domingo, 9 de marzo de 2014

IDENTIDADES..."PEDID, Y SE OS DARÁ"


Miércoles, 4 de marzo de 2009

Por Horacio Ricardo Palma







Víctor Enrique Rei

Víctor Enrique Rei es gendarme. Está sentado hoy en el banquillo de los acusados.

Los dueños de la verdad, apropiados también de la justicia, lo acusan de quedarse con el hijo de los ex terroristas entrerrianos, Pedro Sandoval y Liliana Fontana.

El “niño hombre” supuestamente apropiado, se llama Alejandro. Y se lo promocionó como “Pedro Sandoval”, el nieto número 84 “recuperado” por Abuelas de Plaza de Mayo en Septiembre de 2.006.

Alejandro, sin embargo, además de ser una víctima de los violentos 70 de Argentina, entra en la categoría de “curiosidad”, pues las Abuelas de Plaza de Mayo ya lo habían “recuperado” y restituido en 1.988. No, no estoy delirando, es así.

Claro que en ese entonces, como los dueños de la verdad, (apropiados también de la justicia), afirmaban que los Sandoval - Fontana habían tenido una mujer y no un varón, la justicia les restituyó una hija con la velocidad de un rayo. Usted lo pide, usted lo tiene.

El caso de la restitución, devolución y restitución de los supuestos hijos de los entrerrianos Liliana Sandoval y Pedro Fontana, además de insultar la inteligencia, muestra a las claras el nefasto plan sistemático de las Organismos de Derechos Humanos de la Argentina para apropiarse de las identidades a cualquier precio.

Ahora, Víctor Enrique Rei está detenido. Y la historia lo ha llevado hasta el banquillo de los acusados. Frente a él, quien le habla al jurado es Chela Deharbe de Fontana, “abuela orgullosa”. Dice Chela ante el tribunal: “Los secuestradores usaban pelucas, robaron todo. Liliana se paró en la puerta y nos miró a todos. Dos años después un cura entrerriano le dijo a mi marido ‘sos abuelo de un varón, no te puedo decir nada’ y salió corriendo”… no se ría que el tema es serio aunque los testigos sean un chiste.

Un cura entrerriano le dijo “sos abuelo de un varón, y salió corriendo”. Interesante testimonio el de Chela. Pero mire qué curioso resulta hurgar en lo que Chela, la “abuela orgullosa”, calla…


LA INCREÍBLE HISTORIA DEL CASO SANDOVAL-FONTANA

Liliana Clelia Fontana, nacida en Viale, tenía 20 años; y Pedro Fabián Sandoval, de Nogoyá, tenía 33 y trabajaba como albañil, cuando fueron detenidos en 1.977. Y también en 1.977 Carmen Rivarola y Pepe Treviño, periodistas, tenían intenciones de adoptar un bebé. El 30 de mayo de 1978 recibieron formalmente la tenencia de una beba de pocos días de vida, y el 24 de octubre de 1979, el juez civil Mariano Grandoli les dio a los Treviño la adopción plena. Al llegar la democracia, Carmen Rivarola decidió ponerse en contacto con las Abuelas de Plaza de Mayo para tratar de averiguar si Juliana era hija de desaparecidos. La tele decía tantas cosas, contaba tantas historias de gente buscando gentes, que en enero de 1988 Juliana entró al hospital Durand de la mano de su mamá adoptiva para someterse voluntariamente al análisis de ADN. El 23 de junio del 88, los Treviño fueron informados de que el resultado indicaba que los padres biológicos de Juliana eran… ¿adivinen quiénes?, sí adivinó: Liliana Clelia Fontana y Pedro Fabián Sandoval. ¡¡Bingo!!.

Apenas se enteraron, los Treviño hablaron con "Abuelas" para encontrarse con la familia Sandoval-Fontana. Pero esso nunca ocurrió, porque el 24 de julio a la mañana, el juez federal de Morón, Juan Ramos Padilla los citó a todos en el juzgado. Y esa misma noche, con la celeridad de un rayo, resolvió que Juliana, de diez años, debía ser trasladada inmediatamente a la casa de los Fontana.

