viernes, 30 de mayo de 2014

JULIO MARÍA SANGUINETTI: “SIN GUERRILLA NO HAY UNA EXPLICACIÓN AL GOLPE DE ESTADO DE 1973 EN URUGUAY”

Por Ricardo Angoso, 29 Mayo 2014 15:44

Abogado, historiador, político y periodista, Julio María Sanguinetti ha sido dos veces presidente de Uruguay y primero de la etapa democrática tras el periodo “cívico-militar” (1973-1985). Sanguinetti lleva en la vida política de su país casi medio siglo, habiendo ocupado altas responsabilidades, y siempre desde las filas de la socialdemocracia uruguaya: el Partido Colorado. Ahora, ya retirado, sigue siendo un fino analista de la realidad de su país y del continente y colabora en varios medios de comunicación.


TITULARES

“La Transición española fue un buen ejemplo para toda América Latina, aunque las realidades desde las que partíamos aquí que eran muy distintas a las de España”;

“Sin guerrilla no hay una explicación al golpe de Estado de Uruguay”;

“Creo que es un éxito de la Transición que gentes que estuvieron en la guerrilla hoy estén sentados en el gobierno, en las instituciones, y tomando decisiones políticas”;

“Hubo elementos de las Fuerzas Armadas que sabían que el país tenía que caminar hacia la democracia y que asumieron esa responsabilidad, pactando ese retorno necesario con los civiles”;

“Lo que es injustificable y diría que hasta cínico es que gobiernos democráticos del continente no tengan nada que decir y se callen ante los sucesos de Venezuela”;

“La caída del Muro de Berlín también tuvo su impacto en América Latina, ya que se abandonan las vías armadas y se firma la paz en muchos países centroamericanos donde las guerrillas combatían”;

“Uruguay hizo la vista gorda ante un proceso claramente dictatorial, ante el desastre que era la Venezuela de Chávez, pero no siguió a esa locura afortunadamente”.

ENTREVISTA AL EXPRESIDENTE DE URUGUAY JULIO MARÍA SANGUINETTI

Ricardo Angoso: ¿Se cumplieron las expectativas que ustedes tenían con respecto a su Transición política, se sirvieron de algún modelo para llevarla a cabo?

Julio María Sanguinetti: La Transición española fue un buen ejemplo para toda América Latina, aunque las realidades desde las que partíamos aquí que eran muy distintas a las de España. Hay, sin embargo,  una identidad muy parecida en todos estos procesos, ya que el camino es el mismo: pasar de una situación de facto a una de derecho. Nuestro primer objetivo, en ese proceso tan complejo, era lograr que se hiciera en paz y que fuera inclusiva, es decir, que incluyera a todos y nadie quedara fuera de la misma. En ese sentido, la Transición española nos sirvió mucho y creo que hay varias figuras fundamentales, como lo fueron Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Jordi Pujol y el mismo Felipe  González, que nos sirvieron como referentes políticos.

En cuanto a nuestra Transición, yo diría que fue un éxito porque el juego institucional no tuvo alteraciones desde los primeros momentos y tampoco hubo violencia política. Ni siquiera rebrotes de insurgencia militar. Si compara nuestra Transición con la de Argentina, verá que las cosas son muy distintas y que en el país vecino hubo rebrotes de violencia guerrillera y de insurgencia militar. Eso no ocurrió aquí, en el Uruguay, sino que nuestro proceso se desarrolló en paz y diría que plácidamente. Pero creó que eso sucedió porque nuestra sociedad, pese al periodo militar, nunca perdió sus señas de identidad y valores fundamentales más allá de los fenómenos de violencia política que el país vivió en las décadas de los 60 y 70.

Desde este punto de vista, y hablando objetivamente, nadie puede negar que los resultados obtenidos en nuestro país son muy distintos a los de la Argentina y que aquí las cosas discurrieron por un camino muy distinto.

R.A.: ¿Cree que el proceso de modernización e integración de las Fuerzas Armadas en el sistema democrático se hizo correctamente?

J.M.S.: Desde el sistema institucional se hizo un esfuerzo por integrarlas y, sobre todo, porque recuperaran el rol que debía corresponderlas como institución. ¿Ha sido así?, en parte sí, le diría, y también, en parte, no. Por ejemplo, se promulgó una amnistía para los guerrilleros que habían participado en la lucha armada y otra para los militares que habían participado en actividades represivas. Luego todo este asunto se concretó en una Ley que se llamó de Caducidad y que fue ratificada institucionalmente y también mediante referéndum. En dos ocasiones, los uruguayos votaron a favor de esa Ley y hubo un gran consenso.

