lunes, 13 de febrero de 2017

VOS… ¿QUÉ LE DIRÍAS A HÉCTOR CÁCERES?


Por David Rey

Mírenlo bien. Qué dicen esos ojos. Qué dicen… Miren su peinado, sencillo, masculino, la juventud se resiste arrogante como un tallo fuerte en ese pelo negro. Y, claro, 29 años…

Miren su piel. Trigueña, tersa, limpia, impecable. No es un héroe cinematográfico de ojos azules, piel blanca brillante, ojos azules… Quizás la genética le haya depositado un lunar sobre el labio, quizás sea un defecto de la foto, no lo sabemos. No está en las películas. Está en tu país.

Su rostro, rectilíneo, firme, discreto… ¿Quién podría pensar mal de esa mirada, quién podría desconfiar?

Se llamaba Héctor Cáceres y nació en Río Negro en 1946. No murió de viejo, no se lo llevó alguna enfermedad ni su último suspiro fue… en algún accidente.

Amigos… se lo llevó la guerra. Sí, justamente… la puta guerra se lo llevó.

La puta guerra que hoy muchos se dan el gusto de negar, de disfrazar, de mentir y de ocultar (pero hoy, hoy no vamos a hablar de ellos. No valen la pena).

El Teniente 1° Héctor Cáceres, con especialidad en Comando y Paracaidismo, nació al sur del país y su último chorro de sangre lo vertió en el corazón de “su” país, Tucumán.

Murió en la guerra, sí. Murió por lo mismo que el General San Martín habría deseado morir: su Patria. Murió soñando. Murió con un quejido. Murió, quizás, queriendo decir algo.

Murió en la guerra, sí. Murió porque tenía un deber, y su deber estaba en sus ojos, en su mente, murió porque su terrible corazón pensó que no importaba morir.

Murió en la guerra, sí. Murió porque había algo más importante. Murió porque el hombre camina, sí… el hombre camina… pero primero hay otro que va marcando los pasos. Y él murió porque eso era lo que importaba.

Murió en la guerra, sí. ¡Por supuesto que murió en la guerra! Murió con un tiro traicionero. Murió acribillado por la espalda. Murió queriendo explicar algo.

Murió en la guerra, sí. Murió porque, ¡carajo!, alguien pidió ayuda… Y cuando alguien pide ayuda, ¿qué es lo que hace un argentino bien nacido?

¿Mirar para otro lado?

Murió en la guerra, sí. Pero no murió matando.

El Teniente Coronel Adolfo Richter nos cuenta que, tras haber sido herido en la espalda en el combate de “Pueblo Viejo” [1], en Tucumán, durante el Operativo Independencia, gritó:

“¡Cáceres, estoy herido!”.

Richter se habrá imaginado que Cáceres habría, entonces, de mitigar la acción del enemigo (soldados del terrorista Ejército Revolucionario del Pueblo) disparando desde su lugar, más como intimidación que para dar en el blanco.

Pero resulta que Cáceres vio en RichterCáceres vio a su propio país. A su Patria. Ahí, tirado, con un disparo en la espalda, estaba, quizás, su infancia en Río Negro, vio – lo tuvo vívido y sangrante – aquella concepción del mundo que nos enseña a ser hombres… cuando niño, vio a su madre reprendiéndolo con cariño, vio, quizás, los ojos orgullosos de su padre ante un logro eventual. Tal vez Cáceres vio lo que él quería ser cuando decidió hacerse militar.

Lo único que podemos asegurar es que Cáceres sintió que había algo MÁS IMPORTANTE.

Y resulta que Cáceres, entonces, no quiso disuadir al enemigo. Cáceres quiso abrazar aquello que veía… y que se estaba perdiendo.

Nos ha dicho el Coronel Richter que, una vez que Cáceres se arrojó sobre él, sola y exclusivamente para protegerlo del fuego enemigo, le espetó:

“Pero… ¡teniente! ¡Qué hace!”.

Las últimas palabras de Cáceres fueron:

“Tranquilo, ya te saco”.

El Coronel Richter, entonces, habría de pasar el resto de su vida en silla de ruedas, precisamente por aquel disparo enemigo. El resto de los disparos dieron todos de lleno contra el Teniente 1° Héctor Cáceres, muerto en combate como soldado del Ejército Argentino en plena democracia (1975).

Y dicen… que no hubo una guerra.

Héctor Cáceres tenía 29 años cuando murió. Cuando murió en la guerra. Cuando murió en la guerra donde no fue a matar, porque no murió matando sino que murió viviendo. Murió salvando una vida, nada menos. Murió para salvar una vida.