Los Treviño quedaron destruidos, no obstante apelaron a todos los recursos legales para que la Justicia les devolviera a su hija. Convocaron a una conferencia de prensa en su casa, y el martes 2 de agosto de 1988, Carmen Rivarola de Treviño se presentó con su abogado en el programa de televisión Tiempo Nuevo.

“Yo tengo que decir con todas las letras que Juliana NO es hija de esa pareja de desaparecidos, esto es tan grave, tan dantesco...”, dijo Carmen entre lágrimas.

¿Es decir que los abuelos no son abuelos?, preguntó Mariano Grondona

–“No. No lo son. Esto comenzó cuando en enero la llevamos a Juliana a hacerse el análisis de sangre. En marzo me llamó la señora Mariani, de "Abuelas", y me dijo (vea el lector la temeridad de los dichos de “la chicha” sobre algo tan científico como una prueba de ADN) que “esos análisis empezaban a aproximar a Juliana a esta pareja de desaparecidos”.

Carmen comenzó a sospechar de la veracidad de los dichos de las Abuelas de Plaza de Mayo, cuando leyó en los folletos oficiales de dicha Agrupación, que "el hijo de Fontana-Sandoval, había nacido en cautiverio a mediados de enero de 1978, y era varón”. Cuando los Treviño protestaron la fecha, les dijeron que “a lo mejor, su nena les pareció más chiquita porque estaba mal alimentada”. Y cuando protestaron por el sexo, la “chicha” Mariani les dijo que “habían descubierto que Liliana Fontana y Pedro Sandoval habían compartido calabozo mientras estaban detenidos, y esto daba la posibilidad de que ella hubiera perdido ese bebe por malos tratos, pero quedara nuevamente embarazada en agosto”. De esta manera, el nacimiento en mayo coincidía, y el sexo podría haber sido otro”.

Fue el juez Alejandro Sañudo, que había sustituido a Ramos Padilla, quien una semana después al 24 de julio, otorgó la tenencia de Juliana a los Treviño. Pero a pesar de devolverle a su hija, Sañudo acreditaba en su fallo el vínculo biológico que unía a Juliana con la familia Sandoval-Fontana. Recién en mayo de 1989 Carmen consiguió que la Cámara Federal ordenara otro análisis de ADN. En mayo de 1990, el nuevo estudio realizado en nuestro país, y confirmado en Estados Unidos y Francia, indicaba con absoluta certeza que Juliana no era hija de Liliana Fontana y Pedro Sandoval.

Carmen Rivarola dijo ese día en Tiempo Nuevo: “…Voy a repetir lo que pasó para que se entienda bien. En pocas horas, el ex juez Ramos Padilla basándose en una pericia que hasta el día de hoy los expertos no saben cuál es su verdadero alcance, y a pesar de que tenía en sus manos los medios para averiguar que había cuatro meses de diferencia entre el nacimiento del hijo de Liliana Fontana y el nacimiento de Juliana, decidió que ella era hija biológica de esa pareja. Nosotros dijimos que esto era imposible pero nadie nos creyó. Después de haber luchado un año y medio para un nuevo estudio del ADN, ahora no hay duda alguna de que Juliana no es hija biológica de esa pareja. Y, sin embargo, en este libro que Abuelas de Plaza de Mayo publicó en abril, cuando ya se sabía el resultado de las pericias, siguen hablando de Juliana Sandoval Fontana. Esto va a seguir sucediendo, y nosotros no tenemos medios para enfrentarlo porque la Justicia permite que las cosas continúen de esta manera. Por eso, a las Abuelas les pido, les ruego, que no tomen venganza con una criatura de doce años. Juliana no tiene nada que ver. No hay derecho a que la sigan manoseando así”.

Finalmente, el 13 de junio de 1990, la Cámara Federal de San Martín les reintegró la patria potestad a los Treviño.

