miércoles, 14 de febrero de 2018

CRÓNICA DE UNA SENTENCIA ANUNCIADA

Autor: Carlos de Paz

(…) “Artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas”.

“Todas las personas son iguales ante los tribunales y cortes de justicia. Toda persona tendrá derecho a ser oída públicamente y con las debidas garantías por un tribunal competente, independiente e imparcial, establecido por la ley, en la substanciación de cualquier acusación de carácter penal formulada contra ella o para la determinación de sus derechos u obligaciones de carácter civil”.

“Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice. Mis noches serían atormentadas por el espectro del inocente que expía allí, en la tortura más horrible, un crimen que no cometió.”
Zola anuncia al principio la inocencia de Dreyfus[1]:

Para aquellos que aún consideran que la Argentina es un estado de derecho en el que la justicia respeta la igualdad ante la ley y el derecho mundialmente reconocido a un juicio imparcial, quisiera compartir aquí algunos aspectos de mi triste experiencia.

Mi derrotero comenzó con una indagatoria (ante un funcionario judicial muy joven de baja jerarquía)  y mi inmediata detención el 17 noviembre de  2006 por la causa ESMA, siguió con 11 años de prisión preventiva y se saldó con una arbitraria sentencia a cadena perpetua que no tuvo en cuenta ninguno de los elementos probatorios de mi defensa. Mi delito: portación de uniforme.

El expediente que inicia mi triste destino, es el J 12,S 23, Nº 14217/03 (fiscalmente 26521) y es la historia de una sentencia anunciada.

Voy a citar aquí tres elementos que lo demuestran.

1) Un párrafo de mi auto de acusación.

“ …se trata de los elementos probatorios suficientes para producir probabilidad, aun no definitivos ni confrontados, pero que sirven para orientar el proceso hacia la acusación, vale decir hacia la base del juicio, y esa apreciación se materializa a las reglas de la sana critica racional que impone este auto de merito en contra de VILARDO”.

Además de un texto confuso (con tufillo a prearmado) ¿Cómo puede un elemento ser probatorio si no es definitivo ni ha sido confrontado? ¿Cómo puede un elemento no probado servir de base suficiente para acusar a una persona y mantenerla en prisión preventiva durante 11 años?

De las 800 declaraciones que surgen de los diferentes testigos que pasaron por las audiencias a lo largo de cinco años, no hubo uno sólo que me  conociera, que me haya visto en la ESMA, o me acusara de delito alguno.

Al día de hoy, los elementos siguen sin estar probados ni confrontados.

2) Cinco años antes de que se dictaran las condenas de primera instancia, mi nombre ya figuraba en el Museo de la memoria como “represor”. Es decir ya estaba condenado antes de la condena.

3) Once años de prisión preventiva, contrariamente a lo dispuesto en la ley 25.430, que establece que “la prisión preventiva no podrá ser superior a dos años sin que se haya dictado sentencia”.

La duración desmedida de la situación de excepción que es la prisión cautelar constituye un modo encubierto de castigo. (en mi caso avalada por la Corte Suprema de Justicia en una votación dividida en la que me negaron la excarcelación).

Es decir no permitieron la excarcelación  porque mi suerte de cadena perpetua  estaba echada el 17/11/2006.

Vale la pena citar aquí el considerando 11 del Dr. Rosenkrantz en el reciente fallo referido a la prisión preventiva de Milagros Sala:

“Que, sin perjuicio de lo desarrollado precedentemente, esta Corte debe enfatizar que los jueces deben fundamentar la imposición de la prisión preventiva de modo claro, con expresas referencias a las constancias de la causa y no deberán basarse únicamente en las características personales del imputado o las del hecho atribuido".

La justicia que no está al servicio de la verdad socava el fundamento mismo de la filosofía jurídica: el respeto al otro y la igualdad.

Considero que se ha cometido  un  exceso de condena y un encarnizamiento  jurídico contra  mi persona, y dada mi edad (80) años considero también que  una condena a perpetua por crímenes que no cometí y sin pruebas, es una condena a muerte encubierta.


ME HAN ROBADO MI VEJEZ.

HAN CONDENADO A MUERTE A UN INOCENTE.

Esta es la (in)justicia argentina.

EUGENIO VILARDO
Preso político

NOTA: Las imágenes y referencias no corresponden a la nota original.



[1] J’accuse…! (en francés Yo acuso, pronunciado [ʒaˈkyz]) de Émile Zola es un alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, en forma de carta abierta al presidente de Francia Félix Faure y publicado por el diario L'Aurore el 13 de enero de 1898 en su primera plana.

