jueves, 7 de abril de 2011

Presidente uruguayo sobre la Ley de Caducidad...

La Ley de Caducidad en Uruguay

El nombre completo es Ley Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, el número 15.848, conocida popularmente como "Ley de Impunidad" ya que determina la amnistía de "delitos cometidos hasta el 1 de marzo de 1985 por funcionarios militares y policiales, equiparados y asimilados por móviles políticos o en o lleva ocasión del cumplimiento de sus funciones y en ocasión de acciones ordenadas por los mandos que actuaron durante el período de facto”

Al finalizar la Dictadura, en 1985, comenzaron a pedirse juicio a los represores alcanzando un pico de denuncia y habilitaciones judiciales hacia el fin de 1986. Las primeras audiencias judiciales estaban fijadad para el 22 de diciembre. El gobierno de Julio María Sanguinetti consiguió el apoyo de la mayoría del partido Colorado y del partido Blanco para redactar una ley que dejara fuera del área judicial a los represores y torturadores.

Fue tratada, de urgencia, el fin de semana anterior al lunes 22 de diciembre, aprobándose en la madrugada del domingo 21 en el Senado y en la madrugada del 22 en Diputados.

En 1989, una campaña en contra de la Ley alcanzó las firmas necesarias para un referéndum que pedía la derogación de la Ley. La votación resulto negativa y se mantuvo la mencionada legislación. En 2007 se efectuó el mismo procedimiento para un plebiscito que se realizó en las elecciones nacionales de octubre de 2009. Por poco margen no alcanzó los votos necesarios ya que arrojó un 47.98 % a favor de la derogación.

Recientemente la CIDH (Corte Interamericana de Derechos Humanos) emitió un fallo condenando al Estado uruguayo a "dejar sin efecto" la Ley Nº 15.848, "Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado".

Requerido por los medios, el presidente de la República, José Mujica, dijo que su gobierno hará "lo que pueda" para cumplir con el pedido de la CIDH. Con su habitual forma de dar a conocer su pensamiento Mujica contesto a la pregunta “¿Pero qué puede hacer el gobierno?", respondiendo "Y bueno... Hay que preguntarle a los jueces, qué es lo que pueden investigar. No es sencillo".

Al ampliar la reflexión Mujica dijo que el tema de los derechos humanos "Es infinito lo que falta y siempre faltará” agregando "¿Quién dice que los hombres somos justos? Hacemos justicia hasta donde podemos, pero no somos justos".

En una mirada hacia el pasado, en el que fue participante activo en el Movimiento de los Tupamaros y estuvo en cárcel varios años, comentó que "Toda una muchachada se había forjado como pudo (...) y lucharon como pudieron" durante los años de la dictadura.
Según Mujica "Los seres humanos somos muy vanidosos, se hizo una aureola del sacrificio", pero se debería "quitarle decibeles a ese culto del torturómetro" Avanzó sobre esa línea de reflexión al afirmar que “A mí me tocó perder, quería cambiar el mundo y pagué el precio, pero ¿cuánta gente se comió un garrón?" Para Mujica "siempre se puede avanzar" en la investigación sobre los hechos del pasado.+ (PE)

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La División de los Argentinos


Los doscientos años de historia política de la Argentina están marcados a fuego por la obstinada presencia de antinomias que polarizaron al país y que fueron el origen en muchos casos de las mayores confrontaciones violentas entre argentinos.

La antinomia más fuerte fue “civilización y barbarie”, con la que Domingo Faustino Sarmiento definió su preferencia por los valores y aspiraciones de los hombres de ciudad, el unitarismo, contra las formas de vida "bárbaras" de los habitantes del campaña pastora y el interior, el federalismo.

Los enfrentamientos son parte constituyente de la historia argentina, desde la Primera Junta hasta nuestros días. Hoy día el “poder kirchnerista” parece más interesado en dividir para gobernar, que en resolver las necesidades y problemas de la sociedad en su conjunto.