Pero, desgraciadamente, luego ha habido un sector, hoy representado en el gobierno, que ha pretendido desconocer esta situación e incluso decretó una Ley tergiversando lo que el pueblo había aprobado en referéndum y que, a su vez, luego fue declarada inconstitucional por la Corte de Justicia del país que caminaba en otra dirección. Se intentó ignorar esa amnistía contraviniendo la tradición y lo que el pueblo había refrendado en una votación. Esta situación condujo a un acoso en contra de la institución militar que no es buena, que es más bien perniciosa. Afortunadamente, desde el otro lado, desde las Fuerzas Armadas, no ha habido una reacción en contra.

R.A.: ¿Cooperaron los militares en la Transición?

J.M.S.: Sin ninguna duda. Tuvieron un aporte fundamental a la Transición, además aquí no hubo una implosión de la institución militar, como ocurrió en la Argentina como consecuencia de la Guerra de las Malvinas, sino que nuestro cambio llegó a través de un proceso de acuerdo que fue largo y que llevó un tiempo, que arrancó en el referéndum de 1980. En ese momento, una propuesta del gobierno cívico-militar fue rechazada por el pueblo y, a partir de ahí, se cierra una puerta y se llega a la conclusión de que el único camino para cambiar las cosas es el diálogo. Luego se producen los primeros movimientos hacia unas elecciones libres y hacia una recomposición política del país. Hubo diálogo y negociación en varias instancias.

Más tarde, en 1984, llega el famoso Pacto del Club Naval. Todo este cambio fue el resultado de una larga negociación e indudablemente la institución militar jugó un papel importante. Hubo elementos de las Fuerzas Armadas que sabían que el país tenía que caminar hacia la democracia y que asumieron esa responsabilidad, pactando ese retorno necesario. No se llegó a las elecciones de 1984 por la gracia de Dios, sino que fue fruto de un acuerdo entre el gobierno de facto y los militares con los partidos para desembocar en ese proceso electoral. Se convocaron unas elecciones y se abrió el camino hacia una democratización plena.

También hay que decir que una vez que se constituyeron el nuevo legislativo y el nuevo ejecutivo, en 1985, ya no hubo restricciones y ambos poderes actuaban con absoluta autoridad y legitimidad, a diferencia de lo que ocurrió en Chile, en donde sí hubo restricciones  y donde el dictador siguió siendo jefe de las Fuerzas Armadas. En el parlamento chileno, además, había un conjunto de diputados que habían sido designados y no electos, lo que marca la diferencia con lo que estaba ocurriendo en Uruguay. Yo diría que el Pacto del Club Naval fue ejemplar en ese sentido y sentó las bases para el posterior desarrollo democrático del país.

R.A.: ¿Quién les apoyó en la escena internacional para llevar a cabo ese cambio político?

J.M.S.: Hubo un gran apoyo internacional, muy especialmente de España y, en concreto, del gobierno de Felipe González. Y también de Francia, que estaba gobernada entonces por Mitterrand. Eran gobiernos de mucho prestigio y nos ayudaron mucho. Pero tampoco debemos separar el asunto regional, ya que vivíamos en todo el continente un momento de apertura política y democrática. Se estaba generando una democratización en toda la región. Argentina había retornado a la democracia con el gobierno de Raúl Alfonsín. Lo mismo había sucedido en Brasil pero por un camino muy distinto al argentino. Las Transiciones de nuestros países fueron muy distintas, incluso en sus orígenes, pues no olvidemos que en la Argentina el cambio vino fruto de una implosión de la institución militar tras la derrota de las Malvinas. Y en Brasil fue fruto de una sorpresiva ingeniería política que ocurrió dentro de las mismas instituciones que venían del régimen anterior; fue inesperada pero exitosa y pacífica.

Uruguay es un caso aparte, ya que nuestra Transición nace de un gran pacto político. Hubo caminos diversos, pero también consecuencias distintas. En Argentina, por ejemplo, el primer gobierno no tuvo paz y vivió en constante zozobra, mientras que en Brasil y en el Uruguay no se dieron situaciones conflictivas o violentas desde el punto de vista militar. También se dieron diferencias económicas sustanciales en estos procesos. Argentina y Brasil vivieron turbulencias y una alta inflación, lo que no ocurrió en el Uruguay, donde hubo un alto crecimiento para la época y una estabilidad clara. Quiero decir que aun viniendo de situaciones y procesos muy distintos, como ya le he descrito, todas llegaron a buen puerto, que es la democracia.

R.A.: En el caso de Uruguay, ¿no piensa que el juego político tradicional se ha roto y ha entrado una nueva fuerza ajena al sistema, el Frente amplio, en el gobierno?

J.M.S.: Hubo un cambio indudable en la demografía electoral del país que siempre tuvo un bipartidismo histórico, donde habían dos grandes partidos -colorado y nacional-, que en términos europeos eran un partido liberal y uno conservador, respectivamente, que venían de la tradición del siglo XIX. El colorado con una base urbana mayor, sobre todo en Montevideo, y el otro, el nacional, con una mayor inserción en el mundo rural y tradicional. Más tarde, ya el siglo XX, el colorado se convierte en una fuerza más socialdemócrata y el nacional se va haciendo más liberal. Fue una evolución lenta y paulatina. Los partidos de izquierda no tuvieron una gran fuerza en esos momentos y esas ideas se refugiaban o cobijaban en el movimiento colorado.