LOS MUERTOS INVISIBLES DE LA ARGENTINA

11 de febrero de 2018 

Por: Jorge Fernández Díaz

El último gesto de vida de Antonio Muscat, segundos después de recibir una lluvia de plomo, es esta lágrima furtiva que le cruza el rostro final, tendido sobre la vereda ensangrentada. Nació en Dock Sud, provenía de una humilde familia de inmigrantes malteses y se casó con una bella croata de tres nombres a quien todos llamaban Beba. Se recibió de contador público, ingresó en Molinos e hizo una larga carrera en el grupo Bunge & Born. Su vida personal siguió siendo sencilla, frugal y feliz: se lo veía siempre cortando el pasto del jardín de su casa de Quilmes, acompañando a sus tres hijas mujeres y ayudando a los más pobres desde sociedades de fomento, club de leones y parroquias ribereñas. Beba lo esperaba todas las tardes con la alegría de una novia. Al día siguiente del secuestro de los hermanos Born, ella atendió un llamado: "Decile al hijo de puta de tu marido que va a ser el próximo". Al principio de los violentos años 70, la compañía le había ofrecido trasladarse a Brasil; luego le intervinieron el teléfono y le pusieron una custodia. Pero Antonio no quería asilarse ni vivir vigilado; pensó sinceramente que nadie querría matar a un simple gerente, a un tipo de barrio. Más bien cavilaba, y no sin algo de razón, que esos amagues eran simples presiones para que el patriarca de los Born soltara por fin el dinero del rescate. Pero el patriarca se ponía duro y las negociaciones se dilataban, y entonces los responsables de la Operación Mellizas tomaron secretamente la decisión de "ejecutar" a algún empleado de la compañía para ablandar la voluntad, para aceitar el diálogo. Antonio Muscat no tenía forma de saber que ya se había transformado en un blanco móvil.


Esta mañana del 7 de febrero de 1975 gobierna Isabel Perón, y hay un sol radiante. Muscat, como todos los días, se levanta temprano, sale a hacer flexiones y ejercicios de respiración, se ducha y despierta a Beba: siempre se sienta a su lado en la cama y le ceba unos mates. Luego carga a dos hijas en su Ford Falcon y cambia su itinerario de rutina, puesto que debe dejar a una de ellas en la estación de trenes. "Apurate que tengo varios coches atrás", le dice. Ella se apura y, por lo tanto, solo le deja un beso fugaz. Todavía hoy, 43 años después y con la perspectiva del drama, se arrepiente de aquella fugacidad. El dolor nos vuelve injustos con los detalles.

En la barrera Rodolfo López un coche le frena a Muscat por la retaguardia, y otro se adelanta y se le pone a la par. El contador entiende que algo grave está por suceder, porque comienzan a sonar dos sirenas. La barrera se alza y él pisa el acelerador. Pero a los pocos metros un tercer auto sale de la nada y lo bloquea, y lo encierran hacia la derecha. De ellos surgen nueve tipos armados con ametralladoras y le arrojan gas pimienta. La otra hija de Muscat baja aturdida y se refugia por un instante detrás del Falcon, y Antonio parece alejarse de ella quizá porque intuye que van a rociarlo de muerte, y no quiere que las balas la alcancen. Los asesinos se concentran en él: uno de los proyectiles le entra por el brazo, le atraviesa el tórax y le toca el corazón.

Cuando se acerca, su hija lo ve caído y por el rabillo del ojo divisa a los nueve homicidas, que regresan a sus coches con las ametralladoras humeantes. Es en ese instante de conmoción cuando observa que aquella lágrima solitaria y última surca la cara de su padre. Un conscripto que pasa por ahí la ayuda a cargar el pesado cuerpo y a conducirlo a la Clínica Modelo. Beba Muscat, pocos minutos más tarde, entra en el quirófano sin saber que su marido ya ha expirado y le grita: "¡Vamos, Antonio, fuerza!". Hasta que una enfermera la acaricia amorosamente, ella se da cuenta de la verdad y se desmorona.

