lunes, 30 de julio de 2018

UNA MEDIDA PARA MEDITAR


Con respecto al Decreto que habilita a enviar personal militar a distintos lugares del país para intervenir en la lucha contra el narcoterrorismo, asumo que dicho personal irá con su armamento correspondiente y que si las circunstancias se presentan, estarán obligados a utilizarlas. En ese caso, me atrevo a sugerirle a los Señores Jefes de los Estados Mayores de las FFAA que, antes de cumplir la orden y desplazar personal con armas, hagan una visita junto con el Presidente de la Nación y el Ministro de Defensa, a los Institutos Penales de Ezeiza, Campo de Mayo y todos los otros lugares del país donde los jóvenes oficiales y suboficiales de la década del 70, hoy todos ellos septuagenarios y octogenarios están purgando haber cumplido órdenes semejantes dictadas por una LEY, (no un Decreto) emanada por un gobierno constitucional para aniquilar a las bandas de delincuentes terroristas.

Hablen con ellos. Algunas respuestas encontrarán. Por último me formulo algunas preguntas:

a) Quién les dará al personal la seguridad jurídica sobre el accionar de quienes se vean obligados a entrar en acción sin Inteligencia previa tanto sobre la zona de operaciones como del posible enemigo a enfrentar y sin el «paragua» de un Código de Justicia Militar (reemplazado hoy por un «Reglamento de disciplina»)?

b) Querrán las actuales Autoridades Políticas y Militares sentir mañana sobre sus espaldas la responsabilidad de haber sido causantes de la pérdida de libertad de quienes son hoy sus subordinados?

Considero que esto es, por lo menos, para meditarlo.

Héctor de Pirro
Capitán de Navío (RE)

FUENTE: Tiempo Militar Año XXV - Número 334.

ROL DE LAS FF.AA. (EL QUE SE QUEMA CON LECHE…)


Por Mauricio Ortín

29 de julio de 2018

El proyecto de reforma del rol de las Fuerzas Armadas Argentinas tiene sus bemoles. Al respecto, hay que decir que en la década del ’70 y por orden del gobierno constitucional de entonces, las FF.AA. cumplieron la misión encomendada de “aniquilar” la agresión terrorista. El gobierno de María Martínez de Perón puso como justificativo el que las fuerzas policiales habían sido desbordadas por la magnitud del ataque subversivo. El decreto, además, ordenaba que las Fuerzas de Seguridad (nacionales y provinciales) más el Servicio Penitenciario quedaban bajo el mando de las FF.AA. Dicha orden se dio bajo el supuesto de que los hombres que desarrollarían las acciones estaban cubiertos por el Código de Justicia Militar y los jueces castrenses. Así debió ser, pero no fue. Pues, en una clara violación de la Constitución Nacional y de los principios universales del derecho, se juzgó a los que participaron en la represión del terrorismo con la justicia federal ordinaria. Los políticos enviaron a los militares a matar y luego condenaron por haber matado. Después de cuarenta años, ¿se repetirá la historia? ¿Quién les garantiza a los militares que en esta ocasión no serán nuevamente traicionados por los políticos y que el código de justicia militar será el que evalué las acciones bélicas? La palabra del presidente Macri, del gobierno todo y de la oposición en este caso, no vale NADA. Y ello porque el gobierno de Macri actualmente avala los “juicios de lesa humanidad” en los que jueces civiles, inconstitucionalmente, juzgan a los militares que intervinieron en los hechos de guerra de los años ’70. Pero no sólo avala sino que, además, Macri, por intermedio de la Sec. de DD.HH. de la Nación, se constituye en querellante de los acusados. ¿Quién garantiza que el abatimiento de un terrorista no será visto como crimen de lesa humanidad? ¿Acaso, el que hoy querella militares?

OPINIÓN DEL FORO DE GENERALES RETIRADOS SOBRE EL PLAN DE RECONVERSIÓN DEL SISTEMA NACIONAL DE DEFENSA ANUNCIADO POR EL GOBIERNO NACIONAL

El 23 de julio próximo pasado, el Sr. Presidente de la Nación anunció en Campo de Mayo, un Plan de reconversión del sistema de Defensa Nacional. Para ello, en el discurso, fijó los parámetros y criterios a tener en cuenta para la misión, organización y funcionamiento del Sistema de Defensa en general, y en particular de las Fuerzas Armadas, para que se constituyan en un instrumento de disuasión real, con la asignación además de nuevos roles de acuerdo con las modernas amenazas y riesgos presentes y futuros para los intereses de la Nación. Se pone así fin a décadas de indiferencia política, destrato, marginación y desinversión en el campo de la Defensa.