29 años, tenía.

¿Cuántos hombres hay, hoy, de esa edad que no tienen ni idea de que Héctor Cáceres murió por ellos? Sí, sí… murió por ellos. Porque el país por donde hoy la juventud transita, el país donde hoy cada uno de nosotros puede pensar y decir lo que se le antoje, el país donde HOY uno puede soñar y forjar un destino… ¡Sí, carajo! ¡Es el mismo país que defendió con su vida el Teniente 1° Héctor Cáceres! ¿O se piensan que le deben este país al Hada Madrina? ¿O se piensan que hoy ha sido “gratis”?

¿Se han puesto a pensar, alguna vez, qué sería de nuestro país (que no sería nuestro) si los ejércitos terroristas hubieran tomado el poder tal cual se lo propusieron?

Solamente les voy a decir una cosa: Mario Roberto Santucho, el máximo jerarca del ERP (el mismo ejército terrorista que hirió de muerte a Cáceres y dejó lisiado a Richter), decía que en Argentina había que matar a un millón de personas.

¿Te parece que hoy vos podrías pensar como pensás si Santucho hubiera logrado vencer al Ejército Argentino?

Y te digo una cosa más, para que te quede claro…

Héctor Cáceres también era argentino, y murió en la guerra. Se lo llevó la guerra.

¡Hoy nos hablan contra los militares… y se llevaron a los mejores! ¡Mataron a los mejores!

¡Murió en la guerra, sí! ¡Murió, carajo, porque a este país no lo toca nadie y porque por este país uno da la vida!

¡Murió en la guerra, sí! ¡Murió por lo que lo más importante que existe en la vida es vivir en libertad!

¡Murió en la guerra, sí! ¡Murió porque no pensó lo que vos ibas a pensar cuarenta años después, murió para que absolutamente nadie te diga cómo carajo tenés que pensar!

¡Murió en la guerra, sí! ¡Murió porque el Teniente 1° Cáceres quiso ser como vos, COMO VOS!

¡Murió en la guerra, sí! ¡Murió porque el General San Martín marcó los pasos y alguien se los quiso borrar!

¡Murió en la guerra, sí! ¡Murió queriendo decir algo, murió queriendo…!

¡Murió en la guerra, sí! ¡Murió porque quien dio la vida por su Patria, murió con su sangre calentándole la piel del lado de afuera, MURIÓ PORQUE VOS SOS EL ENCARGADO DE DECIR SI MURIÓ COMO UN PERRO O MURIÓ COMO UN HÉROE!

Nos dice Richter:

“Le encajaron un balazo. Escuché un pequeño quejido y se quedó inmóvil. Había muerto“.

Murió en la guerra, sí. Y murió de dolor. Pero quizás, quiso decir algo.

Lo último que dijo el Teniente 1° Héctor Cáceres, antes de morir, fue:

“Tranquilo, ya te saco”.

Murió acribillado a balazos. Salvó, de este modo, la vida de un camarada.

Y no está en las películas. Está en tu país. Igual que vos.

Si hoy Héctor Cáceres viviera quizás estaría detenido, como lo están 2 mil Presos Políticos Argentinos en distintas cárceles de este país.

Héctor Cáceres dio su vida porque no miró para otro lado. Había algo más importante. Quería ser como vos.

Vos… a los Presos Políticos Argentinos, ¿les esquivás la mirada o, con fuego en tu corazón, te animás a decirles…?:

“Tranquilo, ya te saco”.




[1] El primer enfrentamiento con el ERP tuvo lugar en Río Pueblo Viejo el 14 de Febrero de 1975.

SINCRONÍA Y COHERENCIA


Mientras buena parte del mundo se desangraba en la feroz contienda que se recuerda como la Segunda Guerra Mundial, la Argentina se mantuvo en una oportuna neutralidad que le permitió nutrir sus arcas de valiosas divisas pero que le valió la animadversión de los EUA y muchos de sus aliados. Ya cuando la guerra estaba definida se le declaró la guerra a Alemania para no quedar afuera de los últimos lugares en el festín de los vencedores.

La sincronía, esa condición en que los fenómenos  o circunstancias coinciden en el tiempo y en el ritmo, no ha sido precisamente  una virtud de la política exterior argentina en nuestra historia. Nuestro país enfrentó la guerra sucia de la subversión justo cuando el gobierno estadounidense de James  Carter había hecho una política de estado de la cuestión de los derechos humanos  y designado  a la activista Patricia Murphy Derian en la Secretaría que trataba esas cuestiones. La guerra de  Malvinas estalló durante la presidencia de Ronald Reagan, cuya prioridad era el enfrentamiento con la Unión Soviética para lo cual contaba como principal aliado con Gran Bretaña, nuestro oponente en el campo de batalla.

