domingo, 14 de junio de 2015

EL FLAUTISTA DE HAMELÍN…


Estimados Amigos:

Un gusto agrio nos quedó en la boca después de leer la entrevista a Sergio Bufano efectuada por una periodista de La Nación.

Por haber ganado la guerra armada y luego de perder la llamada guerra de cuarta generación o guerra de acción psicológica, los miembros más jóvenes de las fuerzas legales que participaron en la guerra armada han sido perseguidos, investigados, algunos juzgados y condenados, otros aún en juicio o espera del mismo. Al igual que los jerarcas terroristas los oficiales de mayor jerarquía, especialmente el Teniente General Perón cuatro veces presidente de la Nación, han fallecido y no pueden asumir las responsabilidades. Las que asumieron en un determinado momento histórico… su lugar hoy es ocupado por quienes eran jóvenes oficiales, suboficiales, cabos y hasta soldados, también existen civiles; todos ellos en prisión y con más de 300 fallecidos en cautiverio.

Hoy más que nunca decimos que se acabe esta venganza encabezada por algunos miembros del poder de turno, seguidos por el resto de la población seducidos por el flautista de Hamelín… Es hora de concordia, reconciliación y justicia histórica, es hora de aprender de nuestros errores y el próximo presidente de la Nación convertirse en el estadista histórico que pacificó a la Patria. Una amnistía amplia y generosa que abarque a todas las personas involucradas en la lucha fratricida y también al personal judicial que posibilitó la parodia de los juicios de “lesa humanidad”, dejar de lado la soberbia, reconocer las equivocaciones y reparar los daños cometidos en pos de un futuro mejor y digno de ser legado a las generaciones que nos seguirán en el corto camino de la vida.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
por una Nueva Década en Paz y para Siempre


SERGIO BUFANO. "LOS GRUPOS ARMADOS NO ESCUCHAMOS EL LLAMADO A LA PAZ DE LA SOCIEDAD"

Por Astrid Pikielny  | Para LA NACION
  
Foto: Patricio Pidal/AFV

“Prefiero asumir las cosas que hicimos con todas sus consecuencias: las muertes, los asaltos y ciertas violaciones a los derechos humanos. Porque mantener secuestrada a una persona durante un mes en condiciones paupérrimas -no importa si era un banquero, un empresario o un militar- era una violación a los derechos humanos”.

Lo dice Sergio Bufano, periodista, escritor, militante de la izquierda en los 70 e integrante de las Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL), una organización de extracción marxista.

Bufano es codirector de la emblemática revista Lucha Armada en la Argentina y coautor, junto a Lucrecia Teixidó, de Perón y la Triple A. Las 20 advertencias a Montoneros (Sudamericana). El libro, de reciente publicación, desmonta dos mitos que circulan a modo de verdades: que Juan Domingo Perón fue totalmente ajeno a creación de la Triple A y que el Plan Cóndor, que coordinaba acciones represivas en el Cono Sur, comenzó después del golpe militar del 76.


Durante su exilio en México fundó, junto con otros intelectuales argentinos de origen marxista y peronista, la revista Controversia. Veinticinco años después, con un grupo de militantes e intelectuales de izquierda, crearon Lucha Armada, destinada a repensar críticamente -lejos de toda nostalgia y autocomplacencia- la relación entre política y violencia en la Argentina.

-¿Cuándo y cómo surge el mito de que Perón nunca tuvo nada que ver con la Triple A?

-A partir de la muerte de Perón empieza a moldearse el mito, la mentira, en realidad, de que Perón nunca había tenido nada que ver con la Triple A. Esa mentira tiene su origen en salvaguardar la imagen del general Perón, que en las primeras dos presidencias había logrado justicia social muy importante dentro de una democracia bastante autoritaria, pero que cuando vuelve crea un sistema político ya no autoritario, sino muy represivo.

-¿Quiénes construyen y alimentan ese mito?


-Lo construyen tanto la izquierda como la derecha. Para alguien que gritó “la vida por Peróny que, en muchos casos, dio la vida por Perón, es muy difícil reconocer que ese hombre al que admiraban se convirtió de golpe en alguien que los mandaba a matar. Para la izquierda peronista es un dolor grande hacerse cargo de eso. Y la derecha peronista defiende a Perón en todas las oportunidades que pueda y justifica el accionar de la Triple A. Nosotros tomamos doce meses clave en donde se demuestra la participación de Perón directamente en el crimen masivo que se comete: desde el 20 de junio de 1973, con la llegada de Perón y el tiroteo en Ezeiza, hasta el 1° de julio de 1974, el día en que Perón muere. No contabilizamos sólo los muertos, sino los actos de violencia que incluyen ir y ametrallar el local de los sindicatos clasistas, de los radicales o del Partido Socialista de los Trabajadores, que no tenían nada que ver con la violencia.