Todo ello quedará plasmado en la adecuación de la legislación vigente y en la emisión de una nueva Directiva de Defensa Nacional, base para el inicio del correspondiente planeamiento militar que deberá modelar a las Fuerzas Armadas para el siglo XXI.

Merecen destacarse por su trascendencia, entre otras, las siguientes disposiciones:

-La ratificación de la misión principal de las FFAA; proteger la soberanía y la integridad territorial de nuestro país a la que se agregan nuevas misiones tales como; la defensa del ciberespacio, el apoyo a la lucha contra el narcotráfico y el contraterrorismo y otras misiones tales como el apoyo a la política exterior en el marco de las Naciones Unidas, la protección de Objetivos estratégicos, asistencia a la población en caso de desastres naturales etc.

-Deben también destacarse por su importancia; la adecuación de la Ley 19101 -Ley para el personal Militar- a las actuales necesidades , la promesa de una fuerte inversión en reequipamiento, adiestramiento y mantenimiento, la activación del sistema de las reservas actualmente en estado de abandono y el mantenimiento de niveles dignos de remuneración salarial.

Todo ello configura un panorama altamente promisorio que invita al optimismo y a la esperanza luego de tantas frustraciones padecidas.

Pese a lo expresado, es necesario formular algunas observaciones a la luz de lo acontecido en el Área en las décadas recientes:

-Si bien es cierto que el espíritu de la reforma es brindar apoyo logístico a las Fuerzas de Seguridad y el empleo en forma disuasiva o efectiva ante agresiones de origen externo, se deben fijar claramente desde el nivel político las reglas o normas de empeñamiento para los casos extremos en que deban ser empleadas en combate como así también la restitución del marco jurídico en las que se desempeñarán (Código de Justicia Militar, jueces militares, consejos de Guerra etc.). De esta manera se evitará la amarga experiencia que padecen los ex combatientes de la Guerra interna de las décadas de 1960/70/80 que habiendo cumplido órdenes de sus superiores hoy son juzgados por la Ley Penal Ordinaria por Jueces que no son los naturales como estipula nuestra Constitución Nacional.

Consecuente con lo expresado en el párrafo precedente, surge la imprescindible necesidad de replantear la política ideologizada y persecutoria, iniciada en el 2006 que aún continúa vigente y provoca injustas condenas y privaciones de libertad que violan los más elementales principios del derecho.

Para llevar a cabo las reformas establecidas será necesario asegurar el financiamiento en el corto, mediano y largo plazo, llevando progresivamente el presupuesto para la Defensa hasta un nivel equivalente al 1.5 % del PBI nacional compatible con el potencial del País.

Las prevenciones que desde ciertos sectores políticos se formulan, no tienen razón de ser, ya que el espíritu y la letra de las leyes de Seguridad Interior y de Defensa y su nueva reglamentación, garantizan que las Fuerzas Armadas no serán empeñadas para reprimir conflictos sociales o patrullar los centros urbanos como falsamente se plantea.

En síntesis, luego de décadas se abre un nuevo y promisorio panorama que conjugando armónicamente las políticas de Seguridad Interior y de Defensa Nacional del siglo XXI, constituirá para el país la garantía de la preservación de los intereses vitales de la Nación y el poder soberano del Estado.

Firman los Generales (R): Juan Miguel Giuliano - David Comini - Luis Cloux - Jorge Olivera


FUENTE: Tiempo Militar Año XXV - Número 334.

sábado, 28 de julio de 2018

¡SEÑORES, A CAMBIAR!



"Los hombres se cansan de su propio entusiasmo".
Hilaire Belloc

Trataré, esta vez, hacer propuestas constructivas, algunas bastante sencillas, a un Gobierno al que, sin arrepentimiento, elegí. Comienzo por el propio Mauricio Macri: aprovechando la excelente consideración que tiene su gestión en el mundo, reconstruya simultáneamente todo el sistema ferroviario nacional, de pasajeros y carga, y concesiónelo; se trata de un elemento fundamental para el desarrollo del país, sea por la imprescindible reducción en los costos logísticos, sea por la conservación de la maltrecha infraestructura vial, sea por la protección del medio ambiente. China, por ejemplo, estará dispuesta a acompañarlo en esa tarea. Tuvimos, años ha, 47.000 kilómetros de vías férreas, y hoy sólo quedan 6.000; el peronismo, en su etapa menemista, fue el responsable de su sistemática demolición. Si esta recomendación fuera escuchada, miles de argentinos sin preparación, y muchos que la tienen, encontrarían trabajo de inmediato, en un momento especialmente complicado para el empleo, y se reactivaría la industria de la construcción.