Llegamos a la segunda mitad del siglo XX y este proceso se comienza a alterar. Teníamos que pasar de una economía cerrada a una más abierta y ese camino obligaba a cambios no muy populares, sino todo lo contrario. Todo proceso de transición económica es difícil e impopular. Así se llega a la Revolución Cubana, que es vista con admiración en algunos sectores de la sociedad y que se traduce en un rechazo del modelo democrático liberal. Esas ideas llegan a nuestro país y, en 1963, se crea una guerrilla procubana que aboga por la vía armada, un fenómeno que ocurrió en todo el continente salvo en México. Hasta el propio Fidel Castro ha reconocido que fue el único país donde no intentó desestabilizar el sistema y crear un proceso de tipo revolucionario.

Así nos encontramos con que, por primera vez, en el país se rompe la paz, tras más de 70 años de tranquilidad, y aparece la violencia política, tanto guerrillera como urbana, en el sentido tradicional en que se dan estos fenómenos en todo el continente. Se produce un gran choque en el país que desestabiliza a la sociedad y a las instituciones. Y se llega al golpe militar de 1973, fruto de todos estos movimientos y de esta violencia de la que hablaba. Cabe decir dos cosas de este golpe. La primera es que no se puede explicar este golpe de Estado sin la presencia de la guerrilla; las Fuerzas Armadas del país nunca habían intervenido en política y nunca habían salido de sus cuarteles; adquieren un rol de guardián debido a la presencia de la guerrilla. Sin guerrilla no hay una explicación al golpe de Estado. Y la gente, inicialmente, aplaude la intervención militar pero luego cambia de opinión.

En segundo lugar, también añadir que la guerrilla estaba ya derrotada cuando el golpe de Estado, no tenía futuro y no iba a llegar al poder por la fuerza de las armas, eso está claro. Yo creo que hubo una responsabilidad de los mandos militares de entonces por intervenir en la vida política. Pero la guerrilla fue la responsable de que la sociedad se radicalizase, se produjeron enfrentamientos en el país y se alteraron los equilibrios básicos en la sociedad. El partido de gobierno de entonces, el colorado, pasó de ser de centro izquierda a un centro más moderado, más a la derecha, al tiempo que se implicaba en la represión del movimiento guerrillero.

A su vez, los partidos de izquierda se identificaron con un proceso revolucionario que tenía ideas claramente marxistas. El país había cambiado y cuando salimos de la dictadura esos cambios también se manifestaron. Lentamente, hay un ascenso de los partidos de la izquierda y, como resultado de la dictadura, se convirtió a los victimarios en víctimas, lo cual es para mí la peor de las consecuencias del régimen militar.

El movimiento tupamaro, que había sido enemigo de la democracia y que atacó al sistema constitucional, se convirtió en una víctima. Y era el victimario, no lo olvidemos. Recibieron una bendición, los tupamaros, que antes no tenían. Nunca habían tenido apoyo popular y después de la dictadura, paradójicamente, lo tuvieron. Los partidos de izquierda se unieron y comenzaron una prédica de rechazo a los partidos tradicionales. Pero no olvidemos que la izquierda llega al gobierno, muchos años después, cuando abandona el discurso revolucionario violento, cuando acepta las reglas de juego y abraza un discurso político curiosamente instalado en la nostalgia.  Esta coalición de izquierdas que gobierna ahora se instala en la nostalgia de un viejo país progresista y reformista que había tenido que cambiar en virtud de la evolución propia del Uruguay e incluso del mismo Estado, que tenía que adecuarse a los nuevos tiempos. La izquierda se transforma en el gobierno. Hemos crecido económicamente, pese a que gobierna esta izquierda, porque hay una tendencia regional y el movimiento beneficia al país, pese a lo que hiciera el ejecutivo. Los intercambios exteriores nos han sido muy favorables.

Pero, a su vez, hubo un deterioro en el aspecto social; la educación retrocedió, claramente, y también en la seguridad pública. También se detectan ciertas grietas en la Justicia, aunque sin ruptura y vuelta atrás, pero se desconocieron algunas Leyes y referendos. Se incorporaron al sistema fuerzas que estaban fuera del sistema, como los tupamaros, y también llegó el desgaste. Cambiaron el discurso, como en el tema de la deuda externa y el Fondo Monetario Internacional -que era visto como un demonio-, y eso tuvo sus costes. Pasaron de ver a los Estados Unidos como el diablo a tener que hablar y dialogar con sus presidentes. Les tocó asumir la realidad y cambiar su discurso inicial. Incluso la sumisión y seguimiento de las políticas norteamericanas es mayor que con respecto a gobiernos anteriores. Así se producen choques entre los que defendían el discurso revolucionario del pasado y los que se adaptaron a los nuevos tiempos. Pero, en fin, creo que es un éxito de la Transición que gentes que estuvieron en la guerrilla hoy estén sentados en el gobierno, en las instituciones, y tomando decisiones políticas. Cívicamente, este hecho demuestra que nadie quedó fuera de la Transición y que fue incluyente, exitosa en términos de integración política.