La presidente Cristina Fernández eligió una política de aislamiento en el momento de mayor auge de la globalización y concedió un enorme poder en su gobierno a los resabios de las organizaciones terroristas  del ERP y Montoneros, mientras el mundo occidental asumía al terrorismo como su principal flagelo. Su sucesor, el presidente Mauricio Macri, intentó ponernos en sincronía con el mundo globalizado pero a pocos meses de iniciar su mandato asumió el gobierno de los EUA el empresario Donald Trump que llegó postulando políticas de cierre de fronteras y proteccionismo comercial. Simultáneamente, partidos con ideología nacionalista han comenzado a proliferar en Europa y una inédita  ola de recelo amenaza con debilitar a la Unión Europea de la que recientemente  se retiró el Reino Unido (Brexit).

Nuestra falta de sincronía puede ser originada en la mala suerte, en nuestra posición geográfica excéntrica o en el proverbial desprecio de nuestros gobiernos por  los estudios estratégicos y los análisis proyectivos y prospectivos de largo plazo. Cualquiera sea el origen, lo cierto es que el actual gobierno trata de adaptarse a la nueva situación intentando aprovechar las oportunidades que abre el renovado panorama internacional pero al costo de tener que cambiar la política prevista y planeada  para adoptar políticas oportunistas. Como en muchas otras áreas.

Si en el ámbito exterior hay problemas de sincronía, en el interno los obstáculos surgen por el lado de la coherencia. Ser coherente implica lograr una relación lógica entre las políticas o sus partes, de modo que no haya  contradicción ni oposición entre ellas. El actual gobierno tiene el pecado original de jactarse de no tener ideología. Probablemente supone  que ello lo eximirá de ser acusado de contradictorio o que así no aleja “a priori” a ningún potencial votante, pero el precio que paga es presentar un perfil errático, impredecible y jalonado cada vez con más frecuencia por renuncios y retrocesos al ser confrontado, que hacen dudar de su firmeza y de su convicción.

Cuando llegamos a este punto en que el análisis nos lleva a la crítica tenemos siempre la obligación de mencionar que la alianza Cambiemos, liderada  por Mauricio Macri,  tuvo la enorme virtud de estructurar un poder capaz de derrotar al oficialismo “kirchnerista” que  nos llevaba por un camino de destrucción nacional e institucional. Una corrupción rampante, una desembozada tendencia a empujarnos por los oscuros terrenos del socialismo chavista del siglo XXI, alentado desde el Foro de San Pablo y una siembra de odio y de enfrentamiento entre argentinos que  nos conducía por un camino de violencia, eran parte de los peligros que se cernían en el horizonte si lograban la continuidad de su perverso proyecto. Pero reconocido esto, ahora llegó el momento de los ganadores de gobernar bien y, mientras tanto, cada ciudadano tiene  el deber de comprometerse, los medios tienen la obligación de criticar y denunciar lo que corresponda y quienes participamos en política tenemos además el mandato de proponer alternativas y modelos superadores para evitar la repetición de errores.  En eso estamos.

En materia económica la falta de coherencia es uno de los factores claves que dificulta la recuperación esperada. El gobierno propone simultáneamente medidas que restringen y que incentivan el consumo, que ponen dinero en el bolsillo de unos mientras lo quita de otros, sea intentando limitar las paritarias o sosteniendo esquemas de  impuestos al ingreso personal.

Se fija una pauta ambiciosa de inflación presupuestaria del 17 por ciento pero en todo lo que depende del gobierno nacional y los gobernadores de Cambiemos, sean servicios, peajes o impuestos, los aumentos tienen un piso superior al 30 por ciento. El ciudadano común se pregunta lícitamente porque si el gobierno produce aumentos de más del 30 por ciento, las paritarias  no deben superar el 20. Si la pauta de  inflación era del 17, este número debería ser sostenido como un mantra por  toda la administración pública o aceptar el escepticismo y el descreimiento.

Las contradicciones en materia económica llevan a hacer dudar de que realmente exista  un plan integral y para nada ayuda la inexistencia de una figura en el área económica que tenga representatividad. El gobierno expulsó quirúrgicamente del gabinete  a los economistas que tenían un perfil propio. Ahora el gabinete se ha transformado en un conjunto de funcionarios  de bajo perfil y poca expresión pública, formando un equipo que tiene un único jugador, el presidente Mauricio Macri, lo cual constituye una nueva contradicción  entre la palabra y la acción.