Antonio Muscat y su familia

Muscat fue sepultado en el cementerio de Avellaneda; dentro de la caja fuerte de su oficina encontraron varias amenazas firmadas por Montoneros y ERP. Born, que lo conocía y lo estimaba, ordenó fríamente que pagaran una indemnización, pero solo envió unas flores y una tarjeta impersonal. Sus dos hijos recobraron la libertad, pero nadie se acordó nunca de esa familia mutilada. Ni una línea, ni una palabra, ni un llamado. Beba se sintió abandonada emocionalmente por los patrones de su esposo. Estuvo un año entero muerta en vida, hasta que de pronto resucitó: dijo que nunca más iba a consumir la yerba ni la harina ni ningún otro producto que fabricaran las empresas de los Born, y se dedicó con risas y con garra a sacar adelante a sus hijas. Jamás volvió a enamorarse, pero logró que todas hicieran un buen duelo y que no se agitara obsesivamente en el hogar la memoria de aquel terrible atentado; no quería que sus nietos crecieran con resentimiento. La dictadura militar les pareció a todas ellas una aberración inexcusable: lavar sangre con más sangre, combatir el terrorismo transformando al Estado en terrorista y en sádico asesino en masa[1]. Los posteriores negocios de Born con Galimberti les hicieron rechinar los dientes. Y la irresponsable mitificación de los montoneros operada por el gobierno kirchnerista les crispó los nervios. Tuvieron que romper su propio criterio con esos hijos y sobrinos cuando descubrieron que el clima de época les inculcaba la épica de la "juventud maravillosa". Se vieron forzadas a sentar a esos chicos y a explicarles seriamente lo que había sucedido con el abuelo. Y cómo los miembros de aquellas bandas armadas jamás pidieron perdón, y el modo en que se silenciaron a todas sus víctimas mediante una extraña extorsión pública según la cual evocar las aberraciones terroristas implicaba necesariamente disculpar el exterminio de Videla y de Massera, o sustentar de manera automática la "teoría de los dos demonios".

Por esa misma razón, hay 1094 muertos invisibles en la Argentina; la mayoría de ellos, eliminados en tiempos de democracia. Civiles y no combatientes. Personas que trabajaban para una multinacional y eran fusiladas con alevosía bajo la acusación de "colaborar con el capitalismo", o que se encontraban en el lugar equivocado a la hora equivocada, y una bomba las volaba en pedazos. O policías recién salidos de la escuela que eran agentes de tránsito y servían como bautismo de fuego para los militantes más ambiciosos: les disparaban a los vigilantes a mansalva en una esquina y ganaban así prestigio en el escalafón interno de la Orga. Hirieron, por ese camino, a 2362 ciudadanos y secuestraron a 756 hombres y mujeres.

Los Muscat no reivindican la represión ilegal, ni repudian las condenas a los militares, ni siquiera esperan que un juez alcance alguna vez a las cúpulas guerrilleras: parece demasiado tarde. Solo aspiran a salir del pozo del olvido, ese averno de silencios donde la muerte es omitida por el Estado y por la sociedad. Los desaparecidos, con gran justicia, tienen actos, homenajes, museos, parques de la memoria, lugar en los libros. Estos muertos, en cambio, no tienen nada. Su recuerdo no solo es necesario para reparar esa sustracción, sino para cuestionar esta nueva historia oficial que se cuenta en las aulas colonizadas, según la cual hubo una generación "heroica" que dio todo por cambiar el mundo. Incapaces de un mínimo pedido de disculpas, muchos de ellos fueron en verdad asesinos autoindulgentes, arrogantes e impunes recubiertos bajo la piel de "idealistas". Pensé mucho en ellos y en Muscat al leer esta semana la novela Patria, sobre ETA y el País Vasco. Fernando Aramburu, su autor, vino a Buenos Aires y lo dejó claro: "Matar por un ideal es un crimen".


NOTA: Las imágenes, referencias y destacados no corresponden a la nota original.





[1] Las fuerzas legales del estado fueron arrastradas a una guerra nueva, distinta y traicionera. El campo y modo de la batalla lo eligió el enemigo que se mimetizaba en la población civil, a la que atacó al mismo tiempo que al estado. El objetivo de las organizaciones terroristas era alzarse con el poder del estado a través de la violencia. La orden de aniquilar el accionar subversivo la impartió el gobierno justicialista de esa época y aún no se han hecho cargo de sus consecuencias. El personal de las Fuerzas Armadas, de Seguridad, Policiales y de otros organismos del estado que se enfrentaron con el enemigo terrorista ha sido investigado, juzgado y condenado en juicios que fueron una venganza de los vencidos… en esta oportunidad el estado y sus máximos responsables tampoco garantizaron un “juicio justo”.

viernes, 9 de febrero de 2018

ENTREVISTA A VICTORIA VILLARRUEL EN SOMOS AZUL

Luego del Acto Homenaje del Ejército en la ciudad de Azul, por el ataque del ERP a la guarnición militar, la Dra. Villarruel fue entrevistada por Carolina Di Cataldo para el noticiero Somos Noticias.