R.A.: ¿No cree que en los últimos tiempos se ha degradado mucho la calidad de la democracia en el continente?

J.M.S.: La democracia tuvo un buen momento en las décadas pasadas. Luego llegó el “aluvión” dictatorial del que solo se salvaron Colombia, México y Venezuela.  El resto del continente cayó en dictaduras. O en dictaduras comunistas, como fue el caso de Cuba. En los años 80, por ejemplo, hubo un resurgimiento de la democracia. La caída del Muro de Berlín también tuvo su impacto en América Latina, ya que se abandona las vía armada para llegar al poder y se firma la paz en muchos países centroamericanos, donde las guerrillas combatían ferozmente.

La desaparición de la Guerra Fría vino a ser un factor de estabilidad para todo el continente y ya sitúa a la democracia como única alternativa. Luego, este crecimiento económico crea también sus desórdenes y genera el populismo, que nace siempre en tiempos turbulentos y no en épocas de rigor. El populismo nace de un momento de euforia y cuando tiene recursos para repartir desde una estructura formalmente democrática, pero donde el presidente se acaba situando al margen de las instituciones y donde los movimientos acaban sustituyendo a la representación parlamentaria.

Luego se utilizan los fondos del Estado y se ponen al servicio del movimiento, de la causa. Pero también se detectan alarmas de que este movimiento populista en el continente está en crisis, tal como se está viendo ahora en Venezuela e incluso en Ecuador, donde ya hay contestación a la forma en que se hacen las cosas. El gobierno de Correa ha perdido en las elecciones locales en casi todas las ciudades importantes del país y eso muy significativo, creo yo. La propia Argentina, que se encaminaba hacia un populismo económico, hoy está haciendo un ajuste económico ortodoxo y un reconocimiento a los principios liberales clásicos. De modo que hoy tenemos ese fenómeno espurio que es el populismo y que estimo que empieza a decaer, que está en el comienzo de sus horas bajas.

Con la democracia ocurre que cuando la situación económica es buena nadie habla de ella, pero cuando llega la crisis la gente comienza a recelar y le pasa facturas a la democracia que no le son propias. La democracia es un sistema de institucionalidad, son unas reglas de juego básicas para que los actores se desenvuelvan y jueguen. Los ciudadanos tienen que ser la base del sistema democrático. Los dirigentes políticos no son aerolitos desconocidos que caen en los países, sino que los ciudadanos los votan, como ocurrió con Menem en Argentina y con Fujimori en Perú, que ahora parece que nadie les votó y que cayeron del cielo, cuando no fue así, sino que ganaron elecciones democráticas. Las masas ciudadanas ponen y quitan, igual que en Europa. Tenemos un mundo más complejo, más competitivo, y eso crea situaciones de cambio.

R.A.: ¿Le preocupa la evolución que pueda tener la situación actual de Venezuela?

J.M.S.: Lo de Venezuela es un desastre, ya ha concluido mal. Cuando uno tiene una situación de caos económico total, de colapso pleno, de enfrentamiento social violento, de pérdida de la institucionalidad, ¿qué más puede esperar? Venezuela no va a acabar mal, es que ya está muy mal y quizá evolucione a peor. La pregunta es: ¿cómo saldremos de esta situación caótica que vivimos?

R.A.: ¿No echa en falta que nadie haga de nada y que Venezuela esté al borde de una guerra civil?

J.M.S.: Claramente, se observa un doble discurso injustificable de los gobiernos democráticos de América Latina. Entiendo mucho más la prudencia de los Estados Unidos, ya que siempre este país es utilizado con fines nacionalistas cuando interviene en contra de un gobierno populista o que se autoproclama de izquierdas. Lo que es injustificable y diría que hasta cínico, es que gobiernos democráticos del continente no tengan nada que decir y se callen ante los sucesos de Venezuela. Este asunto es realmente lamentable y deja a la oposición venezolana en una total soledad y aislamiento. Esa soledad se quiebra porque los medios nos transmiten la brutalidad de lo que allí está sucediendo.

