martes, 28 de julio de 2015

EL MOMENTO EN QUE SE PERDIÓ LA ARGENTINA

Martes 14 de julio de 2015 | Publicado en edición impresa

40 años de crisis

Por Luis Alberto Romero
  




Foto: Sebastián Dufour

¿Cuándo se estropeó la Argentina? La pregunta -paráfrasis de una célebre de Vargas Llosa- remite a una convicción compartida: la Argentina conoció un pasado mejor que el presente. Hay muchas respuestas posibles, y la mía es sólo una más, que encuentra su hilo rojo en el Estado. No se refiere a una fecha, sino a una década: la de los años 70 del siglo XX, desdoblada en una primera mitad convulsa y una segunda mitad dictatorial. Creo que esta crisis separa una vieja Argentina, vital y conflictiva, de la Argentina decadente y exangüe en la que vivimos desde hace cuatro décadas.

Es posible trazar una imagen estilizada del período secular que va desde fines del siglo XIX hasta los recientes años 70. En aquella Argentina la economía funcionaba bien y daba empleo a casi todos. Hubo períodos mejores y peores, pero dentro de una aurea mediocritas que hoy extrañamos. La sociedad, dinámica y móvil, incorporó sucesivos contingentes migratorios y les ofreció oportunidades para su integración y progreso. Según una ficción verosímil, los hijos habitualmente estuvieron mejor que sus padres o abuelos. Para ello fue decisiva la acción de un Estado con potencia y eficacia, capaz de sostener políticas que, al margen de las valoraciones, dejaron una huella en el país, como la política educativa de fines del siglo XIX o las políticas sociales de Perón.

Vital y creadora, fue también una Argentina con conflictos. La democracia política plena, introducida en 1912, se alejó del cauce institucional y transitó por liderazgos autoritarios, unanimistas y facciosos. Así generó una fuerte conflictividad, que varias veces derivó en la apelación al golpe militar. Hubo conflictos sociales dramáticos, pero superados, como en los años de la Semana Trágica, y otros de índole más cultural e identitaria, como el que desde 1945 enfrentó al "pueblo" con la "oligarquía".

Pero las mayores tensiones vinieron de las relaciones entre los grupos defensores de distintos intereses y un Estado que se deslizó de su función reguladora a la concesión de franquicias, fácilmente derivadas en privilegios, como la protección industrial o las leyes sindicales. El centro de los conflictos estuvo en ese Estado dadivoso. Desde 1955, con su legitimidad cuestionada, fue desbordado por los grandes grupos de interés, colonizado, convertido en botín de guerra e inutilizado.

En los años 70, estas tensiones confluyeron en una crisis violenta, que se desarrolló en dos tiempos. En la primera mitad se agudizaron los conflictos corporativos y se evidenció la impotencia del Estado para canalizarlos. Fueron potenciados por una intensa y multifacética movilización social disparada por el Cordobazo. Grupos muy diversos condenaron "la dictadura y el imperialismo" y soñaron con una "liberación" acorde con el clima cultural de la época. La utopía disparada no encontró un cauce político adecuado ni en la democracia, ni en las puebladas, ni en el sindicalismo clasista. Tampoco en las organizaciones armadas, más espectaculares que efectivas, que impulsaron un salto a la violencia política.

La excepción fue Montoneros, militarmente mediocre, pero que vinculó su "socialismo nacional" con el tradicional mito del retorno de Perón. Enfrentaron al gobierno militar y a la "burocracia sindical" y ganaron la calle con la Juventud Peronista. En 1973 Perón pretendió controlar ambos conflictos jugando su autoridad personal, pero no pudo reabsorber a Montoneros y vio derrumbarse el Pacto Social. Antes de morir, había echado las bases del terrorismo de Estado. Con Isabel, que autorizó la intervención de las Fuerzas Armadas, la crisis llegó al paroxismo.

La dictadura militar presidió la segunda etapa de la crisis. El terrorismo clandestino de Estado acabó con el residuo de las organizaciones armadas y con todas las voces potencialmente contestatarias. Al hacerlo, degradaron al Estado, que fue su instrumento, de la seguridad jurídica a la ética de su funcionariado. La parte nocturna corrompió a la parte diurna.

Creyeron que las raíces de la conflictividad se encontraban en la relación colusiva entre el Estado y la industria protegida, sus empresarios y sus sindicatos. La solución, muy castrense, fue sangrar un cuerpo vigoroso para bajar la fiebre. El fuerte golpe arrasó con el sector industrial y comenzó la reversión del largo ciclo del pleno empleo, mientras que el anunciado saneamiento estatal fue esterilizado por nuevas formas de prebendarismo, protagonizadas por la "patria contratista", la "financiera" y también la militar.