Así lo demuestra Luis Gregorich en el siguiente artículo publicado en La Nación.

LA DIVISIÓN DE LOS ARGENTINOS
Por Luis Gregorich,   para LA NACION    Martes 05 de abril de 2011

Las pequeñas historias que siguen son auténticas, aunque se han modificado ligeramente algunos de sus contextos y perfiles. Después de frecuentarlas, el lector podrá compararlas con otras de su propia cosecha, igualmente reales.

La primera historia se inicia hace unos meses en un hogar de clase media (tirando a baja) del Gran Buenos Aires. Asistimos a un almuerzo de fin de semana en el que se reúne la familia, en torno de un plato de pastas. Están el padre, la madre y los tres hijos, uno de los cuales es casado y está acompañado por su esposa.

Se habla de política, y la discusión va subiendo de tono. Mientras la madre pide calma para terminar el almuerzo en paz, los dos polemistas más agudos, el padre y el hijo menor (estudiante universitario), no le hacen caso y redoblan sus argumentos. El padre afirma que es un peronista genuino, dice que el gobierno actual está lejos de serlo, que está lleno de montoneros jubilados, y que de la Presidenta se puede esperar poco.

El hijo, elevando la voz, acusa al padre de haberse alejado de los ideales de su juventud, y de que, como tantos otros, se ha convertido en un autómata controlado por los monopolios mediáticos. El padre le responde, gritando, que no va a permitir que le hable así. El hijo, sin decir nada más, se levanta y sale dando un portazo. Desde entonces, no ha vuelto los domingos.

La segunda historia, más bizarra, transcurre en un departamento de Palermo, un ámbito también de clase media (más bien alta), esta vez con dos protagonistas: la madre, una señora muy producida de cerca de 70 años, y el hijo, un médico cuarentón que aborrece la política, pero que sabe que cada visita a su madre lo obligará a internarse en su laberinto. Contra lo que pudiera suponer un fácil esquematismo, aquí la kirchnerista es la madre, y el hijo, el opositor. La madre, con seguridad y convicción, le recuerda al hijo que ella asiste a cursos en la Biblioteca Nacional, que ha tenido oportunidad de conocer a integrantes del grupo Carta Abierta, que la entusiasman sus planteos, y que el hijo no debería criticar lo que no conoce. El hijo, mustio, resignado, balbucea una defensa de la democracia, y por fin, en un rapto de rebelión, proclama que no le interesa conocer a los de Carta Abierta, ni lo piensa hacer. "Vos sos igual que tu padre. No ves más allá de la punta de tu nariz", remata la madre, y da por concluido el debate. Madre e hijo se ven cada vez menos.

En la tercera y última historia, estoy incluido. Me veo sentado en un café de esos clásicos de la calle Corrientes. Frente a mí está un escritor y poeta, bastante conocido y difundido, que es mi amigo (muy amigo, no un poco) desde hace más de cuarenta años. Le tengo un afecto invariable y un respeto por su inteligencia que nada podrá cambiar. Y, sin embargo, está ahí, juzgándome, bajándome línea, preguntándome dónde dejé a mi Marx, a mi Sartre, a mi Fanon, mientras en la Argentina se dirime una disputa entre el campo popular y las fuerzas del privilegio, en la que, pese a todo, el kirchnerismo está del lado correcto. "Y lo peor de todo -dice, definitivo- es que escribís en LA NACION." Me gustaría decirle que escribo donde me aceptan como soy; que desde hace muchos años, soy un modesto reformista, un socialdemócrata que cree en la lenta e imperfecta evolución de la democracia; que no creo para nada en el progresismo del Gobierno; que después de muchos años, valoro a una persona -y más a los amigos- como persona, y no como estandarte político parlante, sea socialista, liberal, radical o peronista, y que envidio la consistencia taxativa de sus ideas. Me gustaría decirle eso, pero, en realidad, me limito a una frase más breve: "Me parece que estás equivocado". Nos quedamos un rato más y nos despedimos. No lo he vuelto a ver.