No sabemos qué argumentos gritó Chela Deharbe de Fontana en aquellos años. Tal vez haya dicho que una monja francesa le dijo a su marido que había sido abuelo de una nena, y salió corriendo… vaya uno a saber.

MANIPULACIÓN DE DATOS GENÉTICOS

Lo cierto y lo preocupante, es la manipulación antojadiza de los datos genéticos que realizan en Argentina las Organizaciones de los derechos humanos.

Ana María di Lonardo es una de las genetistas más reconocidas de la Argentina. Se la pasó toda la vida estudiando e investigando. Científica de fuste internacional, fue una de las creadoras del Banco Nacional de Datos Genéticos, donde las Abuelas de Plaza de Mayo intentaron reunir las muestras de ADN de los supuestos 420 chicos “apropiados sistemáticamente” en los 70.

Pasaron los años, se realizaron intensas campañas, todo el Estado a disposición, pero resulta que 30 años después, el Banco Nacional de Datos Genéticos sigue incompleto. Por alguna razón, los supuestos familiares de los supuestos 420 chicos apropiados, nunca se han presentado para dejar en el Banco sus datos genéticos.

¿Desalmados?, ¿descreídos?... no creo. La opción más probable, es que el número de 420 chicos apropiados, número necesario (aunque no suficiente) para un supuesto “plan sistemático de apropiación de bebés”, sea una mentira.

Fue la mismísima doctora Di Lonardo la que tiró la primera piedra hace unos años. La reconocida genetista argentina se quejaba del apuro y las presiones de las Abuelas de Plaza de Mayo para obtener los resultados de ADN. Di Lonardo llamaba a la serenidad y la paciencia, sabiendo la complejidad de la labor técnica.

Y el idilio “genetista seria – Abuelas en apuros”, terminó el día que la doctora declaró al diario Clarín: “Hoy por hoy, el banco nacional de datos genéticos está incompleto. De los 420 casos de nietos a recuperar, sólo hay posibilidad de reconstruir la identidad de unos 100. Necesitamos hacer una campaña para que los familiares también se acerquen a dar su ADN". Bastó una verdad irrefutable, para que las Abuelas se comieran al lobo.

¿Imaginen quién salió públicamente a desmentir técnicamente a la genetista más importante de Argentina?... así es, Estela Barnes de Carlotto: “Lo que declara la doctora Di Lonardo es totalmente falso, en el banco de datos genéticos está toda la información de las familias que se necesitan”.
A la eminente genetista le dieron la jubilación, y desde entonces trabaja en su fundación científica… y la Abuela sabelotodo, tras desmentir a la científica, sigue regenteando en las sombras los datos del Banco Nacional de datos Genéticos su antojo.

SERIAS ACUSACIONES

Y hablamos de ADN, y volvemos entonces al caso Rei.

Declara Alejandro, el “niño hombre” supuestamente apropiado. Alejandro afirma en el juicio que el cepillo de dientes que secuestraron por la fuerza de su casa para extraer ADN, no era un cepillo suyo, sino que era un cepillo de su padre detenido, que él había traído de Campo de Mayo. Declara Alejandro además, que un secretario de la jueza María Romilda Servini de Cubría, le ofreció archivar su causa a cambio de 250.000 pesos…y declara también que la mismísima jueza le pidió: “Aceptá esta familia aunque sepamos que no son”.

Pobre Alejandro. Declara convencido de que el tribunal lo escucha. Ya caerá en la cuenta de la trampa. Más adelante. Por ahora, los que mañana le clavarán el puñal, lo adulan. Todavía les sirve.

Triste el periodismo argentino. El órgano oficial de difusión, el diario Página 12, publica una crónica del juicio. Pero no toma en serio las declaraciones de Alejandro, se mofa de Rei, el acusado por los Organismos de Derechos Humanos, minimiza las increíbles denuncias contra la justicia que vertidas en los distintos testimonios, y toma como serias, las historias increíbles y contradictorias de Chela, “la abuela orgullosa”.