Al Ministro de Modernización, Andrés Ibarra: soy consciente de la imposibilidad legal de despedir a los cientos de miles de inútiles premiados por el kirchnerismo con empleos públicos a costa de nuestros impuestos; más, si le sumamos el duro presente de la economía y la consecuente dificultad para que ese personal superfluo sea absorbido por un mercado de trabajo menguante. Le sugiero, simplemente, seguir pagándole el sueldo pero mandarlo a casa; ahorrará problemas (actúan como quintacolumna) y dinero (café, teléfono, robos hormiga, ocupación de espacio, etc.) y mejorará la atención al ciudadano; además, tendrá menos presión a la hora de negociar los aumentos de salarios.

A Carolina Stanley, cuyo cargo -Ministra de Desarrollo Social- no envidio, le pido que avance en la bancarización de todos, todos, los planes y subsidios sociales. Resulta indispensable para terminar con los punteros que los intermedian y que, con amenazas, arrean a los más pobres a los piquetes cuyos objetivos ignoran y que nos torturan a diario. Tiene, pese a las malintencionadas afirmaciones de Monseñor Jorge Lozano, la sensibilidad suficiente para tomar a su cargo las actualizaciones que correspondan, sin necesidad de negociarlas, bajo extorsión, con los caudillos kirchneristas que sólo buscan medrar, económica y políticamente. Y controlar que esos beneficios tengan efectiva contraprestación laboral y educativa.

A Jorge Triaca, Ministro de Trabajo, le sugiero que deje de tener contemplaciones con los caciques sindicales, entronizados en sus cargos desde hace décadas. Avance con auditorías integrales sobre todas las organizaciones, sean o no amigables, puesto que muchas de ellas se han transformado en verdaderos emporios económicos de propiedad de sus caudillos, que cometen todo tipo de delitos y tropelías para conservar el poder. Sé que el riesgo es alto, especialmente ahora, ya que podrían acceder al control elementos trotskistas, pero la historia de los últimos setenta y tres años prueba que puede ser peor la permanente extorsión a la que los actuales dirigentes "de derecha" han sometido a la sociedad.

A Claudio Avruj, Secretario de Derechos Humanos, le exijo que, como prometió el Presidente de la Nación, termine con el "curro"; debe dar a conocer, sin más, la lista completa de quienes hayan recibido indemnizaciones del Estado por la presunta violación de sus derechos. Hemos gastado por ese concepto cifras siderales, que superan los tres mil millones de dólares, y merecemos, aunque sólo sea como contribuyentes, conocer el destino de esos fondos. Y, por supuesto, debe dejar de actuar como querellante en las pantomimas que, bajo la forma de amañados juicios de lesa humanidad, siguen persiguiendo a los militares de los 70's por el sólo hecho de haber vestido uniforme; debiera darle vergüenza que sus subordinados aplaudan que se le deniegue la prisión domiciliaria a los presos políticos, mientras se concede a tipos como Facundo Jones Huala, el violento mapuche separatista, cuya extradición a Chile ya debiera haberse otorgado.

A Germán Garavano, Ministro de Justicia, le recomiendo acelerar en la cobertura de los cargos judiciales, una vez que reciba las ternas que debe  envíarle el Consejo de la Magistratura, para mejorar el mal servicio que hoy presta el Poder Judicial a la comunidad, y seguir insistiendo en la creación de nuevos juzgados federales en lo criminal y correccional, para evitar que las veletas togadas que acompañan los vientos políticos desde Comodoro Py sigan haciendo de las suyas.

A Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad, cuya gestión aplaudo de pie, le pido que aplique a rajatabla, junto al Gobierno de la Ciudad, el protocolo dispuesto para el ejercicio del derecho a la protesta en el espacio público, y avance en la denuncia judicial de las actitudes subversivas, provengan éstas de los organismos de derechos humanos, de las organizaciones sociales (las intensificarán a fin de año) o de los araucanos. E impulse fuertemente la sanción de la "ley de derribo", un elemento fundamental que ha probado su eficacia disuasora en la lucha de Brasil contra el narcotráfico.