Historias que llevan consigo la marca de la división. En la familia. Entre amigos. En cualquier compartimiento de la vida social. ¿Acaso se trata de una novedad en la Argentina? ¿Hay elementos suficientes como para asustarse? Vivimos en el país de los eternos enfrentamientos, con la divisa del "o vos, o yo". Unitarios y federales. Radicales y conservadores. Peronistas y antiperonistas (con mutuo desprecio, "peronchos y gorilas"). Militares y civiles. Enemigos futbolísticos, que llegan al extremo de celebrar la derrota de su rival ante un equipo extranjero.

Pasión oscura de la división, anterior al nacionalismo.

Por lo menos la violencia directa ha disminuido, porque éste ha sido también el país de Barranca Yaco, de los fusilamientos de la Patagonia, de Juan Ingalinella, de los bombardeos de Plaza de Mayo, de los explosivos guerrilleros, de los millares de desaparecidos.

Ocurre que, en forma expresa o tácita, todos creemos tener ahora derecho a algo más. El ahora empieza en 1983, el año en que tomamos el compromiso, entre todos, de recorrer el camino de transición hacia la democracia, sin recaídas autoritarias. Sabemos que no somos ni Finlandia ni Canadá. Sabemos que los regímenes democráticos son todavía minoría en el mundo, y que ocupan sólo un pequeño porcentaje de los miles de años de historia humana. Pero, desde 1983, como homenaje para todos los caídos en causas justas, estamos obligados a acercarnos a ese objetivo utópico.

Los buenos pronósticos respecto de octubre, y el alza de su imagen positiva, además del discurso de la conmemoración de Malvinas, parecerían sugerir que la Presidenta se dispone a iniciar una campaña de paz y unidad, acorde con su -hasta ahora- aceitado camino a la reelección. Lamentablemente, todo indica que hechos y prácticas seguirán oponiéndose a las palabras. La Presidenta, aparte de su reiterada actitud desdeñosa hacia quien piensa distinto, debe de ser una de las pocas mandatarias del planeta que jamás se ha dignado invitar a una reunión a los jefes de la oposición. ¿Será capaz de hacerlo? En España, donde hay durísimos cruces entre el presidente del Consejo de Ministros, José Luis Rodríguez Zapatero, y el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, ambos se reúnen cuando hay asuntos de Estado que lo requieran. Es cierto que, en la Argentina, la oposición está desmembrada, pero el Gobierno parece complacerse en desocupar un lugar que mañana podrían reclamar los sindicatos y otras corporaciones. Claro que, con estas últimas, la amistad es mayor.

Otra empeñosa combatividad la ejerce la Presidenta, innecesaria y machaconamente, contra el mayor multimedio del país y, en menor medida, contra un par de editoras importantes de medios gráficos. Al mismo tiempo, en otro ensayo de división, intenta crear un imperio de medios propio, con ayuda financiera para amigos y millonarias inversiones publicitarias. La experiencia demuestra que ni en los momentos de mayor popularidad de los gobiernos tienen éxito los operativos contra los grandes medios, que están escudados en sus bien ganadas tradiciones, en su masa de lectores y en sus vínculos con una red de comunicación que traspasa las fronteras. Salvo, por supuesto, que se elija la improbable opción de entrar a hierro y fuego en las redacciones, o su versión menor, los amañados procesos de expropiación judiciales.

Se ha dicho que el pensamiento oficial, por lo menos de lo que podría ser el ala izquierda del Gobierno, se mueve dentro del espacio neo y posmarxista de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, con sus antagonismos y hegemonías viniendo a reemplazar, o a perfeccionar, la teoría de las clases sociales. Este sería el fundamento teórico que sostendría la inevitable división de la sociedad, más allá de la voluntad de quienes la integran. Parece adecuado para Carta Abierta, pero un poco demasiado sofisticado para el núcleo duro del equipo que acompaña a la Presidenta.

