Editorial I
Un proyecto propicia
una pensión vitalicia para quienes fueron detenidos a disposición del PEN entre
1974 y 1983, pese a que ya habían sido indemnizados.
Se encuentran
próximas a ser sancionadas dos leyes que han sido objeto de una insólita e
inexplicable negociación. Por una de ellas, se otorgará una merecida indemnización a los familiares de los soldados
y policías muertos durante el ataque montonero al cuartel de Formosa producido
el 5 de octubre de 1975, en pleno gobierno de Isabel Perón. Como una absurda
contrapartida, por otra ley, se concederá un pago mensual de por vida a quienes
fueron detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional entre 1974 y 1983 o
a sus herederos, pese a haber recibido ya una indemnización. Debe aclararse que gran parte de
ellos fueron detenidos durante los gobiernos constitucionales previos a marzo
de 1976 y que varios ocupan actualmente cargos de gobierno.
Dentro de los miles
de personas a quienes ahora se propone beneficiar en su calidad de "ex
presos políticos" se hallan muchos ex integrantes de organizaciones
terroristas, que ya fueron antes indemnizados con una elevada suma fija como
víctimas de la represión, por lo que ahora se les suma un nuevo beneficio.
Estarán en condiciones de cobrar una pensión mensual igual a la remuneración
asignada a la categoría D del escalafón para el personal civil de la
administración pública nacional, que duplicaría la jubilación mínima.
Mientras tanto, los defensores del cuartel de Formosa, que cumplieron su deber con la Nación, no recibieron nunca hasta ahora similar tratamiento. Estas víctimas de las organizaciones guerrilleras, como otras miles, han sido ignoradas en consonancia con el relato oficial que reprueba la "teoría de los dos demonios". Sólo se demoniza a quienes reprimieron -sea o no con métodos legales-, el accionar subversivo, mientras se exalta indebidamente a quienes iniciaron y llevaron a extremos la violencia, provocando la represión. Al mismo tiempo se ignora a las víctimas inocentes de la acción terrorista. Se impone la interpretación de que de un lado de la violencia hubo héroes y que del otro sólo hubo una intención anticipada y criminal de las fuerzas armadas de exterminar a quienes se resistían a supuestos designios deplorables de lucro y poder. Este relato ha sido y está siendo expuesto en el discurso oficial y forma parte de los contenidos educativos que se transmiten a las nuevas generaciones.
Buena parte de la
clase política teme, por un prurito impuesto por lo políticamente correcto,
rebatir el sesgo deformado de esa interpretación prevaleciente.
Las
acciones de los Montoneros y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en
los años setenta forman parte de la amnesia forzada de gran parte de una
generación de políticos, intelectuales y periodistas que vivieron aquella
época, que entonces repudiaban sus crímenes y ahora los ignoran. Se
omite convenientemente decir que el terrorismo actuó sin distinción contra
gobiernos militares y constitucionales, entre ellos los de Juan Domingo Perón e Isabel
Perón. También se omite decir que fue Perón
quien inició la represión ilegal.
Es así como ocurren
situaciones tan inexplicables como la larga negociación y las concesiones que
debieron hacerse para que se acepte una ley que indemnice a los deudos de
quienes murieron o quedaron inválidos en la defensa del cuartel de Formosa
durante un gobierno constitucional. Los atacantes, que fueron apresados por su
acción criminal y que ya recibieron una injusta indemnización, ahora tendrán
una pensión como ex "presos políticos".
Es hora de que sea revisada esta visión intencionalmente
deformada de la historia y se haga justicia con la verdad, no con la venganza. Si han de ser juzgados los crímenes
perpetrados en aquella guerra interna, deben serlo todos con la misma vara. Si hay imprescriptibilidad, la debiera
haber para los crímenes de ambos lados. Una visión equilibrada de la
historia contribuiría a un necesario acercamiento que nos ponga en el camino de
la superación del trágico pasado y de la reconciliación.
NOTA:
Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.
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