viernes, 24 de marzo de 2017

VÍCTIMAS INVISIBLES

Lograr una pacificación que deje atrás años de violencia política supone acceder a la verdad de lo ocurrido en la década del 70


La negación y la falsificación de la historia son una de las peores herencias recientes con las que el pasado insiste en condicionar el presente. Después de 12 años de un tan sugestivo como lamentable silencio, cuando no un discurso distorsionado y falaz, en las últimas semanas nuestra sociedad parece haber comenzado a reconocer que la terrible violencia que caracterizó la trágica década del 70 no tuvo que ver sólo con la desplegada desde el Estado, sino también con la acción igualmente violenta de los distintos grupos terroristas que no vacilaron un solo instante en apuntar contra civiles inocentes.

Parecería que así se comienza a corregir, lentamente, una tan desgraciada como deliberada omisión que no reconoció el profundo drama personal ni los daños que afectaron a las víctimas absolutamente inocentes de una injustificable violencia desplegada por aquellos movimientos revolucionarios. Hablamos de un número elevado de argentinos, hombres, mujeres y niños, a los que hasta ahora se ha ignorado, como si no fueran sujetos de derecho de ningún tipo. Son los que fueron asesinados, mutilados, heridos, secuestrados y hasta torturados en las eufemísticamente llamadas "cárceles del pueblo".

Cómo no reconocer que nos habíamos olvidado de ellos, de sus respectivas familias, abandonándolos en el más completo desamparo, sin consideración alguna, injustificadamente despreciados e incluso criticados. Para ellos no hubo homenajes, ni monumentos, ni indemnizaciones, ni programas de contención, ni amparo alguno. Sólo recibieron silencio. Han sido, hasta ahora, víctimas realmente invisibles, de las que ni siquiera se hablaba.


El primer paso previo al adeudado reconocimiento debería ser identificarlos, conocer sus nombres, saber quiénes fueron y son nuestras víctimas abandonadas. El camino pasa seguramente por repetir una experiencia nacional que resultó muy valiosa: la de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep), creada en 1983, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Es oportuno recordar que estaba integrada por miembros destacados de nuestra comunidad que, con seriedad y coraje, hicieron una labor histórica meritoria, investigando y registrando a los desaparecidos por acciones ilegales de las que fueron responsables algunos de nuestros militares que hoy cumplen condenas impuestas por la Justicia. Un primer gran paso en esta dirección fue el brindado por el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv). Utilizando material de difusión pública exclusivamente basado en los diarios de época, contó el número de víctimas del terrorismo asesinadas, heridas y secuestradas entre 1969 y 1979. Arribaron a la conclusión de que los terroristas causaron 17.382 víctimas de todo tipo de delitos, de las cuales 1094 fueron asesinadas. Esta cifra debe complementarse con la información en poder del Estado, de manera que ciudadanos cuyas historias no fueron relevadas por la prensa de aquellos años también puedan ser reconocidos como víctimas del terrorismo.

Es hora de comenzar a pensar en la necesidad de conformar un organismo similar a la Conadep para identificar cabalmente a las víctimas de la acción de los distintos grupos armados a fin de darles el lugar que, en justicia, les corresponde en nuestra historia.

Esta incontrastable información sobre las víctimas del terrorismo debe incluirse en los planes escolares y grillas de contenidos de historia de aquella penosa década, con imparcialidad, de manera que las nuevas generaciones puedan tomar conocimiento del baño de sangre que envolvió a nuestro país y aprender que la violencia no ha de ser jamás instrumento para defender o sostener los propios ideales, como tampoco puede justificarse para ello la interrupción del orden constitucional. Abordar los hechos históricos de nuestro pasado más reciente con un enfoque global encierra un desafío a la madurez de la sociedad argentina respecto del relato sostenido en la última década, que invisibilizó cualquier vestigio de las víctimas del terrorismo y negó la responsabilidad de las organizaciones armadas en la tragedia de los años 70.