POLÍTICA DE PUÑAL FÁCIL

Por Mauricio Ortín

¿Cuál era la manera correcta de proceder del policía Chocobar dentro de la escena de la que formaba parte? Un turista estadounidense gravemente apuñalado, dos apuñaladores en fuga y él con un arma de fuego. Digamos que, básicamente, tenía dos posibilidades. Una, dar la voz de “alto o disparo” y esperar sentado a que los fugitivos la acataran o, en su defecto y ante el no acatamiento, actuar en arreglo su ultimátum verbal. Ocurrió lo segundo con el luctuoso saldo del delincuente abatido en lugar del delincuente fugado como otra posibilidad. Es claro que la vida de Chocobar no estaba siendo atacada ni en serio riesgo antes de que se decida a intervenir. Al contrario, el policía comienza a exponerse cuando saca el arma y se coloca en la posición de blanco a batir. Además, Chocobar no tenía la información (ni tiempo, ni modo de consultarla) acerca de si había un tercer delincuente de apoyo o si los tipos portaban armas de fuego. Su deber era detener al delincuente y, éste último, el cómo. Chocobar debió suponer que un sujeto capaz de asesinar a cara descubierta, a plena luz del día y en un lugar atestado de gente, representa un peligro sustantivo para la sociedad. Detenerlo era una cuestión de vida o muerte para las próximas y seguras víctimas. El tipo no estaba robando un chupetín cuando recibió la voz de alto; estaba cometiendo un cobarde y depravado acto de apuñalar por sorpresa a una persona indefensa (el turista no estaba avisado, ni tenía un puñal).


La cuestión es que el hecho tuvo un pico de presión política cuando Macri, en clara señal de apoyo frente al procesamiento (por homicidio) de Chocobar, lo invitó a la Casa Rosada y la ministra de Seguridad, Patricia Bulrich, declaró: “El policía actuó como debía. En cualquier país civilizado el Estado lo primero que se hace es darle la presunción de inocencia a su policía y no al revés”. El “¡Vade retro Satanás!” que la izquierda, el kirchnerismo y el sector progre opuso fue automático. Agustín Rossi, presidente del PJ santafesino y jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria calificó la señal de Bulrich como “horrible y peligrosísima”, en tanto que el diputado del “Peronismo para la Victoria”, Fernando “Pino” Solanas denunció penalmente a ambos; “Chocobar es el policía con sed de sangre que fusiló por la espalda a su hijo con el mismo plomo policial que arrebata una vida inocente cada 23 horas”, escribieron en, “La Izquierda Diario”, Alexis Cabañas y Alan Gerónimo. A partir de estas ideas, en situaciones similares a las que protagonizó Chocobar, los policías deberán advertir, ¡Alto o no disparo! y, luego, dejar huir al delincuente cada vez que asesine. Otra opción sería la de entrenar policías en la destreza de esposar delincuentes esquivando puñaladas.  El juez de Menores Enrique Velásquez, el que procesó a Chocobar, debiera demostrar, a partir de reducir con sus solas y propias manos a dos apuñaladores, que esto es perfectamente posible.


Solidarios con el apuñalador, indiferentes con el apuñalado y enemigos declarados del policía, más que un punto de vista atendible, lo que expresan estos señores en sus sofismas es una discapacidad moral. Discapacidad que, en nombre de combatir lo que ellos designan al voleo “política de gatillo fácil”, justifican y promueven de hecho la “política de puñal fácil” de los criminales.


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

CONTINÚAN FALLECIENDO MÁS PRESOS POLÍTICOS


Estimados Amigos:

A través de la Unión de Promociones hemos tomado conocimiento con carácter retroactivo del  fallecimiento de 2 (dos) Presos Políticos, en las fechas que para cada caso se indican:

Viernes 24 de mayo de 2013: señor Comandante General (R) José Eugenio SAN JULIÁN (Gendarmería Nacional.

Sábado 02 de diciembre de 2017: señor Prefecto General (R) Pedro Luis BUSTAMANTE (Prefectura Naval Argentina.

Ya son 434 (cuatrocientos treinta y cuatro) los fallecidos, pertenecientes a todas las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Policiales, Fuerzas Penitenciarias y Civiles; en el marco de este proceso de persecución, venganza y exterminio, donde SE CONTINÚAN REPITIENDO en forma sistemática infinidad de irregularidades jurídicas, instrumentadas en el ámbito de una justicia prevaricadora.

Debe destacarse que del total de Presos Políticos que han fallecido, 93 (noventa y tres) decesos se han producido desde el día 10 de Diciembre de 2015.