Siguiendo la conclusión de nuestras tres historias iniciales, ¿un esquema tajante de la división, que continúa planteando el "nosotros o ellos" en el que las viejas amistades ya no sirven, o la apuesta ideológica del "izquierda o derecha", hoy marchita, pero que todavía conserva una densidad pasional considerable? No hay matices ni escalas intermedias en esta ruta; sólo la certeza de sentirse en posesión de la verdad única, escindido, dividido de los otros por este privilegio. Y cierta violencia psicológica para someter al nuevo aliado.

No hay que engañarse. Se trata de la vieja concepción del poder del peronismo, ahora convertida en doctrina de fe kirchnerista, con módicos aderezos de ideología setentista y un superficial baño de progresismo. El Estado cuenta con muchos recursos para alistar militantes. Los premios son materiales e inmateriales: el contrato y la verdad revelada. Pero la Presidenta debería reflexionar acerca de su sistema de acumulación de poder. Hay motivos para temer lo que podría ocurrir durante su eventual segundo mandato.

Podría ocurrir que la situación económica, agobiada por el gasto público, se desmadrase; podría ocurrir, también, que la inestable alianza que hoy rodea al Gobierno explotara; podrían sobrevenir graves conflictos sociales. Entonces, quizá, la Presidenta se avendría -aunque bien podría hacerlo ya- a condenar la división, a emitir auténticas, comprobables señales de unidad a quienes piensan distinto, para que el diálogo entre padres e hijos, y el reencuentro de los viejos amigos, más allá de sus lícitas diferencias, tengan un buen modelo para imitar. Y que estén, por lo menos, acompañados de gestos de sincera cortesía.

lunes, 4 de abril de 2011

Algo de memoria por favor

Algo de memoria por favor… no se lo pedimos a los más jóvenes, sí a los mayores, ellos son los verdaderos testigos de la época. La Nación estaba siendo acatada por los terroristas en sus cimientos mismos, esos que hoy son también socavados en aras de un progresismo que nadie eligió.

PUBLICADO EN EL DIARIO CRÓNICA EL 09 de enero de 1976

Se efectuó ésta mañana en el Teatro Colón la ceremonia de entrega de sables y espadas a los nuevos subtenientes, guardiamarinas y alféreces, egresados en 1975 del colegio Militar de la Nación , de la Escuela Naval Militar y de la Escuela de Aviación Militar, respectivamente.

Presidió la ceremonia la Señora María Estela Martínez de Perón, que arribó a las 9.30, siendo recibida en el ingreso al teatro por el Ministro de Defensa, Tomás Vottero, y el Intendente Municipal de la ciudad de Buenos Aires, José Embrioni.

En el primer piso, la aguardaron los Comandantes Generales del Ejército, Teniente General Jorge R. Videla; de la Armada , Almirante Emilio E. Massera, y de la Fuerza Aérea , Brigadier Mayor Orlando Agosti, junto al Vicario Castrense, Monseñor Adolfo S. Tortolo.

Una vez ubicadas las autoridades y corrido el telón se ejecutó el Himno Nacional coreado por la concurrencia, y el Vicario Castrense bendijo los sables y espadas.

De inmediato, la presidente de la nación inició la entrega de los sables y espadas y tuvo a su cargo las correspondientes a los becarios de países extranjeros y a los primeros de cada escalafón y promoción de los tres institutos militares.

Así hizo entrega de los del subteniente Edwin A. Donaire Goch, del Ejército del Perú; del subteniente Carlos R. Jara González, de la Fuerza Aérea del Paraguay, y de los argentinos, subteniente Eduardo H. Cundins, guardiamarina José L. Pérez Varela, alférez Omar J. Castillo, subteniente Joaquín G. Villar, guardiamarina Mario J. Lazo, subteniente Germán P. J. Tagni, guardiamarina Julio Stell y alférez Carlos A. Bartolomé.