Desentrañar la verdad es lo que reclama nuestra dignidad nacional para desenmascarar todo lo sucedido en una de las etapas más tristes de nuestra historia. Sin dejar capítulos en blanco, en aras de la transparencia y de justicia. Luego de 33 años de democracia, el pueblo argentino merece conocer su historia, sin interpretaciones que la distorsionen a la luz de conveniencias políticas o ideológicas, con magnanimidad y capacidad de asignar justamente las responsabilidades por los hechos cometidos, de manera que la ley se aplique a todos por igual para que quien haya delinquido responda por ello. Es hora de dar visibilidad y justo reconocimiento a quienes, hasta ahora, sólo fueron testigos invisibles e inocentes, desestimados y castigados por la indiferencia y el olvido de sus propios compatriotas.


jueves, 23 de marzo de 2017

CHIVOS EXPIATORIOS


Se cumplen 41 años del golpe cívico militar de 1976, fecha estigmatizada si las hay. Producto del ataque y revanchismo de la izquierda, y los medios y políticos que han salido a la luz a partir de 1983. Víctimas voluntarias e involuntarias de la infiltración marxista y la estupidez humana. Primero, acusando a los militares como si fueran extraterrestres que un día se levantaron con sed de sangre y resolvieron asesinar a miles de argentinos, víctimas inocentes de esos salvajes. Segundo, escondiendo a los verdaderos responsables, que a partir de 1973 incendiaron el país con bombas y atentados e ignorando sistemáticamente a sus víctimas, haciéndolas desaparecer de la memoria colectiva. Tercero, instalando un relato mentiroso que falseó cifras, inventó víctimas e historias teatralizadas sin sustento, y motorizó el peor fraude de la historia argentina, el curro de los derechos humanos, que hizo desaparecer de las arcas del Estado la mágica suma de 2000 millones de dólares.

Sólo hay soldados, policías y agentes civiles octogenarios, presos en las cárceles de este país, con menos derechos que el peor de los delincuentes por el sólo hecho de salvar a la Nación de las garras del marxismo, víctimas de los denominados juicios de lesa humanidad, un circo repleto de irregularidades, donde los jueces son los oponentes de antaño y no hay ni políticos ni terroristas en esa situación.

No fueron los militares los responsables del 24 de marzo de 1976, fue la ineptitud de la clase política, que no tuvo respuesta al caos que se desataba en el país. Triste destino el de un país en el que sus dirigentes en lugar de asumir sus responsabilidades y culpas buscan sistemáticamente chivos expiatorios a los que hacen responsables de todo lo pasado.

Jorge Gustavo Taboada
DNI 13.505.770


LAS AMARGAS VERDADES, DE LA MISERABLE, HIPÓCRITA HISTORIA NACIONAL, DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

12 de marzo de 2017

Desde 1983, se persiguió a las Fuerzas Armadas de la Nación, en forma persistente y feroz, no hay medio de comunicación, que no encontrara forma artera y mentirosa, de agredir gratuitamente a las fuerzas solo por ser el sostén Formal y Constitucional de La Nación, más allá de que algunos individuos que las integraron cometieron delitos para ser condenados por la justicia.

Por: Rodolfo Griffa

                                                                       
Permítame el lector dedicar la nota a solo algunas de las hirientes mentiras, que profundizan y ensanchan la "grieta", de que todos hablan y nadie intenta cerrar, quizás porque el que "divide", triunfa.

Pero llama la atención ver que en la edición 1243 de la Fundación Malvinas, aparece reiteradamente un, creo museo,  "Che Guevara".
                                                                                                                                El solo nombre, de ese personaje nefasto de la guerrilla en Latinoamérica, asesino impiadoso, que nada dio a su patria de origen, y solo sangre a los países donde desarrolló su actividad subversiva, sin norte, sin principios, y con nefasto final, para sí y sus seguidores, no debe mezclarse, con la Imagen impoluta de quienes dieron todo por su Patria, y no pidieron nada a cambio.

Creo que todo lo ateniente a Malvinas, debe ser con el nombre de Giachino y todos los que siguieron sus pasos de Gloria y Honor.

La distancia entre los héroes y un subversivo sin destino ni grandeza, ofende a los héroes.
De todas maneras, como editor independiente, elegí publicar los envíos de la Fundación Malvinas, respetando el nombre y el motivo de la gesta, y como defiendo la libertad de expresión sin claudicar, publiqué tal como me llega la nota y según mi compromiso.