A Oscar Aguad, Ministro de Defensa, le sugiero explicar muy claramente el nuevo diseño de las fuerzas armadas, para adecuarlas a un escenario en el que ya no existen hipótesis de conflicto con los países vecinos ni se justifica el despliegue territorial que resultó indispensable para la integración del territorio nacional en los albores del siglo XX. Pero, también, que medite sobre qué garantías ofrecerá al personal militar para evitar que corra la suerte de los dos mil ancianos que hoy se pudren en las cárceles de todo el país por cumplir las órdenes del Poder Ejecutivo; debiera conversar ya mismo con sus pares para poner fin a esa inicua persecución, so pena de ver desobedecidas las instrucciones que imparta.

A Alfredo Rubinstein, Ministro de Salud, sólo que renuncie. No puede permanecer en su cargo después de no recordar haber prestado el juramento hipocrático ni, menos aún, luego de impulsar tan fuertemente la ley del aborto; que un médico, cuya misión natural es salvar vidas, se manifieste a favor del asesinato resulta demasiado ominoso.

A Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios, le pido que, sin recortar la libre expresión que reina hoy en la televisión y en las radios oficiales, haga dos cosas: exponga claramente las obras que el Estado está realizando en todo el país y no permita que desde esas plataformas, que pagamos con impuestos, se siga insultando a las autoridades que hemos constitucionalmente elegido. Una cosa es la libertad y otra, muy distinta, son las manifestaciones destituyentes del obsceno "club del helicóptero".

A Alejandro Finocchiaro, Ministro de Educación, le encarezco escuche los consejos de Alieto Guadagni, un hombre esencial a la hora de la  planificación que esa materia requiere en todos sus niveles.

Como dije, algunas de estas sugerencias son importantes y, otras, bastante elementales pero, si se siguieran, creo que el humor de la sociedad, hoy triste y pesimista, mejoraría enormemente.

Bs.As., 28 Jul 18

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

JUGARSE POR LA VERDAD



Le ruego al lector su empatía para escuchar, trascendiendo prejuicios. Y le pregunto: si hubiese estado desde hace 40 años cumpliendo su deber como soldado y en el presente lo culparan arbitrariamente de un acto indigno, incompatible con su honesta vocación de servicio, ¿cómo se sentiría? ¿Y si solo por haber vivido los años 70 en la Argentina le adjudicasen el título falaz de genocida y torturador, sin poder dar a conocer su situación personal de inocencia y privado de su libertad? Hoy son muchos los soldados subordinados acusados falsamente dentro de los mal llamados juicios de lesa humanidad que no pueden apelar a la voz de la Justicia porque son condenados de antemano, sin que nadie se inmute.


De una vez por todas, nuestro país debe ser transparente y jugarse por la verdad.

Isabel Saravia


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

PALABRAS DE ANTES QUE NO HAN PERDIDO VIGENCIA

Robustiano Patrón Costas
El 4 de junio se cumplieron 75 años del golpe militar de 1943[1]. Se lo reconoce por lo que fue: el originario soplo fascista del movimiento político que permitiría al entonces coronel Juan Perón construir poder desde puestos claves para finalmente encumbrarse en la presidencia de la Nación. Se puede reconocer el golpe del 43 también por haber frustrado la candidatura presidencial de Robustiano Patrón Costas, que debía proclamarse en la convención del Partido Demócrata Nacional el mismo día que los militares derrocaban al presidente Ramón Castillo. Tanta certeza había en el lanzamiento de esa candidatura, que el ex gobernador de Salta, senador nacional e industrial progresista, anticipó a un grupo de amigos el día antes del golpe lo que se proponía decir al aceptar la nominación el día siguiente. Sería candidato por la Concordancia, coalición de los partidos Demócrata Nacional, Unión Cívica Radical Antipersonalista y Socialista Independiente, que coincidían por igual en que el salteño debía suceder a Castillo. De haberse formalizado su candidatura y concretado las elecciones previstas para fines de 1943, Patrón Costas seguramente se hubiera impuesto.