En Venezuela se está viviendo en un retroceso político en todos los órdenes. Hasta me atrevería a decir que la complicidad de los gobiernos democráticos con Venezuela no comienza hoy con los disturbios que estamos viendo, sino viene de antes. Ha habido cierre de medios, restricciones en la libertad de expresión, y nadie ha dicho nada de nada. El sistema populista chavista ha atacado y agredido todas las bases de un sistema democrático desde hace años, este fenómeno no es nuevo y nadie lo denunció. Ocurre que hay una influencia económica, como le ocurre a Brasil, que tiene grandes intereses en Venezuela. Luego estos gobiernos populistas defienden a Venezuela para mantener a sus bases contentas en ese tira y afloja entre las ideas y la realidad, como ocurre en Uruguay y en Chile. Venezuela está hundida y acabada, mientras el mundo y especialmente el continente callan para no desagradar al régimen. Nadie asume su responsabilidad. Pero que los gobiernos democráticos no tengan nada que decir ante lo que está ocurriendo es una vergüenza. Están ocurriendo hechos gravísimos y los demócratas se callan, ¿a dónde vamos ir a parar?

R.A.: ¿Y Uruguay en qué posición se encuentra frente a estos hechos?

J.M.S.: Yo diría que el chavismo no ha hecho doctrina y ese proyecto que lo pretendía, en el sentido de ser el “socialismo del siglo XXI”, no tuvo éxito. Desde el primer día fracasó porque Castro, a diferencia de Chávez, sí representaba un fenómeno mundial, el comunismo, en expansión. Castro era el apoderado del mundo comunista en América Latina. Chávez no llegó a ese nivel. Era carismático, tenía dinero, despilfarraba los recursos, generando unas simpatías y unas adhesiones fieles, pero nada más. Nadie siguió en el mundo esa locura de sistema, que era un fracaso total. Uruguay hizo la vista gorda ante un proceso claramente dictatorial, ante el desastre que era la Venezuela de Chávez, pero no siguió a esa locura afortunadamente.

R.A.: ¿No asiste asombrado al éxito internacional del presidente Pepe Mujica?

J.M.S.: ¿Asombrado?, no, para nada, porque se dan todas las condiciones para que sea popular. Y lo es porque es un presidente distinto a todos los que había habido en Uruguay hasta ahora y también a todos los que vendrán. Mujica es único. Cultiva el probrismo, es decir, el desenfado, el desaliño en todas sus formas y se presenta en los actos oficiales en chancletas. Luego hace una filosofía popular simplista y habla de los grandes temas como si fueran cuestiones pueriles, y la gente le ríe la gracia. Se dan todos los ingredientes para que sea un personaje popular y atractivo a los medios, aunque solo sea por sus excentricidades que cultiva con éxito. Ha tenido mucho impacto mediático debido a sus aspectos folclóricos. Una cuando escribe lo hace buscando algo excepcional y raro, como lo es Mujica. El desaliño no es modestia, sino otra cosa. Lo malo es que se confunde que Mujica fue un guerrillero con un hombre valiente. Mujica nunca luchó contra la dictadura, sino que todos sus tiros los disparó contra un sistema democrático y constitucional. El movimiento tupamaro intentó tumbar a la democracia, no lo olvidemos. En ese folclore populista, aparte de otros ingredientes, está la imagen de guerrillero romántico, pero ya le digo que no se asemeja  esa idea con la realidad.

R.A.: ¿Espera cambios políticos en las próximas elecciones?

J.M.S.: No diría que se debe descartar, objetivamente. Hasta hace un año todas las encuestas daban la mayoría a la izquierda, al Frente Amplio, y hoy ya no es así. Se apunta a que habrá una segunda vuelta y que la mayoría es mucho más exigua. Hay una paridad de fuerzas e incluso en Montevideo, donde el Frente Amplio era mayoría. El desgaste de la izquierda ya se percibe de una forma clara. Viven un desgaste porque llegaron al poder con un discurso “sesentista” y luego tuvieron que asumir la democracia liberal y la economía de mercado, lo que no estaba en el guión pero que vino impuesto por la realidad. Entonces, hubo un choque entre el equipo económico, que está más ligado a la tradición anterior, y el mundo sindical y el Partido Comunista, más “pegados” a la tradición tupamara y guerrillera.

R.A.: ¿Cómo examina estos juicios y procesos a los militares uruguayos que supuestamente tuvieron algún papel durante el periodo que usted domina “cívico-militar?

J.M.S.: Nuestra Transición fue pacífica y asentada sobre la base de una doble amnistía que amparaba a militares y tupamaros. Así se estableció y todos los presos salieron a la calle. Este asunto se ratificó legalmente y fue avalado con el voto popular a través de un referéndum. Hubo dos plebiscitos. Desafortunadamente, ha habido un sector político y otro judicial que han creado grietas en ese pacto que hubo inicialmente. Estos juicios a los militares han quebrado ese pacto y van en contra la voluntad popular. Se quería impedir esa “cascada” de juicios que, en ningún caso, debían impedir el conocimiento de la verdad, de lo que realmente ocurrió en ese período. Verdad toda lo posible que se pudiera llegar a conocer, pero juicios, no, porque ese momentos estimábamos en que era mejor mirar hacia el futuro que hacia el pasado, esa era la idea básica que nos movía. Creo que es un fenómeno judicial y no político, pero considero que tiene que ser la Corte de Justicia la que tiene que poner el punto y final. Estos procesos son grietas en un proceso de Transición que considero que ha funcionado en términos generales muy bien, que ha permitido una institucionalidad y un cambio político. Dejemos de una vez por todas el pasado atrás y miremos hacia el futuro, no hay vuelta atrás.