De inmediato el Ministro de Defensa entregó los sables y espadas de dos de cada uno de los egresados de los institutos y los comandantes generales a seis de cada una de las respectivas fuerzas, para proseguirse con la entrega por parte de otras autoridades militares.

Para leer el discurso completo de la entonces Presidente,
por favor vaya a la página de arriba titulada:
"El Mensaje Presidencial"

miércoles, 30 de marzo de 2011

Elijo, sin olvidar el pasado, mirar adelante

El señor Presidente de la República Oriental del Uruguay, José “Pepe” Mujica, continúa dando “clases de estadista”. Ante un público adicto a los extremos, que con la cara atónita y la sonrisa helada en los rostros, lo escuchó pronunciar un breve discurso, pero muy claro y firme en su contenido.




lunes, 28 de marzo de 2011

¿Se puede o debe enseñar la historia reciente?

El diario La nación publicó un interesante artículo de Raquel San Martín, habla sobre la difícil tarea de enseñar en la escuela la historia reciente de los años setenta. Han pasado 35 años desde el último Golpe de Estado en nuestro país, casi todos los historiadores coinciden que la historia si es escrita inmediatamente después de la guerra lo hacen los vencedores y si es escrita en tiempo desde paz se hace desde el poder. Lo mejor es esperar el paso del tiempo, para que se pueden escuchar otras voces no interesadas en el conflicto y se agreguen pensamientos y ópticas de análisis históricos diferentes, todo ello redundará en beneficio de una mayor objetividad del período histórico en cuestión. Las pasiones están muy cercanas en el tiempo y como dice Raquel San Martín, en una misma aula pueden estar estudiando juntos alumnos de diferentes vivencias de los hechos ocurridos en los años setenta… ellos no son responsables de las acciones de sus padres o abuelos.

Si esa historia se enseña por orden del poder reinante será más parecida a un “lavado de cerebro” que a una enseñanza histórica. Basta con recordar el acto de barbarie de escupitajos de niños haciendo blanco en las fotografías de periodistas, artistas y otras personas el pasado y olvidable 24 de marzo de 2011.

La difícil tarea de enseñar en la escuela la historia reciente

La decisión de llevar a las aulas el debate sobre los años de la dictadura militar y el terrorismo de Estado genera no pocas controversias. Especialistas de diversas universidades hablan del espinoso trabajo de debatir en clase sobre pasados en conflicto, cuando la gestión social de la memoria está en pugna
Raquel San Martín
La Nación

La escuela no está hecha para enseñar el conflicto. Se lleva mal con la controversia, se cree neutral, prefiere dejar la política fuera del aula y homenajear a héroes consagrados por epopeyas lejanas en el tiempo.

Por eso, cuando desde el Estado se le pide a la escuela que incorpore a la última dictadura en los programas de Historia, los docentes enfrentan en el aula un desafío mayúsculo: ¿cómo enseñar una historia que no tiene aún versiones definitivas? ¿Qué hacer si en el curso conviven el familiar de un desaparecido con el de un militar, o alumnos que escuchan en sus casas relatos contrapuestos de lo que sucedió? ¿Dónde poner las propias convicciones cuando se da clase?

Mientras desde el Gobierno se revaloriza la militancia de los 70 como clave de lectura del pasado reciente, y desde el Estado se elaboran materiales escolares acordes, en las aulas se ponen en escena, como en pocos ámbitos, las luchas por la memoria que la sociedad no termina de saldar y las dificultades de transmitir a las generaciones que no la vivieron una tragedia colectiva aún abierta. El tema de la dictadura en el aula enfrenta a adultos, que en algunos casos vivieron de cerca lo que deben enseñar, con adolescentes para quienes esos hechos pueden ser tan lejanos como la Revolución de Mayo. O no, o tan cercanos como cuando se trata de una experiencia que impactó en la vida familiar. En todo caso, la dictadura como tema escolar demuestra que las directivas oficiales a veces no ayudan a los docentes a enfrentar la vida real del aula.