General Edelmiro Julián Farell y Coronel Juan Domingo Perón

La historia contrafáctica promueve hipótesis abastecidas más por la imaginación que por el rigor científico. Conviene prescindir, pues, de las inferencias sobre lo que habría sido el devenir del país en las siguientes décadas signadas por el populismo, hasta la brumosa actualidad del peronismo. Ha quedado, sin embargo, como testimonio la copia del discurso preparado por Patrón Costas, que terminó silenciando la fuerza de las armas. Si su autor hoy viviera, no tendría casi que modificarlo. Apelaba al compromiso político y censuraba la indiferencia frente a los problemas del país de quienes se jactaban de apolíticos. Expresaba la necesidad de enaltecer las tradiciones nacionales y el culto por los próceres civiles y militares para formar así un pueblo con ideales. Hacía notar la importancia del cumplimiento de la palabra empeñada por contraposición a la falta de honradez, que "no es viveza, sino delito". Afirmaba que la Argentina requería una organización social y política con jerarquías, "pero entiéndase bien -diría-, con la jerarquía que dan la conducta ejemplar, la inteligencia, la ciencia, el arte, el trabajo, los servicios prestados al país".


Decía que precisaríamos por muchos años "atraer y radicar población y capital del exterior"; olvidar siempre "el error de encerrarnos en nuestras fronteras" y tener en cuenta que así como es indispensable "dar tranquilidad y seguridad al capital", también lo es respetar al trabajo. Que la base de la paz social es la equidad y que es inadmisible una clase superior enriquecida con un pueblo trabajador en la miseria. También advertía el riesgo de "exagerar la imposición fiscal".


Al promediar 1943, con el mundo en guerra, Patrón Costas advertía lo negativo de la "excesiva intromisión del Estado en las actividades económicas privadas". Asumía con valentía el reclamo por la pureza del sufragio, que había sido sistemáticamente negada desde la revolución de 1930, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. El fraude está, confesaría el candidato a presidente, aunque sea más pernicioso aún el fraude que se expresa en la acción demagógica de los partidos que engañan al pueblo con falsas promesas. El fraude está, insistiría, en los padrones de los partidos. El fraude está en el gobierno y congresales que dictan normas contrarias al interés de la Nación. El fraude está en pagar los servicios electorales con puestos públicos, "cáncer traído de una burocracia inepta y corrompida". ¿Sorprenderían estas palabras si fueran dichas en una arenga en la actualidad?

Patrón Costas se identificaba como nadie lo haría hoy desde posiciones empinadas de la política nacional: "He militado siempre en las filas de los partidos de derecha. Lo proclamo bien alto y con orgullo, en esta hora en que el izquierdismo está en boga". Y diría algo más: "En el término conservador caben todas las reformas que exija nuestra evolución progresiva para perfeccionar la democracia, asegurar la libertad dentro del orden y llegar a la paz social, no por la lucha de clases, sino por la conciliación de intereses".

En ese discurso Patrón Costas se anticipaba a quienes hoy, desde la academia y los partidos políticos, indagan cuándo comenzó la declinación del país en relación con lo que había sido en el pasado. Observaría que debido a crisis periódicas "y a los hábitos de despilfarro, muy argentino, de nuestras familias", el movimiento descendente de "las capas superiores" no se articuló en forma apropiada, sino precipitadamente, con el ascenso de los hijos de la inmigración y la maduración suficiente de estos para adaptarse al ámbito en que cabía asumir la dirección política y social de la Nación.

Las relecturas de estas palabras invitan a reflexionar tanto por lo que expresan como por lo que omiten. Es evidente, a pesar de tantos aciertos, que dejaban entre sus lagunas el creciente fenómeno telúrico de clases medias bajas y bajas del interior del que Perón, con un objetivo de poder, se haría cargo sin pérdida de tiempo. Pero no menos que eso se agita en la exposición preparada por Patrón Costas un tema de la contemporaneidad eludido deliberadamente en las tribunas y los ensayos políticos: ¿por qué la izquierda se manifiesta como tal en la Argentina, mientras la derecha democrática, mimetizada en múltiples agrupamientos políticos, no acepta definirse en nombre de la reivindicación franca de sus ideales y logros?

Con políticos y académicos acomplejados de un lado por no salirse de lo políticamente correcto o de seguir puntillosamente lo que indican las encuestas, los actores con mayor temeridad en la orilla opuesta cuentan con espacios en exceso despejados. Así se profundizan desequilibrios culturales perceptibles en esta hora en la Nación, en la que es tan necesaria la verdad y tan nociva la demagogia.




[1] Con el éxito del pronunciamiento surgieron las primeras discrepancias en el seno de los golpistas. La negativa de los militares de permitir al general Arturo Rawson que incluyera en su gobierno a algunos miembros pertenecientes al anterior gobierno derrocado, provocaron su renuncia al cargo, que fue ocupado por el general Pedro Pablo Ramírez que detentaría la jefatura de la nación durante ocho meses. En febrero de 1944, fue desplazado por el también general Edelmiro Julián FarellLos sindicatos de tendencias izquierdistas que merced a una alianza con sectores del ejército, cuya figura principal era el coronel Juan Domingo Perón, conformaron una corriente laborista-nacionalista. Todo este proceso conllevará a la postre una progresiva polarización social que con la llegada al poder de Juan Domingo Perón se agudizaría en las corrientes opuestas de peronismo y anti peronismo.


