martes, 15 de julio de 2014

JUICIO A LOS MILITARES

Carta de lectores existe para que quienes nos leen puedan expresarse. Hoy, la señora Celina Orlando Amoedo Ramírez nos habla de los juicios de lesa humanidad


SALTA.- Acaban de condenar a cadena perpetúa otra vez al Gral. Menéndez. Una condena más, un juicio más, habrá que ver cual sigue en el calendario de los juicios de lesa, así los bautizaron, porque viene uno tras otro.

La justicia sigue enjuiciando a militares por la guerra llevada a cabo contra terroristas que intentaron, armas mediante, tomar el poder en el país.

Esa guerra que desató la locura en la década del 70, de haber sido ganada por los "jóvenes idealistas" nos hubiera convertido en otra Cuba. Otra Cuba como esa que escandaliza a las personas sensatas del mundo, con ciudadanos presos por pensar diferente, sin permiso para salir del país, mucho menos para expresar sus ideas, con acceso limitado a bienes básicos, que sólo permite bienes suntuarios para turistas o para integrantes del partido.


El Gral. Perón, siendo Presidente de la Nación, luego del intento de Copamiento del regimiento de Azul, ya había dicho al país que "Hechos de esta naturaleza evidencian elocuentemente el grado de peligrosidad y audacia de los grupos terroristas que vienen operando en la provincia de Buenos Aires..." y agregó, reclamando la acción de todas las instituciones de la República, que era necesario "poner coto a la acción disolvente y criminal que atenta la existencia misma de la patria y sus instituciones, que es preciso destruir antes de que nuestra debilidad produzca males que pueden llegar a ser irreparables en el futuro".

Esos dichos se referían a los mismos guerrilleros que fueron combatidos por los militares hoy juzgados.

Dr. Italo Luder

Ya en el año 1975, el entonces Presidente Provisional del Senado, a cargo del PEN, (el Dr. Italo Luder), junto con sus ministros, ordenó a la Fuerzas Armadas la aniquilación de aquellos terroristas que asolaban el país, esos mismos a los que se refería Perón.

Armas en mano asesinaban a sindicalistas, empresarios, políticos, civiles todos, además de oficiales de alto, mediano y bajo rango de las fuerzas armadas y de seguridad. Tampoco dudaron en asesinar a niños, adolescentes, soldados conscriptos y a otros integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad de las más bajas jerarquías. En el fragor del combate podían morir esposas e hijos también, y hasta llegaron a lavar el cerebro de algunos que atentaron contra sus propios padres y parientes, no importaba quien caía, siempre que los asesinatos les aseguraran dinero, armas o la necesaria propaganda.

Tampoco tenía importancia si quien cayera bajo su demencia asesina era uno de ellos mismos, también ajusticiaban a quien quisiera desertar. El único objetivo era el acceso al gobierno, ese único fin justificaba cualquier medio, cualquier forma, sin importar que existiera un gobierno democráticamente electo, sin importar que la realidad que los motivaba existiera sólo en sus afiebradas mentes.

Esas personas, lejos de ser enjuiciadas, hoy pueden ser encontradas en el congreso, formando parte del poder ejecutivo, o en el judicial, o en cualquier lugar en el cual, si este fuera un país con principios, tendrían el acceso a los cargos públicos vedado de por vida, o sencillamente estarían presos.

Pero, como bandera de eficiencia, salvo honrosas excepciones, jueces fallan  condenas en ráfaga a los militares, ajenas a los más básicos principios del derecho como la irretroactividad de las leyes, aceptando pruebas y testimonios inauditos mientras ignoran los hechos cometidos por los protegidos del gobierno, en realidad, los del gobierno también, los cometidos entonces y los de ahora, convirtiéndose así en la herramienta de la venganza guerrillera[1].



Hoy el poder legislativo dispone que el erario público premie económicamente a aquellos, que como los bravos conscriptos que en el regimiento 29 de Formosa defendieron nuestra bandera, aún hasta perder la vida, resistiendo el asalto de Montoneros, son ignorados y viven en el olvido y la pobreza; igual que tantos que como ellos vieron truncadas violentamente su vidas en tantos atentados cometidos por las llamadas bandas de delincuentes terroristas, sus deudos, muy humildes muchos, y ajenos completamente a lo que el gobierno de turno, los imperialistas yanquis y las multinacionales (que ocupaban  entonces el lugar hoy reservado a Magneto y a los medios hegemónicos) pudieran haber cometido, todos ellos pueden esperar unos años más antes de recibir una ayuda del estado; mientras Kunkel, Bonasso, Verbisky, el traidor Invernizzi y otros de esa misma estirpe merecen recibir un subsidio ya.