jueves, 29 de mayo de 2014

NUESTRO EJÉRCITO ARGENTINO

La Reconquista
Suipacha
Paraguarí
Tacuarí
Sipe Sipe
Vilcapugio
Ayohuma
Salta
Tucumán
San Lorenzo
Maipú
Ituzaingo
Ombú
Bacacay
Vuelta de Obligado
Curupaity
Tuyuty
Humaitá
Lomas valentinas
Manchalá
Monte tucumano
Batallón Viejobueno
29 de Infantería de Monte
La Tablada
Y tantos otros combates 
contra el terrorismo
Pradera del Ganso
Monte Longdon
Monte dos hermanas
Tumbledown

 Demasiada sangre dió
Para hoy cambiarlo.
El Ejército de siempre,
¡Para siempre!

CARTA ABIERTA, AL DESNUDO

Lunes 26 de mayo de 2014 | Publicado en edición impresa

Por Carlos Pagni | LA NACION

Los intelectuales kirchneristas que se agrupan bajo el nombre Carta Abierta están por emitir un nuevo pronunciamiento, que ayer por la tarde ya circulaba por las redes sociales :



En un momento en que el género epistolar se ha vuelto un poco incierto, tal vez los autores formulen alguna desmentida. Sobre todo porque la declaración, titulada "Encrucijadas del futuro", tiene algunos pasajes de sospechosa comicidad.

Carta Abierta ha sido el grupo más perseverante en proponer un kirchnerismo que, superando la frontera del PJ, fuera capaz de encarnar una transformación basada en las consignas de la izquierda.


La importancia de esta declaración radica en que fue escrita cuando se ha vuelto evidente que esa ensoñación ha fracasado. Aunque no terminan de dar el brazo a torcer, los mismos autores admiten el problema: "El desafío es complicado -dicen- porque la desaceleración del crecimiento y las simpatías de algunos gobernadores y dirigentes del PJ por una candidatura moderada son las dos pinzas que dificultan una acción más decidida del Gobierno en la perspectiva de 2015". Cristina Kirchner pareció ayer contestarles al pedir, en la Plaza de Mayo, que "dejen de asustar a los argentinos" y al prometer que "el futuro llegó para quedarse".


El texto está organizado alrededor de dos núcleos principales. Un repudio de la candidatura de Daniel Scioli y una alarma frente a la amenaza de una "restauración conservadora" que, para estos escritores, siempre está por llegar.

Ricardo Forster

Es una pena que recién ahora Horacio González y su lugarteniente, Ricardo Forster, revelen su sentido del humor. En una advertencia preventiva, que parece dirigida a la Presidenta, aclaran que Scioli no será su candidato. Lo hacen con una fórmula que al gobernador le llevará tiempo descifrar. Comparan al "paciente motonauta" con el mítico Teseo, que, en esta versión, en vez de matar al Minotauro se transforma en él. Enredados en el hilo de Ariadna, estos filólogos porteños demuestran que frente a la mitología clásica tienen el mismo menosprecio por los hechos que frente a la mitología oficial. Para decirlo con su propio fraseo, constituyen "un espacio simbólico de fuerte contenido ficcional". Así, advierten que Scioli es un conservador repudiable después de haberlo postulado como vicepresidente de Néstor Kirchner en 2003, como candidato a gobernador en 2007 y 2011, y como aspirante a diputado en 2009, en una lista testimonial integrada por Sergio Massa que encabezó -para utilizar la nomenclatura de la Carta- "Viento Sureño". Quiere decir que a lo largo de la "década ganada" el Frente para la Victoria fue, al menos en lo que a Scioli se refiere, el responsable de una sistemática malversación electoral.


El mismo desapego por lo ocurrido aparece en las explicaciones sobre la gestión económica oficial. "La situación llevó a [..] devaluar la moneda" y "el Gobierno [..] se ha visto obligado a subir la tasa de interés". Es decir: la Presidenta no tuvo que tomar esas medidas forzada por una dinámica inflacionaria que se empeñó en menospreciar y cuyas consecuencias le habían sido advertidas durante más de cinco años. "El kirchnerismo toma decisiones constantemente acosado", se exculpa Carta Abierta. O, para seguir con la mitología, es como aquellos héroes homéricos que excusaban su conducta en la influencia irresistible de algún Dios. Como si fuera un movimiento adolescente.

Esta presunta Carta se vuelve más jocosa cuando despotrica contra los que "convocan a la guerra contra el delito, con un tono épico digno de mejor causa". Un párrafo que se podría esperar de Sergio Schocklender o Ricardo Jaime, no de abnegados profesores que meditan en la austeridad de una biblioteca.