"La enseñanza de la historia reciente interfiere con el deber de la memoria que se le ha puesto a la escuela. Hay un imperativo ético de recordar en la escuela pero hay que diferenciarlo de la disciplina histórica. En la clase de Historia no se recuerda, se reconstruye", dice Miriam Kriger, doctora en Ciencias Sociales, investigadora y directora hoy de un curso de posgrado en el Caicyt, dirigido a educadores, en el que se estudia, precisamente, el abordaje escolar de pasados en conflicto. "El esfuerzo de un docente de historia reciente es correrse del deber de la memoria y colocarse en la historia".

La última dictadura entró oficialmente en los programas de estudio del país con la ley federal de educación, en 1993, aunque ya estaba presente antes por iniciativas personales de algunos profesores. En 2006, con la ley nacional de educación hoy vigente, adquirió una centralidad especial, a tono con la política de derechos humanos de los gobiernos kirchneristas. Entre esos años, en los documentos pedagógicos se pasó del "Proceso de Reorganización Nacional" al "terrorismo de Estado". Sin embargo, la revalorización estatal del tema no allanó las dificultades.

Hablar de historia reciente en la escuela, se supone, es fundamental para formar ciudadanos comprometidos con la democracia. Ese es el consenso actual sobre el tema, sobre todo desde las autoridades educativas, y en general, los profesores o coinciden o no expresan abiertamente un desacuerdo.

Hay varios problemas con enseñar historia reciente en la escuela. Su carácter actual y controvertido, su condición abierta son algunos de ellos. "La posibilidad de historizar el pasado cercano es una discusión incluso dentro de la disciplina. La escuela tiene cierta 'alergia a la actualidad', porque lo actual es el reino de las pasiones y la escuela inculca datos que están fuera de discusión", dice María Paula González, historiadora, docente e investigadora de Universidad Nacional de General Sarmiento y del Conicet, especializada en didáctica de la historia reciente. "Además, las memorias en conflicto resuenan y la escuela no está acostumbrada a esas controversias. Se mueve más cómoda con el pasado lejano, no con temas que están en la agenda pública", explica. La naturaleza traumática de este pasado cercano suma dificultades -es una historia sin héroes, sólo hay víctimas y victimarios-, además de la cuestión ética que obliga a los docentes a posicionarse, más o menos explícitamente.

La escuela fue creada para construir y transmitir una idea de nación y por eso conmemora mejor de lo que discute. "El motor de la historia es el conflicto, y el mayor sesgo de las historias escolares es evitarlo -reflexiona Kriger- . La enseñanza de la historia reciente actualiza el conflicto, porque la gestión social de la memoria está en plena pugna."

La historia reciente duele todavía hoy, y lo hace de manera particular para cada sociedad. "Una dificultad de enseñar historia reciente es la tensión entre explicar las cosas y juzgarlas. Una historia cargada de frustración como la historia reciente tiene ese tono que dificulta la explicación. Explicar exige tomar distancia, no suspender el juicio, sino administrarlo", dice el sociólogo e historiador Marcos Novaro. "La costumbre argentina de adoptar un tono de autoconmiseración agrega problemas. Se transmite que la Argentina es un país al que se le han frustrado oportunidades. Esa propensión al tono decadentista establece con los jóvenes un pacto de lectura bastante perverso. Para los adultos, es tentador interpelarlos diciendo que las generaciones anteriores les dejaron esa carga, como incentivo para echar la culpa a otros", afirmó.

A pesar de los documentos oficiales con sugerencias -que elaboran los programas "Educación y memoria" de los ministerios de Educación nacional y porteño-, cada profesor termina decidiendo en soledad si toca el tema o "no llega con el programa"; si se apega al discurso oficial o da lugar a otras voces. Para eso, debe considerar la edad de sus alumnos, los padres que piden "otras campanas", los directivos que reclaman moderación y sus propias convicciones. Las estrategias van desde llevar invitados para que cuenten su experiencia o analizar los medios de la época hasta detener la materia justo antes de 1976. Muchas voces recomiendan mostrar las diferentes miradas sobre la dictadura, pero eso tiene sus dificultades.