Según el título de esta nota, aclaro

Desde 1983,  se persiguió a las Fuerzas Armadas de la Nación,  en forma persistente y feroz, no hay medio de comunicación, que no encontrara forma artera y mentirosa, de agredir gratuitamente a las fuerzas solo por ser el sostén Formal y Constitucional de La Nación, más allá de que algunos individuos que las integraron cometieron delitos para ser condenados por la justicia.

En este caso es como si un maestro o portero de una escuela, cometiera un delito, y se condene a todos los educandos del establecimiento como participes del acto fuera de la ley.

Con los Veteranos de Guerra pasó lo mismo, fueron culpables de una guerra, se los ocultó, en lugar de homenajearlos como correspondía, y mucho menos se les otorgó el amparo y reconocimiento,  de parte de los políticos y de gran parte del pueblo,  que tiene memoria flaca, y cambia de la euforia al rencor, sin ver sus propias dudas e irresponsabilidad frente a cada uno de los acontecimientos que ocurren,  de los que participa,  pero luego no asume como propios.           Cada humano es artífice de su propio destino, y cada pueblo es artífice de su destino de ser Nación o solo un territorio compartido,  por una casi sociedad,  que no sabe lo que quiere, como lo quiere, cuando lo quiere, para que lo quiere, y donde pretende ir,  sin rumbo,  sin vocación,  sin criterio, sin decisión, sin asumir sus propios errores y tratar de corregir sus faltas y encaminarse definitivamente a un futuro de grandeza, con todas las condiciones naturales para lograrlo, pero sin la decisión común de ejecutar responsablemente el plan adecuado.

Quedando siempre en las manos de aventureros, corruptos y ladrones,  que abusan de la inconsciencia y laxitud  de los ciudadanos que no arriesgan, esperando el salvador que nunca llega.                                                                                           Las que combatieron al terrorismo apátrida y sanguinario presos.

Los asesinos en libertad, cobrando del Estado Nacional suculentas indemnizaciones por atacar a ciudadanos inocentes, secuestrar personas,  y poner bombas,   entre tanto,  impolutos ciudadanos subversivos,  niegan derechos a los héroes que dieron su vida por la Nación, y por supuesto a las víctimas,  nada,  ni Derechos Humanos, ni reconocimiento oficial alguno.

Es la primera de las notas que publicaré con motivo de denunciar las mentiras de la historia de los argentinos de hoy.

Perdón por el tono, por la forma, por el contenido que lástima,  pero la verdad es dura,  es cruel, golpea,  pero si es verdad,  debe resplandecer a pesar de todo,  y los archivos periodísticos, y la Justicia, la confirman.


Rodolfo Griffa

LA VERDAD DE LAS VÍCTIMAS Y LA RETÓRICA DE LOS TERRORISTAS

Victoria Villarruel, Roberto Perdía, y Luis Mattini entrevistados en el programa "A fuego lento", de Clara Mariño y Ceferino Reato; por "Canal 26" - 22/03/2017.



LADRON DE HEROISMOS Y MEMORIAS

“El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar
que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir
que sea irrevocable como el pasado”

Jorge Luis Borges.- El Jardín de Senderos que se Bifurcan.

Es fácil definir a Pérez Esquivel. Es su gusto y su fetiche, manejarse con sepulturas anónimas a las que les pueda sacar un provecho e imaginar cementerios olvidados. Ídolo indecente de grupos que han hecho de la inmoralidad su culto cotidiano, maneja sus obsesiones con la febrilidad del poseso y es su trajín tratar que el mundo sea, cada día, un mejor estercolero.


Grotesco maestro del desatino, pero ahíto de maldad, venía ocupando su tiempo en tratar de conseguir que un asesino, Marwan Barghouti, sea premiado, junto con la libertad, también con el Nobel de la paz, “premio” devaluado si lo hay, desde que sujetos como Desmond Tutú y el propio Adolfo lo utilizaron como herramienta para promocionar asesinos, sean estos etarras, palestinos o irlandeses.

No menos cierto es que en su prontuario se destaca con luz propia la cerrada defensa que este sujeto hizo de cuanto facineroso andaba asesinando gente a bombazos y tiros por estos lares; pretérito precursor de Zaffaroni en momentos que éste se dedicaba a negar habeas corpus a los tirabombas que Adolfo que defendía o a escribir un tratado sobre derecho penal militar más adecuado para los tercios de Alejandro Farnesio que para un ejército moderno, ambos sostenían con pasión mercenaria, pero en tiempos diferentes, la perversa creencia que los derramamientos de sangre que tanto le han costado a la Argentina -en los setenta pero también en democracia- justificaban la teoría de que en el fondo es la sociedad la culpable de todo.