También nos disgusta la postura gubernamental en las cuestiones referidas a la soberanía, Malvinas y la defensa nacional, así como la falta de voluntad para asumir la necesidad de acabar con las injusticias y los abusos en los temas vinculados a los derechos humanos y el terrorismo de la década del setenta.

Cuando los asesores gubernamentales de mirada estrecha se sorprendieron con las repercusiones populares del desfile de las Fuerzas Armadas y de los veteranos de Malvinas en la festividad del bicentenario, supusimos que además de llamar de  apuro al presidente para que no quedara afuera del festejo habrían tomado nota del peso que para el argentino medio tienen las cuestiones vinculadas  a la soberanía y los sentimientos patrióticos. Sin embargo, la política de concesiones unilaterales al Reino Unido que no contempla la discusión de la soberanía en el tema Malvinas sigue inalterable, consolidando el “status quo” británico, abaratando los costos de explotación de los recursos usurpados y llevando a suponer que existen intereses superiores y desconocidos que están por encima del sentido común y de la voluntad popular de los argentinos.

Los planes integrales  de reequipamiento de las debilitadas FFAA brillan por su ausencia y las compras aisladas que se anuncian y no se concretan, apuntan a  buques auxiliares, aeronaves de entrenamiento y unidades logísticas y de transporte. Todo ello es útil pero la defensa de la nación, que es la función primaria de esas  fuerzas, requiere de medios de combate y de proyección del poder militar, de  misiles, torpedos y munición. Esto no es agresividad. Es citar lo  necesario para ponernos a la altura de los países de la región y recuperar las capacidades perdidas. Lo demás, todo lo demás, es subsidiario.

Finalmente, corresponde citar la conmoción que produjeron las declaraciones del funcionario Gómez Centurión, militar retirado y veterano de Malvinas que al ser preguntado sobre el tema de los desaparecidos durante el gobierno militar expresó sinceramente su verdad.  Una parte de sus expresiones resulta irrefutable aun para sus más estridentes críticos y es la referida a la falsedad del número de 30.000 desaparecidos, mentira cuyo propio autor reconoció y explicó en la necesidad de conseguir fondos y motivar a la opinión pública internacional. La sinrazón de pretender mantener la mentira con el argumento de que es un número “simbólico” ha sido sostenida hasta por funcionarios como el Secretario de Derechos Humanos, Claudio Bernardo Avruj, avergonzando y denigrando al estado de derecho que debe apoyarse en pilares como la transparencia y la verdad. Lo positivo de las declaraciones de Gómez Centurión es que desencadenaron un debate oculto y prohibido por el poder de la izquierda y sus cómplices mediáticos. Se pudo hablar de las víctimas del terrorismo, negadas por décadas, de los crímenes de las bandas terroristas y de la guerra que impusieron al Estado. Es un debate que recién ha comenzado y que debe darse en toda su amplitud. Mientras tanto, el gobierno es cada día más responsable por la violación de los derechos humanos de los militares detenidos por tiempos que quintuplican lo normado en los códigos procesales y mantenidos en prisión en edades y en condiciones de salud que  los llevan  a muertes anticipadas e inexorables. Estos no son temas menores. La muerte nunca lo es. Y un  Estado que  viola los derechos humanos de los acusados por violar derechos humanos constituye el colmo de la contradicción. Un verdadero oxímoron.

Las próximas elecciones serán presumiblemente en Agosto. Estamos trabajando para tratar de conformar un frente independiente de centro-centroderecha que esté por encima de la antinomia “kirchnerismo-antikirchnerismo” y desde el que se discutan los grandes problemas nacionales  con una visión patriótica y republicana que anteponga los grandes intereses nacionales a los requerimientos coyunturales, con la firmeza que la difícil situación nacional exige y con una visión sincrónica y coherente. El tiempo dirá si lo lograremos pero la voluntad  y el esfuerzo están ya en acción, pensando en el futuro y en nuestros hijos y nietos.

Juan Carlos Neves
Secretario
Nueva Unión Ciudadana

FALLECIÓ OTRO PRESO POLÍTICO


Estimados Amigos:

A través de la Unión de Promociones hemos tomado conocimiento que lamentablemente el domingo 12 de Febrero de 2017 falleció el señor Coronel (R) Carlos Andrés Stricker (Comunicaciones - Promoción 87 - CMN), injustamente detenido como  Preso Político.

