domingo, 11 de octubre de 2015

ELECCIONES Y ÉTICA

En dos semanas los argentinos estaremos eligiendo un presidente o, al menos, sumando los votos para disputar un balotaje definitivo en noviembre.

Entre las pocas certezas que tenemos podemos citar que ya no habrá  que elucubrar si corresponde decir presidente  o presidenta porque todas las encuestas señalan que la puja se dirimirá entre tres varones: Daniel Scioli, actual Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y supuesto continuador de la saga del Frente para la Victoria y la revolución montonera inconclusa de Cristina Fernández de Kirchner; Mauricio Macri,  actual Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fundador del partido PRO y cabeza del  Frente Cambiemos que dice no tener ideología aunque todos asumen que es representante  de una centro derecha poco convencional y no muy convencida; y Sergio Massa, diputado nacional desde el 2013 en que logró frenar la embestida oficialista por la reelección y hoy es cabeza del frente UNA que aglutina a “kirchneristas” arrepentidos como él mismo (aunque cada tanto lo abandonan y vuelven al origen), peronistas ortodoxos y opositores  independientes.

Cuesta entender por qué Scioli marcha en primer lugar, sumando alrededor del cuarenta por ciento de los votos, mientras la economía se derrumba, la inflación se desborda, el déficit fiscal se dispara  y las condiciones de vida son paupérrimas, empezando por una inseguridad que aterra y un crecimiento del narcotráfico que ya nadie puede ocultar. Lo extraordinario de esa situación es que Scioli no es un “outsider”, ni mucho menos. Gobierna desde hace ocho años la provincia más grande  y potencialmente más rica del país y la deja con los peores números en todos los rubros, con un fracaso visible tanto en la  educación, como en la salud pública  y los índices de criminalidad y accidentes viales, con una infraestructura lamentable y una presión fiscal que no vuelve en servicios a los sufridos ciudadanos,  urbanos y rurales, que habitamos la provincia.

Lo más notable es que Scioli no solo suma votos entre los  ciudadanos que viven dependiendo de planes  y subsidios sino también entre grupos empresarios, sectores de clase media urbana y gremialistas e intendentes de puro cuño peronista, que tienen poco en común con las huestes “kirchneristas”.  La explicación de estas conductas es al mismo tiempo sorprendente  y lamentable. Todos ellos están convencidos de que Daniel Scioli, tan pronto sea elegido presidente, traicionará a Cristina Fernández  modificando su nefasto legado político, económico y cultural.

Es decir, que la esperanza de  un vasto sector de los argentinos está puesta en que su nuevo líder  y conductor carezca de principios éticos elementales y cumpla con rituales de deslealtad que encuentran justificables porque parecen representar los únicos caminos de acceso al poder. Lamentable, vergonzante y demoledor. La naturalidad con que se expresan y aceptan estos conceptos nos habla del grado de deterioro moral que afecta a buena parte de nuestra sociedad. “Así es la política” manifiestan como si fuera una verdad revelada cuando en realidad, la política en su concepción y en su ejercicio natural, debería ser una actividad de servicio en beneficio del bien común, compleja pero no ruin, rica en acuerdos pero no en traiciones, intrincada pero no indigna.
La victoria de Scioli representaría un gran problema para la Argentina más allá de las dificultades que enfrentará el protagonista. Si decepcionando a quienes lo votan esperando un gobierno racional continuara las políticas de su antecesora, el estallido económico inminente que caerá sobre su cabeza se traducirá en problemas sociales de imprevisibles consecuencias. Si rompe con el legado y encauza la economía declinante con medidas ortodoxas deberá enfrentar la furia activa de quienes se sentirán traicionados y tendrán a su disposición una masa crítica de legisladores y funcionarios judiciales y medios dispuestos a golpearlo y destruirlo. El dilema es de una magnitud tal que en sectores de la oposición se especula con la necesidad de tener que apoyar al futuro presidente, atacado por parte de su propia fuerza, para evitar escenarios de caos, sucesión forzada  y  regreso abrupto de los que se fueron. Roguemos y votemos pues, para que estos escenarios no se produzcan y que el próximo presidente  no provenga del Frente para la Victoria.