Iniciada en la crisis de los años 70, la decadencia argentina ya lleva cuatro décadas, interrumpidas por dos momentos de esperanza: la construcción democrática de 1983 y el ciclo de crecimiento económico que se inició en 2003. Las circunstancias económicas limitaron al primero y las políticas malversaron el segundo.

La principal víctima de esta crisis fue el Estado, que en estas cuatro décadas fue corroído y desmontado. Con discursos y políticas diversos, achicar y debilitar al Estado ha sido nuestra única política de Estado. Con el argumento del déficit, se desatendieron los servicios sociales básicos y se degradaron la educación, la salud y la seguridad. Se privatizaron sus empresas, pero se instrumentaron mal su regulación y control, y a la larga, como en el caso de la energía, todo resultó mal. Sin controles, la dadivosidad estatal abrió las puertas a un nuevo prebendarismo, más personalizado y depredador.

En la economía hubo una dolorosa crisis, pero también emergió algo nuevo. Desde mediados de los años 70 se acumularon los elementos destructivos. Crecieron la desocupación y el trabajo informal y, con la apertura financiera, vinieron la vulnerabilidad externa, el endeudamiento y las hiperinflaciones. Pero sobre estas ruinas comenzó a desarrollarse un sector más eficiente, como el agroindustrial, que exporta y no necesita protección. Los altos costos sociales de esta transformación evidencian la escasa capacidad del Estado para regularla y para emplear de manera útil los beneficios sectoriales extraordinarios.

La retirada del Estado, la desocupación creciente y los picos inflacionarios decantaron en una sociedad nueva, polarizada, segmentada y sin capacidad de acción colectiva, tan diferente de aquella integrada, móvil y conflictiva de la Argentina potente. Hoy, junto a un sector muy próspero y otro que hace equilibrios para no caer, una cuarta parte de los argentinos vive en la pobreza. Se trata de un mundo social distinto, sólido y consolidado, con organización, poderes y valores singulares, referidos al trabajo, la ley, la vida y la muerte. Una brecha separa hoy dos sociedades y dos culturas.

En 1983, la nueva democracia prometió corregir un rumbo todavía incipiente. Pero en los 30 años siguientes el rumbo se profundizó y la democracia se adecuó a él. Sus principios republicanos se invirtieron y un gobierno de autoridad concentrada maneja sin límites los recursos estatales, que emplea en la producción de los sufragios necesarios para su mantenimiento. Desde hace veinte años existe un Partido del Gobierno, que se superpone exactamente con la administración del Estado.

En los últimos doce años, los rasgos de esta Argentina de la decadencia se han profundizado. La bonanza excepcional del principio cambió poco al país, pero fue la base para montar el actual aparato de gobierno, encaminado a acumular poder, dinero y más poder. El Estado terminó absorbido por el Gobierno y se potenció el prebendarismo, convertido en cleptocracia, pues su núcleo activo lo forman los propios gobernantes. La pobreza está más consolidada y el sistema de producción de votos funciona con eficacia demoledora. Por donde se lo mire, estamos en lo más hondo del ciclo descendente iniciado en los años 70.

¿Cómo salir de esto? La opción electoral es tan contundente como dramática. Pero un nuevo gobierno que quiera cambiar el rumbo poco podrá hacer si, junto con las tareas urgentes, no encara la reconstrucción del Estado, pues en su deterioro está -me parece- el meollo de la crisis argentina.

ESTADOS UNIDOS SE SACA UNA MOLESTIA DE ENCIMA


Los presidentes de EE.UU., Barack Obama, y de Cuba, Raúl Castro. Cuba sabe que la globalización es una realidad insoslayable y se prepara para involucrarse en ella. Lo hará a su manera, pero lo hará. La apertura comercial ya se ha iniciado. Foto: EFE

Por Rogelio Alaniz

Sólo a la Señora Cristina se le puede ocurrir que el reciente acuerdo de Barack Obama con Raúl Castro es una victoria de la revolución cubana. Para que así fuera, sería necesario -por ejemplo- que en Cuba haya una revolución activa, cosa que si alguna vez la hubo falleció por inanición, despotismo y pobreza hace muchos años. Hoy, Cuba no discute la emancipación de los trabajadores, la constitución del hombre nuevo o un orden social igualitario. Si algún debate hay, éste gira alrededor de cómo compaginar la dictadura política con una economía de mercado.

Sesenta años de dictadura, sesenta años de despotismo con paredones, campos de trabajos forzados, exiliados y represión interna; sesenta años con una sociedad civil despolitizada y sometida, para arribar a la conclusión de que la economía de mercado es necesaria, pero eso sí, sin libertades políticas y civiles. La Cuba del “huracán sobre el azúcar”, la patria socialista del Che, el único territorio liberado de América Latina, hoy no es más que una lamentable dictadura tropical gobernada por ancianos despóticos y algo chiflados.