Consecuentemente, ya son 392 (trescientos noventa y uno) los fallecidos, pertenecientes a todas las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Policiales, Fuerzas Penitenciarias y Civiles; en el marco de este proceso de persecución, venganza y exterminio, donde SE CONTINÚAN REPITIENDO en forma sistemática infinidad de irregularidades jurídicas, instrumentadas en el ámbito de una justicia prevaricadora.

Debe destacarse que del total de Presos Políticos que han fallecido, 51 (cincuenta y uno) decesos se han producido desde el día 10 de Diciembre de 2015.

Expresamos nuestras sentidas condolencias a todos sus familiares, allegados, compañeros y amigos, rogándole al Señor, les conceda pronta y cristiana resignación.

Dadas las avanzadas edades y estados de salud de los Presos Políticos en la Argentina, estas lamentables noticias son cada vez más seguidas. Una vez más levantamos nuestra voz hacia el poder de turno, no pueden continuar con esta matanza selectiva… es su obligación como presidente de todos los argentinos garantizar el debido proceso, la igualdad ante la ley, brindar asistencia sanitaria adecuada y por sobre todo lograr la unión de la sociedad para superar las antinomias que después de casi 205 años aún nos mantienen divididos. Es hora de sin odios, ni venganzas, es hora de una mirada superadora. ¡BASTA!

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva

por una Nueva Década en Paz y para Siempre

LESA HUMANIDAD


Encuentro plausible que el programa Intratables haya convocado a las señoras Victoria Villarruel y Silvia Ibarzábal para que pudiesen alegar en favor del reconocimiento a las víctimas del terrorismo subversivo de los años 70. Ambas lo han hecho con claridad, altura y serenidad. Ello contrasta con la actitud de algunos panelistas, que han presionado para que tanto Villarruel como Ibarzábal señalasen como asesinos a los miembros de la junta militar que asumió en 1976, como si la validez del alegato dependiese de ese señalamiento. Adicionalmente, los periodistas que componen el panel insisten en afirmar con notoria ignorancia que los delitos de lesa humanidad sólo pueden ser cometidos por agentes del Estado y no por los guerrilleros. La la ley 25.390 del 8/1/01 que aprobó el Estatuto de Roma define en su artículo 7 los que denomina "crímenes de lesa humanidad". Luego de tipificar los actos delictivos, la norma, en su punto 2, agrega: "Por ataque contra una población civil se entenderá una línea de conducta que implique la comisión múltiple de actos mencionados en el párrafo 1 contra una población civil, de conformidad con la política de un Estado o de una organización de cometer esos actos o para promover esa política".

Consecuentemente, las organizaciones terroristas (ERP, Montone-ros, FAR, FAP y otras) cometieron delitos de lesa humanidad.

Eduardo P. Ayerra
DNI 8.254.636


DÍA DE LA MEMORIA


El editorial "La discusión por el Día de la Memoria", del martes pasado es el aporte más importante que se ha hecho sobre el tema hasta la fecha. Es la primera vez que leo una crónica absolutamente veraz sobre lo ocurrido. Las organizaciones guerrilleras secuestraban y mataban gente con el objeto de pedir rescates o directamente para eliminar rivales políticos representativos de todas las actividades del país. Era evidente que querían derrocar al gobierno constitucional y crear una dictadura al estilo del "castrismo cubano". El Congreso trató por todos los medios de lograr una salida constitucional a un gobierno indefenso, sin autoridad. Toda la opinión pública e incluso los miembros de los más importantes partidos políticos urgieron al Ejército para que se hicieran cargo de la situación.

Los felicito por haber publicado la verdad histórica.

José Norberto Allende
DNI 4.248.609


domingo, 12 de febrero de 2017

LA HISTORIA QUE NADIE QUIERE VOLVER A OÍR

Por Jorge Fernández Díaz

"Desde octubre de 1975, bajo el gobierno de Isabel Perón, nosotros sabíamos que se gestaba un golpe militar para marzo del año siguiente. No tratamos de impedirlo porque al fin y al cabo formaba parte de la lucha interna del movimiento peronista." La frase pertenece a Firmenich, es una admisión pública de que la conducción de "la juventud maravillosa" prefería los militares de la dictadura a la represión ilegal de su propio partido y también de que hasta entonces los 70 eran leídos principalmente como una monstruosa interna armada entre "compañeros". Se trata de una confesión periodística, y por lo tanto algunos kirchneristas folklóricos podrían aducir que es otra mentira de la prensa hegemónica. Hay un problema: el periodista que entrevistó entonces a Firmenich era Gabriel García Márquez, y consta en la página 106 de su libro Por la libre.