Las dos alternativas opositoras, justo es decirlo, no garantizan ni éxito ni futuro. Mauricio Macri, ha sido timorato y cambiante, dejando una imagen de candidato indeciso y a la defensiva. Su esperanza es ser “el hombre del mal menor” y acceder al poder con el voto útil de quienes están hartos de la insensatez “kirchnerista”. Sergio Massa, por su parte, ha lanzado después de las PASO una campaña con propuestas claras  y definidas, que recogen muy bien el sentir de buena parte de los votantes de la oposición pero lo ha hecho tarde y solo al quedar en un alejado tercer puesto lo que le ha negado la credibilidad necesaria  para modificar las posiciones del electorado. Ambos han cometido serias fallas como candidatos  lo que no significa que no puedan ser buenos gobernantes, pero sus propios errores han generado altas vallas para sus expectativas de triunfo.

En el presente escenario, Macri saca una luz de ventaja por su buena gestión en la Ciudad Autónoma, por ser el único de los tres candidatos que no ha formado parte del gobierno “kirchnerista” y por haber construido una fuerza política con una cierta estructura. Es previsible que en lo que resta hasta la elección se produzca una leve polarización, suficiente para forzar un balotaje  y dar una oportunidad a  los argentinos de elegir un gobierno de  un signo político distinto. Eso dependerá, por supuesto, de la habilidad, la inteligencia, la humildad y la capacidad de renunciamiento que exhiba CAMBIEMOS, si accede al balotaje, para proponer  un gobierno de coalición con un reparto de poder que seduzca a los dirigentes y votantes de UNA de origen peronista para que sobrepongan su interés por integrar un nuevo gobierno por encima de su seguimiento ciego a un escudo justicialista que ya representa solo “una cáscara vacía”, como dijera un gremialista, pero que sigue siendo una cáscara con gran capacidad para contener a los ambiciosos y renegados.

Una última reflexión merece la elección a gobernador  en la Provincia de Buenos Aires. Como habitante de ese distrito no puedo imaginar lo que significaría que un dirigente como Aníbal Fernández, quien manifestó a la Revista de la Cultura Cannabica (Año2/N°9/Abril 2008) que cuando la presidente le ofreció el cargo de Ministro de Justicia le planteó que uno de los tres temas en los que quería avanzar era el de la despenalización de la tenencia de drogas para consumo, pueda ser nuestro gobernador. Con esas prioridades no nos extrañan los resultados sufridos y nos aterra el futuro. Esa elección se define  el 25 de Octubre  y sin balotaje.

Aquí estamos pues una vasta grey de opositores, algunos que fuimos despreciados por los dirigentes de PRO cuando su soberbia triunfalista desbordaba y luego contactados cuando los números fríos mostraron la posibilidad del fracaso, dispuestos a apoyar el esfuerzo de CAMBIEMOS para llegar a un balotaje a través del “voto útil”. Estamos deponiendo justos resentimientos y tratando de pensar en una nación republicana en la que confluyan nuevas  y mejores ideas y personas, que reúna a conservadores, liberales e independientes. Con lo mejor de la centro derecha, la parte buena de los radicales y del justicialismo y el aporte de tantos técnicos y académicos independientes cuyo talento ha sido muy desaprovechado en esta tragedia de sectarismo y fanatismo militante que instauró el matrimonio Kirchner.

Hay una Argentina que espera la recuperación de sus instituciones, de su economía y sobretodo de una concepción ética que nos devuelva las pautas culturales y lo valores tradicionales que identifican a la verdadera argentinidad. Queremos recuperar la seguridad y la capacidad de Defensa que nos han arrebatado con la destrucción de la operatividad de nuestras Fuerzas Armadas. Queremos que cese la venganza montonera que se disfraza de justicia, para  juzgar y mantener encarcelados en condiciones indignas a una generación de militares que en su mayoría no tuvieron ni capacidad de decisión ni participación en los supuestos delitos por los que son llevados a los estrados judiciales. Queremos una Argentina en la que predomine la armonía y en la que los únicos que tiemblen al salir a la calle sean los criminales y los corruptos. El domingo 25 de Octubre, al depositar el voto en la urna y al arremangarse para cuidarlo, podemos empezar a construirla.

Juan Carlos Neves

Secretario General de Nueva Unión Ciudadana