NOTA: Las imágenes, referencias y destacados no corresponden a la nota original.

jueves, 26 de julio de 2018

AL FIN SE DIERON CUENTA…


EDITORIAL

Luego de tener un 9 de Julio sin desfile militar, parece que el Gobierno se dio cuenta de que las Fuerzas Armadas aún existen y que sería lógico no solo darles un lugar, sino el que merecen. Pero una cosa es amagar y otra distinta golpear.


La ministro de Seguridad, Patricia Bullrich, dijo: "Es hora de que las Fuerzas Armadas dejen de ser los hombres de la Dictadura". Podría tener sentido si uno supone que las Fuerzas Armadas pudieron ser de alguien más que de la Nación Argentina, pero la verdad es que esto forma parte de una vergüenza con que se ha lastrado a la democracia desde el inicio de su restauración. Una de las tantas mentiras, que repetidas una y otra vez, pretenden convertirse en verdad. Tampoco ayudan las palabras del Presidente al hablar de "las Fuerzas Armadas de la democracia". De aceptarlo así estaríamos -¡otra vez!– negando a quienes lucharon en Malvinas y -¡un poco de Historia, por favor!– a aquel ejército que nació el 29 de mayo de 1810, cuando ni siquiera éramos Nación y mucho menos democracia.

Sería bueno que el Presidente y todos los políticos pensaran en las palabras de José Miguel Insulza Salinas, político, abogado, académico e investigador chileno, miembro del Partido Socialista quien, cuando era Canciller de Chile, frente a quienes querían querellar –algunos de ellos de su partido– a las Fuerzas Armadas de su país, dijo: "Nadie se equivoque, si hay que juzgar será a algunos hombres, las Fuerzas Armadas de Chile pertenecen al pueblo del que se nutren y son de la Nación que protegen, son Chile".

Sucede que en nuestro país ningún político, en su innata hipocresía, se arriesga a hacer un cálculo de qué sería de su vida –en caso de haber sobrevivido– si las Fuerzas Armadas no hubiesen combatido a la subversión. Bastante mal le fue a Raúl Alfonsín con su niveladora teoría de los dos demonios, tratando de sacarse el problema de encima. Sus aliados de la izquierda lo objetaron y desautorizaron. Era necesario que las Fuerzas Armadas tuvieran un escarmiento si no se las podía eliminar y que se preservase la legalidad de los terroristas devenidos demócratas. Cada uno de los presidentes siguientes, hizo lo suyo por menoscabarlas, dañar su imagen y frustrar a las nuevas generaciones que conformaron los cuadros de oficiales y suboficiales. La Argentina había vuelto a la democracia pero para hacerlo le dieron la mano a quienes quisieron transformarla en un estado totalitario y condenaron a quienes la libraron de aquella suerte.

Ahora, el gobierno que no acierta una, pretende con titulares importantes rediseñar la función de las Fuerzas Armadas. No pretendemos ser derrotistas, pero en medio de una crisis económica, asignándoles el 0,8% del presupuesto en todo concepto suena ridículo inventar lo que no se puede hacer.


Si luego de todo el "plan" pergeñado, aparecen tres o cuatro descolgadas hijas de desaparecidos hablando contra el proyecto y la ministro de Seguridad, Patricia Bullrich, como defensa del decreto sobre las Fuerzas Armadas tiene que declarar "no va a haber ningún militar en ninguna calle de ninguna ciudad del país", para dejarlas tranquilas, estamos verdaderamente en el horno.

El ministro Aguad no es nuevo en el tema de Defensa, pero también ha sido lastimoso en sus apreciaciones al decir que "no va a haber ningún militar en ninguna calle de ninguna ciudad del país", ¿qué son, leprosos, radiactivos, contaminantes? ¿El ministro se avergüenza de aquellos que comanda?

Tampoco fue muy feliz al considerar que "no se puede condenar eternamente" a las instituciones castrenses. Lamentable que un ministro considere que se puede condenar momentánea o eternamente a una institución que nació con la Patria, pero al menos, finalmente, se dieron cuenta que tienen Fuerzas Armadas.