La flagrante falsificación de la historia de aquellos años fue anterior al kirchnerismo, y en esa operación cultural de la negación estuvimos casi todos involucrados. Mi generación anhelaba el enjuiciamiento de los terroristas de Estado que a partir de 1976 habían organizado una cacería repugnante, y fue entonces porosa a la idea de no revolver la prehistoria para no justificar a los represores, cuyo plan sistemático ya está en los anales de la aberración universal. Raúl Alfonsín, con su mira en la gobernabilidad, tampoco quiso ir a fondo con las responsabilidades que le tocaron al peronismo. Cualquier crítica a la guerrilla era galvanizada bajo el insulto de "la teoría de los dos demonios", y así fue como con el correr de los años se instaló una serie de mentiras inconmovibles: Perón nada tuvo que ver con la Triple A ni con la criminal escalada contra la izquierda peronista, y murió perdonando a los que mataron a Rucci; las acciones de su secretario privado, su esposa y sus amanuenses sindicales y políticos fueron independientes, fruto de sus propias iniciativas. Y los setentistas eran pibes tiernos que dieron su vida para cambiar el mundo y además lumbreras de la política nacional.

Durante doce años, los Kirchner no hicieron más que montar una siniestra glorificación de aquella "gesta", mientras impulsaban algo necesario: el castigo judicial a los responsables del Proceso. Hoy la inmensa mayoría de esos jerarcas están condenados y asoma por primera vez la posibilidad de un revisionismo sin miedos ni prohibiciones.

Marcelo Larraquy, un historiador incontaminado de cualquier narrativa de encubrimiento, prepara un libro monumental sobre la violencia política y ya anticipó en Los 70, una historia violenta algunos datos que habían sido cuidadosamente sustraídos de la memoria. No sólo demuestra las demenciales y homicidas faenas de la JP montonera y las ideas calamitosas de una camada que siempre se ha autoproclamado como la más brillante del siglo XX, sino que pone el dedo en la llaga al recordarnos qué hizo Perón cuando se le rebelaron.

La primera reacción ocurrió el 1º de octubre de 1973. Dictado por su propio líder, el Consejo Nacional del PJ elaboró un documento que decía: "El Movimiento Justicialista entra en estado de movilización de todos sus elementos humanos y materiales para enfrentar esta guerra. Debe excluirse de los locales partidarios a todos aquellos que se manifiesten en cualquier modo vinculados al marxismo. En todos los distritos se organizará un sistema de inteligencia al servicio de esta lucha". Quien firmaba el texto era a un mismo tiempo presidente electo y máxima autoridad del órgano partidario.

A partir de su directiva comenzó un impiadoso operativo de "depuración", que consistió en una feroz persecución de los "infiltrados". Perón obligó al justicialismo a entrar en combate y delación, dio luz verde para que el sindicalismo ortodoxo hiciera "tronar el escarmiento" y batallara a sangre y fuego al gremialismo clasista en las fábricas, instruyó a López Rega para que armara un grupo parapolicial dentro del Estado; le dio amplios poderes al comisario Alberto Villar, que llevaría a cabo la represión ilegal, y ascendió a los hombres fundamentales de lo que sería la Triple A. Enseguida sobrevendrían la primera lista de "condenados" a muerte y los atentados con metralleta y explosivos, y una serie de golpes destituyentes a gobernadores legalmente elegidos en las urnas, pero con simpatías por la Tendencia Revolucionaria: Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta y Santa Cruz.

Perón tampoco se guardaba nada. Les dijo a sus militantes que no debían permitir que se introdujeran ideologías y doctrinas "totalmente extrañas a nuestra manera de sentir": "¿Qué hacen en el justicialismo? Porque si yo fuera comunista me voy al Partido Comunista y no me quedo ni en el Partido ni el Movimiento". A esa altura, el General no hacía distingos entre el ERP y Montoneros. Envió al Congreso una reforma del Código Penal para endurecer las penas contra la "subversión", superando incluso la severidad de la dictadura de Lanusse. "A la lucha, y yo soy técnico en eso, no hay nada que hacer más que imponerle y enfrentarla con la lucha -dijo Perón-. Nosotros, desgraciadamente, tenemos que actuar dentro de la ley, porque si en este momento no tuviéramos que actuar dentro de la ley ya lo habríamos terminado en una semana... Pero si no contamos con la ley, entonces tendremos que salirnos de la ley y sancionar en forma directa, como hacen ellos... Porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato. Si no tenemos la ley, el camino será otro. Y les aseguro que puestos a enfrentar la violencia con la violencia, nosotros tenemos más medios para aplastarla, y lo haremos a cualquier precio."