¿Nada para rescatar? Según sea el punto de vista que se mire. La toma del poder en 1959 se hizo en nombre de la libertad y la democracia. Ninguna de esas banderas se respetó, pero el impulso revolucionario en clave leninista o stalinista promovió reformas sociales interesantes en el campo de la educación y la salud, por ejemplo. Todo muy lindo hasta que llegó el momento de debatir cómo se financian estos avances.

La “solidaridad de la URSS” fue una respuesta tentativa que permitió alentar la ilusión de que todo era posible. Después, los hechos demostraron que las imposibilidades materiales existen y que en el laboratorio social cualquier iniciativa debe hacerse cargo, en primer lugar, de sus costos.

Si el acuerdo con Obama no es una victoria de Cuba, ¿es acaso una victoria de EE.UU.? Tampoco lo es, porque EE.UU. no ganó ahora, ganó en 1990 cuando se derrumbó la URSS y, por ese camino concluyó la llamada guerra fría, con un ganador y un perdedor. Por lo tanto, estos acuerdos son apenas un trámite para poner fin a anacronismos que deberían haber concluido hace, por lo menos, un cuarto de siglo. Cuba ya no da miedo, da lástima; Cuba no crece, sobrevive.

La otrora esperanza revolucionaria para América Latina es un fracaso económico, social y político en donde lo único que sobrevive intacto es el dictador y la dictadura, con su afilado aparato represivo y sus eficaces servicios de inteligencia, de donde, seguramente, surgirán los nuevos líderes políticos, porque en estos regímenes, el héroe se suele confundir con el verdugo.

Lo que acaba de hacer EE.UU. con Cuba, por lo tanto, es sacarse un problema de encima, una cascarita en el zapato, para ser más preciso. Al exilio cubano la decisión no le gustó, pero a estos señores habría que recordarles que durante casi cincuenta años EE.UU. sostuvo, financió y acompañó las conspiraciones de los llamados “gusanos”. Los resultados están a la vista: los Castro intactos y los exiliados financiando con remesas a sus desafortunados parientes residentes en la isla.

EE.UU. hoy sabe que Cuba no representa ninguna amenaza para su seguridad interna y para la seguridad hemisférica. Es verdad que se trata de una dictadura que no incluye en sus planes inmediatos y mediatos dejar de serlo. También es verdad que Cuba no va a dar una respuesta a las expropiaciones realizadas contra empresas norteamericanos en los inicios de la revolución. Todo esto es cierto, pero a esta altura de los acontecimientos, EE.UU. está dispuesto a dejar pasar estos reclamos porque su objetivo central es normalizar las relaciones con una isla que, con todo respeto, es apenas un barrio de algunas de sus ciudades más populosas.

La normalización interna incluye la única libertad que el régimen tiene previsto reconocer: la libertad religiosa y, sobre todo, la libertad de la Iglesia Católica para practicar su fe. El acuerdo pudo lograrse gracias a las progresivas concesiones mutuas. Los Castro dejaron de perseguir a los católicos y, sobre todo, a sus jerarquías religiosas, pero los católicos cubanos, a través de sus máximas autoridades locales y con el visto bueno del Papa, dejaron -en realidad, si le vamos a creer a los disidentes, dejaron hace rato- de denunciar las persecuciones. Tarde, los Castro advirtieron que si a los católicos se les deja practicar su religión, sus sacerdotes y obispos reducen al mínimo las denuncias sociales y políticas.

Pendiente para el futuro queda Guantánamo, ese territorio que EE.UU. ocupa desde principios de siglo pasado y que, según los entendidos, los yanquis estarían dispuestos a ceder porque su exclusiva utilidad en los últimos años fue la de cumplir funciones de presidio, una tarea insostenible para el futuro inmediato. Guantánamo, por lo tanto, volvería a ser administrada por Cuba, como corresponde.

En definitiva, Cuba será para los cubanos. O, para decirlo de otra manera, para que los cubanos arreglen sus problemas, como puedan o como sepan. ¿Y el bloqueo? Digamos para ser más precisos, el embargo, poco a poco se irá reduciendo. Cuba sabe que la globalización es una realidad insoslayable y se prepara para involucrase en ella. Lo hará a su manera, pero lo hará. La apertura comercial ya se ha iniciado; las “bocas” a cargo de esa tarea están funcionando.

El capitalismo es el horizonte irreversible de la isla. Será un capitalismo al estilo chino o vietnamita, es decir, con dictadura política y partido único. La otra alternativa puede ser la rusa, pero sería la más complicada, porque ella incluye a los burócratas comunistas transformados en voraces capitalistas y dedicados a apropiarse de las empresas públicas para transformarlas en negocios privados.