Pero lo que Alejandro declara, eso que a la justicia le entra por una oreja y le sale por la otra, esa declaración de la que se mofan los periodistas adictos, y de la que ríen nerviosos los de las Orga de los derechos humanos de Argentina, no tiene nada de descabellado. De hecho, ya pasó antes en su mismo caso. Cuando la familia Sandoval Fontana juraba que buscaban a una nieta. Cuando la familia Sandoval Fontana se apropió de una nieta y la festejó como propia sabiéndola ajena.

EL CASO MANCUSO...O EL PAPELÓN DE LA CARLOTTO

Y pasó a fines del año pasado con la familia Mancuso. Con su mejor cara de piedra, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo tomó la palabra en la conferencia de prensa, y anunció la recuperación del nieto número 94. Flashes. Aplausos.

Durante 5 años, Carlos y Dora Mancuso estuvieron acusados de haberse “apropiado” de su propio hijo. El caso de los Mancuso es un caso que también quedará en los anales de los papelones de la justicia Argentina. Durante 5 años, la justicia los acusó de haberse apropiado de su hijo biológico. Aunque usted… no lo crea.

Como Carlos Mancuso fue piloto del Servicio Penitenciario en los 70, las “orga” de los derechos humanos de Argentina, inventaron una denuncia anónima sobre la supuesta apropiación de su hijo. Durante 5 años, a Carlos Mancuso lo trataron de: Apropiador, torturador, genocida, represor, integrante de grupos de tareas…durante 5 años, Jorgelina Azzarri de Pereyra, juró ser la abuela del hijo biológico de los Mancuso.

Los Mancuso sometieron voluntariamente a su hijo Ignacio a un examen genético en el Cuerpo Médico Forense, con la participación del Primer Centro Argentino de Inmunogenética (PRICAI-Fundación Favaloro). El análisis arrojó como resultado un lazo de sangre con sus padres, Carlos Ángel y Dora Ignacia Jiménez, del 99,9999999 por ciento. ¿Imaginen por qué objetaron las Abuelas de Plaza de Mayo dicho estudio?... efectivamente, porque el estudio no se había realizado en el Banco de Datos Genéticos (BNDG) que funciona en el hospital Durand, y de la que Abuelas integra la Comisión.

Pero hay un dato en el caso Mancuso, que demuestra hasta donde llega la manipulación de la justicia por parte de estas organizaciones Argentinas de derechos humanos: Mientras acusaban a los Mancuso de apropiarse del nieto de Jorgelina Azzarri de Pereyra en el Juzgado Federal nro. 5 del Dr. Oyarbide, paralelamente, impulsaban otra causa por el mismo nieto en el juzgado del Dr. Jorge Ballesteros.

Al final, el día que con bombos y platillos las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la “recuperación” del nieto número 94, el nieto de Jorgelina Azzarri, los Mancuso se enteraron por la televisión que el supuesto nieto de Azzarri era alguien investigado en el juzgado de Ballesteros, causa de la que ellos nunca tuvieron noticia. Los Mancuso no salían de su asombro. No entendían qué pasaba. ¿Cómo podía pasar?

Se quedaron además con esa sensación amarga que le queda a toda persona de bien que espera las disculpas sinceras de aquél que se equivocó.


Pero Estela de Carlotto no es de esa madera. No dijo una sola palabra. Anunció al nieto recuperado en el juzgado de Ballesteros… y apeló el sobreseimiento que el juez Oyarbide dispuso sobre los Mancuso. “No es de Azzarri, pero puede ser de otro”, dijo con soberbia la Carlotto.

SE VIENE...SE VIENE

Señores, las Abuelas de Plaza de Mayo se acercan con sus anuncios de nietos recuperados, a ese número fronterizo que es el número 100. La genetista más importante de Argentina, sostiene que en el banco de datos genéticos no hay material para mucho más. Claro que la doctora habla de rigor científico.

Pero viendo la manera impune como se manejan las “orgas” de derechos humanos en Argentina, más allá del rigor científico, y con o sin material serio para comparar ADN, las Abuelas de Plaza de Mayo tienen perfectamente delineado su “plan sistemático de apropiación de identidades”. Y hacia ahí van…