Por televisión, Perón pronuncia en esos días la palabra "aniquilación". Luego dice: "La decisión soberana de las grandes mayorías nacionales de protagonizar una revolución en paz y el repudio unánime de la ciudadanía harán que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República".

El mensaje hacia adentro y hacia afuera no podía ser más contundente. Bandas compuestas por policías y delincuentes comunes, pesados de la GGT y las 62 Organizaciones, y dirigentes justicialistas de grueso calibre actuaban bajo las consignas del momento: macartismo, espionaje, purga, guerra, exterminio y aniquilamiento. La crónica de esos sucesos se entrelaza con la carnicería montonera, que vengaba cada muerto con fusilamientos y bombas. Los setentistas, a posteriori, intentaron dos camelos: separar a Perón de la persecución ilegal presentándolo como un hombre enfermo y manipulable, y luego relativizar la inquina que les había tomado. Es que pretendían seguir usufructuando el mito, y verdaderamente lo lograron, a pesar de toda evidencia. Perón tuvo lucidez plena hasta tres días antes de su muerte, expiró odiando con toda su alma a los "estúpidos e imberbes" y dejó como misión borrarlos del mapa. No otra cosa hicieron su viuda y su secretario, que continuaron su política.

Los conceptos públicos de Perón serían luego utilizados y perfeccionados por las Fuerzas Armadas. Montoneros no hizo nada para frenar el golpe; por lo tanto, también fue cómplice de la noche más larga y oscura. El justicialismo cometió crímenes de lesa humanidad, que nadie se atrevió a juzgar: hubo en ese período cerca de mil desaparecidos y más de mil quinientos muertos, y el financiamiento de esa masacre surgió del erario. Casi todos son culpables en esta historia de clisés e infames falacias que nadie quiere volver a escuchar.


REVUELCOS INTERESANTES


"La incomprensión del presente
nace de la ignorancia del pasado"
.
Rafael Bielsa

El domingo pasado, al leer la imprescindible columna de Jorge Fernández Díaz en "La Nación" (https://tinyurl.com/z4qcmmf), tomé conciencia del primero de los impresionantes cambios que se han producido en lo que va del año.

Hasta ahora, los ideólogos de izquierda del mundo subdesarrollado se hartaron de despotricar contra la globalización, a la que consideran terriblemente perjudicial para los países pobres. Sin embargo, hoy quien enarbola la bandera más importante de resistencia a ese movimiento -que, debo decir, me parece imparable- es nada menos que Donald Trump, que brega por cerrar la economía estadounidense con los mismos argumentos que utilizan quienes se encuentran en sus antípodas políticas.

Es interesante, entonces, pensar cómo puede darse un fenómeno socio-económico, relativamente nuevo, que resulte perjudicial para todos, sean privilegiados o sumergidos. Como, naturalmente, eso contiene una contradicción que lo convierte en imposible, resulta fundamental discernir a quién le asiste la razón.

Estados Unidos es, sin duda, el mayor país del mundo todavía, aunque China pretenda acercársele. Y es el mayor exportador de tecnología, dada su monumental inversión en investigación y desarrollo. Pero, para poder mantener al mundo entero como un mercado para sus productos, debe también aceptar que el resto de los países exporten a su mercado interno porque, en general, las economías son reacias a comprar a quien no les compra.


Por eso, creo que los próximos meses -hace pocas décadas, hubiéramos dicho años- traerán algunas respuestas a estos interrogantes, generados por algunos datos ciertos: un obrero estadounidense gana, en promedio, cuatro veces más que su homólogo mexicano, y ni hablar de los trabajadores del sudeste asiático, pese a que éstos también han mejorado. Si Trump insiste en concentrar toda la producción de las empresas norteamericanas en su propio territorio y en incentivar el "compre nacional", resulta obvio que los salarios locales subirán aún más, y ese mayor costo se trasladará, necesariamente, a los precios; de la reacción de la sociedad ante ese incremento dependerá, en mucho, el futuro político del nuevo Presidente. Casi tanto como de sus feroces batallas contra la prensa (tan tradicionalmente libre allí que llegó a costarle su cargo al Presidente Richard Nixon) y contra la Justicia, que ha actuado siempre como garante de la división de poderes y como última defensa de los ciudadanos frente a los abusos del Poder Ejecutivo.