Expresamos nuestras sentidas condolencias a todos sus familiares, allegados, compañeros y amigos, rogándole al Señor, les conceda pronta y cristiana resignación.

Dadas las avanzadas edades y estados de salud de los Presos Políticos en la Argentina, estas lamentables noticias son cada vez más seguidas. Una vez más levantamos nuestra voz hacia el poder de turno, no pueden continuar con esta matanza selectiva… es su obligación como presidente de todos los argentinos garantizar el debido proceso, la igualdad ante la ley, brindar asistencia sanitaria adecuada y por sobre todo lograr la unión de la sociedad para superar las antinomias que después de casi 206 años aún nos mantienen divididos. Es hora de sin odios, ni venganzas, es hora de una mirada superadora. ¡BASTA!

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva

Por una Nueva Década en Paz y para Siempre

jueves, 8 de febrero de 2018

INTERCAMBIO DE CARTAS ENTRE UN PRESO POLÍTICO Y UN HISTORIADOR


El señor Capitán de Navío de I.M. (R.E.) Eugenio  Vilardo –Preso Político– envió una carta al Dr. Omar López Mato[1] y recibió su respuesta, relacionadas con el artículo LA MUERTE DE OBERDAM SALLUSTRO. A continuación dejamos las comunicaciones intercambiadas:

El 7 feb. 2018 20:22, Eugenio B. Vilardo escribió:

Estimado Dr. Lopéz Mato:

He leído atentamente su artículo “LA MUERTE DE OBERDAM SALLUSTRO”, y quería felicitarlo y agradecerle, por ser uno de los pocos, que publican, y recuerdan el infierno que fue nuestra Patria.

Soy un preso político, al que no se le dieron las mínimas garantías constitucionales, y me acusaron de cientos de crímenes que jamás cometí, contra personas que jamás tuve a mi frente y me condenaron a Cadena perpetua

De 800 personas que declararon en el juicio, ninguna me conocía ni me vieron en los lugares que la fiscalía decía que yo había estado,


En él  describo la farsa que son nuestros juicios y que se está condenando a inocentes.

Estuve detenido en prisión preventiva durante doce años, destruyeron mi familia y mi vida, pero nadie se hace cargo que estamos en juicios de nulidad absoluta de actos  de venganza

Tengo 80 años y creo que es una condena a muerte lejos de mis tres hijos que tuvieron que emigrar, por la situación insostenible que vivieron

Nuevamente le agradezco, porque la acción psicológica ha sido de tal magnitud, que han desinformado  intencionalmente  a  la población

Eugenio Vilardo
Capitán de Navío de I.M. (R.E.) VGM

Respuesta del Dr. Omar López Mato

Dr. Omar López Mato

Estimado Capitán:

Gracias por sus palabras y me apena su situación como la de tantos valientes.

No es este el único artículo que he escrito por este tema, no el único programa de radio sobre la injusticia de estos dictámenes...

Lo tendré siempre en mente.

Un fuerte abrazo.

Muchos estamos con ustedes.

Omar López Mato

NOTA: Las imágenes y referencias no corresponden a la nota original.


[1] Omar López Mato (Buenos Aires, 26 de agosto de 1956) es un médico oftalmólogo argentino, investigador de la Historia y el arte. Nacido en Buenos Aires en 1956, se recibió de médico con Medalla de Oro (Premio Villamil), es director del Instituto de la Visión, así como también de la editorial Olmo Ediciones.

Entre sus libros se encuentran: Ciudad de Ángeles: Historia del Cementerio de la Recoleta, Males de Artista, Monstruos como nosotros, La Patria enferma, la serie Detrás de las Pinturas (Desnudo de Mujer, Cuadros Clínicos, La Marea de los Tiemposetc.), Artigas: Un héroe de las dos orillas, La Patria Posible, Iatros, Ciencia y Mitos en la Alemania de Hitler, entre otros títulos. Muchos de sus libros fueron reeditados en España, Italia y Polonia.

Es columnista del diario La Prensa, además de colaborador de varias publicaciones como Todo es Historia, Perfil, etc. Fue conductor de los programas radiales Hablemos de Historia (desde 2006 a 2009) y Historias para ver; de la serie televisiva de Males de Artistas y los programas Ojo Clínico y 80 pulsaciones, ambos emitidos por canal Metro. En la actualidad conduce junto a Emilio Perina el programa TENEMOS HISTORIA por Radio Concepto FM 95.5. Es además padre de cinco hijos.

CONMEMORACIÓN DEL COMBATE DEL RÍO PUEBLO VIEJO