La misma ironía asoma en la queja por la reinstalación de la doctrina de la Seguridad Nacional, expresada por los admiradores de un gobierno que confió el orden público al teniente coronel Sergio Berni y al teniente general César Milani. Estas incongruencias estimulan a la izquierda trotskista, que desde ayer comenzó a impugnar la declaración :


El desvarío central de esta supuesta Carta/16 es ignorar que la "restauración conservadora" no está por ocurrir. Ya comenzó. La lidera Cristina Kirchner. Y no por la férrea imposición de una crisis internacional. Al contrario: el kirchnerismo ha gobernado en un marco más que confortable, con los precios de las commodities por las nubes y una tasa de interés internacional bajísima. Si no pudo alcanzar sus objetivos es porque estaban mal pensados. Mientras se elaboraba el borrador de este nuevo manifiesto se pudo constatar una vez más ese desajuste entre las palabras y los hechos.

Daniel Poneman, el subsecretario de Energía de los Estados Unidos

Los grandes inversores ya no creen necesario esperar la llegada de un presidente "moderado" para interesarse en el país. Entienden que, atribulado por la escasez de dólares y la amenaza de un default, el kirchnerismo debió dar un giro hacia el mercado. Éste fue el sentido de la visita de Daniel Poneman, el subsecretario de Energía de los Estados Unidos, que llegó a Buenos Aires para abrir el camino a las empresas petroleras norteamericanas. Desde que Néstor Kirchner vapuleó a George Bush en el año 2005 el país no recibía a ningún funcionario de ese nivel. Poneman, un viceministro, fue agasajado por la Presidenta, algo que, hasta donde se sabe, no consiguió en Santiago de Chile, la otra escala de su gira. Allí se limitó a dialogar con el ministro de Energía y a confirmar que Michelle Bachelet visitará a Barack Obama a fines de junio.

Poneman fue recibido también por Axel Kicillof y por Julio De Vido, quien se reconcilió con los Estados Unidos después de las insultantes filtraciones de WikiLeaks ("tiene mugre en las manos", entre otras). Miguel Galuccio lo llevó a recorrer Vaca Muerta. Poneman percibió una gran cordialidad, coherente con la mayor urgencia de Cristina Kirchner: necesita que la Corte de los Estados Unidos acepte tratar el pleito con los holdouts y, además, que realice una consulta con el solicitor general Edwin Kneedler, un subordinado de Obama que defendería el criterio de no alterar las reestructuraciones soberanas. En otras palabras, defendería la posición argentina.

Para perplejidad de los redactores de la inminente Carta Abierta, envueltos siempre en la bandera del antiimperialismo, la preocupación de las autoridades energéticas de los Estados Unidos es que el acuerdo secreto con Chevron no obstaculice con prevenciones chauvinistas toda una corriente de inversiones. En otros términos: aspiran a que se entienda que ese pacto compromete una fracción mínima de Vaca Muerta y que se suscribió en circunstancias de excepción, cuando la propiedad de YPF era reclamada por Repsol, y cuando Chevron estaba amenazada por un megaembargo ecuatoriano.

La inquietud es comprensible. El Project Investment Agreement cerrado con Chevron es tan repulsivo para el nacionalismo del Gobierno que la Justicia no consiguió todavía hacerse de una copia. Fue firmado entre dos sociedades de responsabilidad limitada creadas ad hoc: Chevron Overseas Finance I Limited, radicada en Bermuda, e YPF Shale Oil Investment I LLC, radicada en el estado de Delaware. Entre ambas se pactó ceder los derechos del 50% de la concesión del yacimiento Loma Campana en favor de la Compañía de Hidrocarburo no Convencional, otra SRL puesta a nombre de dos empleados de YPF. Litigantes por perjuicios ambientales, abstenerse.


Para conocer el acuerdo principal la Justicia debería librar un exhorto en Delaware. El expediente en el cual la Cámara Federal ordenó investigar a la Presidenta sólo contiene una carta de intención y un inventario de las inusuales garantías a las que se obliga YPF SA a favor de la subsidiaria de Chevron. La empresa que dirigen Galuccio y Kicillof se comprometió a cubrir con fondos propios cualquier incumplimiento de la firma creada por Chevron, a proveerle los dólares que correspondan si por alguna razón la multinacional no accede al mercado cambiario y a garantizarle el precio internacional del producto, sin retenciones, en la eventualidad de que, por razones de desabastecimiento interno, la empresa no pueda exportar. El contrato se celebró bajo la ley de Nueva York, ante cuyos tribunales YPF renuncia a cualquier inmunidad soberana.

 Eduardo Basualdo ex director de YPF renunció en repudio al acuerdo con Chevron.