Mientras tanto, un jubilado no cobra lo suficiente ni para comprar remedios.

Mientras, algún integrante de la justicia olvida devolver los fondos que alguna vez el Estado le entregó en su carácter de persona desaparecida, pero que obviamente había aparecido para cobrar.

Mario Firmenich

Mientras, Firmenich y su cohorte, además de los integrantes del ERP que aún viven, deambulan libremente por el mundo y son tratados como héroes de la patria, esa patria que trataron de convertir en un gran campo de concentración, esa patria que regaron de sangre, matando cerca de 1.000 personas a través de casi 20.000 atentados.

No son mis héroes, para mí son lo peor que ha dado este suelo tan generoso de hombres y mujeres que ofrendaron su ida por la libertad y los que aún lo hacen, desde allá por las invasiones inglesas, siguiendo por la guerra de independencia, por los que nos salvaron de la locura de esas lacras que nos quisieron imponer un gobierno comunista, pasando por los bravos (e ignorados) de Malvinas, por las maestras que dan clase en las escuelas rancho, por las mujeres que mantienen comedores infantiles quien sabe cómo, por el médico de guardia en salas y hospitales públicos, por el albañil que va a la obra y no a hacer cola para cobrar subsidios, por el policía que se para en la esquina a protegernos.

Mientras tanto, sólo van a juicio militares, policías y civiles que evitaron que fuéramos otro territorio de ultramar de la Unión Soviética, viviendo como condenados, pero casualmente, los que iniciaron esa guerra, porque fue una guerra, así lo aceptó Firmenich, no una cacería de jóvenes inocentes, son libres y muchos de ellos siguen recibiendo prebendas del mismo Estado del que se quisieron apropiar.

La justicia se representa por una dama con los ojos tapados, para dar a cada quien lo que se merece, no uno sólo para castigar al políticamente correcto o al enemigo de turno.


Pero la nuestra es tuerta, ejemplos de ello descubrimos a diario, sólo hace falta abrir un diario, son tantos los casos (uno más escandaloso que otro) que ya perdimos la cuenta y la capacidad de asombro, mientras tanto, para crear una ilusión de estado de derecho se castiga al más débil, al que no reacciona, lo ponemos en los medios, los exhibimos como trofeos de caza, les negamos la mínima atención médica a gente que pasa los 70 años, así parece que actuamos, aunque muchos fallos no resistan el más mínimo análisis jurídico.

Volviendo al juicio del Gral. Menéndez, ahora difunde que existiría una carta enviada por Mons. Angelelli en aquella época al Nuncio Apostólico y, que aparentemente desenterrada ahora por el Vaticano, habría ayudado a demostrar la culpabilidad de los acusados y por ende a condenarlos. Dicen los medios que en ella el Obispo habría informado que era amenazado por militares; quiero creer que decía algo más, porque yo, que no tengo título en leyes y sólo cuento en mi currículum con un poco de cultura, sé que el menos hábil (por no decir el más inútil) de los abogados penalistas haría caer ese papel ya que de existir, y si ese es  el contenido, no prueba absolutamente nada.

Todos los días me pregunto qué podrían  haber hecho entonces, esos idealistas de haber podido alcanzar el poder por las armas, si habiendo sido votados pretenden ir por todo y hasta acá se apoderaron de mucho.

De lo que no tengo dudas, sobre nuestros gobernantes, legisladores y jueces, tan eficaces muchos en mostrar a diario una gran capacidad para hilvanar fracasos, escándalos y papelones de todo tipo, mientras desafían con malas artes al mundo, es que son lobos rabiosos que ya ni se gastan en esconderse bajo la piel de corderos.

Celina Orlando Amoedo Ramírez


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.



[1] La prevaricación, o prevaricato, es un delito que consiste en que una autoridad, juez u otro servidor público dicte una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial, a sabiendas de que dicha resolución es injusta. Es comparable al incumplimiento de los deberes del servidor público. Dicha actuación es una manifestación de un abuso de autoridad. Está sancionada por el Derecho penal, que busca la protección tanto del ciudadano como de la propia Administración. Para que este delito sea punible, debe ser cometido por un servidor o juez en el ejercicio de sus competencias.
La misión de los jueces es la de aplicar el derecho vigente al caso concreto. El ejercicio de esa función se denomina "jurisdicción". Es decir, la esfera o el ámbito en el cual se puede desenvolver un funcionario judicial. Cuando un juez se aparta voluntariamente de la aplicación del derecho al caso concreto comete un delito del derecho penal que se denomina prevaricato.