los discursos muchas veces se los escribía mi padre y yo le seguía a través de la revista en la que trabajaba, Reconquista. Una vez, Gaitán, al salir del Senado, me saludó con el sombrero y me felicitó. Era un seguidor suyo, asistía a sus famosos “viernes culturales” con el que fuera guerrillero muerto en combate, Camilo Torres, y otros compañeros más. Camilo luego terminó en la guerrilla, pero esa es otra historia para otra ocasión.