Todo puede ser posible en esta Cuba cuyo fracaso histórico se presenta como una victoria política. La pregunta al respecto es la siguiente: Si es una victoria, ¿a quién le ganó? ¿A EE.UU.? Ya probamos que no. ¿Al imperialismo? Allí está el supuesto imperialismo gozando de muy buena salud, mientras que consignas como hacer dos o tres Vietnam, parecen delirios de chiflados.

Cuba no exporta revoluciones desde hace rato, tampoco se propone catequizar a favor del socialismo en el mundo, entre otras cosas porque se ha quedado sin Libros Sagrados; mucho menos, se propone enviar tropas “libertadoras” como lo hizo en su momento a Angola y a otros países africanos; tampoco alienta prácticas foquistas, mientras que su última esperanza para proyectarse hacia América Latina, el chavismo, agoniza golpeado por la corrupción, la inseguridad y la caída acelerada de la renta petrolera. A Fidel lo sucedió Raúl y a Chávez, Maduro. El signo que se mantiene constante es la decadencia.

Lo único que sobrevive de tanta jarana, de tantas promesas y fantasías es la dictadura, el régimen de dominación y control de los Castro. ¿Por cuánto tiempo sobrevivirá? No lo sabemos. Después de más de medio siglo de despotismo no es fácil imaginar alternativas superadoras, sobre todo por parte de una sociedad habituada a la obediencia, el miedo y la resignación.

Lo novedoso de aquí en más es que Cuba, por primera vez se encuentra frente a sí misma sin coartadas ideológicas, sin mitos, sin leyendas, sin fantasmas... Ahora, no estará el imperialismo y su “infame e inhumano bloqueo”. Y mucho menos las ayudas “solidarias” de la URSS, en su momento, y de Venezuela, en otro. El mito dominante de la revolución que tantos beneficios extras les ha prodigado a los Castro, seguirá influyendo sobre las conciencias, pero cada vez menos. Incluso, la izquierda contemporánea ya sabe desde hace rato que más que la patria del socialismo, Cuba es el cementerio del socialismo, mientras que la otrora luz del faro de la revolución americana es apenas la luz de algunos de lo burdeles que desde hace años funcionan en La Habana como en los mejores tiempos de Batista, aunque esta vez, los clientes no son los yanquis sino los pródigos y sensuales turistas de la Unión Europea.

FUENTE: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/07/28/opinion/OPIN-03.html

CUBA: LA GUERRA Y LA GENUFLEXIÓN ARGENTINA

Por Mauricio Ortín

Nadie pone en duda que el conflicto por la recuperación de las Islas Malvinas del año 1982 se desarrolló en el marco de una guerra contra un enemigo perfectamente identificado, Gran Bretaña. No está claro o, por lo menos, no totalmente contra quién o quiénes la Argentina se enfrentó en las décadas del 60 y el 70. Ello porque si bien fueron distintos los grupos contra los que combatió el Estado nacional (Montoneros, ERP, EGP, FAR, FAP,  etcétera) todos, sin embargo, llevan el sello o marca que los hace uno. Ese denominador común es el Estado cubano;  el que con apoyo logístico y entrenamiento militar o, directamente, con soldados de elite estuvo detrás y en el frente de todas y  cada una las facciones guerrilleras que asolaron el país. No se trató, entonces, de la típica guerra civil en la que participan dos bandos de un mismo Estado sino del enfrentamiento entre la alianza Cuba-ERP-Montoneros contra el Estado argentino. El que se materializó a través de las agresiones armadas llevadas a cabo tanto a gobiernos constitucionales como de facto. El objetivo, como parte del plan general del gobierno cubano de extender el marxismo a toda Latinoamérica, era el asalto y toma del poder por la vía armada (Conferencia OLAS, La Habana. 1967:



Pruebas al respecto, hay para hacer dulce. Comenzando por las declaraciones de guerra que hicieron públicas en revistas y libros de los mismos guerrilleros y los funcionarios del Estado cubano. Y, mucho más contundentes que las palabras, las acciones de combate como los ataques a cuarteles, los asesinatos de militares, la fabricación de armas y la toma de municipios no dejan ninguna duda de que se trataba de una guerra. De allí que pretender institucionalizar oficialmente de que no hubo una guerra sino un genocidio, además de dar pasto para la gilada, constituye una perversa mentira de nefastos efectos. El grave error de los gobiernos argentinos, constitucionales y de facto, desde el inicio de la agresión cubana hasta hoy, ha sido no responder soberanamente en consecuencia. Por ejemplo, romper relaciones con el régimen de los Castro y denunciarlos ante el mundo. Todo ello, sumado a la falta de escrúpulos de la mayoría de los políticos y el prevaricato reinante, llevó a la más injusta persecución política que la Argentina haya conocido: la de considerar victimarios de lesa humanidad a los que defendieron el Estado argentino, pero víctimas a los que lo atacaron como agentes del cubano-comunista. Verdadera patraña inmoral  y apátrida que, además eximir de culpa y cargo a los funcionarios y militares cubanos involucrados, consiente en perseguir a unos y  retribuir con canonjías, billetes y el bronce a los que sirvieron al régimen extranjero. Por una situación similar aunque restringida  a un único hecho, el atentado contra la AMIA, el Estado argentino denunció, procesó y pidió la captura internacional de los funcionarios del régimen iraní y su conexión local para juzgarlos en el país. Debió proceder de igual forma con el enemigo cubano. Le faltó voluntad. Pruebas sobran. Por citar una reciente, la repatriación y rendición de honores  militares (en reconocimiento a su acción en la Argentina) a los restos del oficial cubano, Hermes Peña. El que revistara con el grado de capitán en el Ejército Guerrillero del Pueblo y  fuera abatido por la Gendarmería Nacional en la selva oranense después que el cubano diera muerte al gendarme Juan Adolfo Romero. También, Abelardo Colomé Ibarra, general cubano y actual ministro del Interior del régimen castrista (condecorado: “Héroe de la República de Cuba”) fue parte de la guerrilla en Salta. Sin embargo, a ninguno de los  fiscales federales, febriles perseguidores de policías y militares argentinos, se le pasó por la cabeza pedir el procesamiento de militares cubanos o de los combatientes del ERP Y Montoneros (¿para quién trabajan?).


Pero, en la Argentina, la competencia por complacer a la tiranía castrista es de una ferocidad que no da tregua. Ya Aníbal Ibarra había picado en punta al declarar “Ciudadano ilustre de Buenos Aires” al dictador Fidel Castro; Cristina y Néstor le rindieron también honores y la iglesia no se queda atrás. Ahora bien, hay que reconocer que Scioli madrugó a propios y extraños. Porque, el que un candidato a presidente argentino en plena campaña electoral elija al tirano Raúl Castro, enemigo histórico de su pueblo y del nuestro, como el primer mandatario a visitar, podrá ser de pusilánimes pero, que es original, es original.

SCIOLI CANDIDATO


Soy una mujer mayor con nietos, y mi intención es solamente repasar lo que ha sucedido en los últimos años en el país. Bajo distintos gobiernos peronistas hemos vivido las situaciones más apremiantes. En un golpe militar se destituyó al gobierno más honesto de la Argentina, el del doctor Arturo Illia, hoy una ficción en esta Argentina donde la corrupción es aceptada y justificada. "Si hace las cosas bien tiene derecho a quedarse con algo más" dicen los vivos que luego cuestionan y piden explicaciones a los gobernantes que se quedan con lo que no les corresponde, y en abundancia. El gobierno peronista/kirchnerista ha destruido la moral, la honestidad, la decencia y la idoneidad. Ser moral, honesto, decente e idóneo es hoy ser golpista, desestabilizador y hasta represor.


Claro que quienes sostienen esta hipótesis son quienes formaron parte de organizaciones terroristas y sus hijos y nietos hoy ocupan cargos legislativos o puestos importantes en el gobierno nacional, un gobierno que a pesar de condenar el "genocidio" de los 70 celebra, aplaude y reivindica a la dictadura más sangrienta, la cubana, que tiene en su haber más de 300.000 violaciones de los derechos humanos. Y quien lo hace es el candidato presidencial del oficialismo, que ha soportado las discriminaciones más salvajes y un destrato infinito y que logra doblegar esas maldades convirtiéndose en el líder de quienes quisieron apartarlo. Esto resulta muy peligroso no solo para quienes intentaron humillarlo, sino para una nación que está huérfana de honestidad, de idoneidad, de ejemplos democráticos. Y atrapada en la corrupción.

Grazia Ahlar Thería

FUENTE: http://www.lanacion.com.ar/1814037-cartas-de-los-lectores

NOTA: Las imágenes no corresponden a la nota original.

QUE EL PUEBLO ARGENTINO SEPA XIV - LA DIGNIDAD QUE PERDIÓ LA REPÚBLICA

27 de julio de 2015 a las 17:59

LA DIGNIDAD QUE PERDIO LA REPUBLICA…. SERA RECUPERADA POR LA MEMORIOSA Y AGRADECIDA CIUDADANIA ARGENTINA

Desde hace más de diez años se viene desmereciendo amnésicamente a los guerreros que enfrentaron a los revolucionarios terroristas de los años ´70.


Esos soldados, en sentido lato, que arriesgaron sus vidas y también se inmolaron por la Nación, aún no tienen el merecido reconocimiento, sino persecución política y olvido (como la IXna Legión) por parte de una sociedad empequeñecida por la acción espuria y solapada de quienes insisten en reivindicar hechos deleznables cometidos con el apoyo exterior, para la toma del poder, con ejercicio de la VIOLENCIA TERRORISTA REVOLUCIONARIA.