"Hay dos extremos riesgosos en el aula. Por un lado, los contenidos se pueden esquematizar y vaciar de sentido, y sólo decir que no hay que repetir lo que pasó. Pero por otro, no es fácil abrir la bolsa del pasado y mostrar abanicos de memorias en conflicto. Muchas veces no hay elementos para cerrar esas disputas, y para el docente no es fácil saldar esa discusión", explica Marina Franco, investigadora y docente del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam).

"No comparto eso de plantear todos los enfoques posibles. Es mejor para un adolescente que le hablen desde una posición y no desde una supuesta neutralidad", diferencia el historiador Luis Alberto Romero.

Avatares políticos
Muchos historiadores coinciden en que existe un "piso histórico" que no puede discutirse, que es también la postura oficial en los documentos pedagógicos. "Hubo asesinatos generalizados por parte de los militares en el gobierno, con complicidad civil. Ese es un piso de responsabilidad histórica y de discusión inamovible, establecido por la Conadep y las investigaciones de la Justicia. A partir de allí se puede complejizar la discusión", dice Franco.

Sin embargo, otros sostienen que ni siquiera la Justicia está exenta de los avatares políticos, y que ese "piso histórico" deja afuera las causas de la dictadura y no suma al escenario la actuación de las organizaciones armadas, por ejemplo.

"Como ciudadano adhiero a ese consenso. Como historiador no, porque una verdad judicial es distinta de la verdad histórica, más compleja y matizada. El historiador no sólo se pregunta quién es culpable sino que quiere saber por qué", aseguró Romero. "Creo que ese consenso básico, que suena tan justo y correcto, frena el conocimiento y paraliza el juicio. La explicación de lo que sucedió parte de la comparación de los crímenes horrendos de la dictadura con otros crímenes quizá menos horrendos si hubiera una escala, pero igualmente criminales. Como historiador y ciudadano necesito saber cómo la sociedad argentina naturalizó el asesinato por razones políticas".

La escuela tampoco puede escapar de las narrativas que socialmente se imponen sobre el pasado. Desde 1983, se sucedió el discurso del "Nunca Más", de la "guerra sucia", de "los dos demonios", de la "reconciliación nacional", la actual "memoria completa", que reivindica a las víctimas de la subversión. En los materiales escolares oficiales, y en el discurso del Gobierno, predomina hoy la revalorización de la militancia. "La idea de usar el aparato educativo para fortalecer un supuesto consenso kirchnerista no ayuda. Creo que ese discurso cala poco en la juventud y que los docentes están abiertos a escuchar otras cosas", puntualiza Novaro.

Hay quienes, en ese sentido, alertan sobre abusar de la memoria. "En las escuelas se trabaja mucho sobre la idea de democracia versus golpes de Estado, pero no tanto sobre las causas de la dictadura", dice González. Cuando el pasado no tiene respuestas definitivas, la escuela es un espacio en el que se puede, al menos, mejorar las preguntas.

domingo, 27 de marzo de 2011

"José Mujica no tiene rencores con los militares, él mira para adelante”

Mientras en nuestro país se llevan adelante juicios de venganzas, se ignoran a las víctimas del terrorismo asesino, los jueces declaran prescriptos los crímenes cometidos por las organizaciones terroristas que llevaron al sangriento escenario de los años setenta… en la República Oriental del Uruguay, su señor Presidente José “Pepe” Mugica –ex terrorista y preso del estado- nos brinda honrosas lecciones de estadista.

Así lo afirmó en Radio 10 el senador del Frente Amplio Jorge Saravia, al referirse a la visita del presidente uruguayo al general Dalmao, quien está detenido por crímenes durante la dictadura. "Fue un gesto político", resaltó.