-También hay un limbo sobre algunos actos de violencia que no fueron firmados por nadie y que suelen ser atribuidos a la Triple A. ¿Cómo saberlo, no?

-Es imposible saberlo porque la Triple A no era una organización piramidal. Eran grupos que actuaban en forma dispersa. Existían cinco jefes de la Triple A, y los cinco fueron nombrados o ascendidos por el presidente Perón. Fuimos al Boletín Oficial y está la firma de Perón ascendiendo a (José) López Rega de cabo a comisario general y nombrando a (Rodolfo) Almirón, (Juan Ramón) Morales, (Alberto) Villar y (Luis) Margaride. Si los cinco jefes de la Triple A fueron nombrados por Perón con su firma, qué dudas caben.

-¿Por qué Perón impulsa y avala la creación de la Triple A? ¿Lo hace para perseguir opositores y resolver la interna peronista?


-Perón tenía el 62% de los votos y el radicalismo tenía alrededor del 30%. En total, más de un 90% de la sociedad votó en octubre del 73 por la paz y por la democracia. Y los grupos armados no supimos escuchar ese llamado que nos hacía la sociedad porque la aspiración de los grupos armados no era la democracia, sino la revolución. Ahí es donde Perón toma una elección equivocada porque contaba con el apoyo no sólo del 62%, sino de toda la sociedad. Contaba con todos los recursos que la Constitución le otorgaba para reprimir a los grupos armados con la ley. Pero a él se le escapa de las manos y recurre a esa estrategia de eliminar a los opositores, incluso equivocándose, porque autoriza a los sindicatos a salir a matar, y matan a gente del Partido Comunista que había apoyado a Perón y matan a militantes del Partido Socialista de los Trabajadores, que era una organización no armada, pacífica, que lo único que disputaban eran los sindicatos. Perón toma esa decisión funesta de reprimir sin utilizar la ley. Y además hubo una enorme hipocresía.

-¿Por qué lo dice?


-Tomemos el asesinato de Rucci por parte de la llamada izquierda peronista. Hay una situación muy curiosa que es la reunión en la que Perón recibe a todos los miembros de la juventud: están en la misma casa Roberto Quieto, Mario Firmenich y todos los dirigentes montoneros y también los miembros de la derecha, Julio Yessi, (Alberto) Brito Lima, (Alejandro) Giovenco. Montoneros dice: “Nosotros somos la mayoría en la juventud, nosotros seguimos su palabra” y mientras tanto, a un kilómetro de ahí, en otra casa, Montoneros está preparando el asesinato de Rucci. Mientras Giovenco y Brito Lima decían: “Nosotros somos los verdaderos representantes, queremos crear canchitas de fútbol”, ya habían registrado a quién iban a matar frente a cualquier episodio de violencia. Enrique Grinberg es asesinado 24 horas después de la muerte de Rucci como represalia. Perón sabía que ahí estaban concentradas todas las violencias, así que esa reunión es una especie de gran monumento a la hipocresía.


-El libro recoge las 20 advertencias de Perón a Montoneros. ¿Cómo las sintetizaría?

-En realidad es un solo mensaje que se repite con distintas palabras, pero intrínsecamente es “quítense la camiseta peronista, ustedes no son peronistas, afíliense al Partido Comunista, a los partidos socialistas, no usen más la camiseta peronista”. El último discurso tan hermoso, que dice “llevo en mis oídos la maravillosa voz del pueblo”, no es el último discurso. En privado, pocos días después, se reúne con los jerarcas sindicales y les dice: “Vamos a tener que aplicar un poco más de violencia”. Esa frase nefasta no es una advertencia, es una amenaza. Él, con los recursos constitucionales que tenía, ¿por qué no le dice a la Policía, al Ejército, que la Constitución les garantizaba que podían actuar? Una de las preguntas que nos hacemos es por qué elige a Isabel como vicepresidenta. El peronismo tenía cuadros importantes, desde Luder hasta Cafiero, cuadros que no eran montoneros ni cercanos a montoneros. Creemos que él la elige primero como una forma de “o soy yo, o no es nadie, acá se cierra un ciclo”.

