viernes, 28 de agosto de 2020

EL FUTURO DE LA ARGENTINA: ENTRE FANTASÍAS SENILES Y REALIDADES QUE NO QUEREMOS VER

27 de agosto de 2020.

Puede ser que Duhalde haya sacado de la galera el conejo de un posible golpe para distraer a la sociedad de la inminente reforma judicial sin tener en cuenta que en la infausta saga de las, según él, catorce “dictaduras militares” el partero de las dos primeras haya sido un coronel fascista que desde el olimpo de la mediocridad, deshonestidad e incompetencia que ha signado a la clase política argentina, aún sigue vigente en la cabeza de un pueblo al que esa misma ralea política ha hecho -para su propia conveniencia- miserable e ignorante. Tampoco es cuestión de dramatizar ante el miedo al pasado cercano, puede ser que esta aseveración, el posible “golpe militar”, sea solo una fantasía afiebrada producto de un cerebro que poco a poco se va esclerosando.

Farrell y Perón
Pero si las declaraciones de Duhalde sobre un “golpe militar” solo son producto de una febril imaginación, si debemos reconocer que hay una chispa de lucidez en tres frases de sus declaraciones: “No nos damos cuenta de lo que pasa en la sociedad, sobre todo en la sociedad pobre”; que va a llegar “una anarquía con olor a sangre” y, asegurando finalmente, que el panorama actual desembocará en una “guerra civil”.

Como es obvio, de ese rebaño de integridad enjuta que es la clase política argentina, salieron en patota a reprobar al “cabezón”. Desde Fernando Esteche y Cecilia Moreau, pasando por el “nobel” Pérez Esquivel, hasta los integrantes de ese conglomerado de inútiles que se llamó en su momento Cambiemos, todos tuvieron algo que decir; hubo un fenomenal torneo de twitts y declaraciones que en el fondo expresaban lo mismo: el miedo de esa rastrera chusma -en la que cada día es más difícil diferenciar entre moros y cristianos- a perder sus miserables canonjías algunos y sus abultados hurtos, otros.

En el fondo, con mayor o menor virulencia, todo dijeron lo mismo: “nunca más un golpe militar”, como si un golpe militar fuera el peor de los males en una republiqueta que ha hecho de la anomia una virtud en su inicuo juego de destruir instituciones, códigos y, por qué no, la constitución.

Hoy solo un imbécil, o un malparido que solo quiera llevar agua a su molino, puede minimizar el riesgo casi inminente de una guerra civil; las condiciones están dadas, a la grieta infame que desde 1983 se viene cavando en la Argentina, podemos sumar la desazón que crece en muchos que tenían sueños, ilusiones y esperanzas y que creyeron en los que accedieron en diciembre al poder, “devenidos en mejores”, podían arreglar la situación malsana de la república. Hoy se han dado cuenta que, mentiras por mentiras, ni volvieron “mejores” sino que, en un campeonato de perversos, le ganan al macrismo por diez cuerpos.

La endémica estupidez que aqueja a los argentinos hace que esta piara se movilice ante el anuncio de un posible golpe militar producto más bien de una fantasía senil que de realidades y soslaya lo que en realidad puede pasar en la Argentina: una guerra civil que venimos esquivando desde hace años. Los políticos creen que lo mejor ante esta desgracia terminal es jugar de avestruz y enterrar la cabeza en la arena, no ver lo evidente, escurrir el bulto ante lo obvio. Sería bueno recordarles que hay un precedente histórico sobre gestos como este: el 3 de julio de 1936 el primer ministro español, Santiago Casares Quiroga, decía, en declaraciones al diario británico The Guardian, “Hoy es imposible una guerra civil en España, ni están dadas las condiciones ni quienes atizan este delirio tienen la mínima posibilidad de concretarlo”. Quince días después se empezaba a contar el millón de muertos de la guerra civil.

José Luis Milia 

Non nobis, Domine, non nobis. Sed Nomini tuo da gloriam.

NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

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