El senador nacional uruguayo por el Frente Amplio, Jorge Saravia, resaltó esta mañana que el encuentro que tuvo el presidente José "Pepe" Mujica con el general Dalmao fue "un gesto político", que apunta a reforzar la convivencia. "es en todo el sentido de la palabra un republicano, que tratar de saldar deudas del pasado y que evita dividir la sociedad en dos mitades".

El legislador afirmó que la visita se produjo porque el militar tuvo una afección cardíaca que puso en peligro su vida. "Corresponde al jefe de las Fuerzas Armadas visitar a su general, además porque Mujica lo había designado para jefe de la región IV, en la frontera con Brasil".

Saravia tomó con naturalidad el encuentro entre el presidente de Uruguay y el general, porque el primer mandatario "es un hombre sin ningún rencor; para él las deudas del pasado están laudadas hace mucho tiempo".

"Mujica entiende que fue un combatiente que fue derrotado en el campo militar. Él mira para adelante e intenta restaurar la convivencia de todos, incluídas las Fuerzas Armadas".

Para el senador del Frente Amplio, el partido de gobierno, Mujica "es en todo el sentido de la palabra un republicano, que tratar de saldar deudas del pasado y que evita dividir la soeciedad en dos mitades".


Fuente: http://www.infobae.com/notas/571344-Jose-Mujica-no-tiene-rencores-con-los-militares-el-mira-para-adelante.html

La señora Conciencia...

Viernes 25 de marzo de 201124 de marzo 2.011 en Gualeguay
Ayer a las 19 hs. en el acto donde se inauguró un "monumento" a la "memoria" en Gualeguay, me hice presente para espera al Intendente Luis Erro.

Antes de que comience el cirKo, me acerqué para entregarle en mano una carta, dictada por esa señora especial llamada "Conciencia".

Como le dije a Luis, no podría dormir tranquilo si me hubiera callado la boca.

Gualeguay, 24 de marzo de 2.011
Dr. Luis Erro
Estimado Intendente

En este lugar, los vecinos de Gualeguay quisieron un día, recordar con un busto y una placa el asesinato del General Pedro Eugenio Aramburu.
Aramburu fue secuestrado, ejecutado, y su cadáver tapado con cal, por un comando de terroristas argentinos autodenominado Montoneros.

Lo asesinaron el 1 de junio de 1.970. Le pusieron un pañuelo en la boca, lo apoyaron contra una pared del sótano, y Fernando Abal Medina, miembro del citado grupo terrorista, lo ejecutó con un tiro en el pecho. Luego le dieron dos tiros de gracia.

Hoy, las autoridades de Gualeguay, en este acto que usted preside, han optado por retirar el busto que recordaba el asesinato del General, y levantar en el mismo lugar un “Monumento a la Memoria”.

Desde mi humilde sentir, creo que si el Monumento que hoy se levanta, no comprende a los más de 1.500 argentinos (hombres, mujeres, chicos, grandes, civiles y militares) asesinados por los terroristas argentinos de los años 60 y 70, más que un homenaje, parecerá una revancha avivada por viejos rencores de los que siempre militaron (por conveniencia) en el odio.

Pues derribar un hito para erigir otro que no comprenda al primero, es sumarse a la actitud mezquina de los que pretenden contar una parte de la historia, escondiendo otra.

Comprender y asumir nuestra historia, nos hará más libres que intentar silenciarla por decreto o resolución.

Necesitamos los argentinos una Reconciliación definitiva con nuestro doloroso pasado reciente… y para eso, el futuro debe comprendernos a todos. No podemos hipotecarlo con los rencores caprichosos de los que necesitan, para gritar su “verdad”, callar la “verdad” del otro.

Digo Reconciliación y no digo impunidad. Creo que debe haber Justicia y Verdad y Memoria… pero para TODOS.

Cristiano al fin, rezo para que en un futuro no muy lejano, nos reunamos en torno al monumento de una “Memoria” que no olvide a NADIE.

Disculpe usted el momento del reclamo, tal vez inoportuno… pero no quería callar cómplice, lo que me grita la conciencia.

Atte.

Horacio R. Palma