-El kirchnerismo repone una mirada acrítica de los 70, con una juventud idealizada y heroica. ¿En qué medida eso ayuda u obtura la posibilidad de una revisión profunda sobre la época?


-Cuando empezamos con la revista Lucha Armada veíamos con temor y preocupación el hecho de que había muchos jóvenes que miraban con enorme agrado a la generación setentista: el heroísmo, el desprecio por la vida, el morir por la revolución y por ideales superiores. Eso nos preocupaba, primero, porque no es cierto y, segundo, porque no es un buen ejemplo. Al principio la revista produjo un terremoto. Era mirada con desconfianza por los que creían que era una revista nostálgica y era mirada con sospecha por viejos militantes que pensaban que nosotros estábamos tirando por tierra nuestra propia autoestima. Ahí se juega el tema de la traición: si vos criticás mucho a la guerrilla de los 70, estás en la cornisa y muy cerca de “traicionar los viejos ideales”. Después algunos se atrevieron a reconocer que nos habíamos equivocado y que tomar las armas había sido un error gravísimo. Y empezaron a escribir prestigiosos intelectuales, como Hugo Vezetti, Pilar Calveiro, Oscar Terán, Luis Alberto Romero.

-¿Temían que fueran considerados conversos?

-Exactamente. “¿Cómo van a criticar a los muertos si ellos no pueden responder?”, nos decían. Pero, ¿cómo se escribe la historia? Se escribe criticando a los muertos. ¡Claro que no pueden responder! Con ese criterio tampoco podríamos hablar de Napoleón, de San Martín, de Belgrano. Creo que la revista contribuyó a abrir ese camino de la mirada crítica hacia la guerrilla setentista. No éramos los únicos, por supuesto, había otra gente como Pilar Calveiro y Héctor Schmucler, que para mí son dos modelos de crítica al setentismo.

-También fueron acusados de actualizar la teoría de los dos demonios.


-Sí, ésa fue una de las principales acusaciones. Yo creo que acá no hay demonios ni ángeles. Lo que hay es una situación histórica. En los primeros tiempos, sobre todo en la transición democrática del alfonsinismo, todos éramos inocentes, víctimas de la dictadura. Eso tenía un motivo y tenía que ver con cierta estrategia jurídica en el Juicio a las Juntas. Nadie decía si era del ERP o de FAL.

-Una estrategia que incluía borrarles a los militantes su condición de actores políticos.

-Exactamente. Éramos víctimas. Y es cierto que además fuimos víctimas porque los militares tenían fuerza, tanques, aviones, cuarteles. Cuando las Fuerzas Armadas fueron perdiendo peso después de los últimos levantamientos recién entonces fue posible decir “nosotros actuamos en la guerrilla, tomamos las armas”. Hoy es posible decirlo sin que esta noche vengan a golpear la puerta y nos lleven presos.

-¿Qué le respondería a los que afirman que algunos miembros y jerarcas de las organizaciones armadas también deberían rendir cuentas de sus crímenes y del dolor producido ante la Justicia?


-La mayoría de los dirigentes están muertos. Ya no pueden responder nada sobre su responsabilidad en ese período. Ya no es posible exigirles ninguna respuesta. Podemos criticarlos, sin duda, y cuestionar sus decisiones. En cuanto a los que sobreviven me pregunto: Firmenich, Perdía, Vaca Narvaja, los que ordenaron una contraofensiva que culminó con la muerte de jóvenes que caían en las fronteras antes de entrar a la Argentina, ¿serán capaces de hacerse cargo de esa matanza, ocurrida mientras ellos se beneficiaban del exilio y actuaban como estrategas lejos del campo de batalla? Estoy convencido de que nunca lo harán, porque la soberbia les impide reconocer conductas que difícilmente puedan justificar. Un ejemplo es que todavía no se hacen cargo del crimen de José Rucci, a pesar de que todos sabemos que fueron los responsables.


-En su caso, ¿hay asunción de responsabilidad o además hay arrepentimiento?

-A mí no me gusta la palabra “arrepentimiento”. Yo soy ateo, no soy creyente. Al arrepentido lo vínculo con el dogma católico. Algo que es muy fácil además: voy, me confieso delante del sacerdote y me da la absolución, que es lo que hizo Videla hasta morirse. Prefiero asumir las cosas que hicimos con todas sus consecuencias: las muertes, los asaltos y ciertas violaciones de los derechos humanos. Porque mantener secuestrado a un personaje -no importa si era banquero, empresario, militar- durante un mes en condiciones muy paupérrimas era una violación de los derechos humanos.