La prédica oficialista de ésta última DECADA DE INFAMIAS, disfrazada de legalidad constitucional, conforma un proceso envilecido de desmemoria colectiva, implementada por el Kirchnerismo, mediante el lavado de cerebro, propio de Mao; la propaganda política de Goebels; y la “praxis” de la doctrina gramsciana, de Antonio Gramsci, para la toma del poder a través del control de la justicia, el sistema educativo y los medios de comunicación. Para lo cual, emplearon y cuentan con Laclau, Fryederik, Vervitzky, Zannini, Kunkel, Conti y tantos más.


Así, la Nación Argentina, partida en dos por la aniquilación de la República, acción de Ricardo Lorenzetti, al violar el art. 1° de la Constitución Nacional, asiste a la licuación de su historia (la remota y la reciente) y su sustitución por una absurda narración propia del realismo mágico construido con palabras divorciadas con la realidad de los hechos, palpables en el sentir y en el padecer de la sociedad que, aún sorprendida, no sale de su asombro ante tanta cosa púrria; por temor y por “ignorancia” planificada e impuesta desde el Gobierno Nacional.

Los terroristas que plantearon una GUERRA REVOLUCIONARIA fueron vencidos con las armas de la Nación Argentina, según lo ordena el Preámbulo, y no se titubeó en bajar a la misma cloaca desde donde se planeaba y se desarrollaba su “praxis revolucionaria”, importada “idealistamente” para beneficiarse, aún en estos días, a costa de la sociedad argentina.

EX TERRORISTAS EN EL ESTADO

“IMPLUMES QUE PRETENDIAN VOLAR COMO AGUILAS”, pero que una vez derrotados, se ocultaron agazapados y solapadamente cambiaron las leyes a su antojo para ejecutar la embestida jurídica que los presenta como “VICTIMAS” en una sátira irónica y cínica de la JUSTICIA ARGENTINA devenida en endeble, advenediza y genuflexa del poder político. TRISTE FIN DE UN ORDENAMIENTO JURIDICO QUE SE ENRAIZA EN MAS DE 2000 AÑOS DE HISTORIA DE LA HUMANIDAD!!!

¿Una ciudadanía adormecida?                                                                                 
La desmemoria no puede haber calado tan hondo en los verdaderos ciudadanos argentinos.

La Nación no olvida a sus héroes ni los arranca de sus libros; tampoco a los enemigos de la República.

Desde el Preámbulo, la Constitución Nacional ordena afianzar la justicia y proveer la defensa común y a repensar qué Nación y qué forma de Gobierno establece para nosotros y las futuras generaciones.

LA DIGNIDAD ARGENTINA DEBE SER RECUPERADA para ejemplo de los poderes hegemónicos y la humanidad toda, reconociendo a los visionarios fundadores de la Nación, los valores en que se cimentó el Estado Argentino, los héroes que la supieron defender generosamente y la abnegación y constancia de la ciudadanía que la sostiene día tras día.

INSISTIR, PERSISTIR, RESISTIR!!!

¡¡¡SOLDADO, NUNCA PIDAS PERDÓN POR DEFENDER A LA PATRIA!!!

Güemes, Julio de 2015

UN PRESO POLITICO

Nota del autor: Este escrito no es anónimo, tengo grado, nombre y apellido, también N° de DNI. No los doy a conocer, por el momento, por temor a represalias hacia mi familia y/o mis fieles amigos.



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original. 

lunes, 27 de julio de 2015

CHAPALEANDO EN EL BARRO



"Nos aguarda una inmensa tarea. Tenemos que librar una lucha sin cuartel contra el atraso, el estancamiento, el desánimo y la desesperanza. Tenemos que extirpar hasta sus raíces la ignorancia, la miseria, la enfermedad y el miedo al futuro. Tenemos que vencer, porque esta lucha sin cuartel la hemos de librar en nombre de la justicia y de la libertad". Arturo Frondizi

Resultaron impactantes las imágenes que, provenientes de Río Gallegos, el reducto de la familia Kirchner, llegaron el jueves a las redacciones periodísticas y a las redes sociales. Más allá del habitual clientelismo, representado esta vez por muchos camiones repletos de heladeras, lavarropas y cocinas, para regalar y seducir a los votantes, llamó la atención el verdadero blindaje que, con la Gendarmería, se impuso en la ciudad, tapada de basura por la huelga de los empleados municipales, para proteger a la Presidente del descontento popular. La semana pasada me preguntaba qué hará Cristina, por dónde caminará, cuando deje el poder, por las buenas o por las malas; el haber necesitado adoptar todas esas precauciones en su propio territorio incrementa las dudas. Tampoco fue un dato menor que el acto en cuestión se haya hecho en un gimnasio cubierto, de escasa capacidad, ya que demostró cuán pocos seguidores tiene allí esta enorme asociación ilícita.