El segundo vuelco se refiere a la ola anticorrupción que, desatada por las investigaciones en las empresas Petrobras y Odebrecht, ya alcanza a varios países de Latinoamérica. El pedido de captura del ex Presidente peruano, Alejandro Toledo, las imputaciones al Gobernador del Estado de Rio de Janeiro y al Alcalde (Prefeito) de su capital, el bloqueo judicial a la designación de uno de los principales ministros de Michel Temer (Presidente de Brasil), las acusaciones contra Juan Manuel Santos  (Presidente de Colombia), las repercusiones en Panamá y en República Dominicana, donde hay varios políticos y funcionarios de primer nivel involucrados, están transformando al Lava Jato en un verdadero tsunami internacional que nadie sabe dónde terminará, ni cuál será su costo.

Otro vuelco, el primero propio, se refiere al reducido índice de inflación de enero, un mes tradicionalmente malo para esta medición, que sorprendió a todos los economistas. Anualizando los logros de los últimos siete meses en la materia, resulta claro que el Gobierno y el Banco Central han conseguido domeñar este flagelo, que tantos pobres produce; además, resultará un dato clave al momento de negociar las paritarias, salvo aquéllas que se celebrarán con los gremios de marcada dirigencia kirchnerista, en especial los maestros. Pero creo que, si los diferentes gobiernos provinciales se mantienen firmes, surgirá una importante disidencia dentro de los distintas agrupaciones que permitirán el comienzo de las clases en tiempo y forma, y lo mismo sucederá con el subterráneo capitalino y sus salvajes "metrodelegados". Cada vez serán más quienes estén dispuestos a desobedecer directivas claramente desestabilizadoras.

El dato de la inflación, sumado al éxito del blanqueo y a la proximidad del ingreso de ingentes divisas provenientes de las exportaciones de granos, acompañado por la favorable opinión de los grandes operadores de los mercados de crédito internacionales (Morgan Stanley dijo, el viernes, que Argentina enderezará su economía y atraerá US$ 230 mil millones), permiten afirmar que el Gobierno está haciendo muy bien las cosas en ese terreno. Estoy seguro que el país volverá a crecer este año, aunque será muy difícil que ese crecimiento sea parejo para todas las áreas de actividad, en la medida en que muchas de ellas dependen de la marcha de nuestro principal socio comercial, Brasil, inmerso en una crisis económica y política de incierto futuro.

Y, finalmente, el marcado revuelco que significa la permanente presencia en los medios de difusión masiva, que hoy hasta editorializan sobre la cuestión de los presos políticos pese a haberla ignorado durante los últimos catorce años. Obviamente, ese cambio de actitud responde a un nuevo interés social, reflejado en el rating y en los cientos de cartas de lectores que publican los diarios de mayor circulación, que piden una solución inmediata de este grave condicionamiento de nuestra joven democracia.


Todo ello resulta innegablemente positivo porque, a la entrevista que realizó Eduardo Feinmann a Victoria Villarruel esta semana, siguió un interesantísimo y constructivo debate -en Intratables- entre Silvia Ibarzábal (hija del Coronel secuestrado en el ataque a la guarnición de Azul, torturado y asesinado en 1974, durante la presidencia de Juan Domingo Perón), Luis Labraña (el ex montonero que inventó la mágica cifra de los 30.000 desaparecidos) y Eduardo Anguita (ex combatiente del ERP), que permitió iluminar este tema, tan manipulado.


Resulta inexplicable que, mientras rivales seculares como Alemania, Francia, Gran Bretaña, Polonia y Rusia, que combatieron en guerras terribles y sanguinarias, pudieron sólo siete años después de la Segunda Guerra Mundial (en la que murió el equivalente a toda nuestra población) sentar las bases para la actual Comunidad Europea, y Estados Unidos y Japón se convirtieron en fuertes aliados después de los bombardeos atómicos, nosotros sigamos inmersos en una contienda que ya debiéramos haber debido dejar atrás, cerrando las heridas que, sin duda, causaron esas décadas violentas.

Pero no podremos hacerlo hasta que cese la venganza, y todos podamos estudiar nuestra historia analizando crudamente los hechos tal como sucedieron, sin enmascararlos detrás de posturas ideológicas, y sin tergiversar lo que pasó en nombre de un sesgado relato que, a esta altura, huele irremediablemente a moho.

Bs.As., 11 Feb 17

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.