-¿Cómo hacer una revisión crítica del pasado cuando, por un lado, hay una visión acrítica de los 70 y, por el otro, está el silencio de los militares que ocultan las listas de fusilados y el destino de los cuerpos?

-El año pasado declaré en la megacausa de La Perla, en Córdoba. El que me citó como testigo fue uno de los represores: (Ernesto) “Nabo” Barreiro, que quería que dijera si había habido guerra. Si hubo una guerra hubo dos contendientes y no hubo un Estado aplicando la represión sobre grupos armados de civiles. Lo que dije delante del tribunal es: “Si no se hacen responsables de lo que hicieron, ¿cómo se puede empezar a conversar sobre una posible reconciliación o amistad? Todavía hay chicos desaparecidos que viven y que fueron apropiados cuando eran bebés. Todavía hay familias que buscan los restos de sus hijos y ustedes saben dónde están”. Si yo un día tuviera poder de decisión sobre este tema, primero deberían decir dónde están los cadáveres y dónde están los chicos que todavía no saben que tienen una identidad falsa. Recién entonces podríamos empezar a conversar.

-¿Coincide con Cristina Kirchner cuando dice que ella es “el gobierno de los derechos humanos”?


-No. Si alguien ha boicoteado una causa tan noble como la de los derechos humanos es el Gobierno, a partir de algunas figuras muy particulares. Creo que Hebe de Bonafini es una de las que más daño le ha producido a la causa de los derechos humanos. Por todo lo que dice, por sus actitudes fascistoides, por sacarse una foto con Milani. Y que el Gobierno utilice una causa como ésa para hacer política creo que es un error, aunque le ha dado muy buenos resultados. Los juicios se siguen prolongando y muchos pueden ahora convertirse en adalides de los derechos humanos y levantar una banderita. Incluso muchos de los que en los ‘70, durante la época de Perón, estaban vinculados a la violencia estatal.

UN FUTURO POSIBLE, SEGÚN BUFANO

¿CUÁNDO COMENZÓ EXACTAMENTE EL PLAN CÓNDOR DE COORDINACIÓN DE LA REPRESIÓN?


Empezó en febrero del 74 cuando Perón era presidente. Se reúnen acá los principales oficiales de inteligencia para crear una acción común. No es el Plan Cóndor todavía -ese nombre se lo van a poner después en Chile-, es el proto Cóndor. Perón se reúne con todos los dictadores de la región: primero con Pinochet, después lo va a visitar a Stroessner, lo recibe a Banzer de Bolivia y a Bordaberry que era un títere de los militares uruguayos. Se reúne con todos y crean lo más tarde se va a llamar Plan Cóndor. En esa reunión se decide que hay que empezar a actuar ya mismo contra los grupos de izquierda, no sólo grupos armados, sino todos. Los refugiados chilenos que escapan de la dictadura en algunos casos son devueltos en la misma cordillera. En otros casos son detenidos acá en Ezeiza. Dos militares brasileños que escapan de la dictadura brasileña llegan a la Argentina, los detienen, los mandan a Brasil y los matan. La coordinación de la represión entre las dictaduras funcionaba perfectamente. Lo curioso es que este país tenía un presidente elegido democráticamente.

MANO A MANO

UNA VIDA MARCADA POR LOS AÑOS 70


La de Sergio Bufano, como tantas otras vidas de esa generación, parece marcada por los años setenta. Primero fue militante de FAL y luego, a partir de 1976, se integró al OCPO (Organización Comunista Poder Obrero) que tenía fuerte arraigo en los sindicatos en Córdoba y Rosario. Hoy lamenta esa decisión porque cuenta que él y sus compañeros eran más mesurados, propiciaban más la “propaganda armada” que enfrentamientos armados abiertos, con sangre. Su hermano, Miguel Ángel Bufano, delegado obrero de la fábrica Miluz y militante de Política Obrera, fue asesinado por la juventud sindical peronista, más precisamente por el sindicato del plástico entonces conducido por Jorge Triaca. Por esta causa ha declarado varias veces en la Justicia. Durante su exilio en México, participó de la fundación de la revista Controversia junto a Juan Carlos Portantiero, José Aricó, Héctor Schmucler y Oscar Terán, entre otros. De regreso al país, la mayoría de ellos se recicló en el Club de Cultura Socialista, una usina intelectual y política de referencia durante la transición democrática, cercana al alfonsinismo. Ha escrito cuentos, novelas, ensayos y artículos periodísticos. Y todos ellos sobrevuelan los setenta.



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.