En especial sorprendió al comparar esa situación con lo ocurrido el domingo pasado en la ciudad de Buenos Aires, cuando el PRO, en el gobierno desde hace ocho años, logró imponerse al resto de las fuerzas políticas, ya que se enfrentó a la totalidad de los partidos, incluyendo obviamente al ¿Frente para la Qué? pero también a algunos de los integrantes más conspicuos del espacio Cambiemos, en una suerte de reedición de la Unión Democrática que compitió con Perón por su primera presidencia.

El joven Lousteau quedó chapaleando en el barro porque, amén de decirse dueño de los votos ajenos que lo acompañaron para intentar en vano frenar el triunfo de Rodríguez Larreta, rompió las reglas del espacio que integra al declarar que, si Macri se impusiera en las PASO sobre Sanz y Carrió, votaría a su competidora Stolbizer. Si de potrillo se porta así, ¿qué se puede esperar de él más que de cualquier otro político del tradicional montón?


También resultó patética la imagen de Mariano Recalde, ese aspirante K desaparecido en la primera vuelta, festejando los presuntos apuros del PRO, en el mismo momento en que Aerolíneas Argentinas, la empresa que preside y que nos cuesta dos millones de dólares diarios, cancelaba cientos de vuelos y dejaba en tierra a decenas de miles de pasajeros, en plenas vacaciones de invierno; sólo la mansedumbre corderil de los argentinos impidió que incendiaran las terminales aéreas. La razón de ese aquelarre fue la sobreexigencia previa a las tripulaciones, para evitar problemas al presidente-candidato durante el período preelectoral capitalino y la conducción tan poco profesional de la compañía, entregada a los inexpertos jóvenes, pero ya avezados ladrones, de La Cámpora.

El ¿Frente para la Qué? sigue poniendo su enorme aparato, financiado por todos, para vender la idea de "ya ganó". Jorge Giacobbe analizó los resultados de las elecciones de todo tipo celebradas hasta ahora -41% del padrón- y demostró que la colecta oficialista llegó al 32%. Para llegar a ese porcentaje, le adjudicó todos los votos de Perotti (Santa Fe), Bermejo (Mendoza) y Urtubey (Salta), y creo que con ello lo exageró, pues contenían votos del PJ no K que, quizás, no acompañen ahora a Scioli.


El Gobernador (¿dónde está su declaración jurada de bienes?), que pretende suceder a su jefa, no tiene la vida demasiado fácil, ya que la noble viuda se ha autodesignado jefe de su campaña, pierde votos cuando ésta habla por cadena y está obligado a "cristinizar" su discurso cada día más. A la imposición de Zannini como ladero en la fórmula, con el perjuicio que le trae aparejado el connubio con el autor intelectual de todos los mamarrachos en que los Kirchner convirtieron a las instituciones republicanas, se sumaron los problemas en la economía que Kiciloff, otro groucho-marxista, esperaba, con enorme ingenuidad, que sólo estallaran el año próximo. En este sentido, el fuerte impacto de los dichos de Antonio Caló, jefe de la CGT oficialista, al reconocer que el nuevo salario mínimo, festejado por el Gobierno como un logro, no alcanza para cubrir las necesidades mínimas, el campo en ebullición, las fábricas que cierran y los cada vez mayores piquetes sólo pueden augurar nuevos conflictos en lo inmediato.


Siempre, en épocas preelectorales, los argentinos tienden a cubrirse comprando dólares pero esta vez, por haberse enterado de la falta de divisas en el Banco Central, en especial por la necesidad de pagar US$ 6.000 millones por un bono, se aceleró el proceso y llevó al dólar blue a superar al ¿libre? por 60%. La desesperación del Gobierno fue tal que vendió bonos dolarizados, de la ANSES, a menor valor que el que pagaba el mercado para frenarlo; esa maniobra, que defrauda a los jubilados, ya es un hábito de esta administración.

Por lo demás, la estanflación en que nos encontramos y la magnitud del gasto y de la emisión monetaria, incrementados a niveles demenciales por las necesidades proselitistas del kirchnerismo, obligó a suspender todas las obras públicas, para desazón de los candidatos locales, que las usan habitualmente como propaganda electoral.