El economista Eduardo Basualdo se alejó del directorio de YPF antes de aprobar este arreglo. En cambio, Kicillof ni siquiera descolgó del sitio web del Ministerio de Economía su obsoleto Informe Mosconi. Extasiados en sus navegaciones literarias, los intelectuales de Carta Abierta acaso desconozcan estos documentos. Si, en vez de entretenerse con la mitología, leyeran la historia -el magnífico trabajo de Nicolás Gadano, por ejemplo-, advertirían que nunca el interés nacional resultó más traicionado que cuando la política petrolera se administró en nombre del nacionalismo.

FUENTE: 1 8 1 0 – BICENTENARIO – 2 0 1 0 Año 6   Nº 198 y  http://www.lanacion.com.ar/1694627-carta-abierta-al-desnudo

NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

¿ESTE FUE UN ACTO PATRIO O UN ACTO PARTIDARIO?

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LOS 29 DE MAYO...

Estimado Camaradas y Amigos:


El Ejército Argentino nació con la Patria, 4 días después del glorioso 25 de Mayo, hoy se conmemora el 204° aniversario de su creación por un un decreto de la Primera Junta, las milicias criollas ya habían tenido su bautismo de juego en1806 y 1807 cuando junto al pueblo repelieron las Invasiones Inglesas. Después, ya como Ejército Nacional participó en la Guerra de la Independecia, derrotando a España una de las potencias militares más grandes y ricas de esa época. A todos los integrantes y ex integrantes de esa prestigiosa Fuerza Armada, rendimos un emocionado homenaje y les decimos Gracias por regar con sangre criolla el suelo de 3 naciones de América y darnos la independencia!


Un párrafo especial para aquellos Camaradas fallecidos y a los hoy injustamente detenidos como  Presos Políticos y a sus Familias que los acompañan en vuestro sufrimiento.


Es válido recordar que un aciago 29 de Mayo de 1970, hacía su presentación en sociedad la organización terrorista Montoneros, secuestrando al señor Teniente General (R) Don Pedro Eugenio Aramburu a quién posteriormente cobardemente asesinaran en Timote –localidad bonaerense– el 1 de Junio del mismo año.


Hoy también se conmemora el 9° aniversario de la creación de la Unión de Promociones, organización que trabaja esforzadamente en el apoyo de todos nuestros Presos Políticos –sin distinción de Fuerzas- y el de sus abnegadas familias, luchando por la recuperación de la verdadera memoria completa, en el marco de la justicia y del irrestricto cumplimiento de la Constitución Nacional.

Muchos sucesos importantes ocurrieron en los 29 de Mayo, cosas que aún mantienen viva las llamas de la libertad, justicia y equidad… valores a veces ignorados y olvidados por una sociedad ingrata que desdeña a los hombres de su Ejército, quienes provienen del propio seno del pueblo argentino.

Rendimos un sincero homenaje a ellos y en su honor exclamamos muy fuerte: ¡VIVA LA PATRIA Y SU EJÉRCITO!

Sinceramente,


Pacificación Nacional Argentina
por una Nueva Década en Paz y para Siempre

miércoles, 28 de mayo de 2014

LA ARGENTINA INSOLENTE

En mi casa me enseñaron bien.

Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:
  • Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
  • Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.
Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.

No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas... Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.

Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”.

Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.

Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente...

La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible.

El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo.

Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.

Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite decir).

El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.

Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad.

En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.

Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.

Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa.

Y así creí que sería en la vida... Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado.

Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.

Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo.

Eso es lo que nos arruinó. LA INSOLENCIA.

Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes.

La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.

El mal de los Argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza.

La insolencia hace un culto de cuatro principios:

- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.

La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación.

La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira.

Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.

Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?

Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes?

Yo se lo voy a contestar.

PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.

Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros.

No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.

Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.

Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA.

Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.

Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa.

Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío.

Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.

¿A USTED QUÉ LE PARECE?

¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE?

Espero no haber sido insolente.

En ese caso, disculpe.

Dr. Mario Rosen(*)
(¿Sería muy insolente si le pido que lo difunda?)

FUENTE: http://resultoria.com/295/la-argentina-insolente-por-el-dr-mario-rosent/

(*) El Dr. Mario A. Rosen es médico, educador, escritor, y empresario exitoso. Tiene 63 años. Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr. Rosen & Asociados. Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educación Responsable para el Adulto. Ha coordinado estos cursos en Neuquén, Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fe, Bahía Blanca y en Centro América. Médico residente y Becario en Investigación clínica del Consejo Nacional de Residencias Médicas (UBA). Premio Mezzadra de la Facultad de Ciencias Médicas al mejor trabajo de investigación (UBA). Concurrió a cursos de perfeccionamiento y actualización en conducta humana en EEUU y Europa. Invitado a coordinar cursos de motivación en Amway y Essen Argentina, Dealers de Movicom Bellsouth, EPSA, Alico Seguros, Nature, Laboratorios Parke Davis, Melaleuka Argentina, BASF.