Experto en escribir a diario el evangelio de la canallada, Adolfo tuvo momentos de gloria amañando medias verdades como cuando en un reportaje de la revista Gente (*), juró y perjuró que él y sus secuaces habían condenado el asesinato del Capitán Viola y de su hija de tres años, la singular crueldad con que los capitostes del ERP intentaron -sin siquiera acercarse a ello- destruir moral, aunque sí físicamente, al Coronel Larrabure o el burdo y cruel asesinato de Paula Lambruschini. Aunque uno recorra exhaustivamente, hemerotecas y bibliografías tratando de encontrar una prueba de que estas condenas existieron, jamás encontrará nada pues jamás dijeron una palabra de consuelo hacia los deudos de esas víctimas, aunque esto no signifique que quizás Adolfo las haya “pensado” en lo más profundo de su cerebro, ¿o debemos pensar que un cristiano como él puede mentir cuando de criaturas humanas, pero de otro palo, se trata?

Hoy Adolfo es testigo presencial del derrumbe de las tramoyas más falaces que se han urdido en la historia de nuestro país y como perverso telonero de estas, busca con desesperación una alquimia que le permita evadirse de su tramposa vida y forjarse un nuevo relato. Ha elegido tergiversar algo que para los argentinos tiene el valor y la fuerza de un sagrario, se ha metido con lo mejor que tuvo La Argentina en un siglo que en general fue para el olvido. Quiere, de manera descarada y grosera robarse la memoria de los SOLDADOS ARGENTINOS SOLO CONOCIDOS POR DIOS, e inventarles un pasado de desaparecidos sin importarle que ellos están registrados como héroes con sus nombres, más que en un cementerio, en el corazón de los argentinos. ¡Tamaña estupidez nos muestra que al "Adolfo”, ya en su senilidad, solo le queda talento para convertir sus canalladas en bufonadas grotescas.

(*).- Revista Gente, entrevista de Renée Salas y Osvaldo Leboso. Entrevista a Adolfo Pérez Esquivel.

Jose Luis Milia

miércoles, 22 de marzo de 2017

ALFREDO OLMEDO SE COMPROMETE CON LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO


¿DÍA DE LA MEMORIA?


Curioso país éste en donde la memoria reemplaza a la historia. En donde se enaltece a los que atacaron a la república y a sus instituciones. País en donde se escucha a un erpiano, Eduardo Anguita, decir que la organización armada a la que pertenecía (ERP) se financiaba con secuestros extorsivos y asaltos a bancos, y todo esto ante el silencio e indiferencia de la sociedad y de los fiscales. Curioso país éste, en donde se obliga a mentir acerca del número de desaparecidos afirmando que 30.000 es "emblemático". Todo esto como si fuera menos importante un número menor. País en donde se prohíbe llamar guerra al conflicto, aun cuando ellos (los guerrilleros) usaban uniforme y publicaban sus partes de guerra. "Guerra civil intermitente", la llamaron los montoneros en oportunidad de firmar un "Acta de pacificación nacional", en 1989. Un país en donde la vara de los derechos humanos es selectiva, y la Justicia es ideologizada y revanchista.

Somos víctimas de las organizaciones armadas de la época, Montoneros, ERP y afines. Queremos expresar que nuestros muertos no cayeron en forma accidental y hoy son olvidados por la historia oficial, únicas víctimas ignoradas de un conflicto que creíamos superado.


Al cumplirse un aniversario más de aquel 24 de marzo de 1976, rendimos homenaje a todas las víctimas de la misma violencia, sin distinción de banderas. Debemos mirar hacia adelante, despojándonos de todo dolor e indignación, trabajando por la necesaria concordia política, sin que esto signifique olvidar lo que pasó. En este sentido, convocamos a pensar en un futuro que no repita los enfrentamientos entre compatriotas e invitamos a la clase dirigente a terminar con los odios.

Silvia Ibarzábal
Vicepresidenta de la Asociación Familiares y Amigos de las Víctimas del Terrorismo en Argentina