Tampoco parece que puedan aparecer buenos vientos para las velas sciolistas desde el exterior, ya que el deterioro del superávit comercial -única fuente genuina de divisas- supera al de principios de la década anterior, cuando los precios de las commodities eran menos de la mitad de los actuales. Brasil, nuestro principal socio comercial, está sumido en una crisis institucional (podría llevar a la destitución de Dilma Rousseff por utilizar la misma "contabilidad creativa" a la que este Gobierno es tan afecto) y económica que lo ha hecho entrar en recesión, y China, comprador tradicional de nuestros productos primarios, ha desacelerado fuertemente su crecimiento y, consecuentemente, su demanda. No creo que la visita de Scioli a Cuba -¿a qué habrá ido?- ni la promesa de Raúl Castro, un reconocido paladín de los derechos humanos, de concurrir a su eventual asunción como Presidente en diciembre, contribuyan a ese fin que tanto anhela.


En resumen, sigo creyendo que habrá ballotage en octubre, y que se repetirá ahora lo sucedido en 2003, cuando Carlos Menem renunció a participar en el ballotage porque sabía que no obtendría un voto más. Así Macri, tal vez a pesar suyo, será el próximo Presidente, salvo que el diablo -vía fraude o violencia- meta la cola; sería todo un gesto republicano que las fuerzas opositoras se comprometieran a que sus propios fiscales vigilarán las urnas en beneficio de las demás.


Me queda, sin embargo, una grave preocupación: si la corrupción desaforada del Gobierno es por todos conocida, si la pobreza y la indigencia superan el 28%, si la economía se cae a pedazos y el Banco Central está quebrado, si en el Conurbano siguen faltando cloacas y agua potable, si se sabe el estado calamitoso de la educación y la salud públicas, si las villas de emergencia se han decuplicado, si la violencia y el narcotráfico se han apoderado del país, si es notorio el colapso de la infraestructura de comunicaciones, transporte y energía, ¿en qué clase de sociedad nos hemos convertido como para que el oficialismo conserve un tercio de aprobación?


Frondizi pronunció el discurso que integra el párrafo citado cuando ganó las elecciones, luego de la Revolución Libertadora, que había derrocado a Perón tres años antes. Ese lapso fue, tal vez, la época en que la sociedad argentina estuvo más brutalmente enfrentada, hasta la llegada del kirchnerismo al poder. Entre las catástrofes que éste legará a su sucesor, tal vez la más dramática sea la grieta social, que costará mucho suturar.


Es hora de comprometerse, de reconstruir y de curar; de regresar al camino que nos marcaron quienes hicieron de nuestro país un verdadero orgullo para sus habitantes: un país que fue, por algunas décadas, un faro que iluminó, con su cultura y su desarrollo, a toda América Latina. Venezuela y Brasil ya nos lo están señalando la ruta, aunque les esté costando sangre, sudor y lágrimas recuperar la decencia y la libertad perdidas. Entre otros, Alberdi, Sarmiento y Vélez Sarsfield se preguntan: ¿serán capaces los argentinos actuales?

Bs.As., 26 Jul 15

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

MONUMENTO DERRIBADO


Hace varios días se presentó la estatua de Juana Azurduy, que reemplaza a la propia del explorador Cristóbal Colón. No es el primer movimiento revisionista promovido por el gobierno nacional, con intención de borrar lo que a ellos no les conviene que todavía exista. Están más preocupados por destruir en vez de proyectar la Nación al futuro. En Salta capital pasó algo parecido con un monumento que recordaba un hecho más reciente y, expresaba una etapa que el gobierno kirchnerista quiere dibujar e inventar a gusto y conveniencia. Se trata del monumento que recuerda el 28 de mayo de 1975, día en el cual soldados salteños de la Compañía de Ingenieros 5» con asiento en Salta, estando en Tucumán, fueron atacados y defendieron su imprevisto cuartel: una escuela que estaban pintando. Su institución era el Ejército argentino, y por ello defendían a su Nación, la Argentina. Se sabría después que los terroristas del Ejército Revolucionario del Pueblo querían atacar el Puesto de Comando Táctico de la 5» Brigada de Infantería, asesinar a toda la oficialidad y luego reemplazar la Bandera Celeste y Blanca por el trapo rojo que simbolizaba al ERP.


Dada la importancia del combate, se hizo un monumento recordando la gesta en homenaje a los soldados conscriptos y suboficiales que participaron. En 2013, tras unos discutidos meses previos, destruyeron el monumento al Combate de Manchalá.

Centro de Oficiales de las FF.AA. (C.O.F.A.)

Siendo conscientes del trasfondo cultural e ideológico que dicha demolición tiene, se formó una asociación que propuso e impulsó un documental: La Escuelita de Manchalá. El Centro de Estudios en Historia, Política y Derechos Humanos de Salta trabaja para rescatar la verdad histórica, y por tal razón presentará ese trabajo el jueves próximo, a las 19, en el C.O.F.A.[1], Capital Federal. Semanas después, se hará otra presentación similar en CABA.

David San Román (n)


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.



[1] Avenida Presidente Quintana 161, C.A.B.A.